miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 33


-¡Esperad! ¿Me podríais mantener por allí durante un tiempo? No tengo ni casa, ni ropa, ni comida...-dije dándome cuenta de que no tenía nada.
-Bueno... Supongo que si te quedas aquí podríamos hacer algo. Campanilla, tú podrías hacerle un techo por si llueve. Yo te haré los vestidos con pétalos de flores. Los haré crecer mucho para que sus pétalos sean bien grandes. Y la comida...
-¡Yo me ocuparé de eso! En cuanto les explique la situación a los animales, seguro que te dejaran un poco de su comida.
-Gracias, pequeñas. Sois las mejores.
-De nada. Y ahora nos marchamos, que tengo que ir a enseñar a los peces a remontar el río.
-Y yo tengo que formar un arco-iris. ¡Adiós, Hatsu!
-Adiós.-dije mientras salía para ver como estaba Eli.
Narra Carly.
Había visto como una niña de ocho años traía a una de las amigas de mi hermana y como se marchaba al patio trasero. Ahora volvía, mientras que unas luces doradas rodeaban a Eli. Yo las intentaba ahuyentar, pero era imposible.
-Déjalas hacer su trabajo, Carly. La curarán.
-No me fío de ti. No sé quién eres y encima traes a una de las mejores amigas de mi hermana en este estado.
-¡Carly! ¡Por favor, hazme caso! ¡Si no las dejas, Eli morirá!-dijo mientras unas pequeñas lágrimas asomaban por su rostro.
-De acuerdo, lo haré. Pero debes decirme quién eres en realidad, y no me digas que eres Hatsu porque en este reino solo existe una y esa es mi hermana. ¿Conforme?
-Sí, Carly. En verdad soy...-hizo una pequeña pausa.- En verdad soy Lucy, tengo ocho años y como me encantan los nombres de princesa y el de la princesa Hatsu me encantaba decidí que me llamaran así. Pero nadie lo hace.
-Bueno, es normal. Te llamaremos Lucy. Pero, ¿y tus padres? ¿No estarán preocupados de que tú te hayas escapado?
-No tengo padres. Murieron hace poco en un accidente. ¡Pero no me lleves a un orfanato! Me las he ido arreglando bien por ahora... Pero han estado a punto de atropellarme, ella me ha salvado y la he traído a donde me dijo su amiga.
-¿Cómo era la amiga?
-Con orejas de gato, ojos morados...
-Era Cami. De acuerdo, no diré nada a nadie. Pero, ¿cómo sabías mi nombre?
-Bueno... Me encantan las princesas y los príncipes por lo que me regalaron un árbol genealógico de la familia real y era bastante fácil compararte con Carly. Tienes el pelo un poco más rizado por las puntas que Hatsu.
-Ah, ya veo. Bueno, pues márchate y que no te vuelva a ver por aquí, ¿entendido?
-Sí, Carly.-dijo con una sonrisa forzada mientras se marchaba por la puerta.
Narra Hatsu.
Ahora debía hacerme pasar por una niña de ocho años, ¿cómo lo iba a hacer? No sabía nada sobre la infancia de una niña cualquiera... Desde pequeña siempre me estuvieron enseñando. Decidí marcharme al Sweet Amoris. Cuando llegué, me dirigí a dirección y antes de llamar escuché a Nath hablando con la directora.
-¿Sabes, Nathaniel? Hace tiempo que Hatsune no viene al instituto, ¿cierto?
-Sí, directora. Según me han comentado, está enferma. Dicen que puede que tarde en volver.
-Ajá, de acuerdo.
Llamé a la puerta suavemente.
-Adelante.
-Señorita, ¿le gustaría a usted aceptarme en su instituto? Soy una superdotada. Sé cosas hasta tercero.
-¿De verdad? Muéstramelo, pequeña.-dijo con una sonrisa que por primera vez veía.
-Es hermosa su sonrisa, debería mostrarla más a menudo. Bueno, dígame, ¿cómo se lo demuestro?
-Gracias por el cumplido, lo tendré en cuenta. A ver, Nathaniel, tú estás en tercero, ¿cierto? Pues ponle algo que estéis dando.
-Mmmm... ¿Una ecuación?
-De acuerdo. A ver, pequeña, resuelve la ecuación 2x + 8x = 7 – 4x
-Vale.-dije mientras empezaba a escribir en un papel.
2x + 8x + 4x = 7
14x = 7
x = 7/14 = 1/2
-Ya está. Resuelto. Equis es igual a un medio o a cero con cinco.
-Guau. Eso está bien. Bueno, pues entonces, supongo que debería aceptarte. Pero... Eres muy pequeña para ir sola... Bueno, supongo que Nath te podrá acompañar.
-Sí, directora. Ven, eh...
-Lucy.
-Pues ven, Lucy. No sueltes mi mano, ¿eh? Te llevaré a clase.
Agarré su mano con timidez y me sonrojé. Al parecer, solo mi cuerpo había cambiado, pues me sentía mal por Lysandro, ya que él era mi novio y sin embargo iba agarrada de la mano con Nath. Mira, esta será tu nueva clase. Cuando suene la sirena, me esperarás aquí, ¿de acuerdo? Yo debo irme a mi clase, pero antes te presentaré ante esta, para que no tengas miedo, ¿de acuerdo?
-Sí.-dije mientras pensaba qué apellido debería decir.
Nath llamó a la puerta y un “adelante” hizo que abriera la puerta. El profesor Farrés, que daba música, abrió la puerta y, mirándome, frunció el ceño.
-¿Qué pasa, Nathaniel?
-Esta chica es una pequeña genia y la directora la ha admitido como alumna oficial. Tiene conocimientos de tercero, por lo que pensamos que debería estar aquí.
-¿La directora ha aprobado a esta alumna? Bueno, si es superdotada... Entra, pequeña, te presentaré a la clase.
-Vale.-dije con la cara agachada mientras miraba mi pie.
-A ver, clase. Hoy se nos une una pequeña superdotada llamada...
-Lucy.
-Pues eso, Lucy. Quiero que la tratéis bien y que no le hagáis nada malo, ¿de acuerdo? Ven, Lucy, preséntate un poco.
-Vale.-dije mientras el profesor Farrés me subía a su mesa para que todo el mundo me viera.
Reconocí a Cami, a Castiel, a Lysandro, a Poks y a Dajan. Castiel, Lysandro y Cami, al verme, se sorprendieron.
-Me llamo Lucy y tengo ocho años. Me encantan los libros, leer, pero se me da bien escribir historias. Espero que seamos todos amigos y poder conocer a gente nueva durante este curso.
-Muy bien Lucy, chicos, ¿hay algún sitio libre?
-No, profesor, pero ella y yo podríamos compartir asiento.-dijo Ámber.
-No, da igual, me quedo de pie y ya está. Sin problemas.
-No, hombre, de pie no te vas a quedar una hora entera. Mmm... Siéntate con Camila. Ella te presentará a toda la clase.
-De acuerdo, profesor.-dije mientras me encaminaba hacia el sitio de Cami.
Ella me indicó que me sentara en sus piernas. Yo asentí y como pude y con ayuda de Cami, me senté.
-¿Y mi amiga? Cuando llegó la ambulancia ya no estaba.
-Está con Carly y no te preocupes. Está bien.
En ese momento, llamaron a la puerta. El profesor volvió a abrir.
-¡Señorita Elizabeth! ¡Otra vez tarde! ¡Siéntese en su sitio y que no vuelva a suceder!
-Lo siento profesor, he tenido un pequeño accidente y he tenido que volver a casa a recoger algunas cosas, no volverá a suceder.
-¿Y cuál ha sido su accidente?
-Han estado a punto de atropellarme. Es más, me han dado, pero no ha pasado nada grave.
-¿Que qué? Elizabeth, vaya usted ahora mismo a enfermería. Porque eso de que no ha pasado nada grave no lo decide usted, sino los que saben.
-Pero profesor, si he tardado es porque me han llevado a urgencias y demás... A parte, su clase me encanta, y me gustaría no perdérmela.
-Bueno, si es así... De acuerdo, siéntese.
-Sí.-dijo mientras se sentaba a nuestro lado, donde había un hueco para ella.- ¿Cómo lo hiciste, pequeña?-susurró.
-Lucy. Me llamo Lucy. Y lo hice porque yo... no me gustaría decirlo ahora, después, cuando estéis todos juntos, ¿vale?-susurré antes de volver a prestar interés por la clase del señor Farrés.
Sentía las miradas de Lysandro, Castiel, Eli y, por supuesto, mi mejor amiga, Cami puestas en mí. La clase pasó entre miradas entre ellos, miradas a mí y explicaciones al profesor Farrés. Cuando salí, reuní a todos los de mi grupo, que no eran pocos y los puse a todos frente a mí: Lysandro, Castiel, Cami, Eli, Hilay, Poks, Dajan, Len, Suguro y Ken.
-Yo... os tengo que decir varias cosas. Hatsu se ha ido durante un tiempo indefinido y me ha mandado que sea su mensajera mientras tanto.
-¿Y no nos puedes decir a donde ha ido?-preguntó Castiel enfadado.
-No, no me lo permite, como muestra esta carta.-dije enseñando una carta que había hecho en la clase.
-“Perdonadme, chicos. Cuidad de Lucy, os servirá de mensajera entre vosotros y yo. No dejéis que los Aniquiladores le hagan daño, pues irán tras de ella.” Pero, ¿cómo podemos fiarnos de ti?
-¿No lo demuestra la carta? Tan solo os iba a decir los mensajes que Hatsu me ha dejado para vosotros. Para Lys: Sabes que te quiero, pero es una misión en la que no debes embarcarte, pues podrías salir herido de por vida. Es arriesgada, pero cuando pienso en ti, el dolor y el miedo se van, pues sé que siempre estarás en mi corazón. Para Castiel: A ti, sí que no se te ocurra venir a buscarme, porque además jamás me encontrarías. En serio, no lo intentes. Lo que sí que te puedo decir es que debes encargarte de nuevo de tú-ya-sabes-quién, porque no era más que un simple clon. Para Dajan, Poks, Eli, Hilay: Os dejo un mismo mensaje porque yo ya sé algo. Y como hagáis algo raro en mi ausencia, ¡después tendréis que veroslas conmigo! Porque cuando yo llegue tengáis por aquí críos rondando... Jo, jo, jo... Más os vale no verme así. Para Cami: cuando escuches esto, quiero que te tires encima de tú-sabes-quién y que poco después hagas lo que yo sé que tú tienes que hacer. Porque te doy todo el permiso del mundo para eso... pero lo mismo que a los otros dos. Os quiero ver de parejita feliz, ¡no de padres! ¿Entendido? No, venga, ahora en serio. Eres mi mejor amiga, quiero que seas tú la que cuide de Lucy, porque le he dicho que te cuente un pequeño secretito que no le he contado a nadie y a quiénes se lo he contado no me han hecho caso, ¿ok? Para Len y Suguro: ¡Ay, mis hermanitos! Aunque me haya ido de misión, os prometo que volveré sana y salva. No os peleéis durante mi ida y ya me iréis contando cositas por Lucy. Para Ken: fuiste mi amigo de pequeña, y aunque no pase mucho tiempo hablando contigo y demás te quiero, y eso lo sabes, ¿no? Lysandro, ni se te ocurra.-dije al ver que miraba como un psicópata a Ken.- Le quiero como amigo. Sí, Lys, te he nombrado aquí porque sabía lo que ibas a hacer. Y como le hagas algo, hemos roto, ¿entendido? Porque las amistades primero.
-¿Cómo sabía ella lo que estaba pensando?-susurró Lys mientras me miraba desde cerca.
De repente, alguien me empujó y besé a Lysandro, cosa que me gustó y me disgustó al mismo tiempo.
-Apartaos, niñatos. Estamos intentando pasar.
Me separé de Lysandro lo más rápido posible y recordé que ahora era otra, y que podía decirle unas cuantas cosas.
-Mira, pijita, que tú seas la más pija y malvada del mundo no te da derecho a meterte con nadie, ni siquiera con ellos, ¿entendido? Y como nos vuelvas a decir algo, te romperé esas uñas de mentira que llevas, te quitaré ese color rubio tan feo que tienes y te lo cambiaré por un rosa fosforito, eso sin contar el que tu preciosa piel le saldrían manchas incluso por donde nadie verá. ¿Te has quedado con la copla?

Capítulo 32


-Tú no te llamas Amanda, ¿verdad?-dije con cara apesadumbrada.
Ella giró la cabeza hacia un lado. Y me miró, fijamente.
-Te llamas... ¿Por qué? ¿Por qué te le apareces a él? No diré tu nombre. Porque deseo que sea mentira.
-¿Salvarás al mundo, elegida?
Cerré los ojos. Sabía lo que diría. Me dolería, pero era allí donde vivía mi pueblo y todas las personas y seres. Una lágrima se derramó por mi mejilla. Kay y Amanda supieron mi decisión. Lys no.
-¿Qué te pasa?
-¿Cuándo tendría que salir?
-¿Qué? No lo dirás en serio... Acabamos de conocernos. Por favor, no vayas, te lo suplico...
-¿Y ver como morimos todos? Lo siento Lys, mi decisión está echada. Tan solo confía en mí. Yo sí volveré. Te lo prometo. Te dejo al cargo de Dulce. Coge esto.-dije mientras sacaba un pequeño collar del bolsillo de mi vestido y lo dejaba sobre las manos de Lys.- Mientras Dulce esté cerca de esto no morirá. Dulce, quédate con él.
-Pero...
-No, Dulce. Debes obedecerme y lo sabes. Quédate con él.
-Hatsu yo... Te deseo suerte.-dijo mientras unas lágrimas salían de sus pequeños ojillos.
-Hatsu, te lo vuelvo a pedir, no te marches sin mí.
-Debo ir sola, Lys. Te amo. Recuerda, eso no pueden quitártelo. Nadie. Recuérdalo cuando me añores. Mi corazón está contigo.
-¿Y qué pasará con la fiesta de esta noche?
-Mañana por la mañana deberemos salir. Podrás ir a esa fiesta, elegida.
-De acuerdo. Lysandro, aprovechemos este último día antes de mi viaje, ¿no quieres?
-Hacía tiempo que no me llamabas Lysandro.
Le besé. Dulce, Amanda y Kay se alejaron un poco para dejarnos intimidad.
-Márchate ahora conmigo, por favor...
-No puedo. Debo ir...-dijimos entre besos cortos.
-¿Te harías mía esta noche?
Sabía lo que conllevaría eso. Tener que separarme de él sería mucho más difícil. Además, no estaba preparada.
-Yo... Lo siento. No estoy preparada.
-Tranquila. Solo lo preguntaba porque tal vez, cuando vuelvas del viaje, seas otra y no te reconozca.
-No cambiaré. Te lo prometo.
-Prométemelo llevándote esto.-dijo mientras me daba un colgante con una esmeralda.- El verde siempre fue mi color favorito. Si cuando vuelvas lo llevas puesto, te seguiré queriendo. Si no lo llevas... -cerró los ojos.- Si no lo llevas deberé preguntártelo, pero seguramente de lo dolido que esté no te crea.
-De acuerdo. Lo llevaré siempre puesto. Jamás lo perderé. Te lo prometo.-dije mientras me lo ponía.
De repente, sentí un temblor.
-¿Pero qué...?
Abrí los ojos. Estaba en la habitación de Lys, acostada en su cama. Me intenté incorporar pero llevaba algo demasiado pesado y no pude. Me miré los brazos para saber si tenía algo pesado enganchado. Y las vi. Eran pequeñas, como si fueran de una niña de ocho años. Me miré como pude el resto del cuerpo. Los pies que deberían salir por debajo del vestido estaban sepultadas por éste y las orejas de gato se habían caído.
-¿Qué me ha pasado?-dije.
Noté como mi voz había cambiado al igual que todo mi cuerpo. Me había convertido...
-Te he transformado en una niña de ocho años. Vamos, que te he rejuvenecido.
-¡Tú!
-Sí, yo.-dijo una voz familiar.
Me deshice del vestido y me puse en condición de atacar con cualquier hechizo mágico. Aún estando semidesnuda, era lo único que podía hacer.
-Pequeña, te ves tan ridícula así... Por cierto, gracias por haberme librado de una copia de mí mismo. Ya me tenía un poco harto...-dijo desviando la mirada.- Ya sé, como recompensa te daré algo de ropa.-dijo mientras movía la mano.
Me miré. Tenía un vestido verdes con florecillas rojas por encima y llevaba dos coletitas con mi corto pelo.
-Gracias.-mascullé.
-De nada pequeña. Bueno, creo que por ahora será suficiente. Me retiro a estudiar un poco pequeña...
-¡Espera! ¿Cuándo me dormiste?
-Bueno, volviste aquí para soltar tu diadema,-dijo señalándola.- y te dormí. Creí que así me sería más fácil transformarte y... así ha sido. ¡Au revoir, pequeña!-dijo marchándose.
Me sentí impotente por no poder pararle los pies.
-¿Y ahora qué hago? Nadie me reconocerá así y ninguno me creerá... A no ser... ¡Sí! ¡Ellas me ayudaran!-exclamé.
Abrí la puerta como pude y salí corriendo hacia la puerta principal.
-¡Ey! ¿Quién eres tú?-dijo una voz cogiéndome.
-¡No! ¡Castiel, déjame!
-¿Cómo sabes mi nombre, renacuaja?
-Porque todas las de primaria suspiramos por ti, idiota.-dije metiéndome con él.
-¡Eh! Dime la verdad, mocosa. ¿Te has perdido, te has encontrado la puerta abierta y has entrado?
-No. Castiel, ¡suéltame ya! Tengo que irme.
-No. Te vienes conmigo. Dime, ¿dónde vives?-dijo mientras me soltaba en el suelo y me sacaba de la mano al umbral.
-¿Tengo que decir tu verdadero nombre, Castiel?-dije mirándole con cara sádica.
-¿Eh? ¿Qué otro nombre?
-¡No te hagas el tonto! Yo sé cuál es tu verdadero nombre, ¡yo soy Hatsu!
-Pequeña, no sé quién eres, pero estoy segura de que no eres Hatsu. Ella tiene unos años menos de mi edad, no ocho años.
Me enfadé. Le dije la verdad y no me creyó. Pegué un tirón de la mano de la que me agarraba y salí corriendo. Una pequeña lágrima caía por mi mejilla, en ese entonces rosada. Castiel salió corriendo detrás de mí, pero vi a Lysandro subiendo.
-¡Lys! ¡Ayúdame! ¡Castiel me quiere coger!-dije mientras le usaba de escudo humano.
-Castiel, ¿quién es esta niña?
-¡Soy Hatsu!
-Oh, pequeña, no creo que seas Hatsu. Hatsu es mi novia, tiene mi edad y es más alta.
-¡Nadie me cree! Pensé que tú sí me creerías, Lys...-dije mientras otra lágrima salía rodando.- ¡Recuérdame, recuérdame! ¡RECUÉRDAME!-dije mientras le cogía las manos con fuerza.
-Chica, no sé a quién quieres que recuerde... Pero tú no eres Hatsu.
Le solté las manos. Mi cara se ensombreció. Más lágrimas volvieron a salir. Ellos esperaban que llorara como una niña de mi edad. Por suerte o por desgracia, lloré como lo hacía yo. Salí corriendo. Lo único que podía hacer para volver a la normalidad eran recurrir a ellas. Ellas, que me acompañaron de pequeña. Ellas, que me ayudaron en los momentos en los que aún Dulce no estaba. Ellas, las hadas. “Por cierto, ¿dónde está Dulce?” Entonces me di cuenta de que la piedra a la que no debía separarse mucho estaba en el vestido que había dejado atrás. “Bueno, Lys la cuidará. Y además, seguramente esté dormida” pensé más aliviada. Terminé de bajar las escaleras. Miré a ambos lados y salí corriendo hacia mi antigua casa, el palacio.
-¡Espera, pequeña!-gritó una voz en lo alto de las escaleras.
-¡Nya! ¡No cruces Eli!-gritó mi amiga gata.
Me giré justo al tiempo de ver como un camión se aproximaba hacia mí. Sentí un empujón y caí al suelo, a salvo. Pero no vi a Eli por ninguna parte. Miré donde estaba hacia unos instantes. Allí estaba. El camión había parado un momento y se había marchado.
-¡No huyas, cobarde! ¡Nya, Eli!-gritó Cami dispuesta a degollar al conductor.
Salí corriendo hacia Eli.
-¡Eli! No te mueras, Eli, no te mueras...-dije intentando pasar su herida a mí.- No... No puedo...
-¿Qué no puedes?-me preguntó la gata con ojos llorosos.
-¡Eli!-grité al cielo.
La cogí como pude en mi pequeña espalda y poco a poco conseguí llegar hasta el palacio cuando Cami no miraba. Di un paso, di otro. Notaba como la respiración de Eli iba disminuyendo. Tropecé. Me volví a levantar. No podía rendirme. Ahora no.
-¡Carly!-grité nada más entrar al castillo.
-¿Quién me llama?
-Cuida de ella unos instantes, ¿quieres?-le supliqué.
-¿Cómo te llamas, pequeña?
-Soy Hatsu. Pero no me creerás...
-Pues no, pequeña, no te creo. Hatsu es mi hermana y...
-Sois gemelas, es más alta y tiene más años que yo. Sí, ya lo sé. Cuídala.
Corrí hacia el patio al ver que Carly asentía al ver por fin a Eli. Allí, entré al bosque. Pisando donde estaban las huellas. Poco a poco. Paso a paso. Llegué a un claro rodeado de árboles. Me senté como lo hacía de pequeña, cerré los ojos e intenté recordar la canción.
-Nemuru... Suripu... Watashi wa sono ko... No, así no era... Nemuru... Suripu... Watashi wa anata... No tampoco era así... ¡No recuerdo como era! Oh, por qué no recuerdo como era...-dije mientras una lágrima caía.- Una última vez... Nemuru... Suripu... Anata sono ko... ¡Sí! ¡Era así! Nemuru... Suripu... Anata sono ko... Anata sono ko, watashi neru mo...
Seguí cantando la canción mientras unas cuántas lucecitas se asomaban desde lo árboles. Me miraban, inquietas, felices, dudosas y asombradas. Terminé de cantar la canción cuando abrí los ojos. No vi a ninguna de las hadas que de pequeña me cuidaban. “Me habré equivocado...” pensé tristemente. Más lágrimas comenzaron a salir.
-No sé qué hacer para que ellas vengan...-susurré entre sollozos suavemente.- Eli a punto de morir, yo en este estado...
-Canta otra canción.-escuché.
Abrí los ojos y me fijé nuevamente entre los árboles. Decidí cantar una que estaba componiendo desde hacía varios días.
-No sé si hago bien, no sé si hago mal, no sé si decirlo, no sé si callar. Que es esto que siento tan dentro de mí, hoy me pregunto si amar es así. Mientras algo, me habló de ti; mientras algo, crecía en mí. Encontré las respuestas a mi soledad, ahora sé que vivir es soñar. ¡Ahora sé que la tierra es el cielo, te quiero, te quiero!-canté mientras las lucecitas se amontonaban a mi alrededor, danzando.- ¡Que en tus brazos ya no tengo miedo, te quiero, te quiero! ¡Que me extrañas con tus ojos, te creo, te creo!-terminé de cantar.
-¡Hatsu, eres tú!-dijeron las luces.
-Menos mal que me habéis reconocido... Nadie lo ha hecho.
-Pero han pasado muchas primaveras, ¿cómo es que sigues igual que la última vez?
-Por un hechizo que me han lanzado. ¿Todavía podéis concederme un deseo?
-Sí, claro. Como siempre lo hicimos.-dijo una voz un poco más dulce y serena que las que me habían reconocido.
-Tengo... Tengo a una amiga que está muriéndose. La han atropellado. ¿Podríais...?
-Sí, claro. ¿Pero no preferirías convertirte de nuevo en la Hatsu actual?
-Sí, me gustaría. Pero si por mí pierdo a una amiga... No podría vivir con eso. Curadla. Ella es ahora mismo lo más importante.
-De acuerdo, así se hará. ¡Hadas sanadoras! ¡Id! Y que os vaya bien.-dijo antes de desaparecer entre los árboles.
-Ahora debo irme. Aprenderé a convivir con esto.-dije mientras me volvía a mirar.
-Bueno, ya sabes que para cualquier otra cosa estamos aquí.-dijeron antes de marcharse.

Capítulo 31


Corrí con las chicas a la tienda de los hermanos y entré.
-¿Ya hemos llegado?
-Sí, venid por aquí.-dije mientras las guiaba hacia la parte de Lys.
Al abrir la puerta, las chicas se quedaron maravilladas. Vieron todos los vestidos de princesa, y se quedaron en el umbral de la puerta, asombradas. Yo empecé a coger los vestido que me parecían mejor para ellas. Las empujé hacia los probadores y les di los vestidos que creía conveniente. Al salir de los probadores, vi a dos chicas que más que pueblerinas eran princesas.
-¡Has acertado de lleno!-dijo Eli.
-Normal, me paso todo el día eligiendo vestidos y demás...-dije con una sonrisa en la cara.
-Bien, veamos cuánto es... ¡Nyaaaa! ¡Son diez euros cada uno! Es muy caro...
-No os preocupéis, os hago un descuento.-dijo Lys entrando por la puerta.
-¡Nyaaaaaaaaaa! ¡Te quiero Lys! ¡Eres muy bueno!
Le miré, celosa, y me acerqué a Lys. Lys me miró y sonrió. Me besó en la frente y me agarró por la cintura.
-¡Ohhhhhhhh! ¡Nya, qué bonito! ¡Es la pareja más perfecta que he visto! Tranquila, que no te quito a tu príncipe azul.-dijo mostrando una amplia sonrisa.
-Ya, ya, tú tienes a tu príncipe rojo...-dije mientras se me escapaba una pequeña risilla.
-¡Nyaaa! ¡Eso no se dice!-dijo mientras empezaba a perseguirme.
-Ey, chicas, parad. Se os escucha desde fuera.-dijo Leight entrando por la puerta.
-Sí, de acuerdo, lo siento. ¿Qué tal con Rosa?
-¿Rosa? ¿Quién es Rosa?-preguntó Eli curiosa.
-Es Rosalya, mi novia.
-¿Ah, tienes novia?-preguntó Cami.
-Sí, Cami, aquí la única que no tiene novio eres tú.-dije mientras huía de ella.
Al final, Cami se tropezó y cayó encima mía. Alguien cogió de los brazos a Cami y Lys me alzó por los brazos también, quedándonos a unos centímetros de los labios del otro. Me sonrojé y me aparté, haciendo como que me limpiaba. Entonces miré a Cami y la vi en igual postura que yo con Lys, exceptuando que el chico era Castiel.
-Por Dios, ¡iros a un hotel!-dijo Eli al ver a Cami tan roja como el pelo de mi hermano.
-Tsk.-dijo Castiel mientras miraba a Eli.
Soltó a Cami y se marchó, sonrojado. Solo yo le vi.
-Cami, ve con él. Yo te pago el vestido.
-¿D-De verdad? ¿Me pagas el vestido y me dejas irme con Castiel?
-Tonta, tú le gustas, pero le da miedo acercarse a ti. Teme ponerte en peligro. Así que, ¡corre tras él!
Cami asintió con una sonrisa y salió corriendo detrás de Castiel.
Narra Cami.
-¡Castiel! ¡Espera!
-¿Qué quieres ahora, pesada?
-Yo... Me tengo que ir a casa... Y las chicas habían decidido quedar después... Y mi hermana me dijo que no volviera sola a casa... Entonces pensé... que tú, tal vez...-dije poniéndome cada vez más nerviosa y moviendo las manos detrás de mi espalda.
-¿Pensabas que tal vez yo te podría llevar? No creo que mi moto vaya bien sin atascarse con ese vestido.
-¡Nyaaa! ¡Aún lo llevo puesto! ¿Podrías esperarme? ¡Ahora vuelvo!
“Lo he cagado todo, ahora se irá y me dejará más tirada que el pan duro.”
-Claro, pero date prisa, que yo llevo.
-¡Sí!-dije corriendo a un bar que estaba a nuestro lado.
-¡Buenas! ¿Qué le sirvo?-me preguntó un dependiente con el pelo azul.
-¿Podría utilizar el baño para cambiarme?
-Sí, por supuesto.
-¡Gracias!
Entré rápidamente al cuarto de baño. Mientras me cambiaba no dejaba de pensar en el extraño dependiente del pelo azul que me había atendido. “Deberíamos volver por aquí, creo que sería un buen sitio para charlar” pensé mientras me volvía a vestir con mi ropa. “Suerte que me la he traído” pensé. Salí corriendo del baño.
-¡Muchísimas gracias!
-¡De nada! ¡Y vuelva otro día!-dijo el dependiente moreno con una PSP entre las manos.
“Espera, ¿el dependiente no tenía el pelo azul? ¿Y desde cuando llevaba la PSP encima?” me pregunté. Ignoré mis pensamientos y salí.
-¡Nyaaa! ¡El sol me quema la cara!
-Venga, vamos, no tengo todo el día.
-Vale.
Seguí a Castiel hasta llegar a una moto. Se montó.
-¿Subes o qué?
-Me da miedo...-dije algo asustada.
-Tú agárrate a mi cintura y ya verás como no pasa nada.
Narra Hatsu.
-¿Por qué has venido? ¿No confías en mí?-dije al darme cuenta de que no me había enviado ningún mensaje antes de venir.
-Por que te echaba de menos.-dijo mientras me besaba.
-Anda, ahora vamos a pagar los vestidos, que creo que Eli tiene cosas que hacer.-dije separándome de Lys.
-Se lo regalo si vienes conmigo.
-¿Adónde me llevarás?
-Chicos, no tengo todo el día.
-De acuerdo, acepto la oferta. Eli, ¿si ves a Poks le preguntas que si tiene el vestido para esta noche?
-Claro, yo se lo pregunto. Bueno, me voy. Adiós parejita.
-Sí, eso, vete con tu Hilay.-dije mientras sonreía.
Nos quedamos Lys y yo solos. Me agarró de una mano y salió corriendo hacia fuera. Yo salí corriendo detrás de él. No sabía a dónde me llevaba hasta que lo vi.
-E-El parque de atracciones...
-Bueno, más bien el sitio donde lo pondrán en abril. Ahora solo están las casetas desiertas. Pero ven, te quiero enseñar otra cosa.-me dijo con una sonrisa.
Me llevó hacia un pequeño bosquecillo que había detrás. Empecé a escuchar un riachuelo correr. Me detuve en seco. No quería que lo viera, todavía no...
-¿Qué pasa? ¿Te encuentras mal?
-N-No...
-¿Entonces?
-¿Recuerdas el día que dije que me habían pinchado en mi pecho?
-Sí, ¿por?
-Desde aquel día... Algo raro me ha pasado...-dije bajando la mirada.
Noté como Lysandro me soltaba la mano. Yo había cerrado los ojos y al abrirlos y alzar la vista al frente no vi a Lys por ningún lado. Tan solo vi a Kay.
-Hola, ¿qué haces aquí?
-Mi amigo me ha traído.
-Ah, ¿el chico que dormía a tu lado?
-Sí, ¿y quién eres tú? Me lo fuiste a decir cuando te marchaste.
-Tu amigo nos está observando. Ahora. Te ha visto hablar conmigo.
-¿Y por qué no quieres conocerlo?-le pregunté.-Lys, ven acércate, te quiero presentar a Kay-dije girándome.
-¿Dónde está? ¿Con quién estabas hablando?-preguntó confuso.
-Él no puede verme, Hatsu.
-¿Por qué no puede verte, Kay?
-¿Kay? ¿Qué Kay? ¿A quién no puedo ver? Hatsu, por favor respóndeme...
-¿Eres mi imaginación, Kay?
-No. Tú... Tú eres la elegida. Si quieres salvar tu mundo debes abandonarlo todo y venir conmigo. Si no, te quedarás con todo y tu mundo se destruirá.
-¿Qué? Abandonarlo... ¿todo? ¿De nuevo? ¿Cómo si me mudara?
-Hatsu... ¿Con quién hablas? Ven conmigo por favor...-dijo Lys mientras me cogía la mano y me apartaba de Kay.
-¡Espera! ¡No te vayas todavía, Hatsu! ¡Confía en mí! ¡Los viste! ¡Viste a la mujer de blanco y al hombre de negro! ¡Solo la gente elegida y especial puede verlos siendo tan jóvenes!
-Espera Lys.-dije al recordar a aquellas dos personas que iban completamente al contrario.- ¿La mujer de blanco y el hombre de negro? Lys, Kay tiene información sobre aquel pinchazo.
-¡Sin aquel pinchazo no podrías haberme visto!
Lys seguía arrastrándome lejos de Kay, y éste permanecía estático.
-¡Lys, detente! Kay tiene información sobre los hombres con los que me encontraba cada vez que desaparecía. ¡LYS!-dije al ver que no me echaba cuenta.
Aparté el brazo de repente. Lys se giró y me agarró los dos brazos, me miró con fijeza.
-No quiero que escuches a Kay, ¿me entiendes? No quiero que te involucres en eso. No quiero, no quiero, ¡no quiero!-dijo alzando la mirada al cielo nublado. Iba a llover.
-Pero... ¿por qué?
-Supongo... que yo también debería contártelo todo... Amanda, sal por favor.
-Sí, Lysandro.
-Kay, acércate. Sí puedo verte. Al igual que tú puedes ver a Amanda, Hatsu.-me dijo mirándome con angustia.
-Lysandro ¿qué...?
Lys me puso un dedo en los labios. Y comenzó a relatar.
-Hace unos años, mi abuelo vivía. Estaba sano y fuerte como un roble, y podía hacer muchas cosas, se mantenía en forma. Un día, comenzó a hablar solo. Por supuesto estaba hablando con Amanda, pero en aquel entonces nadie la veía. Le empezamos a tratar como un loco, cosa de la que me arrepiento. Yo tendría por aquel entonces unos... cinco años. Era joven. Y no sabía lo que me decía mi abuelo antes de desaparecer.
Flashback de Lys.
-Lysandro mío, te contaré un secreto. Tu abuelo no está loco, habla con una chica muy guapa con la que me tengo que marchar. Voy a ser un héroe. Voy a salvar el mundo. Pero nadie debe saberlo, ¿de acuerdo?
-Sí abuelo.
-¿Vamos, Amanda?
(-Sí, mientras antes nos marchemos, antes podremos salvar el mundo. ¿Llevas todo lo necesario?)
-Sí, Amanda. Vámonos. Adiós, Lysandrito. Y pórtate bien con mamá y con el hermano, ¿de acuerdo?
-Vaaaleee...
Vuelta al presente.
-¿No volvió?
-Murió, según Amanda. Años más tarde se me apareció diciendo que no era lo suficientemente joven y que debían probar conmigo, que debía salvar el mundo. Yo ya sabía lo que le respondería: no. Y Amanda me dijo que no se marcharía hasta que yo aceptara o se encontrara a otro. Que ahora te hayan escogido a ti... No puede ser cierto. Por eso te alejaba de Kay. Pero sería imposible.
-¿Salvarás el mundo?-me preguntó una chica con el pelo aguamarina muy largo recogido en dos largas coletas y muy seria.
La reconocí en cuanto la miré.
Era ella.
Era mi abuela.

Capítulo 30


Lo último que vi fue a Lys con los ojos cerrados, soñando. Tal vez conmigo, tal vez con nuestro futuro juntos. Al levantarme, tenía unos ojos brillantes mirándome, pero no eran los de mi Lysicito.
-Buenos días.-dijo amablemente.
-B-Buenos días...-dije insegura.
-Soy Kay, creo que no nos conocemos, ¿cierto?
-¿Qué haces aquí?
-Bueno, yo soy... Ups, tu amigo despierta. Luego nos vemos.
Giré la cabeza para mirar a Lys, y cuando la volví para ver a Kay, ya no estaba. Lo recordaba de mi sueño pero, ¿quién era él? Me transmitía confianza.
-¿Con quién estabas hablando?
-Con un mechón de tu pelo, que se ha mudado.-dije mientras lo devolvía a su lugar de origen.
-Ahí quedas mejor, ¿no crees?-le dije al mechón rebelde.
Lys sonrió, a lo que le siguió un bello beso. Esa mañana no teníamos clase, pues se habían suspendido por la fiesta.
-¿Qué te apetece para desayunar?
-Tus labios.-le contesté, sin pensar.
Cuando me di cuenta, aparté el rostro y me sonrojé.
-Ya te lo dije anoche, estás hermosa cuando te sonrojas...-dijo mientras me daba mi desayuno.- Bueno, pues si me disculpas, yo iré a prepararte algo rico para desayunar. Tú espera aquí, ¿de acuerdo?
Yo asentí levemente, sonrojada todavía. Mientras él estaba cocinando abajo, yo fui a mi habitación, cogí algo de ropa limpia y volví. Allí, me cambié. Cuando llegó Lys, yo estaba sentada en el suelo con un libro, leyendo. Era muy entretenido. Lys entró con unos gofres calentitos y que olían muy bien. Llevaban mantequilla.
-¿Te gusta?-dijo mientras se sentaba al lado mía.
-Sí, es muy entretenido. ¡Mmmm! ¡Que rico huele! ¿Gofres? No los he probado nunca...
-Pues pruébalos, son los mejores del mundo.
-¿En serio?
-Es lo que mejor se me da.
Cogí un poco con el tenedor y lo llevé a mi boca. Era el bocado más rico que había probado.
-¡Mmmmmmmmmmmmmm! ¡Está riquísimo!
Lys se rió de mi reacción.
-Me alegro de que te guste.-dijo aún con una sonrisa en los labios.
-Es normal que me gusten, están buenísimos. Toma, un regalo por el desayuno tan rico que me has preparado.-dije mientras me llevaba a la boca otro pedazo.
Aún con el pedazo de gofre en la boca, me acerqué a él y le besé. En un descuido, pasé mi bocado dentro de su boca y me separé.
-¿Te gustan los gofres al estilo Hatsu?-dije entre risas al ver la cara de sorpresa que se le había quedado.
Narra Lys.
La verdad es que no me había esperado eso. Sin embargo, tras haber pasado por sus labios, por su lengua y haber sido empapado por la saliva de mi chica, estaba aún más rico. Puede parecer asqueroso, pero era verdad. Sus dulces labios le habían inducido a un sueño profundo, la suave lengua le había mecido con lentitud y la saliva le había refugiado del frío. Y todo ello estaba dentro de mí. Sonreí al sentir un millón de sentimientos hacia Hatsu, a cada cual más real, más intenso y más bello.
-Sí, son los mejores que he probado en mi vida.-dije al terminar de tragar el dulce bocado.
Narra Hatsu.
Me sonrojé al ver la respuesta de Lys. De pronto, me sentí culpable. Tantas cosas que le ocultaba y era mi novio... Ya basta. Necesitaba contárselo todo. Dejarme de tonterías.
-Lys, debo contarte muchas cosas... Jamás se las he contado a nadie, pero eres mi novio y creo que deberías saberlo.
Sin embargo, Lys me acalló.
-Crees que debo saber, pero todos tenemos nuestros pequeños secretos. Yo creo que tal vez deberías guardártelos. Por ejemplo, no quiero saber quién era aquel chico.
-Él...
-No, no quiero saberlo. Tan solo, guárdalo.
-Pero...
-No, tranquila. Ya verás como no hará falta. Pero por ahora... ¿repetimos lo de anoche?
-¿Dormir?
-No, lo otro.
-Mmmmm... ¡No!-dije juguetona mientras salía corriendo por la puerta.
Vi como Lys salía detrás de mí, pero se paraba en el umbral de la puerta. Entonces, miré hacia delante y choqué con Castiel, que llevaba a ÉL en la mano.
-Eh... ¿Q-Quién es ese...?-preguntó Lys.
-¿No se lo has explicado?-me preguntó Castiel.
-No ha querido saberlo. Pensé que daba igual y que si él no quería saberlo no debería obligarlo...
-Lys, entra en la habitación. Tú también, Hatsu.
-De acuerdo...-dije temiendo que ahora sí debiera contárselo todo.
Cerré la puerta detrás de él. Vi como Dulce se quedaba mirándome a mí y a Lys. Lys se sentó en la cama y sostuvo su frente entre sus manos.
-L-Lys...
-Hatsu, ¿por qué Castiel ha hecho eso con ese chico?
-Ha intentado varias veces matarnos, además de que hubo una época que me estuvo acosando.
-¿D-De verdad?
-Sí, era él el que vino esta noche.
-Vale, supongo que sí que quiero saber el secreto que ocultas con ese chico.
Me senté en el suelo, delante de él, y le agarré las manos suavemente. Me miró y yo aparté la mirada. Además de lo que le iba a contar, tenía las manos heladas.
-Supongo que lo que te tengo que explicar sería más entendible con un ejemplo. Tienes las manos heladas.
-Ya, al ver eso se me ha congelado la sangre.
-Deja que te las caliente.-dije mientras le soltaba las manos y las unía.
Pensé en una pequeña bola de fuego, y fui abriendo las manos poco a poco, dejando ver la pequeña bola de fuego.
-¿Cómo has...?
-Este es el ejemplo. Puedo hacer magia aparte de coger o transmitir las enfermedades.
-Pero... eso es imposible...
-No lo es.-dijo entrando Castiel.- Yo también puedo. Ese chico era un antiguo amigo mío.
-Un día me pilló mientras practicaba un hechizo sencillo. Se me descontroló y mojé el suelo. Era la levitación. Estaba levantando un vaso lleno de agua.
-Cuando la pilló, vino a mí y me lo contó como si no lo supiera. Al ver que yo no me sorprendía, dedució que yo también era capaz de hacerlo y empezó a odiarnos. Se lo contó a todos, y además de que le tomaron por loco, acabamos por mudarnos. Pero sin embargo, se volvió loco y nos persiguió.
-Entonces empezó a entrar en mi habitación a escondidas, empezó a estudiar por su cuenta con mis libros y cuando le descubrí...
-Empezó a martillearla con hechizos. Entonces entré yo y la salvé por poco.
-Le llevaron al hospital e ingresó allí. Luego, se marchó y... bueno, creo que eso ya lo sabes, ¿no?-dije con una sonrisa triste.
-¿Y él no volvió a por ti?-preguntó Lys, que todavía no se lo creía.
-Sí. La noche que encontré que el GUILT había vuelto, se acercó a mí. Pude darle esquinazo un poco, pero ya conoce tu casa. Lo siento. Te he puesto en peligro y ni te lo he dicho. Yo no merezco estar aquí...-dije mientras mis lágrimas salían.
Me levanté del suelo sin ayuda y fui a salir por el balcón cuando alguien me agarró de la mano.
-No te vayas. Yo no te he dejado contarlo. Y aunque no me merezcas según tu juicio, te amo. Y no quiero que sufras por mí ni por nada. Por favor, quédate.
En ese momento, vi como Cami y Eli estaban en el mismo balcón, mirándome preocupadas.
-Déjame irme por favor. Estaré con Cami y Eli un rato. Pero por favor.
Lys me miró y vio que necesitaba estar con personas de mi mismo sexo, asintió apesadumbrado y me soltó. Yo le besé una última vez antes de irme como despedida, para decirle que no estaba disgustada. Me fui al balcón vigilando por siempre mi balcón. Fui rápidamente al balcón donde estaban Cami y Eli.
-Chicas, ¿os he dejado demasiado solas?
-Un poco. ¿Cómo estás? Sabemos lo que te pasó en la pierna. ¿Estás bien? ¿Te puedes mover con facilidad?
-Sí, tranquilas. Bueno, ¿qué os vais a poner esta noche? Yo ya lo tengo. Bueno, lo tiene Lys, pero... en fin. ¿Vosotras?
-Bueno, yo no tengo traje.
-Yo tampoco...
-¡Eso no puede ser! ¡Debéis tener unos trajes para esta noche! Venid, le cogeré prestado unos vestidos a Lys. Espero que no le importe.
-Mándale un mensaje. Así ya estarás segura.-me dijo Eli.
-De acuerdo, Cami, ¿llamas a Poks para que ayude a elegir?
-No puedo.
-¿Por?
-Nos dijo que se iba a una cita con Dajan y que no le molestáramos si no era para nada importante.
-¡Pues vamos a enviarle un mensaje!
-¡Noooooooooo! ¿Y si se están besando?-saltó Cami.
-Eso es demasiado rápido, deberíamos pararle los pies. Aparte, yo soy quién mejor conoce a Dajan. ¡Voy a enviarle un mensaje!
Cogí mi móvil. “Ni se te ocurra besarla todavía, Dajan. Sé lo que pasa cuando haces eso. Y ella es mi amiga. Hazlo y... x.X entendido??” le escribí en el mensaje. Las chicas no me dejaron enviárselo, pero finalmente lo conseguí. Volví a casa de Lys y solté mi diadema de gata, para que viera que volvería. Salté de nuevo a casa de la gata loca y bajamos.
Narra Dajan.
Después de aquello, no podría hacer nada más. Estábamos hablando sobre Hatsu cuando un mensaje me llegó al móvil. Lo cogí un momento y vi el mensaje de nuestra princesita. Solté una pequeña carcajada mal disimulada. “Demasiado tarde, princesita...” pensé. Luego, vi como Poks me miraba, inquieta.
-¿Es algo de Lys sobre Hatsu?
-No, es Hatsu.
-¿¡Y qué dice!?-preguntó preocupada Poks.
-Que no haga esto.-dije mientras volvía a acercar mis labios a los suyos una segunda vez.
Al separarnos, vi el destello de que alguna idea loca pasaba por la cabeza de mi chica.
-¿En qué piensas?
-En que deberíamos irnos a ver una peli de terror.
Sonreí ante la propuesta de Poks y acepté, levantándome de la silla y cogiendo a Poks de la mano, dejando atrás el restaurante.
Narra Hatsu.
Mientras bajábamos, le envié un mensaje a Lys. “Nos vamos de compras. Tenemos que buscar vestidos para las chicas. ¿Te los puedo coger? XXX”. Enseguida me llegó la respuesta. “Claro, pero dejadlo todo recogido, de acuerdo?? XXX P.D.: Te quiero.” Sonreí al ver el mensaje, guardé el móvil y, cogiendo los brazos de mis amigas, corrí hacia la tienda, sin que éstas se lo esperaran.
-¡Nyaaaaaa! ¡Para Hatsu! ¡Nos mataremos!-dijo Cami.
-¿¡Pero tú no estabas mala con la pierna y no podías correr!?

Capítulo 29


Lys empezó a andar. Lo sabía porque noté como se movía. Me agarré todavía más fuerte para no caerme. Lys me llevó a su casa, mientras que Carly y el otro chico se iban hacia el castillo. Cuando llegamos a su casa, él me acostó en su cama. Entonces, llamaron a la puerta.
-¡Abrid! ¡Sé que estáis ahí!-gritó una voz en la puerta.
Era Kiato, mi padre. Lys me señaló que me mantuviera callada y se dirigió a la puerta. Desde su cama, pude oír toda su conversación:
-¿Dónde está mi hija?
-No lo sé. Aquí, por ahora, solo estoy yo. Bueno, también está mi compañero de piso, pero no hay nadie más.
-¡Venga ya! Dime la verdad, chico, ¿dónde está mi hija? Sé que os gustáis el uno al otro, así que dime.
-Le vuelvo a repetir que no lo sé.
Narra Lys.
-¿Puedo entrar a echar un vistazo?-dijo entrando a empujones.
-No, por favor, váyase. Hemos tenido un día duro y queremos descansar.
-No me voy a marchar hasta que me digas dónde está mi hija.
-Tal vez esté con sus amigas. Aquí no está.
-Yo nunca te he acusado de tal cosa. Te pones a la defensiva. Está aquí, ¿cierto?
-¡Lys! ¿¡Dónde estás!?-gritó Castiel.
-Estoy aquí, Castiel. Tenemos visita. Es el señor de al lado.
-Ah, buenas.-dijo Castiel haciendo su aparición.
Estaba en calzonas, se la habría quitado al llegar a su habitación. Estaba sin camisa, y eso que estábamos a finales de otoño, casi invierno ya. Me entró un escalofrío al mirarlo así, como si nada.
-¿Qué vamos a almorzar?
-Podríamos pedir pizza para variar.-respondí.
-Ejem... Bueno, me marcho. Gracias por tu insuficiente ayuda.
-No hay de qué. Ya sabe donde está la puerta, ¿verdad? ¿O quiere que le acompañemos hasta la puerta de la manita?-respondió Castiel, echándolo sutilmente.
-No, gracias, ya voy yo solo.
Kiato cerró la puerta dando un portazo.
-¿Qué quería?
-Saber dónde estaba Hatsu.
-Y les advierto una cosa, como alguien le haga daño a Hatsune, se las veréis conmigo.-dijo Kiato, que había vuelto a entrar y se marchó dando un portazo aún mayor.
-¿Hatsune?
-Sí. Siempre lo he odiado. Prefiero Hatsu.-dijo entrando al salón.
-Ya veo el por qué.
-Y el mío es igual que el de mi padre. Vamos, solo cambia una letra: “Kiato” “Kaito”
Nos empezamos a reír.
-Bueno, yo debo irme a mi casa.
-¡No!
Le miré confundida y extrañada, él se sonrojó e intentó explicarlo, sonrojándose aún más.
-Verás, lo digo porque... podría ser que... tu padre... con lo enfadado que estaba pues... te podría pegar... y.... no quiero que te pegue....
-Bueno, ¿y entonces dónde duermo? Porque no pienso dejar que vuelvas a dormir en el sofá.-dije sabiendo lo que quería Lys.
-B-Bueno... Si quieres... Podrías dormir conmigo...
-Pues vamos, porque me caigo de sueño...-dije, terminando con un bostezo que hice en una postura algo provocadora.
Al terminar de bostezar, vi como Castiel desviaba la mirada y Lys se frotaba el pelo, sonrojado. Sonreí en mi interior. Empecé a dirigirme hacia la habitación.
-¿Vienes?-dije al ver que Lys no me seguía.
-Oh, eh... S-Sí.-dijo adelantándose.
Entré en la habitación y cerré la puerta. Lys se puso nervioso. Me reí de la situación.
-Tranquilo, Lysicito. Desearme está bien. Soy tu novia.-dije saboreando la palabra.- Si desearas a otra... Sería distinto.
-Y-Yo no te deseo... Es decir, te quiero pero... eh... no te deseo... Al menos no todavía...
-¿Crees que soy tonta? Lo he visto, tanto a ti como a Castiel.
-¿Q-Qué?-dijo enfadándose un poco.
-Tranquilo, Lysicito. Tú me vas a tener toda la noche y toda la vida, él, nunca...-dije cogiendo el pijama, un fino vestido que era uno de mis favoritos y que había dejado allí otra de recambio.
Me fui al servicio, no sin antes encontrarme con Castiel.
-¿Lo has hecho aposta?
-¿El qué?
-Venga ya, lo del bostezo provocativo.
-Sí, ¿por? No sabía que tú también reaccionarías así.
-Bueno, eres muy parecida a la chica de mis sueños...
-¿Y quién es?
-Eso... ¡Eso no te importa!
-¿Cami?
-¿Cómo lo...? Digo... No.
-¡Venga ya, Castiel! Se os nota a la legua. Pero ella no dará un paso en falso. Así que... Empieza tú.-dicho esto, entré al servicio.
Me cambié y miré a ambos lados del pasillo antes de salir. No quería que Castiel me viera así. Fui rápidamente a la habitación, abrí silenciosamente la puerta y entré. Le vi con un cuello alto negro y unos pantalones largos, también negros.
Narra Lys.
“Dios, ¿cómo se le ocurre hacer algo así? Me ha puesto nervioso. ¿Es que quiere que...? No, ella no es de ese tipo, seguro. Pero entonces...” cavilaba mirando a la pared. De pronto, sentí unos labios en mi mejilla. Me volví, y me encontré con Hatsu dándome una sonrisa.
-¿Te ha molestado lo de antes?
-Pues, la verdad... ¿Y qué haces así?
-Quiero que me veas guapa. Y con esto me siento muy guapa. Y perdona. No quería molestarte. Lo único es que... Me gustaría que me abrazaras, que me retuvieras por las noches, y que lo dijeras sin miedo delante de todos. Que cuando te diga que me debo ir, me abraces y me digas que siempre me esperarás. Aparte, tú empezaste con esto. Y no me digas que no, ¡tú dijiste que me quedara a dormir en tu cama contigo!-dijo suavemente en mi oído.
Nunca me había sentido peor. Ella solo me pedía una cosa sencilla, que demostrara mi amor por ella en todas partes, y no solo en la intimidad. Aparte, ella tenía razón, yo le había pedido que se quedara a dormir conmigo. Sentí ganas de abrazarla y hacer uno de sus sueños realidad. La acerqué hacia mí con mis brazos y la besé. Cuando nos separamos, ella estaba acostada al lado mío mirándome con la cabeza agachada. Se había puesto colorada. Yo sostuve su cabello entre mis dedos.
-Te quiero. Y sabes que eso será por siempre. Quiero que tu futuro sea conmigo. Y no me importará demostrarlo y decirlo por ahí si es lo que quieres.
-Tan solo quiero... Sentirme tuya...-dijo mientras se echaba hacia el otro lado.
Sonreí y pasé mis brazos alrededor de su cintura. La acerqué a mí.
-Y yo quiero que seas mía...-dije yo sintiéndome el chico más feliz del mundo al ver que ella estaba sonrojada.
Narra Hatsu.
Sentía como me hervía la cara, ¡debía de estar roja como un tomate! Aquella situación me estaba poniendo de los nervios. Le había dicho que era lo que quería de mi novio ideal y él lo había aceptado, aparte de que con una gran sorpresa... Estaba a punto de echarme a dormir así, cuando sentí que sus brazos me rodeaban, agarrándome, evitando que me fuera de su lado en algún ataque repentino de locura.
-Y yo quiero que seas mía...-dijo Lys, mientras me acercaba más a él.
Intenté girarme para verle la cara sin romper su abrazo y cuando lo conseguí, le vi con los ojos cerrados. “¿Estará dormido?” pensé traviesa. Cogí su pelo y lo acaricié suavemente. Se removió un poco, le estaba haciendo cosquillas. Acerqué mis labios y rocé los suyos, suavemente, evitando que se despertara. Sin embargo, abrió los ojos y me miró.
-Si hubiera estado dormido, ¿que habrías hecho?-dijo mientras sonreía levemente.
M puse colorada e intenté separarme de él, ocultar mi sonrojo, pero él me abrazó aún más fuerte.
-No te preocupes, estás preciosa así.-dijo él besándome suavemente.
Me sonrojé aún más. No sabía qué hacer.
-¿Pasando un momento divertido?-dijo una voz a mi espalda.
Me levanté bruscamente en busca de la voz. Estaba allí, lo había dicho telepáticamente. Me quedé mirándolo, y Lys me miraba a mí y al chico.
-Vete. Vete o verás.-dije desafiante.
-Por favor, márchese. No le interesa nada de lo que pueda ver.
-Lys, no lo intentes. No es como los demás. Aléjate de mí.
-De acuerdo, pero, ¿me puedo acercar a Lys?
-No. Vete fuera de mi vida. ¡Ya!-grité a pleno pulmón.
“Castiel, sé que me oyes. Ven para acá. Ahora. ÉL está aquí.”-le envié telepáticamente. Casi nunca lo usábamos. Pero debía llamarlo sin que se enterase. Me volví a Lys y le miré. Debía hacerlo. Le besé suavemente, y con esto, cayó dormido.
-¡Tú! ¡Márchate de mi casa!-apareció Castiel.
-Oh, vaya. ¿Debería irme?
-¡Pues sí!-grité agitando el brazo.
Sin que él se diera cuenta, le coloqué un localizador. Él, sonriendo, se marchó.
-Piensa rápido.-dije mientras le lanzaba a Castiel un aparato donde señalaba el lugar donde estaba él.- ¿Podrás?
-Oh, sí. He hecho muchos amigos a lo largo de este tiempo...-dijo con una sonrisa malévola en la cara.
Castiel cerró la puerta, dejándonos otra vez a solas. Cerré las ventanas y me fui a la cama con Lys. Le besé de nuevo los labios y despertó.
-¿Eh...?
-Te has quedado dormido.
-¿Y qué me has hecho de mientras?
-Besarte.
-Pues ha sido una pena.
-¿Por?
-Porque me habré perdido los besos más tiernos del mundo.
Le besé. Dejé que me agarrara la mano. Dejé que me hiciera un vestido. Dejé que me besara. Le dejé hacer todas esas cosas. Todas que no dejaría a nadie hacer. Pero él lo consiguió. Me separé lentamente de él.
-¿Ya no quieres?
-Debemos dormir, mañana tenemos la fiesta, ¿recuerdas?
-Me da igual dormir. Quiero pasar la noche en vela esperando a que duermas y jugando con tu pelo y...
Le puse el dedo índice en los labios para indicarle silencio. Le tumbé en la cama completamente. Y le besé una vez más.
-Este ha sido el último por hoy.
En ese momento, la alarma del despertador sonó, indicando que eran las doce.
-Es un nuevo día... Y hoy hay más besos...
Me besó, lentamente. Pero al final, el sueño pudo con él.

Capítulo 28


-¿Qué os pasa?-me preguntó.
-¿Cómo que se resolverá? No os entiendo.
-Y no debéis. Y hacedme un favor, no le habléis sobre los planes de Carly a él. A nadie.-me dijo mientras se iba sigilosa.
Estaba cansada. Me dirigí hacia la cama de Lys. Él estaba acostado en la cama, boca arriba. Le di un pequeño beso en los labios y me acosté a su lado. Le cogí de la mano y me la acerqué a mi cara. Entrelacé su mano con las dos mías. Cada vez tenía más frío. Me acerqué todo lo que pude y cuando sentí que el calor no salía por los poros de mi piel, el cansancio me venció, haciéndome caer en un sueño profundo. (***) Me levanté. Lys me estaba mirando, con sus ojos, cada uno de diferente color. Al verle, me sonrojé.
-Hola.
-Hola. Espero no haberte molestado...
-No, claro que no.-me dijo él mientras se levantaba y tiraba de mi mano con él.-Ven.
-¿A dónde me llevas?
-Solo faltan dos días. Pero yo ya tengo hecho tu vestido. Es más, he hecho dos, por si no te gustaba uno.
-¡Los quiero ver, los quiero ver!-dije ilusionada como una niña pequeña.
-De acuerdo.
Me llevó hasta su armario, lo abrió y vi dos vestidos perfectamente planchados y colgados en dos perchas. Eran preciosos. El primero, un vestido rosa oscuro, con una sola manga. Por la parte que iría el otro brazo, había un cinta del mismo color para hacerse un lazo, pero antes de eso, unas cuerdas para atártelas en el brazo. La otra manga era ancha y tenía unas cadenas rodeándola, dándole forma como de estar encarcelada o amarrada a algo que no me gustaba, además de que iba a parte y en cualquier momento me la podría quitar. La falda se dividía en tres partes, dos oscuras a los lados y la más clara, casi blanca, en el centro. Las dos partes oscuras, se dividían en sí en una última, más brillante. La falda era muy corta, pero tapaba lo suficiente. Los zapatos eran del mismo color que el vestido y se ataban justo por debajo de la rodilla, y en el tobillo, un lazo. La parte que se unía la falda con la parte de arriba, estaba rematada por muchos lazos, todos del mismo color que el vestido pero más brillantes que el resto. La parte de arriba era más oscura, pero sin llegar al negro. Para atarla, tenía unas cuerdas negras que pasaban de un lado a otro, como unas zapatillas que vi hacía muchísimo tiempo. Para que el vestido no se cayera, también se ataba a la garganta, que estaba coronada al frente por una rosa rosa oscura. Había una diadema en la que posaban el mismo tipo de flor que la del cuello y una corona muy graciosa, pero muy cuca. Al verlo, me caí de rodillas.
-¡Dámelo!-pedí desde el suelo.
-Primero levántate.-me dijo ofreciéndome su mano.
Le cogí la mano rápidamente y me impulsé para levantarme. Acabé en los brazos de Lys, y me abrazó para que no me cayera. Le miré a los ojos y vi que el amor que sentía por él era el único que sentiría en toda la vida. Sonreí. Él apartó la mirada y se ruborizó. Yo me aparté de él con una sonrisa. Él me tendió el vestido y entré en su baño para probármelo. Al salir, Lys se quedó anonadado. Estaba hermosa. Algo provocadora, pero guapísima. Volví a entrar y me quité el vestido. Salí ya con mi ropa. Al salir, Lys me cogió entre sus brazos y me besó.
-Deberíamos decirle a mis padres que estoy saliendo con un mafioso, ¿no?-dije mientras sonreía, sabiendo y adivinando la respuesta de Lys.
-Mejor que sea nuestro secreto, ¿no?
Me reí, asentí y le besé. Sabía que me iban ha hacer cortar con él, pero todavía no lo habían dicho. Bebí de ese beso como si fuera el último que le fuera a dar en toda mi vida y rogué para que nunca terminara. Al separarme, Lys desapareció. Le busqué por todas partes, pero no le encontré. Busqué a Castiel, tampoco. Salí fuera y miré las calles, vacías. Y era hora punta. Miré el cielo. Estaba descendiendo hasta llegar a mí. Volví a mirar las calles, esperando ver a la gente desesperada. Nadie. Estaba sola. “Tranquila, te pondrás bien.” Grité. Pero nadie me respondió.
Narra Carly.
Estaba al lado de Hatsu. Hacia poco que sus amigos me habían llamado para que me quedara con ella. Estaba sudando. Poco a poco le secaba el sudor de la frente.
-Tranquila, te pondrás bien.
Se removió, nerviosa. Le agarré la mano. Y justo entonces abrió los ojos. Se soltó de mi agarre como si mi mano le quemara. Le miré con ternura, y vi que ella me miraba con odio y desprecio.
-¿Qué haces tú aquí? Es más, ¿qué hago yo aquí?
-Tus amigos me llamaron diciéndome que iban a por nuestros hermanos y que yo me quedara aquí contigo por si alguien de los Aniquiladores planeaba secuestrarte.
-¡Pero si tú eres una de ellos!
-¿Eso es lo que estabas soñando? ¿Por eso te agitabas nerviosa y se veía tu rostro entristecido? No lo soy. Y jamás, JAMÁS seré de una organización que planea matarnos a todos. No. Eso sí que no.
-Ven conmigo y enseñarme todo tu cuerpo, para asegurarme de que no tienes la marca y poder confiar en ti.-me dijo mientras se incorporaba.
-No puedes andar. Tienes un principio de GUILT ahí metido.-dije mientras le señalaba el pie.
-Pues entonces asegúrate de que nadie pueda verte y hazlo.-me ordenó, con frialdad.
Yo se lo perdoné, pues lo estaba pasando fatal. Salí a la puerta y ordené a dos enfermeros que nadie entrase en la sala, bajo ningún concepto, hasta que se avisara. Eché las cortinas y empecé a desnudarme. Cuando me volví a poner la ropa, ya que Hatsu se había quedado más tranquila, mi móvil empezó a sonar.
-¿Diga?-respondí.
Había visto que me llamaba Lys, pero me temía lo peor.
-¿Hablo con la novia de el dueño de este móvil?
-Sí.-dije para proteger a Hatsu.
-Bien, le tengo preso. A él y a sus amigos. Ya sabrás quiénes somos. Bien, te queremos a ti por tus amigos.
Abrí los ojos de par en par y por los ojos empecé a ver borroso, y entendí que los ojos se me veían vidriosos. Me llevé la mano al pecho, donde descansaba un colgante que hacía mucho tiempo me regaló Hatsu. Ésta me miraba interrogante, sabiendo que algo malo estaba pasando.
-¿Qué pasa?-me preguntó.
Llevé el índice a la comisura de mis labios, pidiendo silencio.
-¿Cómo te llamas?
-Eso es lo de menos.
-Bien, pues te llamaré Edu.
-¿Cómo sabes cómo...? Tú no eres la novia del chico, ¿me equivoco?
-No, soy la tuya. Y si me quieres, suéltalos, a los chicos y a mis hermanos y ven con ellos.
-Carly, yo... No puedo hacer eso. Ven conmigo y soltaré a los chicos. Pero no puedo escaparme así como así.
-Bien, entonces, olvídate de mí, Edu.-dije fríamente.
-Espera.-“Lo sabía.” pensó mi adivinadora mente.
-¿Qué?
-Lo haré. Pero espero que después me protejas. Irán a por mí.
-Lo sé, Edu. Y claro que lo haré. ¿Cómo puedes pensar que dejaré que ellos te cojan?
-No lo pienso. Confío en ti. Deja un carruaje en el almacén del puerto número 12. Allí te los llevaré. Tendremos que salir rápidamente, puesto que el almacén 13 es de los Aniquiladores.
-De acuerdo. Así lo haré. Que los cielos te protejan, Edu.
-Que los cielos nos protejan a todos.-dijo Edu mientras colgaba.
-¿Quién era, qué pasaba, qué quería?
-Era mi novio, Edu. Nos estaba diciendo que era tu vida por la de tus amigos, pero al final, me ha prometido que nos escaparemos todos.
-¿Podemos fiarnos de él?
-Sí.

Narra Lys.
Estábamos todos encerrados. Yo estaba en la reja, mirando el suelo, apenado. No habíamos conseguido nuestro objetivo.
-¿Y ahora? ¿Nos rendiremos sin más?-preguntó Castiel, a quién lo habían tomado como uno de nosotros.
-Pues no sé.-dije resignado.-Podríamos escapar pero... Nos volverían a coger.
-Eso no pasará.-dijo uno de ellos.- Vengo a liberaros. A vosotros. Y también a vosotros.-dijo refiriéndose a algunas personas que estaban en otra celda.
Vi que dos personas, muy parecidas entre ambos, se acercaban rápidamente a la reja. Los conocía. Eran los hermanos de Hatsu.
-¡Len, Suguro!
-¡Chicos! ¿Qué hacéis ahí?-me preguntó Suguro.
-Vinimos a rescataros pero...-dijo Ken.
-Fracasamos.-terminó Dajan.
-Bueno, ¿queréis salir de ahí y volver con vuestra hermana y con vuestra amiga o no?
-Sí, claro. Pero tú lo que quieres es tendernos una trampa.
-No.-dijo mientras negaba con la cabeza y los ojos cerrados.- Carly es mi novia. Me ha pedido que os deje escapar y que me vaya con vosotros. Y lo voy a hacer.-dijo mientras nos miraba fijamente.
Abrió la puerta y nos condujo con cadenas hasta llegar al exterior. Allí, nos guió con paso rápido hacia el almacén contiguo. En aquel lugar, una carroza esperaba ser montada por doce personas, las justas que habíamos. Montamos rápidamente y salimos corriendo. No nos habían visto, pero no tardarían en darse cuenta de nuestro escape. Al llegar a nuestra casa, casi todos bajaron. Todos excepto Rin, Len, Castiel, el chico misterioso y yo.
-Llamadnos en cuanto lleguéis al hospital e id informándonos, ¿ok?-preguntó Eli, preocupada.
-Sí, claro. Os llamaremos tanto si mejora como si empeora.
-Esperemos que mejore...-dijo Cami entristecida y preocupada.
-Sí. Te informaré sobre todo.-le dijo Castiel.
-Gracias.-le respondió Cami.
-Bueno, nos vamos.-dijo el chico misterioso.
-Antes de irte... ¿Cómo te llamas?-preguntó Eli.
-Me llamo Eduardo, pero no me gusta. Edu.
-Vale, Edu. Pues cuando puedas, que Carly nos presente como es debido.
-De acuerdo. Adiós.
-Hasta luego.-dijeron Eli y Cami a la vez.
El carruaje nos llevó rápidamente hacia el hospital. Al llegar, nos dirigimos hacia la sala, y allí estaba Hatsu y Carly.
-¡Edu!
-¡Carly!-dijo mientras se abrazaban.
Al separarse, me reuní con Hatsu junto con sus hermanos.
-¡Len, Suguro! ¡Menos mal que estáis bien!-dijo cerrando los ojos mientras se le escapaba una lágrima.-¿Me harías el favor, Suguro?
-Claro que sí, hermana.-dijo mientras le curaba el pie.- Ya está. No podrás levantarte y tendrás que guardar reposo.
-Ya. ¿Tú crees que el suficiente como para perderme el baile?
-No, tranquila, no te lo perderás.
Yo sonreí. La cogí en brazos y ella se agarró a mi cuello. Ella miró hacia un rincón y luego cerró los ojos.
Narra Hatsu.
Vi a Kai allí quieto, sin hablar. Cerré los ojos y sonreí. Me apoyé en el pecho de Lys y éste me dio un beso en la frente. Agarré más fuerte su cuello para saber que aquello era la realidad y no un sueño.
-Llévame a casa.-le pedí a Lys.
 

Capítulo 27


Aquel día fue el peor en toda mi vida con diferencia. En el recreo me escondí de todos. La última hora la pasé castigada y me dejaron salir media hora antes para volver sola. Antes de salir, vi que el conserje tenía la marca, también era un Aniquilador. Todos los Aniquiladores me enseñaban la marca y se reían de mí, de lo que me iba a pasar. Al llegar a casa, mis padres se mostraron preocupados.
-¿Cómo es que vuelves tan temprano, hija?-me preguntó mi madre.
-No tengo ganas de hablar, madre.-dije mientras subía las escaleras y olvidaba que poco a poco se estaba muriendo mi antiguo yo, y estaba naciendo un yo que no me gustaba.
Gamberra, egoísta y vaga. Me asustaba verme de aquella forma. Pero lo que más miedo me daba era la soledad. Cogí mi móvil. Sabía que no debería, pero no aguantaba el no poder hablar con nadie. Vi que ya habían pasado las tres y le envié un mensaje. “Lo siento. Yo no quiero hacer esto pero... Perdóname. No hagas preguntas. Y menos a Carly.” No me gustó. Lo borré. Entonces, Megurine, es decir, mi madre, me llamó.
-¡Tienes cartas!-me dijo desde abajo.
-¡Ya voy!-dije mientras bajaba arrastrando los pies.
Suponía que sería de Carly, pero me equivoqué. Era de Grace.
“Querida princesa: Sé que deseáis hablar con vuestro novio, pero que no podéis porque no os lo permiten. Si vos me permitís, decidme a mí lo que le queráis decir y yo, en vuestro nombre, se lo diré. Gracias por leer mi carta y robarle un poco de su tiempo, Grace.”
Era una idea que no se me había ocurrido. Al ser ella una infiltrada, se lo podría decir a ella sin que nadie se enterara y ella, sigilosa como un lobo, se lo diría a Lys. Me alegré. No demasiado, pues si lo hacía, se darían cuenta. Llegó las tres y esperé el cuarto de hora que había entre el instituto y mi casa. A los veinte minutos, Lys estaba llamando en la puerta.
-¿Quién es?-pregunté, fingiendo que no sabía quién era.
Me senté en mi escritorio, cogí un papel y un bolígrafo, y empecé a escribir. “No puedo hablar contigo, Lys. Espero que lo entiendas. Te amo, pero ahora mismo no puedo decirte el por qué no puedo hablar contigo. Llegará una chica que se llama Grace y te dirá por qué. Confía en ella. Nos hablaremos mediante ella, ¿de acuerdo? Gracias por comprenderlo.”
-Soy yo. Soy Lys. Ábreme, por favor. Necesito hablar contigo.
-Un momento.-dije mientras doblaba el papel en dos con lo escrito hacia adentro y escribía en la parte que se veía: “Léelo en casa. Solo.”
Me acerqué al cristal. Abrí un poco. Le tendí la carta en secreto, y él, viendo que vigilaba de un lado para otro, la escondió. Se lo agradecí internamente.
-¿Qué quieres?
-Quiero hablar contigo. Lo necesito. Necesito saber qué te pasa.
-No me pasa nada, Lys.
-¿Es por mi apellido?
-¡No, no, no! ¡Que no se te ocurra nunca más eso! ¡Preferiría morir antes que decirte que por tu apellido voy a cortar contigo! Yo te amo. Pero por favor, vete. Necesito descansar. Me han pasado muchas cosas por la cabeza y creo que me va a estallar. ¿De acuerdo?
-Bueno, supongo. Pero en cuanto te encuentres mejor, necesito hablar contigo.
-De acuerdo.
Lys se marchó a su casa, y, antes de entrar, me miró una última vez. Yo entré en mi habitación y me puse a hacer los deberes.
Narra Lys.
Sostenía la carta en mi mano. Nada más entrar, había echado la cortina y me había sentado en mi cama, sintiendo que algo me ardía. Hatsu no quería hablar, pero, sin embargo, me daba una carta para comunicarse conmigo. Al terminar de leer la carta, me quedé petrificado. No me había imaginado lo que había oído en la habitación de Carly. Ella era la enemiga. Y quería destruir a Hatsu tanto por dentro como por fuera. Me levanté. No podía dejar las cosas así. Descorrí las cortinas y salí. Salté al balcón de Hatsu y llamé.
-¡Hatsu! ¡Tengo que hablar contigo ahora mismo!
-Te he dicho que me duele la cabeza...-dijo asomándose por la ventana, que ella había abierto un poco.
La empujé suavemente hacia dentro, pues si era cierto, la estarían vigilando.
-Lys, por favor, márchate.
-Escúchame durante un minuto. Si crees que después de eso no debería haber hablado contigo, me iré y hablaremos en otro momento.
-De acuerdo. Empieza.
-Hatsu, lo sé. Lo sé todo. Sé que Carly te está manipulando. Y sé que lo va a seguir haciendo hasta que te destrocen por dentro y por fuera y te puedan capturar fácilmente. Luego nos apresarán a todos. ¿Por qué no me lo habías contado? Me enteré el otro día. Se lo escuché decir a Carly.
-Ya he puesto todas vuestras vidas en peligro. Carly... léelo.-me dijo tendiéndome una carta.
La leí en silencio. Al terminar, vi su cara agachada, demostrando que lo único que quería era protegernos. Yo asentí en silencio y me fui, llevándome conmigo la carta. Iba a haber una reunión de todo el grupo sin Hatsu. Para hablar sobre aquello y sobre cómo deberíamos actuar.
Narra Grace.
Vi al novio de mi ama salir disparado hacia la antigua casa de Hatsu y le seguí. Me interpuse en su camino.
-Por favor, apártate.-dijo mientras se echaba a la izquierda.
-No. Soy Grace.-dije mientras me echaba a la izquierda para impedirle el paso.
-¿Y?-dijo cortante.
-Grace. La Grace de la carta. Por la que os comunicaréis.
-¿Eh?-dijo mientras me miraba extrañado.
-Hatsu y tú.
Él se sorprendió y me cogió de la mano, mientras me arrastraba hasta el palacio. Al llegar allí, el chico cogió un caballo y me indicó que me subiera con él.
-No, gracias. Yo soy más de correr.
-Como quieras, pero si en algún momento te cansas, no te esperaré.
-Tú a mí no me conoces.-dije mientras salía corriendo junto al animal.- ¿A dónde vamos?-pregunté mientras corría de espaldas.
-¡Cuida...! ¿Cómo has podido esquivar una cosa que no ves?
-¿A dónde vamos?-dije ignorando su pregunta.
-Al bosque. Allí hay una caseta y...
-Vale, te espero allí.-dije mientras corría como un lobo, rápido, certero y letal.
Al llegar allí, bebí un poco del agua y respiré profundamente. Entonces llegó el chico.
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Lysandro, pero llámame Lys.
-De acuerdo, Lys.
Sentí un escalofrío. El invierno estaba tornando a un cariz más frío.
-Vayamos dentro.-pedí.
-Claro. Por cierto, ¿cómo es que has llegado tan rápido? Y además... Esos ojos... Me suenan de algo.
-Tal vez los hayas visto en algún lobo. Soy un licántropo. El año pasado me transformé por primera vez. Y por eso mi rapidez.
-Ah. Pues sí, será de eso. Bueno, voy a celebrar una reunión con el grupo para contarles lo de Hatsu,
-Ah, ¿ya lo sabes?-pregunté sorprendida.
-Sí.
-Bueno, no todo.
-¿Y cómo puedes saber tú el que yo no lo sé todo?
Le enseñé la marca, y al instante, se puso a la defensiva.
-Fuera.
-Soy una infiltrada. Jamás haría daño a Hatsu.
-¿Por qué debería creerte?
-Otro más que no me cree. Luz verdadera, ilumina mi piel con la luz de la primavera.-dije mientras, justo encima de la marca, aparecía una corona.
-¿Y eso que quiere decir?
-Mi familia siempre ha estado en deuda con la suya. Y como somos sigilosos como lobos, hacemos de espías. Y, te tengo que contar una cosa... un poco dolorosa.
-¿Qué?
-Al principio, Hatsu se irá alejando de todos vosotros. Luego, cortará contigo. Y sufrirá tanto al dejarte ir, que se quedará desconsolada. Además, al haberse quedado sin Dulce para que la cuide, le dolerá aún más y puede que incluso se desmaye.
-Luego la secuestrarán y la matarán. Y con ella, nosotros.-terminó con expresión sombría.
-Exacto. Llama a los demás y explícales todo. Pero antes dime, ¿a quiénes vas a llamar?
-A Eli, a Hilay, a Cami, a Castiel, a Dajan, a Poks, a Moi y a Ken, por supuesto.
-¿¡Ken!?-pregunté extrañada.-Nadie me había informado del espía...-susurré.
-¿Qué quieres decir?
-Si llamas a Ken y se lo cuentas todo, tanto vosotros como ella moriréis. Ken es un Aniquilador.
La cara de Lys se quedó petrificada de inmediato. Después de parpadear un par de veces, empezó a llamar a todos excepto a Ken.
-No llames a nadie. Todo tiene que seguir su curso.-respondí al cabo de un rato.
-¿Qué? ¿Estás loca? ¿Quieres que nos capturen?
-No, escúchame. Debe parecer que habéis roto, que ella se separa de todas sus amigas. Hoy... Ha hecho una cosa terrible solo por vosotros.
-¿Qué... Qué es lo que ha hecho?-dijo indeciso por saber si quería saberlo o no.
-Ha... ha matado a una chica. Al menos, la despojó del dolor pero... No creo que ella esté a gusto ahora mismo en su piel. Y si te lo estoy contando es porque... te voy a quitar la memoria. No toda, pero debes dejar que todo suceda.
-Pero eso... no...-dijo antes de desmayarse.
Le había dado un somnífero sin que él se hubiera dado cuenta. Me acerqué a él y le hice beber un amnésico a corto plazo. Luego, lo cogí y lo llevé a su casa. Cuando entré, un chico pelirrojo me sorprendió. Deposité a Lys en el suelo y me arrodillé.
-Alteza.-dijo con la mirada gacha.
-¿Quién eres, cómo lo sabes y qué haces aquí?
-¿Sabéis el plan de los Aniquiladores?
-¿Es que eres uno de ellos y vienes a llevarme contigo?
-Soy uno de ellos, pero soy una infiltrada. Responded, os lo pido.
-Sí, lo sé.
-¿Y me haríais el favor de tomaros este té que he preparado para vos?-dije alzado un té con un somnífero y amnésico.
-No sé si debería fiarme de usted.-me contestó el príncipe.
-Luz verdadera, ilumina mi piel con la luz de la primavera.-dije mientras mostraba la muñeca.
-Ajá, uno de los nuestros. Lo tomaré, entonces.
-Muchísimas gracias.-dije mientras veía como se tomaba el vaso de té entero.- Y descansad.
-¿Por qué dices... eso...?-dijo mientras caía al suelo.
Le recogí justo antes de que se cayera al suelo. Lo llevé hasta un sofá y lo deposité allí, dejándome la nota mental de que debería llevarle a su habitación después. Volví a coger a Lys y lo dejé en su habitación. Y me encontré con Hatsu.
-¿Habéis venido a hablar con él?-dije refiriéndome a Lys.
-Sí. ¿Está dormido?
-Parece ser que sí. Princesa, si me dejáis que os dé un consejo...
-Claro, habla.
-Seguid las instrucciones de los Aniquiladores. Tal vez os puedan parecer crueles, pero al final todo se resolverá.-dije mientras me inclinaba y me disponía a marcharme.
-¡Esperad!

Capítulo 26


Narra Hatsu.
Al final me quedé dormida en la cama y ni cené. Ese día tendría que empezar la tarea que Carly me había encomendado. Muy tristemente, salí media hora justa antes que todos los demás, incluidos mis hermanos. Fui andando hasta el instituto, donde me esperaba el peor día de mi vida. Pero solo era el primero. Entré en la clase. Solo había tres chicas: Ámber y sus secuaces. Ámber me señaló un asiento vacío en la última fila, en la esquina izquierda. Era el sitio que menos me gustaba. Las mochilas de las tres estaban en las mesas más cercanas. Al estar de dos en dos, Ámber se había sentado a mi lado. La gente fue llegando poco a poco, sin mostrarse interesada en mí. A los cuarenta minutos, todos mis amigos aparecieron allí, hablando sobre... mí. Yo me recosté en mi silla para que no me vieran. Charlotte y Li taparon mi vista, pero aún así, Lys, con su mirada de lince, me vio. Se acercó a mí.
-Hatsu, ¿dónde estabas? Te hemos estado esperando.
-Lo sé, pero quise venir un poco antes.
-¿Y por qué estás sentada al lado de estas tres?-dijo sin ningún reparo.
-Por favor, Lys, no tengo ganas de hablar. Hablamos luego.
-Llevas una tarde entera evitándome. Dime qué te pasa, por favor.
-Lysandrito, te ha dicho que no quiere hablar contigo. ¿Es que no lo entiendes? ¡Fuera!-me defendió Ámber.
-¿Y desde cuando eres tú la guardaespaldas de Hatsu?
-Por favor, Lys...
-Desde hoy. Me ha pedido que la mantenga alejada de todos. Que quería pensar. Y yo, como buena amiga que soy, le he dicho que confiara en mí. Así que largo.
Vi que Lys me miraba y yo aparté la vista. Él se alejó, preocupado por mí. “Lo siento, Lys...” pensé para mis adentros. Interiormente lloraba.
-Bien hecho, Hatsu. Veo que quieres mucho a tus amigos.
-Sí.
Ámber miró para otro lado, intentando que no viera su sonrisa planificadora, pero la vi. Y temí por mí y por mis amigos. De pronto, sentí una mirada. Le descubrí en un rincón. Él me miraba como si nada en el mundo pudiera apartar su vista. Aparté la vista, sonrojada, y al volver a mirar, ya no estaba. Le busqué en toda la clase, pero no estaba. Ardía en deseos de preguntarle su nombre, pero sabía que si lo hacía, otro amigo caería en peligro.
-Hatsu, no te asustes, eres la única que puede verme. No hables. Me llamo... Kai.-dijo tras una pausa para pensar.
-Kai...-susurré para mí.
-¿Qué dices?-me preguntó Ámber.
-No he dicho nada.
Volví mi vista hacia atrás, pero no había nadie. La clase empezó.
-¿Quién no tiene hecho los deberes?-preguntó la profesora de matemáticas.
-Yo, profesora.-dije alzando la mano.
-¿Por? ¿No sabías hacerlos o se te han olvidado?
-No he querido hacerlo.
-Mire, señorita, por mucho que sea usted princesa, no tiene un tratamiento especial.
-Lo sé, yo misma lo pedí.
-Entonces, ¿me podría decir por qué no ha querido hacer los ejercicios?
-Eso fue porque estuvo curándonos a nosotros y estaba cansada, profesora.-salió Lys en mi defensa.
-Señorito Lysandro, no creo que usted tenga que defender a la señorita Hatsune. ¿Y bien? ¿Me va a contestar?
Tenía unas ganas tremendas de decirle que fue por la razón que había dicho Lys, pero según la carta...
-No me apetece contestar.
-Muy bien señorita, ya me ha cansado. ¡Al despacho de la directora!
-Vas mejorando.-me susurró Ámber.
Yo la odié con la mirada, a ella y a todos los Aniquiladores. Pero por ese momento, no podía hacer nada. Antes de salir, miré a Lys. Estaba mirándome preocupado. Y también vi un brillo metálico debajo de la mesa. Era una cámara. Miré hacia la ventana, viendo en el árbol a una chica que me decía que no. Yo suspiré y seguí andando hasta la puerta. Al salir, la chica se me presentó delante.
-Hola, princesa. Tranquila, estoy de vuestra parte.-dijo la chica.
La chica tenía aspecto serio, ojos y pelo oscuro. En el pelo llevaba una horquilla en forma de calavera, y lo llevaba recogido en dos coletas bajas. En los brazos llevaba unos guantes de rejilla que dejaban a la vista los cinco dedos de sus manos. Llevaba varios collares en forma de cruces negras y un vestido completamente negro excepto por el lazo blanco que tenía a la izquierda. Tenía unas medias a juego con los guantes, y el vestido le llegaba por un poco más alto de la rodilla. Levantó su mano izquierda hasta la cabeza.
-Infiltrada en los Aniquiladores, preparada para la acción.
-¿De dónde sales tú?
-Me llamo Grace y soy... un tanto especial.
-¿Por qué eres especial?-le pregunté mientras iba hacia el despacho.
-Poseo las cualidades de los lobos sin serlo.
-¿Cómo es eso posible?
-Un licántropo me mordió. En mi cuerpo hizo demasiada calor y... nunca me transformé. Pero sigo manteniendo las cualidades de los lobos. Olfato agudizado y poder enviar imágenes.
-Bien, pues mis órdenes son estas: no vuelvas a hablar conmigo. Si me ven hablando contigo, me matarán a mis seres queridos y con ellos, a mí.
-Hablaré mediante cartas. Tranquila, nadie me verá.
-Esperemos eso.
-También tengo el sigilo del lobo.-dijo mientras se esfumaba en el aire.
Entré en el despacho.
-¿Para qué has venido, Hatsune?
-La profesora de matemáticas me ha echado.
-¿Y qué le has hecho para que te eche?
-Le he dicho la verdad. Que no me apetecía hacer los deberes ni responder por qué no me apetecía hacer los deberes.
-Lo sé. Y sé por qué.-dijo mientras se giraba y me mostraba su mano.- A partir de ahora nos veremos más amenudo.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo. La directora también era de los Aniquiladores.
-Bueno, el castigo. Tendrás que quedarte a limpiar los servicios después de clase. Y me da igual que tengas clase de equitación. Y ya sabes. A segunda hora, deberás llamar a Meiko y decirle que no te espere. Y mientras la profesora esté explicando.
-Lo sé. Ahora, si me lo permite, me iré a mi clase.
-Oh, no. Tú te vas a quedar aquí conmigo. Siéntate y date la vuelta.
Lo hice. No sabía lo que me iba a hacer, pero sabía que me iba a torturar. Allí, en su despacho. O tal vez no. Escuché un ruido y me vendaron los ojos. Me guiaron por unos túneles y llegué a una habitación. Me quitaron la venda. Allí, había una chica apresada de pies y manos. Estaba llorando. Deseé con todas mis fuerzas el poder ayudarla, pero no podía.
-Quiero que le hagas sufrir.
-Por favor... dejadme salir... por favor...-me pedía la chica.- Por favor...
-¿Por qué a ella? ¿Por qué no a cualquier animal o a algún criminal?
-Porque ella nos traicionó. Debe pagar.
-Yo no hice nada... ¡me tendieron una trampa!-exclamó la chica.
-Sí, ya, lo que tú digas.
-¿Por qué no la creéis? Tal vez tenga razón.
-Eso es porque yo la vi.-dijo una voz detrás mía.
-Tú eres... ¿el hermano mediano de Víctor?
-Vaya, parece que le conoces. ¿De qué?
-Fui su compañera de trabajo en mi juventud. Me ha hablado mucho de ti.
-Bueno, pues por ser amiga y conocida de Víctor, yo te pondré el castigo. Mátala.-dijo mientras me tendía una pistola.
La chica se aterrorizó, y se empezó a defender contra aquellas cadenas. Parecía llevar allí días, por lo que estaba cansada y sin fuerzas. Intercambié un poco de su cansancio por un poco de mi energía, para que intentara un poco más el resistirse. No valió para nada. El hermano mediano de Víctor me puso un revólver en la mano y me hizo apuntar. Cerré los ojos. No quería ver a la persona a la que iba a matar.
-¿Y si se escucha en el instituto?-pregunté, creyendo que eso nos daría más tiempo para que ella intentara escapar.
-No se escuchará. Estamos bastante lejos. Hemos matado aquí a más de cien personas y de cien maneras distintas y nunca nadie ha escuchado nada, así que, ¿por qué esta vez sería diferente?-dijo con una carcajada al final.
-Lo siento.-le dije a la chica.
-Tranquila, a mí también me lo hicieron.-dijo mientras cerraba los ojos y aceptaba su muerte.
Disparé. Inconscientemente, le había dado en el corazón. Le despojé de todo el dolor y se lo pasé a la directora. Entonces escuché la sirena de que esa hora ya había terminado.
-Si me lo permiten, me voy.-dije mientras salía por la única salida que había.
Nadie me retuvo. Subía y subía hacia el despacho, y en poco tiempo llegué. Al llegar a clase, la tutora me miró.
-Hatsu, dime, ¿cuándo estarían dispuestos a trabajar tus sirvientes?
-Son mis amigos, y cuando yo les diga, ellos me ayudarán. Son así de majos.
-Bien. ¿Qué te parece si lo hacemos el último día de clase?
-Sí, profesora. Pero...
-¿Qué pasa?
-Me gustaría que fuera más bien por la noche.
-¿Por?
-Para que fuera más mágico.
-Ajá, de acuerdo.
Pensé en el día que estábamos. Ayer, dieciocho de diciembre fue mi cumpleaños. Y el último día sería... El veintiuno. Hoy era diecinueve. Dos días.
-¡Escuchad todos, clase! ¡El día del baile se celebrará el último día de clase por la tarde-noche!
-¿A qué hora más o menos?
-A las siete deberéis estar aquí para que los carruajes os lleven al palacio.-aclaré yo.- Los carruajes son de cuatro personas, por lo que me gustaría que la gente se vaya repartiendo en grupos de cuatro.
-¡Síii!-dijeron todos a coro.
-Vale, muchísimas gracias.
-Hatsu, ¿podrías ir avisando por todas las clases?
-Claro. Ahora mismo voy.
Ámber me miró con reproche. No debía hacer aquello si no quería poner en peligro a algunos de ellos.
-¿Profesora? Antes de irme... Me gustaría que Ámber viniese conmigo, por favor.
-Claro. Ámber, ve con Hatsu.
Al salir de la clase, Ámber dio media vuelta y me miró.
-¿Por qué me has elegido a mí?
-Quiero que vayas clase por clase preguntando cuánta gente va a venir y que apuntes por grupos de cuatro quiénes vayan a venir. Yo iré al despacho.
-De acuerdo. Lo haremos a tu manera.
-¡No! ¡Solo que...! ¡No sabía cómo negarme!
-Bueno, por ser tu primer error, haré la vista gorda. ¡Pero que no se repita!
-¡No!-dije mientras agachaba la cabeza e iba al despacho de la directora.