miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 12


La música cesó. Yo me quedé quieta. Me fui hasta donde estaba Lys, le cogí de la mano y lo llevé al centro. Todo el mundo aplaudía. Levanté las dos manos, con la de Lys incluida, e hizo lo mismo. Hicimos a la vez una reverencia, con las que todos el mundo se puso de pie. Bajamos de escenario y todos se habían quedado atónitos. Cami lo había grabado todo para que Lys pudiera verlo más tarde.
-Bueno, ¿qué os ha parecido?
-Increíble...-dijo Elizabeth con los ojos como platos.
-¿Dónde, cuándo y cómo aprendiste a hacer todo eso?
-Fue en mi infancia. Tendría tres años cuando empecé.
-Así lo haces tan bien...-dijo Hilay.
-¿Y todavía sigues practicando?-me preguntó Lys.
-No, ahora estoy aprendiendo el manejo de una espada. Sin embargo, mis hermanos sí siguen aprendiendo a bailar ballet.
-¿Esgrima?
-No, pero si quieres, llámalo así. Tengo que aprender a defenderme. Ya me han intentado matar cuatro o cinco veces.
-¿Cuándo?-me preguntó preocupada Cami.
-Cuando mi hermano se fue, yo cogí una depresión tan grande que entré en coma. Entonces, la gente venía e intentaba matarme. Por suerte, por allí siempre había conocidos míos, que me protegían. Sin ellos, ahora mismo no estaría aquí.
-¿Tanto querías a tu hermano?-preguntó Castiel.
-Sí, y mucho. Aunque no lo creas.-le contesté fríamente.- Ahora, si me permitís, me voy a tomar mi helado de chocolate.-dije sonriendo como una niña pequeña.
-Aish, ¡si eres como una niña de ocho años!-dijo Gerónimo.
-Cuando quiero, sí. Cuando no, no.-dije mientras le miraba con ojos fríos, inexpresivos y seria, muy muy seria.
-Vale, ya lo veo. Esa cara no la sabías hacer con ocho años.
-No, la aprendí cuando Kaito se marchó. Todo el mundo empezó a meterse conmigo y tuve que aprender a defenderme con mis propias manos. Por eso también sé kárate, judo, taikondo y demás artes marciales. Pero jamás las utilicé. Nadie pasó de mi mirada.
-Se ve el porqué.
-Bueno, cambiemos de tema. ¡Vamos a ver el espectáculo!
Durante un rato, todos nos quedamos callados, viendo el espectáculo que nos ofrecía Gregorio y los demás sirvientes. Cuando acabó, todos miraron la hora, y al ver que ya eran las nueve, decidieron irse.
-Chicos, es demasiado tarde, Hilay y yo nos vamos. Otro día nos vemos, ha sido entretenido.
-De acuerdo, ¡hasta luego Eli! ¡hasta luego Hilay!
-Adiós. Y gracias por curar a mi novia, otra vez.
-No fue nada. Hasta otra.-dije con una sonrisa en mi cara.
-Yo me voy, tengo que sacar a Demonio.
-Vale, hasta luego, Castiel.-le despidió Lys.
-Hasta luego.-le dije escuetamente.
-Yo también me voy, chicos. Si no me voy, ¡mi madre me mata!-dijo Cami yéndose con Castiel hacia la puerta.
-¡Hasta luego, Cami! ¡Mañana nos vemos!
-¡Sí!-me respondió para salir corriendo con Castiel persiguiéndole.
-Bueno, nos hemos quedado solos.-me dijo Lys.
-Sí, de todo el grupo, nos hemos quedado bastante solos. Pero aún te quiero enseñar una cosa. ¿Vienes?
-A dónde tú me lleves.-me respondió Lys haciendo que me sonrojara.
Lo agarré de la mano, algo que ya me era natural para él, y lo llevé al ático. Estaba un poco lleno de polvo, pero no era ahí donde quería llegar.
-¿Aquí me traes? ¿Con lo que odio el polvo?
-Yo también lo odio, pero si quieres ver lo que te quiero enseñar, tenemos que pasar por aquí.-dije abriendo una ventana bastante grande que daba al tejado.
La luz de la luna entró en el ático, iluminando la habitación. Los cabellos de Lys parecían más plateados todavía, y sus puntas negras ahora eran grisáceas. Ayudada por los viejos trastos que había allí, me colé por la ventana, dejándome en el tejado. Lys hizo lo mismo, y me acompañó hasta encima de la ventana, donde nos podríamos sentar en el saliente que hacía la ventana.
-Aquí hay unas vistas preciosas.-dijo mientras miraba la luna con el bosque debajo.
-Lo sé. Aquí venía todos los días para hablar con el viento. Bueno, más bien para poner en orden mis ideas.
-Buen sitio.-dijo Lys mientras me apartaba un mechón de pelo de la cara.
Al apartar el mechón de pelo, mi hizo una acaricia en la mejilla, terminando su mano en mi nuca. Me acercó hasta él y nuestros labios se fundieron en un beso dulce y tierno. Nos separamos unos centímetros y sus ojos bicolores me miraron, intentando ver más allá de mis ojos. Tuve miedo de que lo encontrara y me volví a juntar a sus labios, deseando que no intentara ver más allá. Él se separó de mí casi al instante.
-Tienes miedo. ¿De qué?
Yo bajé la vista, con miedo y arrepentimiento. Cerré los puños, que estaban sobre mi regazo. Empecé a bajar. Entré en el ático, mientras unas pequeñas gotas limpiaban un pedazito muy pequeño de aquel ático. Lysandro me siguió. Me sequé las lágrimas y le cogí de la mano.
-Ven. Te lo contaré todo. Pero espero que luego no seas tú el que me tenga miedo y se vaya de mi lado.
-Eso nunca, mi cielo.
-Mejor tu luna, que me gusta más.
-Lo que quieras, luna querida.-dijo con una sonrisa en los labios.
Lo llevé hasta mi habitación, y cerré las puertas. Dos sirvientes que pasaban por allí, ahora estaban apostados a los lados de las puertas, para que nadie entrara. Me senté en la cama, y Lys a mi lado.
-¿Te acuerdas que te dije que si sabías en lo que trabajaban mis padres, sabrías mis apellidos?
-Sí, me acuerdo.
-Mis padres son reyes. Son tus reyes. Y yo tu princesa.
Lys se quedó un poco sorprendido por la revelación.
-Por eso me intentaron matar cuando entré en coma. El mayor se había ido, si mataban a la siguiente sería fácil librarse de los pequeños. Es más... Hay un grupo bastante grande que nos busca, para revelar nuestra identidad al mundo y poder hacer nuestra vida imposible. A mi hermano lo pillaron. Y por eso se fue. Pero... Creo que lo he encontrado.
-Y crees que es Castiel, ¿verdad? Es mayor que tú, tiene la misma marca...
-Sí, así es. Y si dice que te presentó a su familia, solo puede significar que te presentó a mis tíos. Los únicos que tengo. Por eso te pedí que me llevaras hasta la familia de Castiel. Para comprobar mis sospechas.
Lys se quedó callado durante un tiempo, en el que yo creí que me estaba dejando para que me preparara para el adiós. Pero no fue así. Se acercó más a mí.
-Oye, Hatsu, ¿y todo esto lo sabían la clase entera antes que yo?
-Sí. Tenía miedo de que te fueras de mi lado.-dije mientras cerraba los ojos y un par de lágrimas cayeron por mis mejillas.- ¿Te irás o harás como Cami?
-¿Cami también lo sabe?
Asentí. “Ahora me dirá que se tiene que ir y luego nunca más lo veré. Es lo que suelen hacer todos...”.
-Ya te vale. Deberías habérmelo dicho, haber confiado en mí. Yo jamás me iría de tu lado por una cosa tan tonta como esa.
-Ya, pero ahora te he puesto en peligro. Los que me quieren matar también quieren matar a los testigos.
En ese momento, unos ruidos se escucharon. Cogí de la mano a Lys y la llevé hasta una ventana.
-¡Escapa! ¡Busca a Gakupo! ¡Tiene el pelo largo y morado, y viste como un samurái! ¡Rápido!
-Pero, ¿y tú?
-¿Sabes manejar una espada? Yo sí. ¡Corre! Mientras antes lo encuentres más posibilidades de no tener ninguna herida tendré. ¡Corre!-dije mientras abría un cajón de debajo de la cama y cogía mi katana.- ¡Huye!
Lys no se lo pensó más y saltó. Llegó hasta el suelo, sano y salvo. Me despedí de él y justo en ese momento entraron. Dos chicos vestidos de negro hasta las cejas, dejando ver sus labios y sus ojos. Reconocí sus ojos casi al instante.
-Mello, Matt. Esperaba no volver a veros.
-Pues has esperado en vano.
-¿Sabéis que es de mala educación luchar dos contra uno?-les pregunté.
-No es que sea de mala educación, simplemente queremos asegurarnos de que ganamos.
-Ni en vuestros mejores sueños.-dije mientras me agachaba para coger la otra espada.- Creo que todavía no conocéis mi poder, ¿verdad?-dije mientras me hacía un pequeño corte en la mano y se la pasaba a Matt.- ¿Veis? Si me hacéis daño, puedo pasaros la herida justo antes de que me matéis. Es fácil luchar así, pero si no estoy ante una amenaza de verdad, tranquilos, no lo utilizaré. ¿Preparados?
Por toda respuesta, los dos se abalanzaron a mí con sus armas. Matt, como siempre, lucía un revolver de nueve milímetros, con los que comenzó a dispararme. Esquivé sus disparos con una voltereta lateral, sin soltar las espadas. Mello utilizó aquel momento para sacar su espada e intentar cortarme las piernas. “Mal hecho” pensé, pues estaba justamente haciendo el pino, por lo que me impulsé hacia delante y me libré de que me cortaran las piernas. Matt volvió a disparar cuando ya estaba de pie, por lo que rápidamente cogí una de las dos espadas y las interpuse entre todas las balas. Al parecer, el pequeño corte que le había dejado a Matt le había hecho bastante daño, ya que no disparaba con precisión. Justo cuando una bala fue a darme justo en la frente, otra espada más grande se interpuso. Vi como una larga melena morada me tapaba el rostro.
-¡Gakupo!
-Hatsu, ¿estás bien?
-Sí, tranquilo. Tus clases me han protegido.
-Veo que has aprendido rápido. Bien, aprovechemos para hacer una clase, ¿de acuerdo?
-Sí.
-Primero tienes que darle al enemigo así, de lado.-dijo mientras lo hacía con Mello.
-¿Así?-dije haciendo lo mismo con Matt.
-Sí, justo así. Luego, tu contrincante intentará darte por el lado que has dejado indefenso, por lo que le debes dar la espalda mientras lo miras y darle otro golpe en el otro costado, así.-dijo mientras hacía lo que iba diciendo a la misma velocidad.
Yo lo imité, y me estuvo enseñando golpes nuevos, que yo combinaba con alguna que otra clase. Al cabo de un rato, mis manos estaban manchadas de sangre, pero Matt y Mello no había muerto. Habían huido. Entré en el servicio para quitarme la sangre de las manos y de la ropa. Nunca me había gustado pelear, pero siempre había tenido que hacerlo. Lys se acercó por mi espalda y me abrazó.
-Has luchado bien. Me gusta saber que no siempre tendré que proteger a mi novia.
-Ya, pero me gustaría que me protegieras. No me gusta mancharme las manos de sangre. Y menos con el vestido que me regalaste.-dije mientras me daba la vuelta para que viera el vestido.
-Es verdad, ni me había dado cuenta. Te queda muy bien. Estás preciosa.
-Con estas manchas de sangre no sé yo...
-Tú estás guapa con lo que sea.
-Sí, claro, para ti siempre estoy guapa.-dije mientras me acercaba para besarle.
Cuando nos separamos, me cambié de ropa y eché a lavar el vestido. Salí de la habitación y llevé a Lys, que había estado esperándome fuera, hasta la puerta, para irnos.

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