Aquel día fue el peor en toda mi vida
con diferencia. En el recreo me escondí de todos. La última hora la
pasé castigada y me dejaron salir media hora antes para volver sola.
Antes de salir, vi que el conserje tenía la marca, también era un
Aniquilador. Todos los Aniquiladores me enseñaban la marca y se
reían de mí, de lo que me iba a pasar. Al llegar a casa, mis padres
se mostraron preocupados.
-¿Cómo es que vuelves tan temprano,
hija?-me preguntó mi madre.
-No tengo ganas de hablar, madre.-dije
mientras subía las escaleras y olvidaba que poco a poco se estaba
muriendo mi antiguo yo, y estaba naciendo un yo que no me gustaba.
Gamberra, egoísta y vaga. Me asustaba
verme de aquella forma. Pero lo que más miedo me daba era la
soledad. Cogí mi móvil. Sabía que no debería, pero no aguantaba
el no poder hablar con nadie. Vi que ya habían pasado las tres y le
envié un mensaje. “Lo siento. Yo no quiero hacer esto pero...
Perdóname. No hagas preguntas. Y menos a Carly.” No me gustó. Lo
borré. Entonces, Megurine, es decir, mi madre, me llamó.
-¡Tienes cartas!-me dijo desde abajo.
-¡Ya voy!-dije mientras bajaba
arrastrando los pies.
Suponía que sería de Carly, pero me
equivoqué. Era de Grace.
“Querida princesa: Sé que deseáis
hablar con vuestro novio, pero que no podéis porque no os lo
permiten. Si vos me permitís, decidme a mí lo que le queráis decir
y yo, en vuestro nombre, se lo diré. Gracias por leer mi carta y
robarle un poco de su tiempo, Grace.”
Era una idea que no se me había
ocurrido. Al ser ella una infiltrada, se lo podría decir a ella sin
que nadie se enterara y ella, sigilosa como un lobo, se lo diría a
Lys. Me alegré. No demasiado, pues si lo hacía, se darían cuenta.
Llegó las tres y esperé el cuarto de hora que había entre el
instituto y mi casa. A los veinte minutos, Lys estaba llamando en la
puerta.
-¿Quién es?-pregunté, fingiendo que
no sabía quién era.
Me senté en mi escritorio, cogí un
papel y un bolígrafo, y empecé a escribir. “No puedo hablar
contigo, Lys. Espero que lo entiendas. Te amo, pero ahora mismo no
puedo decirte el por qué no puedo hablar contigo. Llegará una chica
que se llama Grace y te dirá por qué. Confía en ella. Nos
hablaremos mediante ella, ¿de acuerdo? Gracias por comprenderlo.”
-Soy yo. Soy Lys. Ábreme, por favor.
Necesito hablar contigo.
-Un momento.-dije mientras doblaba el
papel en dos con lo escrito hacia adentro y escribía en la parte que
se veía: “Léelo en casa. Solo.”
Me acerqué al cristal. Abrí un poco.
Le tendí la carta en secreto, y él, viendo que vigilaba de un lado
para otro, la escondió. Se lo agradecí internamente.
-¿Qué quieres?
-Quiero hablar contigo. Lo necesito.
Necesito saber qué te pasa.
-No me pasa nada, Lys.
-¿Es por mi apellido?
-¡No, no, no! ¡Que no se te ocurra
nunca más eso! ¡Preferiría morir antes que decirte que por tu
apellido voy a cortar contigo! Yo te amo. Pero por favor, vete.
Necesito descansar. Me han pasado muchas cosas por la cabeza y creo
que me va a estallar. ¿De acuerdo?
-Bueno, supongo. Pero en cuanto te
encuentres mejor, necesito hablar contigo.
-De acuerdo.
Lys se marchó a su casa, y, antes de
entrar, me miró una última vez. Yo entré en mi habitación y me
puse a hacer los deberes.
Narra Lys.
Sostenía la carta en mi mano. Nada más
entrar, había echado la cortina y me había sentado en mi cama,
sintiendo que algo me ardía. Hatsu no quería hablar, pero, sin
embargo, me daba una carta para comunicarse conmigo. Al terminar de
leer la carta, me quedé petrificado. No me había imaginado lo que
había oído en la habitación de Carly. Ella era la enemiga. Y
quería destruir a Hatsu tanto por dentro como por fuera. Me levanté.
No podía dejar las cosas así. Descorrí las cortinas y salí. Salté
al balcón de Hatsu y llamé.
-¡Hatsu! ¡Tengo que hablar contigo
ahora mismo!
-Te he dicho que me duele la
cabeza...-dijo asomándose por la ventana, que ella había abierto un
poco.
La empujé suavemente hacia dentro,
pues si era cierto, la estarían vigilando.
-Lys, por favor, márchate.
-Escúchame durante un minuto. Si crees
que después de eso no debería haber hablado contigo, me iré y
hablaremos en otro momento.
-De acuerdo. Empieza.
-Hatsu, lo sé. Lo sé todo. Sé que
Carly te está manipulando. Y sé que lo va a seguir haciendo hasta
que te destrocen por dentro y por fuera y te puedan capturar
fácilmente. Luego nos apresarán a todos. ¿Por qué no me lo habías
contado? Me enteré el otro día. Se lo escuché decir a Carly.
-Ya he puesto todas vuestras vidas en
peligro. Carly... léelo.-me dijo tendiéndome una carta.
La leí en silencio. Al terminar, vi su
cara agachada, demostrando que lo único que quería era protegernos.
Yo asentí en silencio y me fui, llevándome conmigo la carta. Iba a
haber una reunión de todo el grupo sin Hatsu. Para hablar sobre
aquello y sobre cómo deberíamos actuar.
Narra Grace.
Vi al novio de mi ama salir disparado
hacia la antigua casa de Hatsu y le seguí. Me interpuse en su
camino.
-Por favor, apártate.-dijo mientras se
echaba a la izquierda.
-No. Soy Grace.-dije mientras me echaba
a la izquierda para impedirle el paso.
-¿Y?-dijo cortante.
-Grace. La Grace de la carta. Por la
que os comunicaréis.
-¿Eh?-dijo mientras me miraba
extrañado.
-Hatsu y tú.
Él se sorprendió y me cogió de la
mano, mientras me arrastraba hasta el palacio. Al llegar allí, el
chico cogió un caballo y me indicó que me subiera con él.
-No, gracias. Yo soy más de correr.
-Como quieras, pero si en algún
momento te cansas, no te esperaré.
-Tú a mí no me conoces.-dije mientras
salía corriendo junto al animal.- ¿A dónde vamos?-pregunté
mientras corría de espaldas.
-¡Cuida...! ¿Cómo has podido
esquivar una cosa que no ves?
-¿A dónde vamos?-dije ignorando su
pregunta.
-Al bosque. Allí hay una caseta y...
-Vale, te espero allí.-dije mientras
corría como un lobo, rápido, certero y letal.
Al llegar allí, bebí un poco del agua
y respiré profundamente. Entonces llegó el chico.
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Lysandro, pero llámame Lys.
-De acuerdo, Lys.
Sentí un escalofrío. El invierno
estaba tornando a un cariz más frío.
-Vayamos dentro.-pedí.
-Claro. Por cierto, ¿cómo es que has
llegado tan rápido? Y además... Esos ojos... Me suenan de algo.
-Tal vez los hayas visto en algún
lobo. Soy un licántropo. El año pasado me transformé por primera
vez. Y por eso mi rapidez.
-Ah. Pues sí, será de eso. Bueno, voy
a celebrar una reunión con el grupo para contarles lo de Hatsu,
-Ah, ¿ya lo sabes?-pregunté
sorprendida.
-Sí.
-Bueno, no todo.
-¿Y cómo puedes saber tú el que yo
no lo sé todo?
Le enseñé la marca, y al instante, se
puso a la defensiva.
-Fuera.
-Soy una infiltrada. Jamás haría daño
a Hatsu.
-¿Por qué debería creerte?
-Otro más que no me cree. Luz
verdadera, ilumina mi piel con la luz de la primavera.-dije mientras,
justo encima de la marca, aparecía una corona.
-¿Y eso que quiere decir?
-Mi familia siempre ha estado en deuda
con la suya. Y como somos sigilosos como lobos, hacemos de espías.
Y, te tengo que contar una cosa... un poco dolorosa.
-¿Qué?
-Al principio, Hatsu se irá alejando
de todos vosotros. Luego, cortará contigo. Y sufrirá tanto al
dejarte ir, que se quedará desconsolada. Además, al haberse quedado
sin Dulce para que la cuide, le dolerá aún más y puede que incluso
se desmaye.
-Luego la secuestrarán y la matarán.
Y con ella, nosotros.-terminó con expresión sombría.
-Exacto. Llama a los demás y
explícales todo. Pero antes dime, ¿a quiénes vas a llamar?
-A Eli, a Hilay, a Cami, a Castiel, a
Dajan, a Poks, a Moi y a Ken, por supuesto.
-¿¡Ken!?-pregunté extrañada.-Nadie
me había informado del espía...-susurré.
-¿Qué quieres decir?
-Si llamas a Ken y se lo cuentas todo,
tanto vosotros como ella moriréis. Ken es un Aniquilador.
La cara de Lys se quedó petrificada de
inmediato. Después de parpadear un par de veces, empezó a llamar a
todos excepto a Ken.
-No llames a nadie. Todo tiene que
seguir su curso.-respondí al cabo de un rato.
-¿Qué? ¿Estás loca? ¿Quieres que
nos capturen?
-No, escúchame. Debe parecer que
habéis roto, que ella se separa de todas sus amigas. Hoy... Ha hecho
una cosa terrible solo por vosotros.
-¿Qué... Qué es lo que ha
hecho?-dijo indeciso por saber si quería saberlo o no.
-Ha... ha matado a una chica. Al menos,
la despojó del dolor pero... No creo que ella esté a gusto ahora
mismo en su piel. Y si te lo estoy contando es porque... te voy a
quitar la memoria. No toda, pero debes dejar que todo suceda.
-Pero eso... no...-dijo antes de
desmayarse.
Le había dado un somnífero sin que él
se hubiera dado cuenta. Me acerqué a él y le hice beber un amnésico
a corto plazo. Luego, lo cogí y lo llevé a su casa. Cuando entré,
un chico pelirrojo me sorprendió. Deposité a Lys en el suelo y me
arrodillé.
-Alteza.-dijo con la mirada gacha.
-¿Quién eres, cómo lo sabes y qué
haces aquí?
-¿Sabéis el plan de los
Aniquiladores?
-¿Es que eres uno de ellos y vienes a
llevarme contigo?
-Soy uno de ellos, pero soy una
infiltrada. Responded, os lo pido.
-Sí, lo sé.
-¿Y me haríais el favor de tomaros
este té que he preparado para vos?-dije alzado un té con un
somnífero y amnésico.
-No sé si debería fiarme de usted.-me
contestó el príncipe.
-Luz verdadera, ilumina mi piel con la
luz de la primavera.-dije mientras mostraba la muñeca.
-Ajá, uno de los nuestros. Lo tomaré,
entonces.
-Muchísimas gracias.-dije mientras
veía como se tomaba el vaso de té entero.- Y descansad.
-¿Por qué dices... eso...?-dijo
mientras caía al suelo.
Le recogí justo antes de que se cayera
al suelo. Lo llevé hasta un sofá y lo deposité allí, dejándome
la nota mental de que debería llevarle a su habitación después.
Volví a coger a Lys y lo dejé en su habitación. Y me encontré con
Hatsu.
-¿Habéis venido a hablar con él?-dije
refiriéndome a Lys.
-Sí. ¿Está dormido?
-Parece ser que sí. Princesa, si me
dejáis que os dé un consejo...
-Claro, habla.
-Seguid las instrucciones de los
Aniquiladores. Tal vez os puedan parecer crueles, pero al final todo
se resolverá.-dije mientras me inclinaba y me disponía a marcharme.
-¡Esperad!
No hay comentarios:
Publicar un comentario