-Ly-Lys...-susurré, sin separarme de
él.
-¿Sí?-me respondió en el mismo tono.
-Dime tu apellido.
-Eh... Me gustaría no decírtelo...
-Lysandro Leonard. ¿Verdad?
-Lo sabes...
-Todos los Leonard tenéis una L en el
hombro. Jamás habría imaginado que tú...
-Ya, ya lo sé. Pero espero que esto no
interfiera en nuestra relación.
-No, claro que no. Yo soy una princesa
y fíjate. Estamos la mar de bien.
-Sí, de eso me he dado cuenta.-dijo
mientras me cogía la cara y me volvía a besar.
De pronto, empecé a escuchar pasos.
-Será mejor que te vayas. Ahora
después iré contigo. ¡Corre!-susurré.
Lys se movió ágil y silenciosamente
como un felino y desapareció por su balcón. Entonces, la puerta se
abrió.
-Hatsu, Nana dice que ya tienes el baño
listo. Ve a ducharte.-dijo padre, cortantemente.
-Sí, padre. Ahora mismo lo haré.
-Bien.
Mi padre se marchó, yo cogí la carta
y fui hasta el baño. Cerré con pestillo y me dispuse a leer.
“Querida Hatsu:
Sé que estás leyendo esto. Ahora
mismo, te voy a decir lo que tienes que hacer. Primero asegúrate de
que no tendrás ninguna interrupción. Luego, que no haya nadie.
Absolutamente sola. Si no estás en estas condiciones, no sigas
leyendo. Si sigues leyendo, es que estás sola. Bien. Lo que quiero
que hagas es...”
Ante la posibilidad de tener que hacer
aquello por salvar sus vidas, mis lágrimas resbalaron por la cara.
Era lo más insoportable que podría haberme hecho Carly. Pero debía
hacerlo. Entré en la ducha todavía con lágrimas en la cara. Al
salir, ya vestida, Lys me esperaba en mi habitación.
-¿Qué te pasa?-me dijo al ver mis
lágrimas.
-Ahora mismo no tengo ganas de hablar.
Por favor, vete. Ya hablaremos luego.
-Bu-Bueno... Pero si necesitas algo,
sabes que estaré aquí.
-Sí, lo sé.-dije secamente, más de
lo que quería.-Lo siento.
-No te preocupes. A sido un día...
lleno de emociones. Descansa.-dijo mientras se marchaba.
Al ver que se iba, que no me retenía
entre sus brazos, diciéndome que nada ni nadie me separaría de él,
mis lágrimas empezaron a recorrer el mismo camino que otras
anteriores. Me eché en mi cama y enjugué mis lágrimas en la
almohada.
Narra Lys.
Al verla allí, con lágrimas en la
cara, me habían dado ganas de abrazarla y decirle que nada ni nadie
me separaría de ella. Pero me había pedido soledad y yo se la había
cedido. Sentía que estaba cometiendo un error, que era ahora cuando
más me necesitaba. Pero no quería mi ayuda. Pensé en Castiel.
-¡Castiel! ¿Estás en casa?
-¡Sí! ¡Estoy en la ducha! ¡Ahora
salgo y hablamos!
Esperé durante un rato que me pareció
eterno, y al salir Castiel, le estaba esperando delante, apoyado en
la pared del frente.
-Si te pones aquí es por dos razones:
estás muy preocupado por algo o tienes prisa por hablar conmigo.
-Las dos cosas. Verás, creo que Hatsu
necesita ayuda, pero no quiere la mía.
-¿Y qué te hace pensar que quiere la
mía?
-Tú eres su hermano. Al menos,
deberías intentarlo.
-En todo este tiempo que conozco a
Hatsu, Lys, ella te quiere más a ti que a mí. No pienses que por
ser su hermano me va a querer más.
-Creo que es algo grave.
-¿Cómo qué? ¿Cómo que no sabe que
ponerse mañana?
-¿Pero a ti qué te pasa ahora con
ella? Es tu hermana, ¡deberías cuidarla!
-Sí, lo sé, pero mañana tengo un
examen y estoy con los nervios a flor de piel.
-Bueno, pues tranquilízate, ¿quieres?
Creo que a tu hermana le pasa algo muy grave. Momentos antes de
entrar vuestro padre, estaba tan feliz. Cuando vuelvo, no está y
cuando vuelve a su habitación está llorando y quiere que me vaya.
-Si ella quiere estar sola es por
alguna razón que no se lo contaría a nadie. ¿Sabes? Un pajarito me
ha dicho que te deja ver su mascota. Eso es muchísima confianza. Si
no te lo cuenta a ti, no se lo contará a nadie.
-¿Sabes lo de Dulce?
-Claro. La familia real y las personas
importantes, tiene uno de esos. Los llamamos princesspet, pero creo
que no es el nombre adecuado. Yo creo que no tendrían que tener más
nombre que el suyo propio.
-¿Y cómo es que todavía no me has
dejado ver a tu mascota, por llamarla de alguna manera?
-Porque todavía me falta un secreto
tuyo por descubrir, y creo que será el más grande. Bueno, en
realidad me lo está diciendo mi “mascota”-dijo haciendo el signo
de las comillas.
-Sí, es verdad. Pero no quiero que ese
secreto influya en ningún tipo de relación: ni amistosa, ni
amorosa... En ninguna. Porque solo por mi apellido me juzgan y me
califican como todos los de mi familia. Y yo soy el repudiado entre
ellos, porque no soy igual a ellos.
-Bueno, conmigo no habría nada que
influyese en nuestra amistad. Cuenta.
-Lysandro Leonard.-dije enseñando la
marca en mi hombro.
-Ajá. ¿Solo eso era?
-Sí.
-Bueno, pues choca esos cinco, amigo.
-¿Para?
-Es mi manera de hacer que veas a...
-Ah, vale.-dije mientras le chocaba los
cinco.
En ese momento vi a un halcón puesto
en el hombro.
-No, ningún secreto. Sin embargo, los
siento cerca.
-Será de Hatsu.
-Pero hasta hace poco no sentía más
que el de Lysandro.
-Lys, por favor.
-De acuerdo, Lys por favor.
-No, quiero que me llames Lys no Lys
por favor.
-Ah, perdón, error mío. Soy Apolo.
-Encantado.
-Bueno, deberíamos ver lo que le pasa
a Hatsu.
-Sí, deberíais. Creo recordar que
Dulce no estaba con ella.
-¿Qué... no estaba con ella?-dijo
Apolo ladeando la cabeza.- Esto me da mala espina.
-A mí también, Apolo, a mí también.
Vi como Castiel llamaba al cristal de
la habitación de Hatsu.
-¡Vete seas quién seas! ¡No me
apetece hablar con nadie!-dijo intentando esconder unos lamentos
imposibles de ocultar.
-Apolo, ¿Hatsu te puede ver?
-Sí, me temo que sí.
-¡Hatsu, soy yo, Castiel! ¡Déjame
entrar!
-¡Te he dicho que te vayas!-dijo
saliendo al balcón, enfurecida y con la cara llena de lágrimas.
-No me voy a ir hasta saber qué te
pasa.
Narra Hatsu.
Castiel era insistente. Cuando estaba a
punto de contárselo todo, vi un brillo en el árbol y recordé las
palabras de Carly: “Te daré TODO lo que tienes que hacer a partir
de ahora, si no quieres ver ni a tu novio, ni a tus amigos, ni a
Dulce, ni a tus hermanos en peligro.” Esas palabras resonaban en mi
cabeza y no podía apartarlas. Y por eso, negué con la cabeza, volví
a entrar y cerré el cristal dejando a Castiel fuera.
Narra Lys.
-¿Qué te ha dicho?
-Cuando le he preguntado, ha negado y
se ha ido. No ha querido decirme qué le pasa.
-Yo no he visto a Dulce.-comentó
Apolo.- Y ella siempre está con Hatsu, sobretodo en los momentos más
difíciles.
-Sí, yo lo sé bien.
-¿Por qué no vamos a preguntarle a
Carly?-propuse yo, intentando ser útil.
-No lograremos nada. Pero tampoco
perderemos nada por probar suerte. Vamos.
Nos dirigimos los tres hacia el
castillo, donde vivía Carly de mientras. Antes de entrar en su
habitación, escuchamos que hablaba con alguien por teléfono.
-Entiende que los tuve que soltar para
que Hatsu no muriera y poder jugar con ella. ¿O es que quieres que
me aburra?-pausa- ¡Sé que no debería haberlo hecho! Pero deja de
repetirlo tantas veces. He trazado un plan.-pausa- Cuando deje
completamente destrozada a Hatsu, la capturaremos y sus tontos
hermanos vendrán a rescatarlos con sus amigos. Pero no nos
esperarán. Les capturaremos. Conseguiremos un poco de dinero por sus
padres y luego mataremos a la familia real. Sin contarme a mí,
claro.-pausa- ¡Pues claro que sé lo que hago! Es más, conozco la
identidad de uno de los hermanos mayores, que se nos escapó antes de
tiempo.-pausa- De Kaito. Es un tal Castiel. Cuando lo hayamos
capturado, os lo presentaré. Hasta otra, Richard.
Escuchamos el pitido de que habían
colgado. Castiel y yo salimos corriendo sin hacer ruido. A medio
camino, nos dimos la vuelta e hicimos como si fuéramos a la
habitación de Carly. Al verla salir, la llamamos.
-¡Carly!
-Ah, Castiel, Lys. Sois vosotros. ¿Qué
queréis?
-¿Sabes lo que le pasa a Hatsu? Está
muy rara.-dijo Castiel sin más rodeos.
-No tengo ni idea. Tal vez pueda hablar
con ella.
-No lo creo posible. Ya hemos intentado
hablar nosotros con ella y se ha negado en rotundo.-le explicó
Castiel.
-Bueno, tal vez sea porque sois chicos.
-No lo sé. Tal vez.-dije mientras
negaba para mis adentros.
-Dejazme hablar con ella. A ver qué
puedo hacer, ¿de acuerdo?
-Vale. Gracias.-le dije yo.
-No hay de qué. Pero intentad que
venga al castillo al menos, yo no puedo salir.
-Sí, lo sabemos.-dijo Castiel.
-Vale, pues hasta luego.
-Hasta luego.-dije despidiéndome con
la mano.
Cuando avanzábamos por los pasillos,
no cruzábamos ninguna palabra.
Narra Carly.
“¡Bien! Mi plan va funcionando.
Seguro que por lo que tiene que hacer. Pero eso no es ni siquiera el
principio...” pensé, malévolamente.
Narra Lys.
Cuando llegamos a nuestra casa y nos
encerramos en el cuarto de Castiel, un poco más recogido que de
costumbre, rompí el silencio.
-¿De verdad hemos escuchado eso?
¿Carly es la enemiga?
-Parece ser que sí.
-Yo me había autoconvencido de que
Carly era buena solo por ser la hermana de Hatsu.
-Ya ves. Seguramente le hicieron algo
mientras estaba secuestrada y empezó a odiarnos.
-Tal vez. Pero, ¿cómo es posible que
Sol no estuviera?-preguntó Apolo, extrañado.
-¿No la has visto? Pero si Carly la
tenía amarrada con correa a ella de pequeña...
-Tal vez la haya... Ahora vuelvo.-dijo
Apolo desapareciendo.-Esto no me gusta. Sol está muerta. Carly la ha
matado.
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