miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 17


Al ver que se marchaba, le cogí de la mano.
-Lo siento, Lys, yo...
-Me has mentido.
-Lo sé. Y fue una estupidez por mi parte. Pero no...
-No quiero excusas. Necesito pensar.-dijo mientras me soltaba la mano y se iba. Unas lágrimas empezaron a rodar. No quería que se me escuchara llorar, por lo que me fui al tejado. Al subir, vi como Lys giraba en una esquina y se perdía en la luz del crepúsculo. Más lágrimas salían. Observé como el sol empezaba a esconderse y vi a mis invitados marcharse. Castiel les pedía perdón por haber desaparecido así, de repente. Cuando todos se hubieron ido, Castiel y Carly volvieron al palacio. Escuché unos pasos y como no quería que nadie me viese así, con la cara roja y como una magdalena de tanto llorar, escondí mi cara entre mis brazos.
-Suponía que estarías aquí.
-Vete, Carly. No estoy de humor para hablar con nadie.
-He visto la mirada de tu novio. Te ha dejado, ¿verdad?
-¡No!-grité mientras levantaba la cara para mirar a Carly.
-Pues al menos está muy enfadado. Creo que no le ha gustado que le mintieras. Y luego has desaparecido. ¿Por qué no has vuelto con los demás?
-Quería estar sola.-dije mientras me levantaba y entraba por la ventana. Carly también bajó y se dirigió hasta su habitación.
-Hatsu,-me dijo antes de cerrar la puerta.- tendremos que decirle a padre y a madre que he vuelto, ¿no?
-No, Suguro y Len han sido secuestrados.
-Y ellos son...
-Tus hermanos pequeños. Y vas a tener otro dentro de poco, ya que madre está embarazada.
-Ah, de acuerdo. Por el momento viviré aquí.
-Como quieras.-dije mientras me marchaba del palacio.
Mientras me iba, Castiel me vio.
-¿Qué ha pasado con Lys?
-Nada.-dije secamente.
-¿Se ha enfadado contigo?
-Sí.-dije mientras agachaba la cabeza.- Se lo intenté explicar. Y no pude.
-Tranquila.-dijo mientras me abrazaba y me daba un beso en el pelo.
Entonces, me di cuenta de que Dulce había desaparecido. Llamé a Carly.
-Carly, ¿has visto a Dulce?
-No, desde que te marchaste siguiendo a Lys, no la volví a ver.
-Por cierto, ¿cómo está Sol?
-Sol está genial, pero ha ido a pasar unos días con su hermana Estrella.
-Ah, ¿y la dueña de Estrella quién es?
-Es una princesspet que todavía no tiene dueño. ¿Quién sabe? Si madre tiene una niña tal vez sea de ella.
-Podría ser. Y gracias por ayudarme a buscar a Dulce.
Salí corriendo en la noche. Muy lejos no debía de estar, notaba su presencia. Me dirigí a mi casa, bueno, más bien a la casa de Lys, para preguntarle por ella. Al llegar, me encontré la puerta abierta y escuché como Dulce hablaba con Lys.
-Dulce, ¿por qué me ha mentido?
-No lo sé. Creo que era porque le dolía hablar de ella y no se enteró de lo que te decía. Ella escucha el dolor, y había demasiado. Yo noto esas cosas.
-Ya, pero, no sé, no me encuentro bien. Me dio la suficiente confianza como para poder verte, pero ahora, sin embargo, me engaña.
-No te engaña. Solo es que... Tiene demasiados problemas. Y demasiadas responsabilidades. Su infancia la pasó con Carly, Sol y yo, y cuando secuestraron a Carly y a Sol, ella no sabía donde meterse para que el ruido cesara. Sufrió mucho. Y después su hermano mayor desapareció. Y su padre empezó a renegarle el amor que todos los hijos necesitaban. Y el dolor aumentó. Y también el ruido. Y aunque ha encontrado el amor, a su hermano, y ha rescatado a su hermana gemela, han secuestrado a Suguro, a Belinda y a Len. Si a ti te hicieran lo mismo con tu hermano, ¿qué harías?
-Supongo que... lo mismo que ella.-acabó resignado.
-¿Lo ves? No tienes motivos para enfadarte con ella. Anda, vuelve a su lado. Intenta pedirle perdón y verás como no te deja que termines.
-No puedo. Ella jamás me perdonará por esto.
-¡Eres un tonto!-estallé con lágrimas en los ojos.-¡Si quieres que te perdone, no te escondas! ¡Yo no sería capaz de guardarte rencor por esto! ¡Jamás! ¡En mi vida! ¡Y si no quieres que te perdone...!
Me derrumbé. No podía con tanto ruido dentro. Y además, vi como la cara de Lys se congelaba. Caí al suelo. Mi vista se empezaba a nublar. Me tapé la boca y las lágrimas salieron a borbotones. No podía dejar de escuchar ruido, mucho ruido. Demasiado ruido.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!-grité con todas mis fuerzas.
Algo me agarró de la cintura y puso un brazo bajo mis piernas. Estaba sudando y estábamos en invierno. Me aferré al cuello de aquella persona, sin saber quién era. No era Lys ni Castiel. Tampoco era Dajan. Ni siquiera Ken. Quería abrir los ojos y ver quién era, pero no podía. Simplemente, no podía. Mi cabeza se había cerrado en banda a acatar mis órdenes.
-Mi amor, no sufras más. Has aguantado mucho. Debes descansar un poco.-dijo una misteriosa voz.
Aquella voz me tranquilizaba. Además de que me sonaba. Quise soltarme y huir de ella, de la persona que me pinchó algo en el pecho. Algo que algunos médicos habían mirado y no era nada. No había nada.
-¿Cómo está la pequeña?
-Intenta sobrevivir, pero creo que no podrá.
-Sabes que solo ella puede saber si quiere irse o quedarse. Tendría que tener muchos motivos, por tal y como ha gritado, para irse. Pero también otros tantos para aferrarse a la vida.
“Lo siento, Hatsu, soy un estúpido.” escuché en mi mente. “Tú eres lo que más me importa en este mundo. Estás sufriendo. Has sufrido. Y no me has mentido, solo que no querías hablar de ello. Y yo te forcé. Lo siento mucho, de verdad. Pero, por favor vuelve.” 'Hermana, por favor ven a rescatarnos. Tengo miedo. Está oscuro. Escucho los gritos de Len. Le están haciendo daño. ¡Por favor hermana, date prisa!' ·No les diré nada de Hatsu, ¡así me maten! Es mi hermana y jamás la traicionaría. Además, sé que ella vendrá. ¡Estoy seguro!· Seguí escuchando voces que aclamaban mi nombre, que me pedían ayuda, perdón, auxilio... Mi mente se volvió a abrir. De un solo movimiento, abrí los ojos y me separé de ellos, para verles las caras. Había una chica de piel como la porcelana, ojos azules y pelo muy rubio, casi platino. Al lado, un hombre de piel morena, con los ojos y el pelo más negros que había visto en toda mi vida. Pero lo más me llamó la atención, fue lo que tenían a sus espaldas. La chica, vestida con una túnica blanca que le caía por los pies, amarrada por una cinta celeste clara, tenía un par de alas blancas como la nieve al caer, hecha de plumas realmente preciosas. El chico, que iba vestido con unos pantalones piratas grises oscuros y un chaleco negro, roto por la parte de abajo, mostrando su torso, tenía unas alas negras, al igual que su pelo o sus ojos, hechas por unas plumas que te hipnotizaban.
-¿Cómo es posible?-preguntó con tranquilidad la chica.
-Tal vez ella sea diferente.-respondió el chico.
-¿¡Diferente a qué!?-pregunté yo, asustada y alerta.- ¿¡Quiénes sois!? ¿¡Qué me hicisteis!? ¿¡Dónde estoy!? ¿¡Dónde están mis amigos!?-seguí preguntando.
-Somos un ángel y un demonio, y solo te inculcamos lo que debes saber. Estás es la habitación blanca y ahora mismo te están buscando, preocupados.-dijo el hombre.
-¡No habéis respondido a mi primera pregunta!
-Esa no importa. Ahora mismo tendremos que llevarte de vuelta a tu mundo, aunque nos gustaría que descansaras aquí. Dime, ¿dónde quieres que te dejemos?
Pensé en decirle que donde estaban mis hermanos pequeños, pero yo sola contra todos ellos no podría sin ningún arma. También pensé en decirle al lado del amor de mi vida, pero no quería hablar con él por el momento. “¿Qué debo hacer?”
-Quieres enfrentarte a los secuestradores de tus hermanos, también quieres estar al lado de Lys. Pero eso es lo que tú crees. Piensa con el corazón, ¿dónde quieres que te llevemos?
Cerré los ojos, cautelosa, y vacié mi cabeza. Acto seguido, dije lo primero que se me ocurrió.
-Quiero que me llevéis con los que de verdad me quieren, con los que yo les importo algo de verdad.
La chica asintió, complacida. Al parpadear, estaba en un lugar familiar, pero que no supe reconocer.
-¡Hatsu!
-¿Eh? ¿Quién me llama?-dije antes de ver que un chico me abrazaba con fuerza.
-¿Dónde has estado? ¿Cómo es que no has vuelto? ¡Ni siquiera me has llamado! Te he echado de menos.
-Perdona, creo que te confundes. ¿Cómo te llamas?
-Claro, tanto tiempo sin vernos... He cambiado tanto que no me reconoces. Soy Moisés. ¿Me recuerdas ahora?
Abrí los ojos como platos, y le abracé. Le di un par de besos en la mejilla y estuvimos charlando un rato, para olvidar mis problemas.
-¿Te acuerdas de aquella vez, que Paloma se cayó de la litera de arriba?
-¡Sí, me acuerdo! ¡Todas las monitoras salieron disparadas a la habitación de las pequeñas!-dije entre risas.- Por cierto, creo que no conoces a mis hermanos, ¿verdad?
-Pues no, la verdad. Me gustaría conocerlos.
-Dos de ellos tienen tu misma edad y ¡viene otro en camino!
-¿Ya sabéis si es chico o chica?
-No, la verdad.-dije apenada, después de recordar a mis hermanos.
-¿Qué te pasa? Estás llorando.
-Oh, es que... Se me ha metido algo en el ojo.-mentí.
-Hatsu...-dijo Moisés con aire de reproche.
-Vale, lo admito Moisés. Mis hermanos han sido secuestrados. Y no sé qué torturas les pueden estar haciendo.
-¿¡Cómo!? ¡Eso se dice antes!-dijo, antes de silbar.
Una tropa de niños y niñas estaba allí presente, ordenados por filas.
-Ahora soy monitor de este campamento. Y estos niños saben pelear como bestias. ¿Verdad, chicos?
-¡Graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!-gritaron los niños.
-Te ayudaremos a rescatarlos. Solo dinos donde están esos malditos.
-No quiero que haya muertos. Va a ver armas. Pistolas, cuchillos, espadas, katanas... De todo. Si uno de estos niños muere, será por mi culpa.
-Yo hablo en nombre de todos los niños. Estamos dispuestos a luchar contra esas armas para rescatar a tus hermanos. Porque eras una compañera de lo más genial, Hatsu.-dijo un niño altito, con pelo castaño mientras sonreía.
-¿Estáis seguros?
-¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!-gritaron los niños a coro.
-De acuerdo. Pero primero recemos para que no os pase nada.
Nos hincamos las rodillas y empezamos a rezar. Yo hice algunas peticiones. “Por favor, sea quién sea que esté ahí arriba, haz que los rescatemos y estén sanos y salvos.” Me levanté y miré al cielo, con mirada decidida. “Rescataremos a mis hermanos, o nos atraparán a todos.” Moisés me miró y miró a los chicos.
-¿Vamos a ello?
-Vamos.

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