martes, 18 de junio de 2013

Capítulo 8


Normal, siendo la mayoría chicas... Aunque los chicos también habían votado el baile. Seguramente, me encargarían a mí hacerlo casi todo, ya que soy una princesa. Si es que...
-Bien, pues está decidido. El tema elegido es el baile de princesas y príncipes. Bueno, ¿por dónde queréis empezar?
-Bueno...-dijo un compañero mientras me miraba.
Di una vuelta de ojos y asentí.
-Podríamos empezar por poner bastante iluminación. El escenario debería ser amplio, y estar iluminado con luz natural, por lo que deberíamos dejar el techo abierto, ya que pienso que nadie querrá comprar una cúpula.-empecé a decir. Entonces recordé mi antiguo palacio, que no estaba muy lejos.- ¿Profesora?
-¿Sí, Hatsu?
-¿El escenario tendría que estar en el instituto o podría estar fuera?
-Supongo que podría estar fuera. ¿Por?
-Ya tenemos el sitio ideal. Solo habrá que limpiar un poco y demás, pero está en perfecto estado.
-¿Dónde está eso?-dijo la directora, que volvía a entrar.
-No está muy lejos, y supongo que entre todos podríamos hacer el ambiente todavía más mágico, llevándonos a todos en carruajes tirados por caballos.
-¿Y de dónde sacaremos los caballos?-preguntó Ámber.
-Yo tengo un establo lleno, puesto que doy equitación.
-¿Y los choffers?
-A quienes le gusten los caballos, les puedo enseñar a manejarlos y esos serán los choffers. ¿Os parece bien la idea?
-Sí, claro. Me gusta la idea.-dijo la directora mientras daba media vuelta para irse a su despacho.
-Profesora, tengo que hablar con la directora, ¿puedo?
-Sí, claro. Después de solucionar todo lo del decorado... Sí, ve a dirección.
Cuando salí de la clase, la directora ya no estaba. Me encaminé hacia dirección. No hubo ningún percance.
-Toc, toc.
-Pase.-respondió la directora.
-Eh... Directora...
-¿Sí, Hatsu?
-Me gustaría quedarme en la clase. Sé que he cambiado de opinión muy repentinamente, pero... ahora me siento a gusto con mi clase.
-De acuerdo. Vuelve a clase, seguramente te estén esperando.
Me dirigí hacia mi clase, cuando me encontré con el pelirrojo.
-¿Qué hacías ahí? ¿Ya te han castigado?
-No, no me han castigado. Pero creo que a ti sí. ¿He acertado?
-Sí, has acertado.
-Bueno, me voy.
-Espera.-dijo mientras me cogía del brazo.
-¿Qué?-le pregunté fríamente.
-Se ve que eres muy amiga de Lys. Es más, creo que le gustas.
-Sé que le gusto.
-Pues no le hagas daño, porque te las verás conmigo.
-Ja, ¿crees que le haría daño a un chico tan educado conmigo? Ni lo pienses, no soy ese tipo de persona.
-Bueno, por si acaso.-dijo mientras me soltaba y se iba a dirección.
Le dirigí una última mirada y me dirigí a clase. Cuando llegué a la puerta de la clase, abrí la puerta y entré. La tutora me indicó que me acercara a su mesa.
-¿Podríamos ir el lunes?
-Claro, pero será andando.
-¡A ver, chicos!-exclamó la tutora para que los alumnos la escucharan.- Decidles a vuestros padres que el próximo lunes tenemos una excursión al lugar donde se celebrará el baile. Como lo tendremos que preparar todo, traeros escobas, fregonas y demás utensilios de limpieza.
-¡Sí!-respondieron toda la clase a la vez.
Me puse enfrente de toda la clase y les hice la pregunta.
-¿Quiénes quieren aprender a manejar los caballos?
Varias manos se levantaron. Una chica con el pelo de color blanco, más bien plata, y de ojos dorados levantó la mano. Llevaba una gorra negra y sonreía amablemente. Cami también levantó la mano, y también Lys. Pero con cuatro choffers no tendríamos suficientes.
-¿Alguno más?
-¿Y por qué no tú?
-Yo estoy incluida, Ámber.
Ámber giró la cabeza, y miró hacia otra parte como con desprecio. Aquella chica no me caía mal, es que la pobre... Yo la había visto varias veces cuando era pequeña, cuando Nathaniel le cogía del pelo y todos se metían con ella. Pero ahora las tornas habían cambiado. Yo hacía caso omiso a los ataques de Ámber. Algún día, comprendería lo que yo ya había comprendido. En ese momento, alguien llamó a la puerta.
-Adelante.-dijo la profesora esperando a que entrara aquella persona.
Castiel entró en la clase, y se acercó a la tutora para decirle en voz baja, pero lo suficientemente alta para que yo me enterara, que la directora, como castigo, le había cambiado de clase. Y de que le había tocado esta. La tutora le dijo del tema del que estábamos hablando y le indicó un asiento vacío, justo al lado del mío. Yo volví a repetir la pregunta.
-¿Alguien más quiere conducir a los caballos?
En ese instante, Castiel levantó la mano, a lo que Ámber y sus dos amigas se le unieron. Ya eran demasiados.
-Solo necesitamos cinco. Por lo que la tutora elija, de entre todos los que han levantado la mano, quién va a ser.
-Castiel. Será Castiel el que lleve a los caballos.
-Bien, pues vosotros cuatro, quedaremos en la puerta del instituto a las siete. ¿Alguien no puede?
Nadie dijo nada, por lo que yo interpreté como que nadie faltaría en la reunión. La sirena sonó, indicando que aquella clase se había acabado. Las dos siguientes horas pasaron rápidas, ya que todas las asignaturas se me daban bastante bien y lo sabía todo lo que me preguntaban.
-Señorita Hatsune, salga a la pizarra.-dijo la profesora de matemáticas.
Me levanté de mi asiento y miré la pizarra. Había una ecuación bastante fácil.
-Resuelva la ecuación x+2x=30.
Yo empecé a escribir en la pizarra.
x+2x=30
3x=30
x=30/3
x=10
-Muy bien hecho, señorita Hatsune. ¿Ven ya como se hace? Señor Lysandro, resuelva la ecuación 2x=30
Yo lo hice mentalmente, 2x=30 → x=30/2 → x=15. Sin embargo, a Lys le estaba costando. No lo consiguió hacer, por lo que la profesora llamó a otro alumno y le sentó. Él me dirigió una mirada preocupada, a la que yo le sonreí amablemente. Él miró otra vez a la pizarra, aliviado de que yo no le diera mucha importancia.
-Bien, pues con esto ya se ha acabado el tema, por lo que el martes habrá un examen de ecuaciones.
Toda la clase resopló, excepto yo. Era la única que sabía todo por completo. Mi padre ya me enseñaba las ecuaciones cuando yo tenía ocho años, por lo que estaba aburrida. A la gran mayoría le daba igual suspender, pero a una pequeña minoría se reuniría con alguien que supiera, es decir, yo o la profesora. Cuando volvió a sonar la sirena, indicando que teníamos clase de gimnasia, me dispuse a recoger mis cosas.
-Hatsu, ¿te puedo pedir un favor?
-Claro, Lys, ¿qué favor?
-¿Podríamos quedar para que me ayudaras a estudiar matemáticas? Nunca han sido lo mío.
-Claro, podemos quedar antes de la clase de equitación. ¿Quieres?
-Sí, muchas gracias. Déjame que te ayude, si me lo permites.
-Claro que te lo permito, Lys. Eres mi amigo.-le dije. Entonces él cogió uno de mis libros, justo el que no quería que cogiera nadie.- ¡No cojas eso!-le dije mientras se lo quitaba de las manos.
-¿Qué es? Lo siento si soy indiscreto, pero tengo curiosidad.
-Es mi diario. Aquí apunto todo lo que me pasa. Todo lo que siento. En fin, todo.
-Ya, entonces es algo muy personal, ¿no? Lo siento.
-No pasa nada siempre y cuando no lo leas. Porque a veces es más que un diario.
-¿Ah, sí? ¿Podrías explicarme eso?-dijo mientras yo me levantaba y salíamos de clase.
-Aquí y ahora no, Lys. Tal vez cuando estemos en tu casa te lo enseñe. ¿Vale?
-Claro, tranquila. Aparte, si no quieres, no tienes porqué hacerlo.
-Lo sé. Bueno, vamos. Que al final llegaremos tarde.
Llegamos al gimnasio, donde me separé de Lys para ir al vestuario de chicas y encontrarme con Cami y con aquella chica peliplata.
-¡Hatsu! ¡Mira con quién compartimos clase de gimnasia!-dijo llevándome a rastras hasta donde estaba... ¿¡Poks!?
-¡Poks! ¿Vas a dar la clase de gimnasia con nosotras?
-Al parecer sí.-dijo con una sonrisa en la cara.- Que pena que chicos y chicas demos la clase por separado, ¿verdad?
-Sí, claro, tú lo que quieres es estar más cerca de Dajan, pillina...-dijo Cami en voz baja.
Poks se puso colorada y nosotras nos reímos. Nos cambiamos y salimos a la pista, donde teníamos que estar haciendo tenis. Yo cogí una raqueta. Estaban haciendo un torneo, por lo que les dije que yo también participaba.
-Hatsune contra Ámber. Que gane la mejor.-dijo el profesor.
Fácil. Empecé con un saque rápido, por lo que Ámber no se lo esperó y falló. Punto para mí. Seguidamente, le hice unos cuantos globos, para que creyera que estaba ganando, cuando le hice un rápido, que esta vez lo vio venir y fue a por él, sin éxito. Un punto más y habría ganado. Dejé que sacara Ámber, que sacó con bastante fuerza, pero poca precisión. Di una vuelta de ojos y fui corriendo antes de que cayera, dándole con fuerza y precisión. Ella, que esperaba que se la dejara caer, se quedó paralizada, hasta que reaccionó, pero entonces ya era tarde.
-Hatsune es la vencedora. Siguiente partido. Hatsune contra Cami. Que gane la mejor.
Lancé la pelota rápida, como al principio, pero Cami ya sabía mis tácticas. Si ella no me ganaba, no creía que nadie me ganara. Ella salió al encuentro con mucha naturalidad, y seguimos lanzando globos hasta que me cansé de esperar. Con un rápido movimiento, hice una vuelta completa y golpeé la pelota, lo que hizo desconcertar a Cami y perder ese punto. Volví a sacar yo, pero esta vez bastante más lenta que la anterior. Cuando empezó a coger velocidad, después de dos o tres golpes, hice el movimiento del que nadie tenía ni idea que se pudiera hacer en tenis. Hice un salto de ballet, llegando justo a tiempo para dar una vuelta de bailarina de caja de música y golpear con bastante fuerza. El movimiento dejó a todos desconcertados, por lo que gané de nuevo ese punto.
-¡Último punto, Cami! ¡Estate atenta o como siempre te ganaré!
Cami frunció el ceño y sonrió. Ahora empezaba el juego de verdad. Estuvimos como diez minutos golpeando la pelota, por lo que la campeona del otro bloque ya estaba elegido. En un momento de flaqueza por parte de Cami, disparé la pelota lo más rápido que pude, ganando el último punto. Todas las siguientes se habían rendido antes de jugar contra mí, por lo que ahora solo quedábamos la campeona del otro bloque y yo. Yo todavía no estaba cansada. Yo había jugado y ganado muchos, muchísimos trofeos de tenis. Miré a mi contrincante. Era la peliplata que se había ofrecido a conducir un coche de caballos. Estaba sin la gorra y con el pelo recogido en una larga coleta. Yo lo tenía exactamente igual que ella, a excepción de mi diadema de gata.
-Hatsune contra Elizabeth. Que gane la mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario