miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 13


-Ven. Te enseñaré la casa donde según él vivió toda su infancia.
-Vale.-le respondí, aunque ya eran las nueve de la noche.
Lys fue tirando por los atajos y callejas por las que yo solía ir para ir a casa de mis tíos. Se paró delante de una casa. Hacía tanto tiempo que no iba a casa de mis tíos, que no sabía si era esa o alguna cercana.
-Lys, ve a casa. Después nos vemos.
Él asintió, no muy convencido. Me acerqué a la puerta y llamé. Una mujer de cuarenta y pocos me abrió la puerta. Tenía el pelo castaño con algunas canas y ojeras.
-Hola, tía.
-¡Hatsu, querida!-dijo abalanzándose sobre mí.- ¿Qué te trae por aquí?
-Lo sé todo, tía.
Ella me soltó y enmudeció de pronto. Ella se retiró a una lado, dejando ver a Castiel sentado mientras miraba el cielo, de espaldas a mí. Me quité los zapatos y salí corriendo hacia él sin hacer ningún ruido. Yo me hinqué de rodillas y le abracé por la espalda, mientras lloraba. Él se dio cuenta y se giró.
-Me has descubierto...
-Desde que vi la marca, Kaito.-dije soltándole.
-¿Y cómo saber que eras tú?
-La marca, Duque, Princesa... Todas esas cosas te habrían valido.
-Ya, pero no vi ninguna de ellas.
-¿De verdad?
-Sí, de verdad.
-¿Y no podrías haberle dicho a la tía que me mandara las cartas? Ella sabía donde vivíamos.
-No podía.
-Entré en coma por ti. Casi me matan bastantes veces porque te fuiste. Ahora padre nos da palizas de muerte. ¿Sabes lo que hemos sufrido por ti?
Castiel/Kaito se sentó y me hizo una seña para que me sentara a su lado.
-No.-dije levantándome, dándole la espalda y comenzando a andar.- Te odio.
Caminé decidida hacia fuera de la casa, y cuando estaba en el patio delantero, unos fuertes brazos me cogieron.
-Lo siento. No debí hacerlo. Pero no tuve otra opción. Eras tú o yo.
-¿Cómo?-dije extrañada y confusa.
Castiel/Kaito me soltó y me dirigió unas últimas palabras.
-Te quiero, pero no le digas a nadie quién soy. Y llámame Castiel.
Castiel entró en la casa, cerrando la puerta detrás de sí. Yo me quedé allí, pensando. “¿Él o yo? ¿Qué querrá decir?” Sentí un escalofrío, alguien me miraba. Mis piernas obedecieron al instante a la orden de salir de allí. Iba corriendo. Escuchaba pasos. Me giraba y no veía a nadie. Mi miedo crecía. Mis ganas de salir huyendo también. De pronto, tropecé con algo, cayendo al suelo. Escuché como los pasos se acercaban. Lentamente, pero con decisión. Me había torcido el tobillo y no había forma de que me levantase. “Mi poder no funciona si no he visto a esa persona...” pensé. Cansada, comencé a arrastrarme. No me dejaría vencer. Entonces, noté como una fría mano me tocaba el pie torcido, que ya lo tenía hinchado. Intenté gritar, pero mi voz no salió. Mis ojos empezaron a nublarse. ¿Aquel iba a ser mi final? “Sí” pensé con resignación. Dejé que el sueño me cogiera, me atrapara. Noté un pequeño pinchacito y antes de perder el conocimiento, escuché algo.
-Ahora todo depende de las ganas de vivir y la voluntad que tengas, mi pequeña.-dijo una voz femenina, que tranquilizaba mucho.
-NUESTRA pequeña.-respondió una voz masculina, que daba mucho miedo.
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Noté como una mano me agarraba la mía. Abrí los ojos. “Estoy en mi cuarto...” pensé. Moví la mano para llevármela a la cabeza, por lo que el que la cogía me miró. Era Lys.
-Lys...-dije medio dormida.
-Shhhh... Descansa.
Mis ojos se volvieron a cerrar, para hacer desaparecer la noche en la que me había despertado. Abrí los ojos de nuevo cuando unos pequeños y tímidos rayos de sol me iluminaron la cara. Ya no sentía la mano de Lys coger la mía.
-¡Lys!-exclamé incorporándome.
-Tranquila, estoy aquí. ¿Qué te pasó anoche?-dijo mientras entraba del balcón.
-Alguien... Alguien me perseguía.
-¿¡Qué alguien te perseguía!?-exclamó Lys, preocupado.
-Sí.-respondí.
“También me pincharon en el pecho...” pensé.
-Lys, ¿podrías salir un momento?
-Pero...
-Por favor.
Él asintió, no muy seguro, y se marchó, aunque no muy lejos. Me quité la parte de arriba del vestido y busqué el pinchazo, pero no lo encontré. Me volví a poner bien el vestido y le dije a Lys que ya podía volver, y no tardó más de un minuto en estar a mi lado. En ese momento, vi una sombre escarlata pasar a mi balcón.
-Castiel, te he visto, pasa.-le dije.
-Hatsu, me he enterado de todo y... ¿estás bien?
-Sí, tranquilo, estoy bien.
-¿Te hicieron algo? ¿Daño?
-No, solo me pincharon.
-¿Dónde?
-Bu-Bueno pues...-bajé la cabeza y miré mi pecho.
Lysandro vio a donde me refería y se ruborizó.
-Lys, fuera.-le ordenó Castiel.
-¿Por?
-Lys, no le hagas caso. Es él.
Castiel me dirigió una mirada y luego saltó a Lys. Lys lo miró, asombrado.
-¿Por qué se lo has contado?
-Le conté mis sospechas. Es mi novio. Tu mejor amigo. No va a decir nada. Estoy segura. ¿Verdad?
-No, no se lo diré a nadie. Será un secreto entre los tres.
-¿Los tres?-susurré.
Me levanté de la cama y me acerqué hasta la puerta. Le señalé a Castiel las ventanas del balcón, que estaban cerradas y las persianas bajadas. Castiel entendió y abrió las ventanas, sin hacer ruido. Hice los gestos para indicar el tres, el dos y el... uno. Cuando llegamos ahí, yo abrí la puerta y Castiel levantó la persiana, por lo que los espías cayeron. Los de la puerta eran mis hermanos, mientras que los de la persiana fueron Cami y Eli. Cogí de las orejas a Suguro y a Len, mientras que Castiel cogió de la misma manera a Cami y a Eli. Los sentamos en mi cama, y los tres les miramos con mirada asesina. Todos ellos bajaron las cabezas, arrepentidos. Al unísono, los cuatro dijeron lo siento, y nos miraron con cara de cachorrito.
-¿El plan B?-preguntó Lys.
-Creo que sí.-le respondí.
-Peor para ellos.-dijo Castiel.
Castiel y Lys centraron sus miradas en Len, y yo les miré a chicas. Las miradas de cachorritos con el mismo género no funcionaban.
-Supongo que no le diréis a nadie quién es Castiel.-dije amenazadoramente.
-¿Y quién es Castiel?-preguntó Nana, que acababa de entrar.
-Castiel es un tsudere.-dije recordando un mote que le habíamos dado mis hermanos y yo a Kaito.
-Vaya, entonces ya conoces a dos, ¿no?
-Sí.
-¿Y por qué es tsundere?
-Porque se mostró muy borde con Hatsu y ahora intenta ser...-intentó decir Lysandro.
De repente, Castiel le tapó la boca a Lys, y le susurró algo. Lys asintió y oímos como Megu llamaba a Nana.
-Bueno, me tengo que ir. Ya nos veremos después.
-Nana,-dije para que se diera la vuelta justo antes de irse.-Antes de mi baño quiero hablar contigo. Ya sabes de qué.
Nana se mostró confundida y de pronto recordó. Asintió y se marchó. Me acerqué hasta la puerta y cerré.
-Vámonos a vuestra casa antes de que se entere alguien más.
Castiel cogió a Len como si fuera un saco de patatas, mientras que con la otra mano cogía la oreja de Cami y la tiraba hacia delante. Yo cogí a Eli de la oreja y a Suguro, igual. Llegamos a la casa de Lys y Castiel y cerramos las puertas y las ventanas, por si alguien se escapaba. Volvimos a sentarlos en la cama de Lys y allí hablamos con ellos.
-Chicos, prometed que no le diréis a nadie quién es Castiel.-les dijo Lys.
-Pero si en verdad no lo sabemos... Las sospechas solo las sabes tú.
-¿Se lo decimos?-le pregunté a Castiel.
-Bueno, si no se lo contamos ahora no nos dejaran en paz. Bueno, a vosotras, Cami y Eli, solo deciros que como le hagáis daño a mi Hatsu, lo tendréis bastante mal.
-Espera. ¿¡TU Hatsu!?-preguntó Cami, sorprendida.
-Sí, SU Hatsu.-le respondí yo.
-Y bueno, a vosotros dos...-dijo mirando a Len y a Suguro.- ¡Como habéis crecido! Dentro de poco me alcanzáis, hermanitos.
Suguro y Len se quedaron en shock, mientras que Cami nos miraba a los tres alternativamente.
-Espera, ¿¡qué!?-preguntó Cami.
-Sí, es mi hermano Kaito, el que se marchó antes de que pudiera volver a casa. Por eso soy SU Hatsu, porque soy SU hermana.
Miré a mis hermanos. Suguro y Len estaban con los ojos vidriosos y abrazándose la una al otro.
-¿Qué pasa? ¿Es que después de tanto tiempo no le vais a dar un abrazo a vuestro hermano mayor?-dijo Castiel abriendo sus brazos.-Y por favor, llamadme Castiel. Y no se lo digáis a padre ni a madre, ¿de acuerdo?
-Sí.-dijeron mis hermanos a la vez mientras se levantaban y corrían a los brazos de Castiel, para abrazarlo.
-Todavía cabe una más...-dijo mientras me miraba a mí.
Yo sonreí y me lancé junto a mis hermanos. Por fin volvíamos a estar los cuatro, juntos. Alcé la cabeza y miré fijamente a Castiel. Él me miró con ternura y amor. Cuando nos separamos, Lys me cogió de la cintura y me acercó más a él. Yo le miré y él me miró con mucho amor, más del que nadie antes me había dado. Estaba feliz. Por fin estaba contenta. Entonces, escuché como Nana me llamaba, por los que me alejé de ellos, mientras seguían hablando e intentando salir del shock al que los habíamos metido. Me acerqué hasta ella, parecía feliz.
-¿Qué fue lo que hablasteis cuando mis hermanos, Lys y yo estábamos fuera?
-Bueno, pues... Mejor siéntate. Creo que después vas a saltar o a desmayarte o a hacer cualquier locura.
-Vale...-dije intrigada y mirando de reojo a Nana.
-Vale, te digo que... ¡vas a tener un hermano más!
-Espera, ¿¡qué!?
-¡Lo que has oído! Pero no se lo digas a tu padre. Sabes que no quiere más hijos... No sabemos lo que vamos a hacer con él, pero no vamos a matarlo antes de nacer.
-¿Se lo puedo contar a mis amigos?
-Claro, pero eso, que no se lo cuenten a tu padre.
-Claro que no. Pero... ¿podrías venir un momento?
-Claro, ¿a dónde vamos?
-Te quiero presentar a una persona...

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