martes, 4 de junio de 2013

Capítulo 4


Nana, Lys y yo estuvimos hablando hasta que una voz, casualmente la de mi madre, pidió la ayuda de Nana.
-Bueno, me tengo que ir.-dijo para empezar la despedida.
-De acuerdo, ha sido un placer conocer a la anciana señora que cuida, aconseja y demás a mi amiga y vecina Hatsu. Ya nos veremos más veces.
-Claro que sí. Hasta luego, Lysandro.
-Llámeme Lys, si no le importa.
-De acuerdo. Bueno, me voy. Buenas noches, Lys. Buenas noches, Hatsu.
Nana se me acercó para darme un beso en la frente, pero en cambió me susurró:
-Ahora entiendo que te guste ese chico. Luego hablaremos.
Gracias a lo que me susurró Nana, me puse más roja que un tomate, Nana me vio así, me sonrió amablemente y me dijo moviendo los labios que me tranquilizara. Respiré hondo un par de veces y mi color natural volvió.
-Por cierto, antes me dijiste que tus padres estaban muy ocupados, ¿con qué?-me preguntó Lys cuando Nana cerró la puerta de mi habitación.
-Con el trabajo. Están muy liados con él. Da muchos problemas, la verdad.
-Pero... ¿tu madre y tu padre? ¿Los dos trabajan?
-Sí, es lo que suelen hacer los...-me callé rápidamente. Iba a decir “reyes”, pero si lo decía me vería obligada a mudarme de nuevo. Pensé rápidamente.- Es lo que suelen hacer las familias de hoy en día. Que con lo mal que va la crisis...-dije yo intentando disimular mi engaño.
No se me daba muy bien mentir, Siempre necesitaba mirar hacia otro lado. Me sentía incómoda. Pero lo tenía que hacer si quería poder quedarme allí, con Lys. Me pareció ver en su cara decepción. ¿Por qué? ¿Se habría dado cuenta de que le había mentido? Fuera lo que fuese, no insistió en el tema. “Gracias”, pensé. En ese momento, llamaron a mi puerta, con delicadeza, algo que solo solía hacer mi madre.
-Discúlpame. Es mi madre. Voy a ver que pasa.
-Claro, ve.
Abrí la puerta. Detrás de ella se encontraba mi madre, con una cara muy, muy pálida.
-¡Mamá! ¿Qué te ha pasado?
Además de tener la piel muy pálida, tenía la ropa hecha jirones y varios moratones, por aquí y por allá. Detrás de ella estaban mis hermanos.
-Tu padre...
Rápidamente, lo cogí todo al vuelo. Se habría enfadado con algo y lo habría pagado con ellos. Hice que pasaran a mi habitación. Volví a abrir los cristales que daban a mi pequeño balcón. Lysandro estaba ahí, esperándome. Me saludó de nuevo con una sonrisa en la cara, pero yo le respondí con una cara de preocupación. Él lo notó.
-¿Qué te pasa, Hatsu?
-Ahora mismo no hay tiempo. ¿Podría mi familia resguardarse ahí por el momento?
-Claro, pero me tendrás que decir que te pasa.
Empecé a escuchar ruidos. Eran pasos. De mi padre. Se acercaba.
-Por favor... Cuando estemos a salvo mis hermanos, mi madre y yo te lo contaré todo, pero si no me haces este pequeño favor...
Lys me miró con cara preocupada. Vio que pasaba algo importante y peligroso tanto para mí como para mis hermanos y mi madre. No sé si lo captó todo al vuelo, pero el caso es que asintió y nos ayudó a pasar. Mi hermana, mi hermano y mi madre ya habían pasado. Los pasos se escuchaban todavía más cerca. No me daría tiempo. Les hice una seña para que se escondieran, que yo ya les alcanzaría. Mis hermanos y mi madre lo hicieron, pero Lys no.
-¡Vamos! ¡Escóndete! ¡Ahora iré yo!
-Soy tu vecino, puedo estar en mi balcón todo lo que quiera y más.
Le miré, agradecida profundamente. Salté al balcón de al lado justo en el momento en el que mi padre se precipitaba sobre la puerta. Había un pequeño muro para que los pequeños no se cayeran, por lo que me escondí debajo de él. Estaba a cuatro patas, y Lys encima. Escuché como mi padre salía al balcón en el que instantes antes había estado yo.
-¿Has visto a mis hijos y mi mujer?-le preguntó mi padre sin ni siquiera saludar y con un punto de enfado en su voz.
-No, ¿por?-preguntó Lys, sereno.
Entonces recordé a Nana. ¿Dónde estaría? Si le pasaba algo... Si le pasa algo juro que no respondo de mis actos. Respiré profunda y silenciosamente varias veces. Necesitaba relajarme o todo lo que habíamos hecho se desbarataría. Y con él, mi vecino iría a la cárcel. “¡NO! Al único chico que sabe hacerme especial no...” pensé con todas mis fuerzas. Volví a escuchar pasos hacia mi habitación. El huracán se retiraba.
-Vía libre. Entremos.-dijo mientras me tendía una mano para ayudarme a levantarla.
Yo rechacé la mano y me levanté.
-Es verdad. Odias que te cojan de la mano. Lo siento.
-No lo odio, solo es que... si puedo evitarlo, lo prefiero, la verdad.
Lys asintió, aunque no estaba muy contento. Entramos a la habitación por si acaso mi padre volvía. Mi madre, Suguro, Len y yo nos sentamos en el suelo, mientras que Lys se sentaba en la cama.
-Por favor, no os sentéis en el suelo.
Yo me levanté para hacer caso al chico victoriano que nos acababa de salvar del huracán de mi padre. Pero rápidamente empecé a sentir ganas de llorar. Cosa extraña, ya que solo me ocurría cuando había algo que me recodaba a mi hermano, y solo pasaba desde que se fue. Me volví a sentar en el suelo, esta vez de rodillas. Mi pelo castaño cubría mi cara, que estaba roja por las lágrimas que no paraban de salir. Suguro se acercó a mí.
-Hatsu, ¿qué te pasa?-dijo suavemente.
-Kaito... Hay algo aquí... Que me recuerda a él...
-¿Kaito? ¿Quién es el tal Kaito, si se me permite preguntar?
-Kaito es nuestro hermano mayor, que fue operado. Y el día en el que le dijeron que al día siguiente volvería a casa se marchó.-contestó Len.
-Gracias.-dijo mi madre.- Gracias por habernos ayudado.
-No es nada. Pero... ¿me podríais explicar qué es lo que pasa?
-Claro. Verás, desde que mi hijo el mayor desapareció, mi esposo está muy... muy irascible. Últimamente, tenemos cada vez más trabajo. Y eso le enfada mucho.-le empezó a explicar mi madre.
-Y cada vez que está enfadado, padre nos pega palizas a todos.-terminó Suguro.
-Supongo que tú serás la madre.-dijo dirigiéndose a mi madre.- Venga, acompáñeme. Le tengo que curar esas heridas.
-Sí, yo soy la madre. Y gracias.-dijo aceptando la mano que Lys le había tendido.
En cuanto mi madre se puso de pie, las piernas le fallaron y yo la sujeté justo antes de que se precipitara al suelo.
-Mejor te acompaño por si acaso.
-Sí, gracias.
Salimos de la habitación. “¡Ahora me doy cuenta de que no he visto la habitación con detalle! Cuando vuelva la veré”, pensé. Entre Lysandro y yo llevamos a mi madre hasta el cuarto de baño, donde estaba el botiquín. Me fijé en el baño. Sus paredes eran de azulejos verdes pasteles y rojos pasteles, una rara combinación. Mi madre se había mareado tanto que se había desmayado. Aproveché para hablar con Lys.
-Oye, Lys, ¿estamos solos?
-Bueno, está tu madre también aquí...-dijo algo confundido y un poco ruborizado tal vez.
-No, me refiero a toda la casa. ¿Estamos solos mi familia y tú?
-Sí, ahora mismo sí.
-Lys... Cuida de mi familia. Tengo que volver a por Nana. Si mi padre le hace algo... no respondo de mis actos.
-No, no vas a ir. Vas a quedarte aquí. Tienes que cuidar de tu madre y tus hermanos. Además, antes, cuando tu padre abrió la puerta, vi a Nana.
-¿¡Qué!? ¿¡Y cómo estaba!?
-Estaba bien, y si no me equivoco...
-¡Ding dong!
-Ahí está ella.
-¿¡Cómo!?-dije yo sin podérmelo creer.
Salí corriendo hacia donde había sonado el timbre. Abrí la puerta rápidamente.
-¡Nana!
-¡Hatsu!
-Nana, ¿papá te ha hecho algo?-le pregunté a Nana.
-No, tranquila. Hice como que estaba cocinando. ¿Puedo entrar?
-Claro que sí, por supuesto.-dijo Lys que estaba justo detrás de mí.
-¿Dónde está Megurine?-nos preguntó Nana.
-¿Quién?-preguntó mi amigo peliplata.
-Está en el servicio. Al menos, ahí estaba la última vez que la vi. ¿Dónde está ahora mi madre?
-Ah, está en la habitación. Con tus hermanos.
-Vamos, Nana.
Agarré la mano de Nana y la conduje hacia el lado de mi madre. Ellas siempre han sido amigas.
-Le he curado la mayoría de heridas. Pero tranquilas,-añadió al ver nuestra cara asesina.- no he tocado nada inapropiado. Soy todo un caballero.
Nana y yo suspiramos aliviadas las dos a la vez. Nos miramos y reímos, cosas que hacíamos siempre en los momentos más difíciles. Cuando Nana vio a Megurine, soltó una exclamación. Soltó mi mano y se acercó corriendo hasta mi madre.
-¿Estáis bien, mi señora?
-Nana, te he dicho que no me trates de usted.-dijo mi madre.- Trátame de tú.
-Pero, mi señora...
-Por favor.
-Claro. Megurine, tengo que hablar contigo. A solas.-añadió mirándonos a todos.
Ladeé la cabeza, señal de que después me lo tendría que contar todo. Nana asintió y Lys nos echó de su habitación, quedándose él también fuera. Enfrente de la habitación, había una pared. Me senté. Recosté mi espalda en aquella pared y alcé la cabeza. “¿Por qué nos ocurre todo esto? Todo empezó cuando Kaito se marchó.” pensé, con tristeza. Entonces, oí ladridos y maullidos provenientes de mi casa. Recordé a Duque y a Princesa.
-¡Duque! ¡Princesa!
-¿Qué?
-¡Duque! ¡Princesa!-grité todavía más fuerte.
-¡Calla o te descubrirán!-dijo Lys mientras me tapaba la boca.
Las lágrimas empezaban a salir de mis ojos. Lysandro lo notó y se me acercó. Se sentó al lado mío.
-¿Quiénes son Duque y Princesa?
-Son mis mascotas. Un perro y un gato.-justo después, un maullido se escuchó.-¿Princesa?
Me asomé al balcón, con cuidado, para que si mi padre estuviera fuera no me viera. Vi a Princesa allí tirada, y a Duque justo al lado. Vi como mi padre salía de mi habitación hasta el balcón, donde empezaba a gritar insultos contra Princesa y Duque. Dio media vuelta y se fue. Aproveché para salir corriendo. Cogí a Princesa, mientras que Lys, que había estado mirando la escena conmigo, cogía a Duque. Cuando estuvimos dentro, cogí a Princesa y la mecí entre mis brazos mientras que mis hermanos curaban las heridas de Duque. Tenía una gran herida como de un cuchillo en el costado, bastante profundo, pero por suerte no había alcanzado ningún órgano vital. Princesa estaba bastante bien. “Supongo que se escondería y mi padre no la encontraría.” me dije a mí misma. Le di a Suguro mi querida gatita y aparté del lado de Duque a Lys y a Len. Unas gotas cristalinas cayeron a la herida del animal, que respiraba con profundidad. Le puse una mano en el costado y noté como su vida se escapaba. Hacía tiempo que no lo usaba, pero si no lo hacía, perdería toda oportunidad de volver a ver a mi hermano Kaito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario