-Ven. Te enseñaré la casa donde según
él vivió toda su infancia.
-Vale.-le respondí, aunque ya eran las
nueve de la noche.
Lys fue tirando por los atajos y
callejas por las que yo solía ir para ir a casa de mis tíos. Se
paró delante de una casa. Hacía tanto tiempo que no iba a casa de
mis tíos, que no sabía si era esa o alguna cercana.
-Lys, ve a casa. Después nos vemos.
Él asintió, no muy convencido. Me
acerqué a la puerta y llamé. Una mujer de cuarenta y pocos me abrió
la puerta. Tenía el pelo castaño con algunas canas y ojeras.
-Hola, tía.
-¡Hatsu, querida!-dijo abalanzándose
sobre mí.- ¿Qué te trae por aquí?
-Lo sé todo, tía.
Ella me soltó y enmudeció de pronto.
Ella se retiró a una lado, dejando ver a Castiel sentado mientras
miraba el cielo, de espaldas a mí. Me quité los zapatos y salí
corriendo hacia él sin hacer ningún ruido. Yo me hinqué de
rodillas y le abracé por la espalda, mientras lloraba. Él se dio
cuenta y se giró.
-Me has descubierto...
-Desde que vi la marca, Kaito.-dije
soltándole.
-¿Y cómo saber que eras tú?
-La marca, Duque, Princesa... Todas
esas cosas te habrían valido.
-Ya, pero no vi ninguna de ellas.
-¿De verdad?
-Sí, de verdad.
-¿Y no podrías haberle dicho a la tía
que me mandara las cartas? Ella sabía donde vivíamos.
-No podía.
-Entré en coma por ti. Casi me matan
bastantes veces porque te fuiste. Ahora padre nos da palizas de
muerte. ¿Sabes lo que hemos sufrido por ti?
Castiel/Kaito se sentó y me hizo una
seña para que me sentara a su lado.
-No.-dije levantándome, dándole la
espalda y comenzando a andar.- Te odio.
Caminé decidida hacia fuera de la
casa, y cuando estaba en el patio delantero, unos fuertes brazos me
cogieron.
-Lo siento. No debí hacerlo. Pero no
tuve otra opción. Eras tú o yo.
-¿Cómo?-dije extrañada y confusa.
Castiel/Kaito me soltó y me dirigió
unas últimas palabras.
-Te quiero, pero no le digas a nadie
quién soy. Y llámame Castiel.
Castiel entró en la casa, cerrando la
puerta detrás de sí. Yo me quedé allí, pensando. “¿Él o yo?
¿Qué querrá decir?” Sentí un escalofrío, alguien me miraba.
Mis piernas obedecieron al instante a la orden de salir de allí. Iba
corriendo. Escuchaba pasos. Me giraba y no veía a nadie. Mi miedo
crecía. Mis ganas de salir huyendo también. De pronto, tropecé con
algo, cayendo al suelo. Escuché como los pasos se acercaban.
Lentamente, pero con decisión. Me había torcido el tobillo y no
había forma de que me levantase. “Mi poder no funciona si no he
visto a esa persona...” pensé. Cansada, comencé a arrastrarme. No
me dejaría vencer. Entonces, noté como una fría mano me tocaba el
pie torcido, que ya lo tenía hinchado. Intenté gritar, pero mi voz
no salió. Mis ojos empezaron a nublarse. ¿Aquel iba a ser mi final?
“Sí” pensé con resignación. Dejé que el sueño me cogiera, me
atrapara. Noté un pequeño pinchacito y antes de perder el
conocimiento, escuché algo.
-Ahora todo depende de las ganas de
vivir y la voluntad que tengas, mi pequeña.-dijo una voz femenina,
que tranquilizaba mucho.
-NUESTRA pequeña.-respondió una voz
masculina, que daba mucho miedo.
[center](···)[/center]
Noté como una mano me agarraba la mía.
Abrí los ojos. “Estoy en mi cuarto...” pensé. Moví la mano
para llevármela a la cabeza, por lo que el que la cogía me miró.
Era Lys.
-Lys...-dije medio dormida.
-Shhhh... Descansa.
Mis ojos se volvieron a cerrar, para
hacer desaparecer la noche en la que me había despertado. Abrí los
ojos de nuevo cuando unos pequeños y tímidos rayos de sol me
iluminaron la cara. Ya no sentía la mano de Lys coger la mía.
-¡Lys!-exclamé incorporándome.
-Tranquila, estoy aquí. ¿Qué te pasó
anoche?-dijo mientras entraba del balcón.
-Alguien... Alguien me perseguía.
-¿¡Qué alguien te
perseguía!?-exclamó Lys, preocupado.
-Sí.-respondí.
“También me pincharon en el
pecho...” pensé.
-Lys, ¿podrías salir un momento?
-Pero...
-Por favor.
Él asintió, no muy seguro, y se
marchó, aunque no muy lejos. Me quité la parte de arriba del
vestido y busqué el pinchazo, pero no lo encontré. Me volví a
poner bien el vestido y le dije a Lys que ya podía volver, y no
tardó más de un minuto en estar a mi lado. En ese momento, vi una
sombre escarlata pasar a mi balcón.
-Castiel, te he visto, pasa.-le dije.
-Hatsu, me he enterado de todo y...
¿estás bien?
-Sí, tranquilo, estoy bien.
-¿Te hicieron algo? ¿Daño?
-No, solo me pincharon.
-¿Dónde?
-Bu-Bueno pues...-bajé la cabeza y
miré mi pecho.
Lysandro vio a donde me refería y se
ruborizó.
-Lys, fuera.-le ordenó Castiel.
-¿Por?
-Lys, no le hagas caso. Es él.
Castiel me dirigió una mirada y luego
saltó a Lys. Lys lo miró, asombrado.
-¿Por qué se lo has contado?
-Le conté mis sospechas. Es mi novio.
Tu mejor amigo. No va a decir nada. Estoy segura. ¿Verdad?
-No, no se lo diré a nadie. Será un
secreto entre los tres.
-¿Los tres?-susurré.
Me levanté de la cama y me acerqué
hasta la puerta. Le señalé a Castiel las ventanas del balcón, que
estaban cerradas y las persianas bajadas. Castiel entendió y abrió
las ventanas, sin hacer ruido. Hice los gestos para indicar el tres,
el dos y el... uno. Cuando llegamos ahí, yo abrí la puerta y
Castiel levantó la persiana, por lo que los espías cayeron. Los de
la puerta eran mis hermanos, mientras que los de la persiana fueron
Cami y Eli. Cogí de las orejas a Suguro y a Len, mientras que
Castiel cogió de la misma manera a Cami y a Eli. Los sentamos en mi
cama, y los tres les miramos con mirada asesina. Todos ellos bajaron
las cabezas, arrepentidos. Al unísono, los cuatro dijeron lo siento,
y nos miraron con cara de cachorrito.
-¿El plan B?-preguntó Lys.
-Creo que sí.-le respondí.
-Peor para ellos.-dijo Castiel.
Castiel y Lys centraron sus miradas en
Len, y yo les miré a chicas. Las miradas de cachorritos con el mismo
género no funcionaban.
-Supongo que no le diréis a nadie
quién es Castiel.-dije amenazadoramente.
-¿Y quién es Castiel?-preguntó Nana,
que acababa de entrar.
-Castiel es un tsudere.-dije recordando
un mote que le habíamos dado mis hermanos y yo a Kaito.
-Vaya, entonces ya conoces a dos, ¿no?
-Sí.
-¿Y por qué es tsundere?
-Porque se mostró muy borde con Hatsu
y ahora intenta ser...-intentó decir Lysandro.
De repente, Castiel le tapó la boca a
Lys, y le susurró algo. Lys asintió y oímos como Megu llamaba a
Nana.
-Bueno, me tengo que ir. Ya nos veremos
después.
-Nana,-dije para que se diera la vuelta
justo antes de irse.-Antes de mi baño quiero hablar contigo. Ya
sabes de qué.
Nana se mostró confundida y de pronto
recordó. Asintió y se marchó. Me acerqué hasta la puerta y cerré.
-Vámonos a vuestra casa antes de que
se entere alguien más.
Castiel cogió a Len como si fuera un
saco de patatas, mientras que con la otra mano cogía la oreja de
Cami y la tiraba hacia delante. Yo cogí a Eli de la oreja y a
Suguro, igual. Llegamos a la casa de Lys y Castiel y cerramos las
puertas y las ventanas, por si alguien se escapaba. Volvimos a
sentarlos en la cama de Lys y allí hablamos con ellos.
-Chicos, prometed que no le diréis a
nadie quién es Castiel.-les dijo Lys.
-Pero si en verdad no lo sabemos... Las
sospechas solo las sabes tú.
-¿Se lo decimos?-le pregunté a
Castiel.
-Bueno, si no se lo contamos ahora no
nos dejaran en paz. Bueno, a vosotras, Cami y Eli, solo deciros que
como le hagáis daño a mi Hatsu, lo tendréis bastante mal.
-Espera. ¿¡TU Hatsu!?-preguntó Cami,
sorprendida.
-Sí, SU Hatsu.-le respondí yo.
-Y bueno, a vosotros dos...-dijo
mirando a Len y a Suguro.- ¡Como habéis crecido! Dentro de poco me
alcanzáis, hermanitos.
Suguro y Len se quedaron en shock,
mientras que Cami nos miraba a los tres alternativamente.
-Espera, ¿¡qué!?-preguntó Cami.
-Sí, es mi hermano Kaito, el que se
marchó antes de que pudiera volver a casa. Por eso soy SU Hatsu,
porque soy SU hermana.
Miré a mis hermanos. Suguro y Len
estaban con los ojos vidriosos y abrazándose la una al otro.
-¿Qué pasa? ¿Es que después de
tanto tiempo no le vais a dar un abrazo a vuestro hermano mayor?-dijo
Castiel abriendo sus brazos.-Y por favor, llamadme Castiel. Y no se
lo digáis a padre ni a madre, ¿de acuerdo?
-Sí.-dijeron mis hermanos a la vez
mientras se levantaban y corrían a los brazos de Castiel, para
abrazarlo.
-Todavía cabe una más...-dijo
mientras me miraba a mí.
Yo sonreí y me lancé junto a mis
hermanos. Por fin volvíamos a estar los cuatro, juntos. Alcé la
cabeza y miré fijamente a Castiel. Él me miró con ternura y amor.
Cuando nos separamos, Lys me cogió de la cintura y me acercó más a
él. Yo le miré y él me miró con mucho amor, más del que nadie
antes me había dado. Estaba feliz. Por fin estaba contenta.
Entonces, escuché como Nana me llamaba, por los que me alejé de
ellos, mientras seguían hablando e intentando salir del shock al que
los habíamos metido. Me acerqué hasta ella, parecía feliz.
-¿Qué fue lo que hablasteis cuando
mis hermanos, Lys y yo estábamos fuera?
-Bueno, pues... Mejor siéntate. Creo
que después vas a saltar o a desmayarte o a hacer cualquier locura.
-Vale...-dije intrigada y mirando de
reojo a Nana.
-Vale, te digo que... ¡vas a tener un
hermano más!
-Espera, ¿¡qué!?
-¡Lo que has oído! Pero no se lo
digas a tu padre. Sabes que no quiere más hijos... No sabemos lo que
vamos a hacer con él, pero no vamos a matarlo antes de nacer.
-¿Se lo puedo contar a mis amigos?
-Claro, pero eso, que no se lo cuenten
a tu padre.
-Claro que no. Pero... ¿podrías venir
un momento?
-Claro, ¿a dónde vamos?
-Te quiero presentar a una persona...
No hay comentarios:
Publicar un comentario