miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 25


-Ly-Lys...-susurré, sin separarme de él.
-¿Sí?-me respondió en el mismo tono.
-Dime tu apellido.
-Eh... Me gustaría no decírtelo...
-Lysandro Leonard. ¿Verdad?
-Lo sabes...
-Todos los Leonard tenéis una L en el hombro. Jamás habría imaginado que tú...
-Ya, ya lo sé. Pero espero que esto no interfiera en nuestra relación.
-No, claro que no. Yo soy una princesa y fíjate. Estamos la mar de bien.
-Sí, de eso me he dado cuenta.-dijo mientras me cogía la cara y me volvía a besar.
De pronto, empecé a escuchar pasos.
-Será mejor que te vayas. Ahora después iré contigo. ¡Corre!-susurré.
Lys se movió ágil y silenciosamente como un felino y desapareció por su balcón. Entonces, la puerta se abrió.
-Hatsu, Nana dice que ya tienes el baño listo. Ve a ducharte.-dijo padre, cortantemente.
-Sí, padre. Ahora mismo lo haré.
-Bien.
Mi padre se marchó, yo cogí la carta y fui hasta el baño. Cerré con pestillo y me dispuse a leer.
“Querida Hatsu:
Sé que estás leyendo esto. Ahora mismo, te voy a decir lo que tienes que hacer. Primero asegúrate de que no tendrás ninguna interrupción. Luego, que no haya nadie. Absolutamente sola. Si no estás en estas condiciones, no sigas leyendo. Si sigues leyendo, es que estás sola. Bien. Lo que quiero que hagas es...”
Ante la posibilidad de tener que hacer aquello por salvar sus vidas, mis lágrimas resbalaron por la cara. Era lo más insoportable que podría haberme hecho Carly. Pero debía hacerlo. Entré en la ducha todavía con lágrimas en la cara. Al salir, ya vestida, Lys me esperaba en mi habitación.
-¿Qué te pasa?-me dijo al ver mis lágrimas.
-Ahora mismo no tengo ganas de hablar. Por favor, vete. Ya hablaremos luego.
-Bu-Bueno... Pero si necesitas algo, sabes que estaré aquí.
-Sí, lo sé.-dije secamente, más de lo que quería.-Lo siento.
-No te preocupes. A sido un día... lleno de emociones. Descansa.-dijo mientras se marchaba.
Al ver que se iba, que no me retenía entre sus brazos, diciéndome que nada ni nadie me separaría de él, mis lágrimas empezaron a recorrer el mismo camino que otras anteriores. Me eché en mi cama y enjugué mis lágrimas en la almohada.
Narra Lys.
Al verla allí, con lágrimas en la cara, me habían dado ganas de abrazarla y decirle que nada ni nadie me separaría de ella. Pero me había pedido soledad y yo se la había cedido. Sentía que estaba cometiendo un error, que era ahora cuando más me necesitaba. Pero no quería mi ayuda. Pensé en Castiel.
-¡Castiel! ¿Estás en casa?
-¡Sí! ¡Estoy en la ducha! ¡Ahora salgo y hablamos!
Esperé durante un rato que me pareció eterno, y al salir Castiel, le estaba esperando delante, apoyado en la pared del frente.
-Si te pones aquí es por dos razones: estás muy preocupado por algo o tienes prisa por hablar conmigo.
-Las dos cosas. Verás, creo que Hatsu necesita ayuda, pero no quiere la mía.
-¿Y qué te hace pensar que quiere la mía?
-Tú eres su hermano. Al menos, deberías intentarlo.
-En todo este tiempo que conozco a Hatsu, Lys, ella te quiere más a ti que a mí. No pienses que por ser su hermano me va a querer más.
-Creo que es algo grave.
-¿Cómo qué? ¿Cómo que no sabe que ponerse mañana?
-¿Pero a ti qué te pasa ahora con ella? Es tu hermana, ¡deberías cuidarla!
-Sí, lo sé, pero mañana tengo un examen y estoy con los nervios a flor de piel.
-Bueno, pues tranquilízate, ¿quieres? Creo que a tu hermana le pasa algo muy grave. Momentos antes de entrar vuestro padre, estaba tan feliz. Cuando vuelvo, no está y cuando vuelve a su habitación está llorando y quiere que me vaya.
-Si ella quiere estar sola es por alguna razón que no se lo contaría a nadie. ¿Sabes? Un pajarito me ha dicho que te deja ver su mascota. Eso es muchísima confianza. Si no te lo cuenta a ti, no se lo contará a nadie.
-¿Sabes lo de Dulce?
-Claro. La familia real y las personas importantes, tiene uno de esos. Los llamamos princesspet, pero creo que no es el nombre adecuado. Yo creo que no tendrían que tener más nombre que el suyo propio.
-¿Y cómo es que todavía no me has dejado ver a tu mascota, por llamarla de alguna manera?
-Porque todavía me falta un secreto tuyo por descubrir, y creo que será el más grande. Bueno, en realidad me lo está diciendo mi “mascota”-dijo haciendo el signo de las comillas.
-Sí, es verdad. Pero no quiero que ese secreto influya en ningún tipo de relación: ni amistosa, ni amorosa... En ninguna. Porque solo por mi apellido me juzgan y me califican como todos los de mi familia. Y yo soy el repudiado entre ellos, porque no soy igual a ellos.
-Bueno, conmigo no habría nada que influyese en nuestra amistad. Cuenta.
-Lysandro Leonard.-dije enseñando la marca en mi hombro.
-Ajá. ¿Solo eso era?
-Sí.
-Bueno, pues choca esos cinco, amigo.
-¿Para?
-Es mi manera de hacer que veas a...
-Ah, vale.-dije mientras le chocaba los cinco.
En ese momento vi a un halcón puesto en el hombro.
-No, ningún secreto. Sin embargo, los siento cerca.
-Será de Hatsu.
-Pero hasta hace poco no sentía más que el de Lysandro.
-Lys, por favor.
-De acuerdo, Lys por favor.
-No, quiero que me llames Lys no Lys por favor.
-Ah, perdón, error mío. Soy Apolo.
-Encantado.
-Bueno, deberíamos ver lo que le pasa a Hatsu.
-Sí, deberíais. Creo recordar que Dulce no estaba con ella.
-¿Qué... no estaba con ella?-dijo Apolo ladeando la cabeza.- Esto me da mala espina.
-A mí también, Apolo, a mí también.
Vi como Castiel llamaba al cristal de la habitación de Hatsu.
-¡Vete seas quién seas! ¡No me apetece hablar con nadie!-dijo intentando esconder unos lamentos imposibles de ocultar.
-Apolo, ¿Hatsu te puede ver?
-Sí, me temo que sí.
-¡Hatsu, soy yo, Castiel! ¡Déjame entrar!
-¡Te he dicho que te vayas!-dijo saliendo al balcón, enfurecida y con la cara llena de lágrimas.
-No me voy a ir hasta saber qué te pasa.
Narra Hatsu.
Castiel era insistente. Cuando estaba a punto de contárselo todo, vi un brillo en el árbol y recordé las palabras de Carly: “Te daré TODO lo que tienes que hacer a partir de ahora, si no quieres ver ni a tu novio, ni a tus amigos, ni a Dulce, ni a tus hermanos en peligro.” Esas palabras resonaban en mi cabeza y no podía apartarlas. Y por eso, negué con la cabeza, volví a entrar y cerré el cristal dejando a Castiel fuera.
Narra Lys.
-¿Qué te ha dicho?
-Cuando le he preguntado, ha negado y se ha ido. No ha querido decirme qué le pasa.
-Yo no he visto a Dulce.-comentó Apolo.- Y ella siempre está con Hatsu, sobretodo en los momentos más difíciles.
-Sí, yo lo sé bien.
-¿Por qué no vamos a preguntarle a Carly?-propuse yo, intentando ser útil.
-No lograremos nada. Pero tampoco perderemos nada por probar suerte. Vamos.
Nos dirigimos los tres hacia el castillo, donde vivía Carly de mientras. Antes de entrar en su habitación, escuchamos que hablaba con alguien por teléfono.
-Entiende que los tuve que soltar para que Hatsu no muriera y poder jugar con ella. ¿O es que quieres que me aburra?-pausa- ¡Sé que no debería haberlo hecho! Pero deja de repetirlo tantas veces. He trazado un plan.-pausa- Cuando deje completamente destrozada a Hatsu, la capturaremos y sus tontos hermanos vendrán a rescatarlos con sus amigos. Pero no nos esperarán. Les capturaremos. Conseguiremos un poco de dinero por sus padres y luego mataremos a la familia real. Sin contarme a mí, claro.-pausa- ¡Pues claro que sé lo que hago! Es más, conozco la identidad de uno de los hermanos mayores, que se nos escapó antes de tiempo.-pausa- De Kaito. Es un tal Castiel. Cuando lo hayamos capturado, os lo presentaré. Hasta otra, Richard.
Escuchamos el pitido de que habían colgado. Castiel y yo salimos corriendo sin hacer ruido. A medio camino, nos dimos la vuelta e hicimos como si fuéramos a la habitación de Carly. Al verla salir, la llamamos.
-¡Carly!
-Ah, Castiel, Lys. Sois vosotros. ¿Qué queréis?
-¿Sabes lo que le pasa a Hatsu? Está muy rara.-dijo Castiel sin más rodeos.
-No tengo ni idea. Tal vez pueda hablar con ella.
-No lo creo posible. Ya hemos intentado hablar nosotros con ella y se ha negado en rotundo.-le explicó Castiel.
-Bueno, tal vez sea porque sois chicos.
-No lo sé. Tal vez.-dije mientras negaba para mis adentros.
-Dejazme hablar con ella. A ver qué puedo hacer, ¿de acuerdo?
-Vale. Gracias.-le dije yo.
-No hay de qué. Pero intentad que venga al castillo al menos, yo no puedo salir.
-Sí, lo sabemos.-dijo Castiel.
-Vale, pues hasta luego.
-Hasta luego.-dije despidiéndome con la mano.
Cuando avanzábamos por los pasillos, no cruzábamos ninguna palabra.
Narra Carly.
“¡Bien! Mi plan va funcionando. Seguro que por lo que tiene que hacer. Pero eso no es ni siquiera el principio...” pensé, malévolamente.
Narra Lys.
Cuando llegamos a nuestra casa y nos encerramos en el cuarto de Castiel, un poco más recogido que de costumbre, rompí el silencio.
-¿De verdad hemos escuchado eso? ¿Carly es la enemiga?
-Parece ser que sí.
-Yo me había autoconvencido de que Carly era buena solo por ser la hermana de Hatsu.
-Ya ves. Seguramente le hicieron algo mientras estaba secuestrada y empezó a odiarnos.
-Tal vez. Pero, ¿cómo es posible que Sol no estuviera?-preguntó Apolo, extrañado.
-¿No la has visto? Pero si Carly la tenía amarrada con correa a ella de pequeña...
-Tal vez la haya... Ahora vuelvo.-dijo Apolo desapareciendo.-Esto no me gusta. Sol está muerta. Carly la ha matado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario