-¿Qué os pasa?-me preguntó.
-¿Cómo que se resolverá? No os
entiendo.
-Y no debéis. Y hacedme un favor, no
le habléis sobre los planes de Carly a él. A nadie.-me dijo
mientras se iba sigilosa.
Estaba cansada. Me dirigí hacia la
cama de Lys. Él estaba acostado en la cama, boca arriba. Le di un
pequeño beso en los labios y me acosté a su lado. Le cogí de la
mano y me la acerqué a mi cara. Entrelacé su mano con las dos mías.
Cada vez tenía más frío. Me acerqué todo lo que pude y cuando
sentí que el calor no salía por los poros de mi piel, el cansancio
me venció, haciéndome caer en un sueño profundo. (***) Me levanté.
Lys me estaba mirando, con sus ojos, cada uno de diferente color. Al
verle, me sonrojé.
-Hola.
-Hola. Espero no haberte molestado...
-No, claro que no.-me dijo él mientras
se levantaba y tiraba de mi mano con él.-Ven.
-¿A dónde me llevas?
-Solo faltan dos días. Pero yo ya
tengo hecho tu vestido. Es más, he hecho dos, por si no te gustaba
uno.
-¡Los quiero ver, los quiero ver!-dije
ilusionada como una niña pequeña.
-De acuerdo.
Me llevó hasta su armario, lo abrió y
vi dos vestidos perfectamente planchados y colgados en dos perchas.
Eran preciosos. El primero, un vestido rosa oscuro, con una sola
manga. Por la parte que iría el otro brazo, había un cinta del
mismo color para hacerse un lazo, pero antes de eso, unas cuerdas
para atártelas en el brazo. La otra manga era ancha y tenía unas
cadenas rodeándola, dándole forma como de estar encarcelada o
amarrada a algo que no me gustaba, además de que iba a parte y en
cualquier momento me la podría quitar. La falda se dividía en tres
partes, dos oscuras a los lados y la más clara, casi blanca, en el
centro. Las dos partes oscuras, se dividían en sí en una última,
más brillante. La falda era muy corta, pero tapaba lo suficiente.
Los zapatos eran del mismo color que el vestido y se ataban justo por
debajo de la rodilla, y en el tobillo, un lazo. La parte que se unía
la falda con la parte de arriba, estaba rematada por muchos lazos,
todos del mismo color que el vestido pero más brillantes que el
resto. La parte de arriba era más oscura, pero sin llegar al negro.
Para atarla, tenía unas cuerdas negras que pasaban de un lado a
otro, como unas zapatillas que vi hacía muchísimo tiempo. Para que
el vestido no se cayera, también se ataba a la garganta, que estaba
coronada al frente por una rosa rosa oscura. Había una diadema en la
que posaban el mismo tipo de flor que la del cuello y una corona muy
graciosa, pero muy cuca. Al verlo, me caí de rodillas.
-¡Dámelo!-pedí desde el suelo.
-Primero levántate.-me dijo
ofreciéndome su mano.
Le cogí la mano rápidamente y me
impulsé para levantarme. Acabé en los brazos de Lys, y me abrazó
para que no me cayera. Le miré a los ojos y vi que el amor que
sentía por él era el único que sentiría en toda la vida. Sonreí.
Él apartó la mirada y se ruborizó. Yo me aparté de él con una
sonrisa. Él me tendió el vestido y entré en su baño para
probármelo. Al salir, Lys se quedó anonadado. Estaba hermosa. Algo
provocadora, pero guapísima. Volví a entrar y me quité el vestido.
Salí ya con mi ropa. Al salir, Lys me cogió entre sus brazos y me
besó.
-Deberíamos decirle a mis padres que
estoy saliendo con un mafioso, ¿no?-dije mientras sonreía, sabiendo
y adivinando la respuesta de Lys.
-Mejor que sea nuestro secreto, ¿no?
Me reí, asentí y le besé. Sabía que
me iban ha hacer cortar con él, pero todavía no lo habían dicho.
Bebí de ese beso como si fuera el último que le fuera a dar en toda
mi vida y rogué para que nunca terminara. Al separarme, Lys
desapareció. Le busqué por todas partes, pero no le encontré.
Busqué a Castiel, tampoco. Salí fuera y miré las calles, vacías.
Y era hora punta. Miré el cielo. Estaba descendiendo hasta llegar a
mí. Volví a mirar las calles, esperando ver a la gente desesperada.
Nadie. Estaba sola. “Tranquila, te pondrás bien.” Grité. Pero
nadie me respondió.
Narra Carly.
Estaba al lado de Hatsu. Hacia poco que
sus amigos me habían llamado para que me quedara con ella. Estaba
sudando. Poco a poco le secaba el sudor de la frente.
-Tranquila, te pondrás bien.
Se removió, nerviosa. Le agarré la
mano. Y justo entonces abrió los ojos. Se soltó de mi agarre como
si mi mano le quemara. Le miré con ternura, y vi que ella me miraba
con odio y desprecio.
-¿Qué haces tú aquí? Es más, ¿qué
hago yo aquí?
-Tus amigos me llamaron diciéndome que
iban a por nuestros hermanos y que yo me quedara aquí contigo por si
alguien de los Aniquiladores planeaba secuestrarte.
-¡Pero si tú eres una de ellos!
-¿Eso es lo que estabas soñando? ¿Por
eso te agitabas nerviosa y se veía tu rostro entristecido? No lo
soy. Y jamás, JAMÁS seré de una organización que planea matarnos
a todos. No. Eso sí que no.
-Ven conmigo y enseñarme todo tu
cuerpo, para asegurarme de que no tienes la marca y poder confiar en
ti.-me dijo mientras se incorporaba.
-No puedes andar. Tienes un principio
de GUILT ahí metido.-dije mientras le señalaba el pie.
-Pues entonces asegúrate de que nadie
pueda verte y hazlo.-me ordenó, con frialdad.
Yo se lo perdoné, pues lo estaba
pasando fatal. Salí a la puerta y ordené a dos enfermeros que nadie
entrase en la sala, bajo ningún concepto, hasta que se avisara. Eché
las cortinas y empecé a desnudarme. Cuando me volví a poner la
ropa, ya que Hatsu se había quedado más tranquila, mi móvil empezó
a sonar.
-¿Diga?-respondí.
Había visto que me llamaba Lys, pero
me temía lo peor.
-¿Hablo con la novia de el dueño de
este móvil?
-Sí.-dije para proteger a Hatsu.
-Bien, le tengo preso. A él y a sus
amigos. Ya sabrás quiénes somos. Bien, te queremos a ti por tus
amigos.
Abrí los ojos de par en par y por los
ojos empecé a ver borroso, y entendí que los ojos se me veían
vidriosos. Me llevé la mano al pecho, donde descansaba un colgante
que hacía mucho tiempo me regaló Hatsu. Ésta me miraba
interrogante, sabiendo que algo malo estaba pasando.
-¿Qué pasa?-me preguntó.
Llevé el índice a la comisura de mis
labios, pidiendo silencio.
-¿Cómo te llamas?
-Eso es lo de menos.
-Bien, pues te llamaré Edu.
-¿Cómo sabes cómo...? Tú no eres la
novia del chico, ¿me equivoco?
-No, soy la tuya. Y si me quieres,
suéltalos, a los chicos y a mis hermanos y ven con ellos.
-Carly, yo... No puedo hacer eso. Ven
conmigo y soltaré a los chicos. Pero no puedo escaparme así como
así.
-Bien, entonces, olvídate de mí,
Edu.-dije fríamente.
-Espera.-“Lo sabía.” pensó mi
adivinadora mente.
-¿Qué?
-Lo haré. Pero espero que después me
protejas. Irán a por mí.
-Lo sé, Edu. Y claro que lo haré.
¿Cómo puedes pensar que dejaré que ellos te cojan?
-No lo pienso. Confío en ti. Deja un
carruaje en el almacén del puerto número 12. Allí te los llevaré.
Tendremos que salir rápidamente, puesto que el almacén 13 es de los
Aniquiladores.
-De acuerdo. Así lo haré. Que los
cielos te protejan, Edu.
-Que los cielos nos protejan a
todos.-dijo Edu mientras colgaba.
-¿Quién era, qué pasaba, qué
quería?
-Era mi novio, Edu. Nos estaba diciendo
que era tu vida por la de tus amigos, pero al final, me ha prometido
que nos escaparemos todos.
-¿Podemos fiarnos de él?
-Sí.
Narra Lys.
Estábamos todos encerrados. Yo estaba
en la reja, mirando el suelo, apenado. No habíamos conseguido
nuestro objetivo.
-¿Y ahora? ¿Nos rendiremos sin
más?-preguntó Castiel, a quién lo habían tomado como uno de
nosotros.
-Pues no sé.-dije resignado.-Podríamos
escapar pero... Nos volverían a coger.
-Eso no pasará.-dijo uno de ellos.-
Vengo a liberaros. A vosotros. Y también a vosotros.-dijo
refiriéndose a algunas personas que estaban en otra celda.
Vi que dos personas, muy parecidas
entre ambos, se acercaban rápidamente a la reja. Los conocía. Eran
los hermanos de Hatsu.
-¡Len, Suguro!
-¡Chicos! ¿Qué hacéis ahí?-me
preguntó Suguro.
-Vinimos a rescataros pero...-dijo Ken.
-Fracasamos.-terminó Dajan.
-Bueno, ¿queréis salir de ahí y
volver con vuestra hermana y con vuestra amiga o no?
-Sí, claro. Pero tú lo que quieres es
tendernos una trampa.
-No.-dijo mientras negaba con la cabeza
y los ojos cerrados.- Carly es mi novia. Me ha pedido que os deje
escapar y que me vaya con vosotros. Y lo voy a hacer.-dijo mientras
nos miraba fijamente.
Abrió la puerta y nos condujo con
cadenas hasta llegar al exterior. Allí, nos guió con paso rápido
hacia el almacén contiguo. En aquel lugar, una carroza esperaba ser
montada por doce personas, las justas que habíamos. Montamos
rápidamente y salimos corriendo. No nos habían visto, pero no
tardarían en darse cuenta de nuestro escape. Al llegar a nuestra
casa, casi todos bajaron. Todos excepto Rin, Len, Castiel, el chico
misterioso y yo.
-Llamadnos en cuanto lleguéis al
hospital e id informándonos, ¿ok?-preguntó Eli, preocupada.
-Sí, claro. Os llamaremos tanto si
mejora como si empeora.
-Esperemos que mejore...-dijo Cami
entristecida y preocupada.
-Sí. Te informaré sobre todo.-le dijo
Castiel.
-Gracias.-le respondió Cami.
-Bueno, nos vamos.-dijo el chico
misterioso.
-Antes de irte... ¿Cómo te
llamas?-preguntó Eli.
-Me llamo Eduardo, pero no me gusta.
Edu.
-Vale, Edu. Pues cuando puedas, que
Carly nos presente como es debido.
-De acuerdo. Adiós.
-Hasta luego.-dijeron Eli y Cami a la
vez.
El carruaje nos llevó rápidamente
hacia el hospital. Al llegar, nos dirigimos hacia la sala, y allí
estaba Hatsu y Carly.
-¡Edu!
-¡Carly!-dijo mientras se abrazaban.
Al separarse, me reuní con Hatsu junto
con sus hermanos.
-¡Len, Suguro! ¡Menos mal que estáis
bien!-dijo cerrando los ojos mientras se le escapaba una lágrima.-¿Me
harías el favor, Suguro?
-Claro que sí, hermana.-dijo mientras
le curaba el pie.- Ya está. No podrás levantarte y tendrás que
guardar reposo.
-Ya. ¿Tú crees que el suficiente como
para perderme el baile?
-No, tranquila, no te lo perderás.
Yo sonreí. La cogí en brazos y ella
se agarró a mi cuello. Ella miró hacia un rincón y luego cerró
los ojos.
Narra Hatsu.
Vi a Kai allí quieto, sin hablar.
Cerré los ojos y sonreí. Me apoyé en el pecho de Lys y éste me
dio un beso en la frente. Agarré más fuerte su cuello para saber
que aquello era la realidad y no un sueño.
-Llévame a casa.-le pedí a Lys.
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