-¡Cómo se te ocurre decirle que me
gusta!
-¿Qué...?
Le di una torta más, con la que se
despertó totalmente.
-¡Cómo se te ocurre decirle que me
gusta!-le repetí.
-Tú a él también le gustas... Es
más, casi le da algo cuando le dije que Suguro te estaba diciendo
que tú a él le gustabas. Al parecer a ti también te ha dado
algo.-añadió entre risas.
Le di una colleja.
-¿Cómo se os ocurre?-les pregunté a
la pareja de hermanos.- Estas cosas pasan cuando tienen que pasar, no
cuando vosotros queráis. Suguro,-dije mientras la miraba.- ¿a ti te
hubiera gustado que yo le hubiera dicho a Álex que él te gustaba?
-No, la verdad es que no...
-Contra mí no tienes nada.-dijo
sabiéndose seguro.
-¿Sí? ¿En serio lo crees? ¿Te
hubiera gustado que yo le hubiera dicho a cierta señorita lo que tú
y yo sabemos?
-No, pues claro que no.
-Ves como sí tenía algo con lo que
acorralarte...-dije mirándole.- Chicos, no volváis a hacer esto.
Imaginad por un momento que uno de los dos hubiera dicho que no, que
no estaba enamorado, que simplemente estaba siendo amable. ¿Qué le
hubiera pasado al otro?
-Se hubiera quedado destrozado...-dijo
Suguro con la cabeza agachada.
-Anda, vete a dormir, Len. Y Suguro,
vámonos a dormir.
Me acosté. Suguro se acostó a mi
lado. Cuando conseguí dormirme, una dulce voz que no sabía
identificar me sacó de los sueños.
-Lo siento mucho, Hatsune.
Cuando me giré para ver quién me
había pedido perdón, no había nadie. Volví a acostarme y me
dormí.
(Al día siguiente...)
Me desperté. Tenía todavía el
vestido blanco que le había comprado a Lys y la cinta. No me había
molestado nada el nudo que Lys me había hecho. Se notaba que sabía.
Oí como llamaban a mi casa, por lo que me levanté y fui corriendo
hasta la puerta, la abrí y cogí a Cami hasta la casa de Lys. Con el
alboroto, Lys y Len se habían despertado. Bueno, ellos y todos.
-¡Hatsu! ¿Qué haces aquí? ¿Tu casa
no es la de al lado?
Yo asentí y ella me miró los ojos.
-Entiendo... Lo siento. ¿Te ha hecho
algo?
-No, Lys, mi vecino, nos ayudó.
-Bueno, pues será mejor que nos
preparemos para ir al instituto, ¿no?-dijo Cami con una sonrisa.
-Sí. Lys... Eh... Voy a ir a mi casa
con esta gata loca, ¿vale?
-Claro, mientras que tu padre no te
haga nada...
-No te preocupes. Ante esta gata loca
se muestra todo un caballero. Menos que tú, pero algo es algo.-dije
entre risas.
Cami, Len, Suguro y yo fuimos hasta la
habitación de Lys, salimos al balcón y saltamos hasta el nuestro.
Les pedí que se fueran a su cuarto lo mas silenciosamente posible,
ya que mi padre es de sueño ligero. Todos nos cambiamos y cogimos
las mochilas. Yo me puse la ropa que solo yo diseñaba y
confeccionaba. Me puse una camiseta que dejaba mi hombro al aire. En
ella, había una frase: “Todas somos guapas a nuestra manera” con
efecto desgastado. También unos pantalones cortos, vaqueros y
blancos. Volvimos a saltar hasta la casa de Lys y desde allí nos
fuimos los cuatro. Lys dijo que tenía que esperar a alguien, a saber
quién. Mis hermanos se habían matriculado un día antes que yo, por
lo que ellos fueron yendo a clase antes que Cami y yo. Estaba
nerviosa. En cuanto viera los nombres sabrían quien era yo. Antes de
entrar, Cami y yo nos abrazamos. Ella sabía lo que pasaría. Respiré
hondo y entramos.
-Buenos días, señoritas.
-Buenos días directora. Aquí le
traemos la matrícula.-dijo Cami tendiéndole la matrícula.
La directora lo cogió y miró los
datos más importantes, nombre del alumno y nombres de los padres.
Asintió y se lo dio a Nath, que también estaba presente. Se giró e
hizo como si lo guardara, pero antes lo veía. Tragué saliva. Le
tendí mi matrícula. Miró los nombres. Pensó. Tres, dos y...
-¡Aquí no se toleran este tipo de
bromas, señorita!
-No es ninguna broma.
-Entonces... ¿tenemos este gran honor?
-Sí, lo tenéis. Pero me gustaría que
permaneciera en secreto.-dije mirando alternativamente a la directora
y a Nathaniel.
-Cla-Claro...
Volvió a tendérselo a Nathaniel, que
tenía el ceño fruncido. E hizo lo mismo. Me miró, sorprendido.
Cogí el brazo de Cami y salimos. Tiré de ella para irnos lo más
lejos posible. En ese momento, sentí como alguien me cogía del
brazo. Me giré. Era Nathaniel.
-¿De... De verdad?
-Sí. De verdad.
-Lo siento si el otro día me porté
mal contigo.
-Tranquilo, no hiciste nada malo.
Solo... no se lo digas nadie, ¿de acuerdo?
-Como vos mandéis.
-Lo haces... Como todos... ¡Como
todos!-grité en mitad de todo el pasillo.
Cami ya me había soltado hacía tiempo
y salí corriendo. Quise desaparecer, como casi siempre que me
trataban demasiado formal. Vi un pequeño árbol donde no había
nadie. Me escondí allí. Estaba llorando. Todo el mundo lo hacía.
¿Por qué no me podían tratar como a todo el mundo? La sirena sonó,
y con ella me senté en el suelo. Recogí mis piernas y las abracé.
Sentí como una mano me tocó el hombro, pero rápidamente apartó la
mano. Levanté mi rostro hacia la persona que me había tocado el
hombro. Era Lys.
-¿Qué te pasa Hatsu?
-Na-Nada...
-Tranquila. Aunque no te pase nada,
¿quieres que me quede contigo?
-Va-Vale.-dije entre sollozos.
Lysandro se sentó al lado mía y pasó
su brazo por mi espalda mientras me abrazaba muy fuerte. Dejé que mi
rostro se hundiera en su pecho, que mis lágrimas mojaran su ropa. No
podía pensar, simplemente quería desaparecer. Él me abrazó más
fuerte.
-L-Lys.-dije mientras intentaba
tranquilizarme.- ¿No deberíamos estar en la clase?
-No creo que pase nada. Además, tú
necesitas un poco de tiempo, aún no sé porqué, pero si lo
necesitas, tal y como estaba Nath de asustado, seguro que te lo dan.
-Ya, pero mi padre me reñirá.
-Pero para eso está tu vecino, ¿no?-me
dijo mientras me sonreía amablemente.
-S-Sí...-dije recordando que Len le
había dicho a Lys que él a mí me gustaba.
Me separé poco a poco de él, aunque
en verdad no quería. Pareció que él también se acordó y se
ruborizó. Yo me tranquilicé mucho y miré la hora en el reloj
analógico que llevaba. Faltaban cinco minutos para que terminara la
primera clase y me levanté. Me limpié lo más que pude y ayudé a
Lys a que se levantase. Cuando estábamos a medio camino, sonó la
sirena, por lo que pudimos entrar sin encontrarnos al profesor (o
profesora) de esa hora. Ya me inventaría una excusa después. Cogí
los apuntes de Cami y me dispuse a copiarlos, cuando una chica rubia,
con el pelo ondulado y ojos verdes, seguida por dos chicas, se me
acercó.
-Tú eres la nueva, ¿no?
-Sí, yo soy la nueva. ¿Por?-dije
poniendo mi voz más neutral.
-Verás, te quiero aclarar una cosa.
¿Sabes quién soy yo?
-La verdad es que no sé tu nombre,
pero por el parecido supongo que serás familia de Nathaniel. Aparte,
supongo que serás la chica más popular, ya que tienes dos chicas
que intentan parecerse a ti. Además, por las miraditas que le estás
echando al pelirrojo, supongo que serás alguna chica coladita por
él.-dije dejándola boquiabierta.- Ah, sí, ya recuerdo tu nombre.
Eres Ámber.
-¿Cómo...? ¿Quién te lo ha dicho?
-Bueno, simplemente he hecho como mi
personaje de libros favorito, Sherlock Holmes con un toque de Doctor,
mi personaje de serie favorita, Doctor Who. Simplemente es deducción.
-Bueno, ese sitio es el MÍO. Así que
ya te puedes ir quitando de ahí.
En ese momento, Nathaniel entró en la
clase y al ver a Ámber hablando conmigo, se acercó más rápido que
el rayo.
-¡Ámber! ¡Déjala en paz!
-¿Por qué, Nath? ¿Por qué le tengo
que dejar en paz?
Yo aparté la vista, incómoda.
-Tranquilo, Nathaniel. No me estaba
incomodando, ahora mismo le iba a cederle el sitio, que es lo que
ella me ha pedido.-dije mientras cogía la mochila y me ponía en el
único sitio libre, al lado de un chico con gafas de culo de botella.
-¡Hola!, soy Ken, encantado. Eres
nueva, ¿verdad?
-Sí, soy nueva, soy Hatsune, Hatsu
para los amigos. Encantada.
-Vaya, te llamas igual que...
Rápidamente, le tapé la boca. No
quería que se supiera. Pocas personas sabían quién era.
-Espera, tú no te llamas Ken, ¿verdad?
Tú eres Kentin. ¿De verdad no te acuerdas de mí? Estuviste
invitado a mi fiesta.
-¿Eh? ¿Cómo sabes tú eso? Espera...
solo he ido a una fiesta. ¿De verdad eres tú, Hatsu? ¡Sí, eres
tú!
En ese momento, el profesor entró.
-Sentaos, hoy tenemos dos nuevas
alumnas. ¿Os queréis presentar?
Las dos asentimos y nos levantamos,
hasta llegar al profesor.
-Yo soy Camila, pero no me gusta que me
llamen así. O me llamáis gata loca o me llamáis Cami.
-Muy bien, Cami. ¿Nos podrías decir
tus apellidos?
-Sí. Soy Camila Shinzo Tsuchiya.
-Muy bien, te puedes sentar. Ahora tú.
¿Cómo te llamas?
-Soy Hatsune, Hatsu para los amigos.
-¿Tus apellidos?
Aparté la mirada. En cuanto lo
supieran me tendrían miedo y se marcharían. La cosa era que Lys
estaba allí. Por ahora le gustaba pero... Si decía mi nombre y
apellidos... Todos lo sabrían. Incluso él. Y entonces ya...
-¿Señorita Hatsu?
-Me gustaría no tener que decirlos.
-Pero los tienes que decir. Dígale a
su clase ahora mismo sus apellidos.
-Miku Kagamine.
-Vale, dejémonos de bromas. Díganoslo
ahora mismo.
-No es una broma. Me llamo Hatsune Miku
Kagamine.
El profesor se acercó a su mesa y
cogió el parte. Miró la lista y me vio. Hatsune Miku Kagamine.
-Ah, p-perdona. Bu-Bueno, si-siéntate.
-Claro.
Me volví a mi asiento. La hora pasó
lenta, muy lentamente. Todos los alumnos me prestaban más atención
a mí que a las explicaciones del profesor. Cami se había sentado
detrás de Lys, por lo que tal vez éste no se hubiera enterado.
Cuando sonó la sirena, los chicos hicieron corro a mi alrededor.
-¿De verdad te llamas Hatsune Miku
Kagamine?
Sin responder a la pregunta, me levanté
y me fui. Me encontré a la directora.
-Perdone, directora.
-¿Sí?
-Me gustaría que a mí y a Cami me
cambiase de clase. Y esta vez, que no tenga que decir mi nombre
completo. Todos los alumnos han escuchado mi nombre, y saben quién
soy. Por una vez me gustaría no tener que irme.-le rogué a la
directora.
-Cla-Claro que sí, Hatsu.
-Hatsu, si a ti te cambian de clase, yo
también me quiero cambiar.-dijo Lys, que estaba detrás mía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario