martes, 30 de abril de 2013

Capítulo 3


Rápidamente, me volví a meter en el probador, donde me quité el vestido blanco y me puse el siguiente. Este era un vestido también blanco, pero solo por la parte de abajo, la última de las capas. Tenía varios volantes dorados antes de la capa blanca. Este vestido era sin mangas, y por detrás se cerraba con una cremallera que estaba algo escondida. No pude ponerme bien la cremallera.
-Cami, ¿puedes venir un momento?
-Claro.
Cuando entró, con cuidado de que Lysandro no me viera, me ayudó a ponerme la cremallera y la escondió todo lo que pudo. Luego me hizo girarme para verme.
-Guau, ¡con este vestido arrasarás!
-¡Calla!
-Y tranquila, que no le diré a Lysandro que eres una princesa.-me dijo susurrando.
Volví a ponerme nerviosa mientras ella salía.
-¡Hatsu, no salgas! ¡Vamos a hacer un juego!
-¿Qué clase de juego?-preguntamos a la vez Lysandro y yo. Yo me puse colorada, menos mal que estaba en...
-¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-grité de pronto al ver que Cami había abierto la cortina del probador. Cuando me fijé un poco más, Lysandro estaba con los ojos cerrados. Bueno, más bien los tenía cerrados por culpa de Cami.
-¡Hatsu!
-¿Qué quieres, Cami?
-¡Que salgamos corriendo con los vestidos mientras este esté con los ojos cerrados!-gritó Cami mientras salía corriendo.
En ese momento, Cami salió corriendo, y Lysandro abrió los ojos y se volvió para mirar en dirección a la puerta. Yo empecé a reírme. ¿De verdad se había creído Lysandro que yo me iría sin pagar?
-Tu amiga se ha ido corriendo...
-Déjala, ella es así.
Lysandro se unió a mis risas. Me senté al lado suya. Él se fue acercando poco a poco, sin yo darme cuenta, hasta que me cogió de la mano.
-Me suenas de algo. Tus ojos, tu risa y el tacto de tu mano... ¿Dónde nos hemos visto? ¿Dónde te he conocido?
Yo aparté mi mirada y volví la cabeza. Lysandro me agarró de la barbilla y me hizo girar la cabeza.
-Si no quieres contestar, vale, de acuerdo, lo acepto. Pero no me niegues el sol de tus ojos.
Mi boca esbozó una sonrisa, me levanté y volví al probador. Me volví a poner mi vestido rojo oscuro y salí. Le di los nueve euros a Lysandro y salí. Cami estaba hablando con Leight, a ella siempre le había gustado más la ropa que estaba fuera, pero siempre, desde pequeña, había querido convertirse en princesa. “Y en diseñadora”, recordé.
-Cami, ¿nos vamos?
-¡Claro! Espera, te presento al hermano de Lysandro.
-Vaya, eres la primera que le compra ropa a mi hermano. Debe gustarte bastante el mismo estilo de ropa que a Lys, ¿no?
-Bueno, sí... Me encanta este tipo de ropa. Cami, ve yendo, ahora te alcanzo.
-¡Vale! ¡Hasta mañana, Leight! ¡Hasta mañana Lysandro!-se despidió Cami.
-Oye, Leight, ¿me harías un favor?
-¿Cuál?
-¿Podrías enseñarle a Cami-dije señalándole a la gatita loca que me esperaba en la puerta- a diseñar y a confeccionar vestidos y demás? Es su sueño.
-Claro, a mí no me importa.
-Gracias. ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana!-me gritaron los hermanos.
Salí corriendo hacia Cami, que me esperaba de espaldas, y me abalancé sobre ella, haciéndola caer.
-¡Aaaaah! ¡Que me matan!-gritó Cami.
-¡Gatita loca! ¡Calla! ¡Que soy yo!
-¡Aaaaah! ¡Que Hatsu me mata!
Cami y yo nos empezamos a reír. Me levanté todavía entre risas y le ayudé a levantarse. Cuando nos tranquilizamos un poco, volví a mirar el vestido que tanto me había gustado. Entonces vi como Lysandro salía corriendo hacia nosotras.
-¡Esperad! Se me había olvidado. Ven.
Le volví a acompañar a dentro, cogió el vestido que me había enamorado a primera vista y me lo dio.
-Toma.
-¡Pero si no tengo dinero!
-Te dije que te lo regalaría. ¿Cierto? Toma. Quédatelo. Te ha encantado, no digas que no.
-Sí, pero... Me sabe mal no pagarte nada. ¿Hay algo que pueda hacer para compensarte?
-No, tranquila. Solo hay una cosita...
-¿El qué?
-Que tú y Cami no me llaméis Lysandro, prefiero Lys. Mis amigos me llaman Lys.
-¿Estás diciendo que tú y yo somos amigos?
-Claro, ¿hay algún problema?
-No-No, cla-claro que no.
-¿Te pasa algo?
-No, es... es simplemente que... hace tiempo que nadie quiere ser amigo mío.
-¿Nadie?
-Bueno, una vez conocen mi secreto... No, nadie.
-¿Tu secreto? Supongo que por ser un secreto no me lo vas a decir pero... me has dejado con la intriga.-dijo un poco mirándome con más atención.
-Bu-Bueno,-dije poniéndome colorada.- me tengo que ir. Hasta otra, Lys.-dije poniéndole énfasis a la última palabra.
-Hasta mañana, Hatsu.
Me di la vuelta y salí corriendo. Cami me seguía esperando fuera, y cuando vio el vestido se quedó asombrada.
-¿Al final sí te lo ha regalado?
-Sí. Seguro que me queda genial.-miré mi reloj.- ¡Uff! ¡Mira qué hora es! ¡Mañana quedamos en la puerta del instituto! ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana, Hatsu! ¡Allí nos veremos!
Nos separamos. Yo me fui hasta mi casa. Abrí, pues me habían dado una llave, y entré. Saludé a mis padres y les pedí que llamaran a Nana, que quería verla y hablar con ella.
-Ya está en tu habitación, cariño.-me dijo mi madre.
-Vale. Me daré una ducha y me acostaré.
-¿No vas a cenar?
-No tengo demasiada hambre, la verdad. Prefiero no cenar.
-Vale, por mí bien.-dijo mi padre muy frío.
Subí a la habitación donde estaba Nana, es decir, mi cuarto. Mi cuarto no era lo bastante grande para mi antigua cama, por lo que intentaron guardarla en algún sitio. Me compraron una nueva, más pequeña pero cómoda al fin y al cabo. Observé las paredes. Aún no me había acostumbrado a ese color tan... tan frío. Todas las paredes estaban en blanco, pero vi un pequeño bote de color azul celeste claro. Miré a Nana. Ella me sonrió amablemente y asintió. Nana estaba sentada en la cama, seguramente cansada después de un duro día de trabajo sirviendo a mis padres. Se lo conté. Todo. Le conté que habíamos ido a recoger la matrícula Cami y yo, y ella se alegró, puesto que Nana conocía a Cami; también le conté sobre lo de que había conocido a tres chicos nuevos: Nathaniel, Castiel y... Lysandro. Le conté que me gustaba un poco uno de los tres, aunque ella lo adivinó enseguida.
-A ti quien te gusta es Lysandro.
-Sí...
-Anda, ve a darte una ducha y luego seguimos hablando. Bueno, siempre y cuando tus padres no requieran de mi presencia...-dijo mientras empezamos a reírnos un poco.
Cogí mi camisón blanco con los bordes azules pasteles y me fui hacia el baño. Me desnudé y abrí los grifos, aún sin haber entrado. Tenía frío. El agua empezó a correr caliente. Entonces abrí el agua fría. La abrí solo un poco, ya que lo único que quería era que el agua me relajara. Entré. Todo el frío que había sentido se deshizo en cuanto el agua me tocó. Me relajé. Toda la tensión que tenía en mi cuello y en mis hombros se fue rápidamente. Todas mis preocupaciones y demás también volaron. En mi cabeza solo quedaba el poema que yo había escrito para mi hermano.
-Querido hermano, por siempre amado, ¿por qué? ¿por qué me has abandonado? Yo te quiero, y es cierto, ¿qué mal te he hecho?
Salí de la ducha. Cogí mi albornoz blanco y calentito. Me lo puse. Mi pelo mojado empapaba el albornoz, pero no lo suficiente para que calara y volviera a mojar mi espalda seca gracias al albornoz. Fui hasta mi cuarto, que daba directamente con el balcón. Eran casas adosadas, y si yo quisiera escaparme de casa, lo único que tendría que hacer sería saltar al balcón de al lado. Nana ya no estaba allí. Me quité el albornoz. Me puse mi ropa interior blanca y me puse mi vestido blanco nuevo. De verdad, me encantaba. Empecé a escuchar una suave canción. Había alguien tocando el violín y cantando una suave canción. Salí al balcón. La canción provenía de la casa de al lado. Quería ver quién tocaba esa preciosa canción, pero es que además, la voz me sonaba. En ese momento, creí saber quién era. “¿Será él? ¿Tendré tanta suerte? No, no puede ser él...” En ese instante, la canción llegó a un punto en el que sabía como continuaba. La puerta del balcón estaba abierta.
-Nada es nada sin tus besos, nada es todo lo que tengo,
nada es nada en lo que creo, nada es nada, nada es nada.
Nada es nada si no entiendo, nada es todo lo que siento,
nada es nada si te pierdo, nada es nada, nada es nada.-canté la canción. Cuando empecé a cantarla, la voz de aquel chico se apagó, pero no el sonido de su violín.
Yo había cerrado los ojos, pues al cantar siempre siento como una paz me inundara. Oí como el chico salía de su habitación con el violín, pero no paró de tocar. Abrí mis ojos lentamente, porque sabía con quién iba a encontrarme. O al menos lo intuía. Y había acertado. Vi que Lysandro me miraba fijamente, y me sonrojé un poco. Sin embargo, no paré de cantar. La última estrofa la cantamos juntos.
-Nada es nada si no espero, nada es todo lo que temo,
nada es nada sin tus sueños, nada es nada, nada es nada.
Nada es nada sin tus besos, nada es todo lo que tengo,
nada es nada sin tus sueños, nada es nada, nada es nada.
Lysandro paró de tocar. Me miró, de arriba a abajo. Yo me ruboricé.
-Te queda bien. Y tienes una hermosa voz.
-Gra-Gracias por los cumplidos, Lys.
-No tienes por qué dármelas. Solo digo la verdad.
Me ruboricé aún más por este último comentario y Lysandro lo notó.
-Hatsu, ¿quieres pasar a mi habitación?
Me puse colorada. No sabía qué hacer. En ese momento, en mi habitación entró Nana, a la cual me abalancé, muy rápidamente.
-¡Lysandro es nuestro vecino! Ven, te lo quiero presentar.-le susurré a Nana.
-¿Qué?-dijo Nana.
-¡Tranquila!-le volví a susurrar.-¡Lys! ¡Te quiero presentar a alguien!
-¿Y quién es?
-Es mi nana.
-Oh, ¿tienes una nana?
-Sí, mis padres casi siempre están muy ocupados.

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