Nana, Lys y yo estuvimos hablando hasta
que una voz, casualmente la de mi madre, pidió la ayuda de Nana.
-Bueno, me tengo que ir.-dijo para
empezar la despedida.
-De acuerdo, ha sido un placer conocer
a la anciana señora que cuida, aconseja y demás a mi amiga y vecina
Hatsu. Ya nos veremos más veces.
-Claro que sí. Hasta luego, Lysandro.
-Llámeme Lys, si no le importa.
-De acuerdo. Bueno, me voy. Buenas
noches, Lys. Buenas noches, Hatsu.
Nana se me acercó para darme un beso
en la frente, pero en cambió me susurró:
-Ahora entiendo que te guste ese chico.
Luego hablaremos.
Gracias a lo que me susurró Nana, me
puse más roja que un tomate, Nana me vio así, me sonrió
amablemente y me dijo moviendo los labios que me tranquilizara.
Respiré hondo un par de veces y mi color natural volvió.
-Por cierto, antes me dijiste que tus
padres estaban muy ocupados, ¿con qué?-me preguntó Lys cuando Nana
cerró la puerta de mi habitación.
-Con el trabajo. Están muy liados con
él. Da muchos problemas, la verdad.
-Pero... ¿tu madre y tu padre? ¿Los
dos trabajan?
-Sí, es lo que suelen hacer los...-me
callé rápidamente. Iba a decir “reyes”, pero si lo decía me
vería obligada a mudarme de nuevo. Pensé rápidamente.- Es lo que
suelen hacer las familias de hoy en día. Que con lo mal que va la
crisis...-dije yo intentando disimular mi engaño.
No se me daba muy bien mentir, Siempre
necesitaba mirar hacia otro lado. Me sentía incómoda. Pero lo tenía
que hacer si quería poder quedarme allí, con Lys. Me pareció ver
en su cara decepción. ¿Por qué? ¿Se habría dado cuenta de que le
había mentido? Fuera lo que fuese, no insistió en el tema.
“Gracias”, pensé. En ese momento, llamaron a mi puerta, con
delicadeza, algo que solo solía hacer mi madre.
-Discúlpame. Es mi madre. Voy a ver
que pasa.
-Claro, ve.
Abrí la puerta. Detrás de ella se
encontraba mi madre, con una cara muy, muy pálida.
-¡Mamá! ¿Qué te ha pasado?
Además de tener la piel muy pálida,
tenía la ropa hecha jirones y varios moratones, por aquí y por
allá. Detrás de ella estaban mis hermanos.
-Tu padre...
Rápidamente, lo cogí todo al vuelo.
Se habría enfadado con algo y lo habría pagado con ellos. Hice que
pasaran a mi habitación. Volví a abrir los cristales que daban a mi
pequeño balcón. Lysandro estaba ahí, esperándome. Me saludó de
nuevo con una sonrisa en la cara, pero yo le respondí con una cara
de preocupación. Él lo notó.
-¿Qué te pasa, Hatsu?
-Ahora mismo no hay tiempo. ¿Podría
mi familia resguardarse ahí por el momento?
-Claro, pero me tendrás que decir que
te pasa.
Empecé a escuchar ruidos. Eran pasos.
De mi padre. Se acercaba.
-Por favor... Cuando estemos a salvo
mis hermanos, mi madre y yo te lo contaré todo, pero si no me haces
este pequeño favor...
Lys me miró con cara preocupada. Vio
que pasaba algo importante y peligroso tanto para mí como para mis
hermanos y mi madre. No sé si lo captó todo al vuelo, pero el caso
es que asintió y nos ayudó a pasar. Mi hermana, mi hermano y mi
madre ya habían pasado. Los pasos se escuchaban todavía más cerca.
No me daría tiempo. Les hice una seña para que se escondieran, que
yo ya les alcanzaría. Mis hermanos y mi madre lo hicieron, pero Lys
no.
-¡Vamos! ¡Escóndete! ¡Ahora iré
yo!
-Soy tu vecino, puedo estar en mi
balcón todo lo que quiera y más.
Le miré, agradecida profundamente.
Salté al balcón de al lado justo en el momento en el que mi padre
se precipitaba sobre la puerta. Había un pequeño muro para que los
pequeños no se cayeran, por lo que me escondí debajo de él. Estaba
a cuatro patas, y Lys encima. Escuché como mi padre salía al balcón
en el que instantes antes había estado yo.
-¿Has visto a mis hijos y mi mujer?-le
preguntó mi padre sin ni siquiera saludar y con un punto de enfado
en su voz.
-No, ¿por?-preguntó Lys, sereno.
Entonces recordé a Nana. ¿Dónde
estaría? Si le pasaba algo... Si le pasa algo juro que no respondo
de mis actos. Respiré profunda y silenciosamente varias veces.
Necesitaba relajarme o todo lo que habíamos hecho se desbarataría.
Y con él, mi vecino iría a la cárcel. “¡NO! Al único chico que
sabe hacerme especial no...” pensé con todas mis fuerzas. Volví a
escuchar pasos hacia mi habitación. El huracán se retiraba.
-Vía libre. Entremos.-dijo mientras me
tendía una mano para ayudarme a levantarla.
Yo rechacé la mano y me levanté.
-Es verdad. Odias que te cojan de la
mano. Lo siento.
-No lo odio, solo es que... si puedo
evitarlo, lo prefiero, la verdad.
Lys asintió, aunque no estaba muy
contento. Entramos a la habitación por si acaso mi padre volvía. Mi
madre, Suguro, Len y yo nos sentamos en el suelo, mientras que Lys se
sentaba en la cama.
-Por favor, no os sentéis en el suelo.
Yo me levanté para hacer caso al chico
victoriano que nos acababa de salvar del huracán de mi padre. Pero
rápidamente empecé a sentir ganas de llorar. Cosa extraña, ya que
solo me ocurría cuando había algo que me recodaba a mi hermano, y
solo pasaba desde que se fue. Me volví a sentar en el suelo, esta
vez de rodillas. Mi pelo castaño cubría mi cara, que estaba roja
por las lágrimas que no paraban de salir. Suguro se acercó a mí.
-Hatsu, ¿qué te pasa?-dijo
suavemente.
-Kaito... Hay algo aquí... Que me
recuerda a él...
-¿Kaito? ¿Quién es el tal Kaito, si
se me permite preguntar?
-Kaito es nuestro hermano mayor, que
fue operado. Y el día en el que le dijeron que al día siguiente
volvería a casa se marchó.-contestó Len.
-Gracias.-dijo mi madre.- Gracias por
habernos ayudado.
-No es nada. Pero... ¿me podríais
explicar qué es lo que pasa?
-Claro. Verás, desde que mi hijo el
mayor desapareció, mi esposo está muy... muy irascible.
Últimamente, tenemos cada vez más trabajo. Y eso le enfada
mucho.-le empezó a explicar mi madre.
-Y cada vez que está enfadado, padre
nos pega palizas a todos.-terminó Suguro.
-Supongo que tú serás la madre.-dijo
dirigiéndose a mi madre.- Venga, acompáñeme. Le tengo que curar
esas heridas.
-Sí, yo soy la madre. Y gracias.-dijo
aceptando la mano que Lys le había tendido.
En cuanto mi madre se puso de pie, las
piernas le fallaron y yo la sujeté justo antes de que se precipitara
al suelo.
-Mejor te acompaño por si acaso.
-Sí, gracias.
Salimos de la habitación. “¡Ahora
me doy cuenta de que no he visto la habitación con detalle! Cuando
vuelva la veré”, pensé. Entre Lysandro y yo llevamos a mi madre
hasta el cuarto de baño, donde estaba el botiquín. Me fijé en el
baño. Sus paredes eran de azulejos verdes pasteles y rojos pasteles,
una rara combinación. Mi madre se había mareado tanto que se había
desmayado. Aproveché para hablar con Lys.
-Oye, Lys, ¿estamos solos?
-Bueno, está tu madre también
aquí...-dijo algo confundido y un poco ruborizado tal vez.
-No, me refiero a toda la casa.
¿Estamos solos mi familia y tú?
-Sí, ahora mismo sí.
-Lys... Cuida de mi familia. Tengo que
volver a por Nana. Si mi padre le hace algo... no respondo de mis
actos.
-No, no vas a ir. Vas a quedarte aquí.
Tienes que cuidar de tu madre y tus hermanos. Además, antes, cuando
tu padre abrió la puerta, vi a Nana.
-¿¡Qué!? ¿¡Y cómo estaba!?
-Estaba bien, y si no me equivoco...
-¡Ding dong!
-Ahí está ella.
-¿¡Cómo!?-dije yo sin podérmelo
creer.
Salí corriendo hacia donde había
sonado el timbre. Abrí la puerta rápidamente.
-¡Nana!
-¡Hatsu!
-Nana, ¿papá te ha hecho algo?-le
pregunté a Nana.
-No, tranquila. Hice como que estaba
cocinando. ¿Puedo entrar?
-Claro que sí, por supuesto.-dijo Lys
que estaba justo detrás de mí.
-¿Dónde está Megurine?-nos preguntó
Nana.
-¿Quién?-preguntó mi amigo
peliplata.
-Está en el servicio. Al menos, ahí
estaba la última vez que la vi. ¿Dónde está ahora mi madre?
-Ah, está en la habitación. Con tus
hermanos.
-Vamos, Nana.
Agarré la mano de Nana y la conduje
hacia el lado de mi madre. Ellas siempre han sido amigas.
-Le he curado la mayoría de heridas.
Pero tranquilas,-añadió al ver nuestra cara asesina.- no he tocado
nada inapropiado. Soy todo un caballero.
Nana y yo suspiramos aliviadas las dos
a la vez. Nos miramos y reímos, cosas que hacíamos siempre en los
momentos más difíciles. Cuando Nana vio a Megurine, soltó una
exclamación. Soltó mi mano y se acercó corriendo hasta mi madre.
-¿Estáis bien, mi señora?
-Nana, te he dicho que no me trates de
usted.-dijo mi madre.- Trátame de tú.
-Pero, mi señora...
-Por favor.
-Claro. Megurine, tengo que hablar
contigo. A solas.-añadió mirándonos a todos.
Ladeé la cabeza, señal de que después
me lo tendría que contar todo. Nana asintió y Lys nos echó de su
habitación, quedándose él también fuera. Enfrente de la
habitación, había una pared. Me senté. Recosté mi espalda en
aquella pared y alcé la cabeza. “¿Por qué nos ocurre todo esto?
Todo empezó cuando Kaito se marchó.” pensé, con tristeza.
Entonces, oí ladridos y maullidos provenientes de mi casa. Recordé
a Duque y a Princesa.
-¡Duque! ¡Princesa!
-¿Qué?
-¡Duque! ¡Princesa!-grité todavía
más fuerte.
-¡Calla o te descubrirán!-dijo Lys
mientras me tapaba la boca.
Las lágrimas empezaban a salir de mis
ojos. Lysandro lo notó y se me acercó. Se sentó al lado mío.
-¿Quiénes son Duque y Princesa?
-Son mis mascotas. Un perro y un
gato.-justo después, un maullido se escuchó.-¿Princesa?
Me asomé al balcón, con cuidado, para
que si mi padre estuviera fuera no me viera. Vi a Princesa allí
tirada, y a Duque justo al lado. Vi como mi padre salía de mi
habitación hasta el balcón, donde empezaba a gritar insultos contra
Princesa y Duque. Dio media vuelta y se fue. Aproveché para salir
corriendo. Cogí a Princesa, mientras que Lys, que había estado
mirando la escena conmigo, cogía a Duque. Cuando estuvimos dentro,
cogí a Princesa y la mecí entre mis brazos mientras que mis
hermanos curaban las heridas de Duque. Tenía una gran herida como de
un cuchillo en el costado, bastante profundo, pero por suerte no
había alcanzado ningún órgano vital. Princesa estaba bastante
bien. “Supongo que se escondería y mi padre no la encontraría.”
me dije a mí misma. Le di a Suguro mi querida gatita y aparté del
lado de Duque a Lys y a Len. Unas gotas cristalinas cayeron a la
herida del animal, que respiraba con profundidad. Le puse una mano en
el costado y noté como su vida se escapaba. Hacía tiempo que no lo
usaba, pero si no lo hacía, perdería toda oportunidad de volver a
ver a mi hermano Kaito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario