miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 27


Aquel día fue el peor en toda mi vida con diferencia. En el recreo me escondí de todos. La última hora la pasé castigada y me dejaron salir media hora antes para volver sola. Antes de salir, vi que el conserje tenía la marca, también era un Aniquilador. Todos los Aniquiladores me enseñaban la marca y se reían de mí, de lo que me iba a pasar. Al llegar a casa, mis padres se mostraron preocupados.
-¿Cómo es que vuelves tan temprano, hija?-me preguntó mi madre.
-No tengo ganas de hablar, madre.-dije mientras subía las escaleras y olvidaba que poco a poco se estaba muriendo mi antiguo yo, y estaba naciendo un yo que no me gustaba.
Gamberra, egoísta y vaga. Me asustaba verme de aquella forma. Pero lo que más miedo me daba era la soledad. Cogí mi móvil. Sabía que no debería, pero no aguantaba el no poder hablar con nadie. Vi que ya habían pasado las tres y le envié un mensaje. “Lo siento. Yo no quiero hacer esto pero... Perdóname. No hagas preguntas. Y menos a Carly.” No me gustó. Lo borré. Entonces, Megurine, es decir, mi madre, me llamó.
-¡Tienes cartas!-me dijo desde abajo.
-¡Ya voy!-dije mientras bajaba arrastrando los pies.
Suponía que sería de Carly, pero me equivoqué. Era de Grace.
“Querida princesa: Sé que deseáis hablar con vuestro novio, pero que no podéis porque no os lo permiten. Si vos me permitís, decidme a mí lo que le queráis decir y yo, en vuestro nombre, se lo diré. Gracias por leer mi carta y robarle un poco de su tiempo, Grace.”
Era una idea que no se me había ocurrido. Al ser ella una infiltrada, se lo podría decir a ella sin que nadie se enterara y ella, sigilosa como un lobo, se lo diría a Lys. Me alegré. No demasiado, pues si lo hacía, se darían cuenta. Llegó las tres y esperé el cuarto de hora que había entre el instituto y mi casa. A los veinte minutos, Lys estaba llamando en la puerta.
-¿Quién es?-pregunté, fingiendo que no sabía quién era.
Me senté en mi escritorio, cogí un papel y un bolígrafo, y empecé a escribir. “No puedo hablar contigo, Lys. Espero que lo entiendas. Te amo, pero ahora mismo no puedo decirte el por qué no puedo hablar contigo. Llegará una chica que se llama Grace y te dirá por qué. Confía en ella. Nos hablaremos mediante ella, ¿de acuerdo? Gracias por comprenderlo.”
-Soy yo. Soy Lys. Ábreme, por favor. Necesito hablar contigo.
-Un momento.-dije mientras doblaba el papel en dos con lo escrito hacia adentro y escribía en la parte que se veía: “Léelo en casa. Solo.”
Me acerqué al cristal. Abrí un poco. Le tendí la carta en secreto, y él, viendo que vigilaba de un lado para otro, la escondió. Se lo agradecí internamente.
-¿Qué quieres?
-Quiero hablar contigo. Lo necesito. Necesito saber qué te pasa.
-No me pasa nada, Lys.
-¿Es por mi apellido?
-¡No, no, no! ¡Que no se te ocurra nunca más eso! ¡Preferiría morir antes que decirte que por tu apellido voy a cortar contigo! Yo te amo. Pero por favor, vete. Necesito descansar. Me han pasado muchas cosas por la cabeza y creo que me va a estallar. ¿De acuerdo?
-Bueno, supongo. Pero en cuanto te encuentres mejor, necesito hablar contigo.
-De acuerdo.
Lys se marchó a su casa, y, antes de entrar, me miró una última vez. Yo entré en mi habitación y me puse a hacer los deberes.
Narra Lys.
Sostenía la carta en mi mano. Nada más entrar, había echado la cortina y me había sentado en mi cama, sintiendo que algo me ardía. Hatsu no quería hablar, pero, sin embargo, me daba una carta para comunicarse conmigo. Al terminar de leer la carta, me quedé petrificado. No me había imaginado lo que había oído en la habitación de Carly. Ella era la enemiga. Y quería destruir a Hatsu tanto por dentro como por fuera. Me levanté. No podía dejar las cosas así. Descorrí las cortinas y salí. Salté al balcón de Hatsu y llamé.
-¡Hatsu! ¡Tengo que hablar contigo ahora mismo!
-Te he dicho que me duele la cabeza...-dijo asomándose por la ventana, que ella había abierto un poco.
La empujé suavemente hacia dentro, pues si era cierto, la estarían vigilando.
-Lys, por favor, márchate.
-Escúchame durante un minuto. Si crees que después de eso no debería haber hablado contigo, me iré y hablaremos en otro momento.
-De acuerdo. Empieza.
-Hatsu, lo sé. Lo sé todo. Sé que Carly te está manipulando. Y sé que lo va a seguir haciendo hasta que te destrocen por dentro y por fuera y te puedan capturar fácilmente. Luego nos apresarán a todos. ¿Por qué no me lo habías contado? Me enteré el otro día. Se lo escuché decir a Carly.
-Ya he puesto todas vuestras vidas en peligro. Carly... léelo.-me dijo tendiéndome una carta.
La leí en silencio. Al terminar, vi su cara agachada, demostrando que lo único que quería era protegernos. Yo asentí en silencio y me fui, llevándome conmigo la carta. Iba a haber una reunión de todo el grupo sin Hatsu. Para hablar sobre aquello y sobre cómo deberíamos actuar.
Narra Grace.
Vi al novio de mi ama salir disparado hacia la antigua casa de Hatsu y le seguí. Me interpuse en su camino.
-Por favor, apártate.-dijo mientras se echaba a la izquierda.
-No. Soy Grace.-dije mientras me echaba a la izquierda para impedirle el paso.
-¿Y?-dijo cortante.
-Grace. La Grace de la carta. Por la que os comunicaréis.
-¿Eh?-dijo mientras me miraba extrañado.
-Hatsu y tú.
Él se sorprendió y me cogió de la mano, mientras me arrastraba hasta el palacio. Al llegar allí, el chico cogió un caballo y me indicó que me subiera con él.
-No, gracias. Yo soy más de correr.
-Como quieras, pero si en algún momento te cansas, no te esperaré.
-Tú a mí no me conoces.-dije mientras salía corriendo junto al animal.- ¿A dónde vamos?-pregunté mientras corría de espaldas.
-¡Cuida...! ¿Cómo has podido esquivar una cosa que no ves?
-¿A dónde vamos?-dije ignorando su pregunta.
-Al bosque. Allí hay una caseta y...
-Vale, te espero allí.-dije mientras corría como un lobo, rápido, certero y letal.
Al llegar allí, bebí un poco del agua y respiré profundamente. Entonces llegó el chico.
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Lysandro, pero llámame Lys.
-De acuerdo, Lys.
Sentí un escalofrío. El invierno estaba tornando a un cariz más frío.
-Vayamos dentro.-pedí.
-Claro. Por cierto, ¿cómo es que has llegado tan rápido? Y además... Esos ojos... Me suenan de algo.
-Tal vez los hayas visto en algún lobo. Soy un licántropo. El año pasado me transformé por primera vez. Y por eso mi rapidez.
-Ah. Pues sí, será de eso. Bueno, voy a celebrar una reunión con el grupo para contarles lo de Hatsu,
-Ah, ¿ya lo sabes?-pregunté sorprendida.
-Sí.
-Bueno, no todo.
-¿Y cómo puedes saber tú el que yo no lo sé todo?
Le enseñé la marca, y al instante, se puso a la defensiva.
-Fuera.
-Soy una infiltrada. Jamás haría daño a Hatsu.
-¿Por qué debería creerte?
-Otro más que no me cree. Luz verdadera, ilumina mi piel con la luz de la primavera.-dije mientras, justo encima de la marca, aparecía una corona.
-¿Y eso que quiere decir?
-Mi familia siempre ha estado en deuda con la suya. Y como somos sigilosos como lobos, hacemos de espías. Y, te tengo que contar una cosa... un poco dolorosa.
-¿Qué?
-Al principio, Hatsu se irá alejando de todos vosotros. Luego, cortará contigo. Y sufrirá tanto al dejarte ir, que se quedará desconsolada. Además, al haberse quedado sin Dulce para que la cuide, le dolerá aún más y puede que incluso se desmaye.
-Luego la secuestrarán y la matarán. Y con ella, nosotros.-terminó con expresión sombría.
-Exacto. Llama a los demás y explícales todo. Pero antes dime, ¿a quiénes vas a llamar?
-A Eli, a Hilay, a Cami, a Castiel, a Dajan, a Poks, a Moi y a Ken, por supuesto.
-¿¡Ken!?-pregunté extrañada.-Nadie me había informado del espía...-susurré.
-¿Qué quieres decir?
-Si llamas a Ken y se lo cuentas todo, tanto vosotros como ella moriréis. Ken es un Aniquilador.
La cara de Lys se quedó petrificada de inmediato. Después de parpadear un par de veces, empezó a llamar a todos excepto a Ken.
-No llames a nadie. Todo tiene que seguir su curso.-respondí al cabo de un rato.
-¿Qué? ¿Estás loca? ¿Quieres que nos capturen?
-No, escúchame. Debe parecer que habéis roto, que ella se separa de todas sus amigas. Hoy... Ha hecho una cosa terrible solo por vosotros.
-¿Qué... Qué es lo que ha hecho?-dijo indeciso por saber si quería saberlo o no.
-Ha... ha matado a una chica. Al menos, la despojó del dolor pero... No creo que ella esté a gusto ahora mismo en su piel. Y si te lo estoy contando es porque... te voy a quitar la memoria. No toda, pero debes dejar que todo suceda.
-Pero eso... no...-dijo antes de desmayarse.
Le había dado un somnífero sin que él se hubiera dado cuenta. Me acerqué a él y le hice beber un amnésico a corto plazo. Luego, lo cogí y lo llevé a su casa. Cuando entré, un chico pelirrojo me sorprendió. Deposité a Lys en el suelo y me arrodillé.
-Alteza.-dijo con la mirada gacha.
-¿Quién eres, cómo lo sabes y qué haces aquí?
-¿Sabéis el plan de los Aniquiladores?
-¿Es que eres uno de ellos y vienes a llevarme contigo?
-Soy uno de ellos, pero soy una infiltrada. Responded, os lo pido.
-Sí, lo sé.
-¿Y me haríais el favor de tomaros este té que he preparado para vos?-dije alzado un té con un somnífero y amnésico.
-No sé si debería fiarme de usted.-me contestó el príncipe.
-Luz verdadera, ilumina mi piel con la luz de la primavera.-dije mientras mostraba la muñeca.
-Ajá, uno de los nuestros. Lo tomaré, entonces.
-Muchísimas gracias.-dije mientras veía como se tomaba el vaso de té entero.- Y descansad.
-¿Por qué dices... eso...?-dijo mientras caía al suelo.
Le recogí justo antes de que se cayera al suelo. Lo llevé hasta un sofá y lo deposité allí, dejándome la nota mental de que debería llevarle a su habitación después. Volví a coger a Lys y lo dejé en su habitación. Y me encontré con Hatsu.
-¿Habéis venido a hablar con él?-dije refiriéndome a Lys.
-Sí. ¿Está dormido?
-Parece ser que sí. Princesa, si me dejáis que os dé un consejo...
-Claro, habla.
-Seguid las instrucciones de los Aniquiladores. Tal vez os puedan parecer crueles, pero al final todo se resolverá.-dije mientras me inclinaba y me disponía a marcharme.
-¡Esperad!

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