miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 32


-Tú no te llamas Amanda, ¿verdad?-dije con cara apesadumbrada.
Ella giró la cabeza hacia un lado. Y me miró, fijamente.
-Te llamas... ¿Por qué? ¿Por qué te le apareces a él? No diré tu nombre. Porque deseo que sea mentira.
-¿Salvarás al mundo, elegida?
Cerré los ojos. Sabía lo que diría. Me dolería, pero era allí donde vivía mi pueblo y todas las personas y seres. Una lágrima se derramó por mi mejilla. Kay y Amanda supieron mi decisión. Lys no.
-¿Qué te pasa?
-¿Cuándo tendría que salir?
-¿Qué? No lo dirás en serio... Acabamos de conocernos. Por favor, no vayas, te lo suplico...
-¿Y ver como morimos todos? Lo siento Lys, mi decisión está echada. Tan solo confía en mí. Yo sí volveré. Te lo prometo. Te dejo al cargo de Dulce. Coge esto.-dije mientras sacaba un pequeño collar del bolsillo de mi vestido y lo dejaba sobre las manos de Lys.- Mientras Dulce esté cerca de esto no morirá. Dulce, quédate con él.
-Pero...
-No, Dulce. Debes obedecerme y lo sabes. Quédate con él.
-Hatsu yo... Te deseo suerte.-dijo mientras unas lágrimas salían de sus pequeños ojillos.
-Hatsu, te lo vuelvo a pedir, no te marches sin mí.
-Debo ir sola, Lys. Te amo. Recuerda, eso no pueden quitártelo. Nadie. Recuérdalo cuando me añores. Mi corazón está contigo.
-¿Y qué pasará con la fiesta de esta noche?
-Mañana por la mañana deberemos salir. Podrás ir a esa fiesta, elegida.
-De acuerdo. Lysandro, aprovechemos este último día antes de mi viaje, ¿no quieres?
-Hacía tiempo que no me llamabas Lysandro.
Le besé. Dulce, Amanda y Kay se alejaron un poco para dejarnos intimidad.
-Márchate ahora conmigo, por favor...
-No puedo. Debo ir...-dijimos entre besos cortos.
-¿Te harías mía esta noche?
Sabía lo que conllevaría eso. Tener que separarme de él sería mucho más difícil. Además, no estaba preparada.
-Yo... Lo siento. No estoy preparada.
-Tranquila. Solo lo preguntaba porque tal vez, cuando vuelvas del viaje, seas otra y no te reconozca.
-No cambiaré. Te lo prometo.
-Prométemelo llevándote esto.-dijo mientras me daba un colgante con una esmeralda.- El verde siempre fue mi color favorito. Si cuando vuelvas lo llevas puesto, te seguiré queriendo. Si no lo llevas... -cerró los ojos.- Si no lo llevas deberé preguntártelo, pero seguramente de lo dolido que esté no te crea.
-De acuerdo. Lo llevaré siempre puesto. Jamás lo perderé. Te lo prometo.-dije mientras me lo ponía.
De repente, sentí un temblor.
-¿Pero qué...?
Abrí los ojos. Estaba en la habitación de Lys, acostada en su cama. Me intenté incorporar pero llevaba algo demasiado pesado y no pude. Me miré los brazos para saber si tenía algo pesado enganchado. Y las vi. Eran pequeñas, como si fueran de una niña de ocho años. Me miré como pude el resto del cuerpo. Los pies que deberían salir por debajo del vestido estaban sepultadas por éste y las orejas de gato se habían caído.
-¿Qué me ha pasado?-dije.
Noté como mi voz había cambiado al igual que todo mi cuerpo. Me había convertido...
-Te he transformado en una niña de ocho años. Vamos, que te he rejuvenecido.
-¡Tú!
-Sí, yo.-dijo una voz familiar.
Me deshice del vestido y me puse en condición de atacar con cualquier hechizo mágico. Aún estando semidesnuda, era lo único que podía hacer.
-Pequeña, te ves tan ridícula así... Por cierto, gracias por haberme librado de una copia de mí mismo. Ya me tenía un poco harto...-dijo desviando la mirada.- Ya sé, como recompensa te daré algo de ropa.-dijo mientras movía la mano.
Me miré. Tenía un vestido verdes con florecillas rojas por encima y llevaba dos coletitas con mi corto pelo.
-Gracias.-mascullé.
-De nada pequeña. Bueno, creo que por ahora será suficiente. Me retiro a estudiar un poco pequeña...
-¡Espera! ¿Cuándo me dormiste?
-Bueno, volviste aquí para soltar tu diadema,-dijo señalándola.- y te dormí. Creí que así me sería más fácil transformarte y... así ha sido. ¡Au revoir, pequeña!-dijo marchándose.
Me sentí impotente por no poder pararle los pies.
-¿Y ahora qué hago? Nadie me reconocerá así y ninguno me creerá... A no ser... ¡Sí! ¡Ellas me ayudaran!-exclamé.
Abrí la puerta como pude y salí corriendo hacia la puerta principal.
-¡Ey! ¿Quién eres tú?-dijo una voz cogiéndome.
-¡No! ¡Castiel, déjame!
-¿Cómo sabes mi nombre, renacuaja?
-Porque todas las de primaria suspiramos por ti, idiota.-dije metiéndome con él.
-¡Eh! Dime la verdad, mocosa. ¿Te has perdido, te has encontrado la puerta abierta y has entrado?
-No. Castiel, ¡suéltame ya! Tengo que irme.
-No. Te vienes conmigo. Dime, ¿dónde vives?-dijo mientras me soltaba en el suelo y me sacaba de la mano al umbral.
-¿Tengo que decir tu verdadero nombre, Castiel?-dije mirándole con cara sádica.
-¿Eh? ¿Qué otro nombre?
-¡No te hagas el tonto! Yo sé cuál es tu verdadero nombre, ¡yo soy Hatsu!
-Pequeña, no sé quién eres, pero estoy segura de que no eres Hatsu. Ella tiene unos años menos de mi edad, no ocho años.
Me enfadé. Le dije la verdad y no me creyó. Pegué un tirón de la mano de la que me agarraba y salí corriendo. Una pequeña lágrima caía por mi mejilla, en ese entonces rosada. Castiel salió corriendo detrás de mí, pero vi a Lysandro subiendo.
-¡Lys! ¡Ayúdame! ¡Castiel me quiere coger!-dije mientras le usaba de escudo humano.
-Castiel, ¿quién es esta niña?
-¡Soy Hatsu!
-Oh, pequeña, no creo que seas Hatsu. Hatsu es mi novia, tiene mi edad y es más alta.
-¡Nadie me cree! Pensé que tú sí me creerías, Lys...-dije mientras otra lágrima salía rodando.- ¡Recuérdame, recuérdame! ¡RECUÉRDAME!-dije mientras le cogía las manos con fuerza.
-Chica, no sé a quién quieres que recuerde... Pero tú no eres Hatsu.
Le solté las manos. Mi cara se ensombreció. Más lágrimas volvieron a salir. Ellos esperaban que llorara como una niña de mi edad. Por suerte o por desgracia, lloré como lo hacía yo. Salí corriendo. Lo único que podía hacer para volver a la normalidad eran recurrir a ellas. Ellas, que me acompañaron de pequeña. Ellas, que me ayudaron en los momentos en los que aún Dulce no estaba. Ellas, las hadas. “Por cierto, ¿dónde está Dulce?” Entonces me di cuenta de que la piedra a la que no debía separarse mucho estaba en el vestido que había dejado atrás. “Bueno, Lys la cuidará. Y además, seguramente esté dormida” pensé más aliviada. Terminé de bajar las escaleras. Miré a ambos lados y salí corriendo hacia mi antigua casa, el palacio.
-¡Espera, pequeña!-gritó una voz en lo alto de las escaleras.
-¡Nya! ¡No cruces Eli!-gritó mi amiga gata.
Me giré justo al tiempo de ver como un camión se aproximaba hacia mí. Sentí un empujón y caí al suelo, a salvo. Pero no vi a Eli por ninguna parte. Miré donde estaba hacia unos instantes. Allí estaba. El camión había parado un momento y se había marchado.
-¡No huyas, cobarde! ¡Nya, Eli!-gritó Cami dispuesta a degollar al conductor.
Salí corriendo hacia Eli.
-¡Eli! No te mueras, Eli, no te mueras...-dije intentando pasar su herida a mí.- No... No puedo...
-¿Qué no puedes?-me preguntó la gata con ojos llorosos.
-¡Eli!-grité al cielo.
La cogí como pude en mi pequeña espalda y poco a poco conseguí llegar hasta el palacio cuando Cami no miraba. Di un paso, di otro. Notaba como la respiración de Eli iba disminuyendo. Tropecé. Me volví a levantar. No podía rendirme. Ahora no.
-¡Carly!-grité nada más entrar al castillo.
-¿Quién me llama?
-Cuida de ella unos instantes, ¿quieres?-le supliqué.
-¿Cómo te llamas, pequeña?
-Soy Hatsu. Pero no me creerás...
-Pues no, pequeña, no te creo. Hatsu es mi hermana y...
-Sois gemelas, es más alta y tiene más años que yo. Sí, ya lo sé. Cuídala.
Corrí hacia el patio al ver que Carly asentía al ver por fin a Eli. Allí, entré al bosque. Pisando donde estaban las huellas. Poco a poco. Paso a paso. Llegué a un claro rodeado de árboles. Me senté como lo hacía de pequeña, cerré los ojos e intenté recordar la canción.
-Nemuru... Suripu... Watashi wa sono ko... No, así no era... Nemuru... Suripu... Watashi wa anata... No tampoco era así... ¡No recuerdo como era! Oh, por qué no recuerdo como era...-dije mientras una lágrima caía.- Una última vez... Nemuru... Suripu... Anata sono ko... ¡Sí! ¡Era así! Nemuru... Suripu... Anata sono ko... Anata sono ko, watashi neru mo...
Seguí cantando la canción mientras unas cuántas lucecitas se asomaban desde lo árboles. Me miraban, inquietas, felices, dudosas y asombradas. Terminé de cantar la canción cuando abrí los ojos. No vi a ninguna de las hadas que de pequeña me cuidaban. “Me habré equivocado...” pensé tristemente. Más lágrimas comenzaron a salir.
-No sé qué hacer para que ellas vengan...-susurré entre sollozos suavemente.- Eli a punto de morir, yo en este estado...
-Canta otra canción.-escuché.
Abrí los ojos y me fijé nuevamente entre los árboles. Decidí cantar una que estaba componiendo desde hacía varios días.
-No sé si hago bien, no sé si hago mal, no sé si decirlo, no sé si callar. Que es esto que siento tan dentro de mí, hoy me pregunto si amar es así. Mientras algo, me habló de ti; mientras algo, crecía en mí. Encontré las respuestas a mi soledad, ahora sé que vivir es soñar. ¡Ahora sé que la tierra es el cielo, te quiero, te quiero!-canté mientras las lucecitas se amontonaban a mi alrededor, danzando.- ¡Que en tus brazos ya no tengo miedo, te quiero, te quiero! ¡Que me extrañas con tus ojos, te creo, te creo!-terminé de cantar.
-¡Hatsu, eres tú!-dijeron las luces.
-Menos mal que me habéis reconocido... Nadie lo ha hecho.
-Pero han pasado muchas primaveras, ¿cómo es que sigues igual que la última vez?
-Por un hechizo que me han lanzado. ¿Todavía podéis concederme un deseo?
-Sí, claro. Como siempre lo hicimos.-dijo una voz un poco más dulce y serena que las que me habían reconocido.
-Tengo... Tengo a una amiga que está muriéndose. La han atropellado. ¿Podríais...?
-Sí, claro. ¿Pero no preferirías convertirte de nuevo en la Hatsu actual?
-Sí, me gustaría. Pero si por mí pierdo a una amiga... No podría vivir con eso. Curadla. Ella es ahora mismo lo más importante.
-De acuerdo, así se hará. ¡Hadas sanadoras! ¡Id! Y que os vaya bien.-dijo antes de desaparecer entre los árboles.
-Ahora debo irme. Aprenderé a convivir con esto.-dije mientras me volvía a mirar.
-Bueno, ya sabes que para cualquier otra cosa estamos aquí.-dijeron antes de marcharse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario