miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 28


-¿Qué os pasa?-me preguntó.
-¿Cómo que se resolverá? No os entiendo.
-Y no debéis. Y hacedme un favor, no le habléis sobre los planes de Carly a él. A nadie.-me dijo mientras se iba sigilosa.
Estaba cansada. Me dirigí hacia la cama de Lys. Él estaba acostado en la cama, boca arriba. Le di un pequeño beso en los labios y me acosté a su lado. Le cogí de la mano y me la acerqué a mi cara. Entrelacé su mano con las dos mías. Cada vez tenía más frío. Me acerqué todo lo que pude y cuando sentí que el calor no salía por los poros de mi piel, el cansancio me venció, haciéndome caer en un sueño profundo. (***) Me levanté. Lys me estaba mirando, con sus ojos, cada uno de diferente color. Al verle, me sonrojé.
-Hola.
-Hola. Espero no haberte molestado...
-No, claro que no.-me dijo él mientras se levantaba y tiraba de mi mano con él.-Ven.
-¿A dónde me llevas?
-Solo faltan dos días. Pero yo ya tengo hecho tu vestido. Es más, he hecho dos, por si no te gustaba uno.
-¡Los quiero ver, los quiero ver!-dije ilusionada como una niña pequeña.
-De acuerdo.
Me llevó hasta su armario, lo abrió y vi dos vestidos perfectamente planchados y colgados en dos perchas. Eran preciosos. El primero, un vestido rosa oscuro, con una sola manga. Por la parte que iría el otro brazo, había un cinta del mismo color para hacerse un lazo, pero antes de eso, unas cuerdas para atártelas en el brazo. La otra manga era ancha y tenía unas cadenas rodeándola, dándole forma como de estar encarcelada o amarrada a algo que no me gustaba, además de que iba a parte y en cualquier momento me la podría quitar. La falda se dividía en tres partes, dos oscuras a los lados y la más clara, casi blanca, en el centro. Las dos partes oscuras, se dividían en sí en una última, más brillante. La falda era muy corta, pero tapaba lo suficiente. Los zapatos eran del mismo color que el vestido y se ataban justo por debajo de la rodilla, y en el tobillo, un lazo. La parte que se unía la falda con la parte de arriba, estaba rematada por muchos lazos, todos del mismo color que el vestido pero más brillantes que el resto. La parte de arriba era más oscura, pero sin llegar al negro. Para atarla, tenía unas cuerdas negras que pasaban de un lado a otro, como unas zapatillas que vi hacía muchísimo tiempo. Para que el vestido no se cayera, también se ataba a la garganta, que estaba coronada al frente por una rosa rosa oscura. Había una diadema en la que posaban el mismo tipo de flor que la del cuello y una corona muy graciosa, pero muy cuca. Al verlo, me caí de rodillas.
-¡Dámelo!-pedí desde el suelo.
-Primero levántate.-me dijo ofreciéndome su mano.
Le cogí la mano rápidamente y me impulsé para levantarme. Acabé en los brazos de Lys, y me abrazó para que no me cayera. Le miré a los ojos y vi que el amor que sentía por él era el único que sentiría en toda la vida. Sonreí. Él apartó la mirada y se ruborizó. Yo me aparté de él con una sonrisa. Él me tendió el vestido y entré en su baño para probármelo. Al salir, Lys se quedó anonadado. Estaba hermosa. Algo provocadora, pero guapísima. Volví a entrar y me quité el vestido. Salí ya con mi ropa. Al salir, Lys me cogió entre sus brazos y me besó.
-Deberíamos decirle a mis padres que estoy saliendo con un mafioso, ¿no?-dije mientras sonreía, sabiendo y adivinando la respuesta de Lys.
-Mejor que sea nuestro secreto, ¿no?
Me reí, asentí y le besé. Sabía que me iban ha hacer cortar con él, pero todavía no lo habían dicho. Bebí de ese beso como si fuera el último que le fuera a dar en toda mi vida y rogué para que nunca terminara. Al separarme, Lys desapareció. Le busqué por todas partes, pero no le encontré. Busqué a Castiel, tampoco. Salí fuera y miré las calles, vacías. Y era hora punta. Miré el cielo. Estaba descendiendo hasta llegar a mí. Volví a mirar las calles, esperando ver a la gente desesperada. Nadie. Estaba sola. “Tranquila, te pondrás bien.” Grité. Pero nadie me respondió.
Narra Carly.
Estaba al lado de Hatsu. Hacia poco que sus amigos me habían llamado para que me quedara con ella. Estaba sudando. Poco a poco le secaba el sudor de la frente.
-Tranquila, te pondrás bien.
Se removió, nerviosa. Le agarré la mano. Y justo entonces abrió los ojos. Se soltó de mi agarre como si mi mano le quemara. Le miré con ternura, y vi que ella me miraba con odio y desprecio.
-¿Qué haces tú aquí? Es más, ¿qué hago yo aquí?
-Tus amigos me llamaron diciéndome que iban a por nuestros hermanos y que yo me quedara aquí contigo por si alguien de los Aniquiladores planeaba secuestrarte.
-¡Pero si tú eres una de ellos!
-¿Eso es lo que estabas soñando? ¿Por eso te agitabas nerviosa y se veía tu rostro entristecido? No lo soy. Y jamás, JAMÁS seré de una organización que planea matarnos a todos. No. Eso sí que no.
-Ven conmigo y enseñarme todo tu cuerpo, para asegurarme de que no tienes la marca y poder confiar en ti.-me dijo mientras se incorporaba.
-No puedes andar. Tienes un principio de GUILT ahí metido.-dije mientras le señalaba el pie.
-Pues entonces asegúrate de que nadie pueda verte y hazlo.-me ordenó, con frialdad.
Yo se lo perdoné, pues lo estaba pasando fatal. Salí a la puerta y ordené a dos enfermeros que nadie entrase en la sala, bajo ningún concepto, hasta que se avisara. Eché las cortinas y empecé a desnudarme. Cuando me volví a poner la ropa, ya que Hatsu se había quedado más tranquila, mi móvil empezó a sonar.
-¿Diga?-respondí.
Había visto que me llamaba Lys, pero me temía lo peor.
-¿Hablo con la novia de el dueño de este móvil?
-Sí.-dije para proteger a Hatsu.
-Bien, le tengo preso. A él y a sus amigos. Ya sabrás quiénes somos. Bien, te queremos a ti por tus amigos.
Abrí los ojos de par en par y por los ojos empecé a ver borroso, y entendí que los ojos se me veían vidriosos. Me llevé la mano al pecho, donde descansaba un colgante que hacía mucho tiempo me regaló Hatsu. Ésta me miraba interrogante, sabiendo que algo malo estaba pasando.
-¿Qué pasa?-me preguntó.
Llevé el índice a la comisura de mis labios, pidiendo silencio.
-¿Cómo te llamas?
-Eso es lo de menos.
-Bien, pues te llamaré Edu.
-¿Cómo sabes cómo...? Tú no eres la novia del chico, ¿me equivoco?
-No, soy la tuya. Y si me quieres, suéltalos, a los chicos y a mis hermanos y ven con ellos.
-Carly, yo... No puedo hacer eso. Ven conmigo y soltaré a los chicos. Pero no puedo escaparme así como así.
-Bien, entonces, olvídate de mí, Edu.-dije fríamente.
-Espera.-“Lo sabía.” pensó mi adivinadora mente.
-¿Qué?
-Lo haré. Pero espero que después me protejas. Irán a por mí.
-Lo sé, Edu. Y claro que lo haré. ¿Cómo puedes pensar que dejaré que ellos te cojan?
-No lo pienso. Confío en ti. Deja un carruaje en el almacén del puerto número 12. Allí te los llevaré. Tendremos que salir rápidamente, puesto que el almacén 13 es de los Aniquiladores.
-De acuerdo. Así lo haré. Que los cielos te protejan, Edu.
-Que los cielos nos protejan a todos.-dijo Edu mientras colgaba.
-¿Quién era, qué pasaba, qué quería?
-Era mi novio, Edu. Nos estaba diciendo que era tu vida por la de tus amigos, pero al final, me ha prometido que nos escaparemos todos.
-¿Podemos fiarnos de él?
-Sí.

Narra Lys.
Estábamos todos encerrados. Yo estaba en la reja, mirando el suelo, apenado. No habíamos conseguido nuestro objetivo.
-¿Y ahora? ¿Nos rendiremos sin más?-preguntó Castiel, a quién lo habían tomado como uno de nosotros.
-Pues no sé.-dije resignado.-Podríamos escapar pero... Nos volverían a coger.
-Eso no pasará.-dijo uno de ellos.- Vengo a liberaros. A vosotros. Y también a vosotros.-dijo refiriéndose a algunas personas que estaban en otra celda.
Vi que dos personas, muy parecidas entre ambos, se acercaban rápidamente a la reja. Los conocía. Eran los hermanos de Hatsu.
-¡Len, Suguro!
-¡Chicos! ¿Qué hacéis ahí?-me preguntó Suguro.
-Vinimos a rescataros pero...-dijo Ken.
-Fracasamos.-terminó Dajan.
-Bueno, ¿queréis salir de ahí y volver con vuestra hermana y con vuestra amiga o no?
-Sí, claro. Pero tú lo que quieres es tendernos una trampa.
-No.-dijo mientras negaba con la cabeza y los ojos cerrados.- Carly es mi novia. Me ha pedido que os deje escapar y que me vaya con vosotros. Y lo voy a hacer.-dijo mientras nos miraba fijamente.
Abrió la puerta y nos condujo con cadenas hasta llegar al exterior. Allí, nos guió con paso rápido hacia el almacén contiguo. En aquel lugar, una carroza esperaba ser montada por doce personas, las justas que habíamos. Montamos rápidamente y salimos corriendo. No nos habían visto, pero no tardarían en darse cuenta de nuestro escape. Al llegar a nuestra casa, casi todos bajaron. Todos excepto Rin, Len, Castiel, el chico misterioso y yo.
-Llamadnos en cuanto lleguéis al hospital e id informándonos, ¿ok?-preguntó Eli, preocupada.
-Sí, claro. Os llamaremos tanto si mejora como si empeora.
-Esperemos que mejore...-dijo Cami entristecida y preocupada.
-Sí. Te informaré sobre todo.-le dijo Castiel.
-Gracias.-le respondió Cami.
-Bueno, nos vamos.-dijo el chico misterioso.
-Antes de irte... ¿Cómo te llamas?-preguntó Eli.
-Me llamo Eduardo, pero no me gusta. Edu.
-Vale, Edu. Pues cuando puedas, que Carly nos presente como es debido.
-De acuerdo. Adiós.
-Hasta luego.-dijeron Eli y Cami a la vez.
El carruaje nos llevó rápidamente hacia el hospital. Al llegar, nos dirigimos hacia la sala, y allí estaba Hatsu y Carly.
-¡Edu!
-¡Carly!-dijo mientras se abrazaban.
Al separarse, me reuní con Hatsu junto con sus hermanos.
-¡Len, Suguro! ¡Menos mal que estáis bien!-dijo cerrando los ojos mientras se le escapaba una lágrima.-¿Me harías el favor, Suguro?
-Claro que sí, hermana.-dijo mientras le curaba el pie.- Ya está. No podrás levantarte y tendrás que guardar reposo.
-Ya. ¿Tú crees que el suficiente como para perderme el baile?
-No, tranquila, no te lo perderás.
Yo sonreí. La cogí en brazos y ella se agarró a mi cuello. Ella miró hacia un rincón y luego cerró los ojos.
Narra Hatsu.
Vi a Kai allí quieto, sin hablar. Cerré los ojos y sonreí. Me apoyé en el pecho de Lys y éste me dio un beso en la frente. Agarré más fuerte su cuello para saber que aquello era la realidad y no un sueño.
-Llévame a casa.-le pedí a Lys.
 

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