La música cesó. Yo me quedé quieta.
Me fui hasta donde estaba Lys, le cogí de la mano y lo llevé al
centro. Todo el mundo aplaudía. Levanté las dos manos, con la de
Lys incluida, e hizo lo mismo. Hicimos a la vez una reverencia, con
las que todos el mundo se puso de pie. Bajamos de escenario y todos
se habían quedado atónitos. Cami lo había grabado todo para que
Lys pudiera verlo más tarde.
-Bueno, ¿qué os ha parecido?
-Increíble...-dijo Elizabeth con los
ojos como platos.
-¿Dónde, cuándo y cómo aprendiste a
hacer todo eso?
-Fue en mi infancia. Tendría tres años
cuando empecé.
-Así lo haces tan bien...-dijo Hilay.
-¿Y todavía sigues practicando?-me
preguntó Lys.
-No, ahora estoy aprendiendo el manejo
de una espada. Sin embargo, mis hermanos sí siguen aprendiendo a
bailar ballet.
-¿Esgrima?
-No, pero si quieres, llámalo así.
Tengo que aprender a defenderme. Ya me han intentado matar cuatro o
cinco veces.
-¿Cuándo?-me preguntó preocupada
Cami.
-Cuando mi hermano se fue, yo cogí una
depresión tan grande que entré en coma. Entonces, la gente venía e
intentaba matarme. Por suerte, por allí siempre había conocidos
míos, que me protegían. Sin ellos, ahora mismo no estaría aquí.
-¿Tanto querías a tu
hermano?-preguntó Castiel.
-Sí, y mucho. Aunque no lo creas.-le
contesté fríamente.- Ahora, si me permitís, me voy a tomar mi
helado de chocolate.-dije sonriendo como una niña pequeña.
-Aish, ¡si eres como una niña de ocho
años!-dijo Gerónimo.
-Cuando quiero, sí. Cuando no,
no.-dije mientras le miraba con ojos fríos, inexpresivos y seria,
muy muy seria.
-Vale, ya lo veo. Esa cara no la sabías
hacer con ocho años.
-No, la aprendí cuando Kaito se
marchó. Todo el mundo empezó a meterse conmigo y tuve que aprender
a defenderme con mis propias manos. Por eso también sé kárate,
judo, taikondo y demás artes marciales. Pero jamás las utilicé.
Nadie pasó de mi mirada.
-Se ve el porqué.
-Bueno, cambiemos de tema. ¡Vamos a
ver el espectáculo!
Durante un rato, todos nos quedamos
callados, viendo el espectáculo que nos ofrecía Gregorio y los
demás sirvientes. Cuando acabó, todos miraron la hora, y al ver que
ya eran las nueve, decidieron irse.
-Chicos, es demasiado tarde, Hilay y yo
nos vamos. Otro día nos vemos, ha sido entretenido.
-De acuerdo, ¡hasta luego Eli! ¡hasta
luego Hilay!
-Adiós. Y gracias por curar a mi
novia, otra vez.
-No fue nada. Hasta otra.-dije con una
sonrisa en mi cara.
-Yo me voy, tengo que sacar a Demonio.
-Vale, hasta luego, Castiel.-le
despidió Lys.
-Hasta luego.-le dije escuetamente.
-Yo también me voy, chicos. Si no me
voy, ¡mi madre me mata!-dijo Cami yéndose con Castiel hacia la
puerta.
-¡Hasta luego, Cami! ¡Mañana nos
vemos!
-¡Sí!-me respondió para salir
corriendo con Castiel persiguiéndole.
-Bueno, nos hemos quedado solos.-me
dijo Lys.
-Sí, de todo el grupo, nos hemos
quedado bastante solos. Pero aún te quiero enseñar una cosa.
¿Vienes?
-A dónde tú me lleves.-me respondió
Lys haciendo que me sonrojara.
Lo agarré de la mano, algo que ya me
era natural para él, y lo llevé al ático. Estaba un poco lleno de
polvo, pero no era ahí donde quería llegar.
-¿Aquí me traes? ¿Con lo que odio el
polvo?
-Yo también lo odio, pero si quieres
ver lo que te quiero enseñar, tenemos que pasar por aquí.-dije
abriendo una ventana bastante grande que daba al tejado.
La luz de la luna entró en el ático,
iluminando la habitación. Los cabellos de Lys parecían más
plateados todavía, y sus puntas negras ahora eran grisáceas.
Ayudada por los viejos trastos que había allí, me colé por la
ventana, dejándome en el tejado. Lys hizo lo mismo, y me acompañó
hasta encima de la ventana, donde nos podríamos sentar en el
saliente que hacía la ventana.
-Aquí hay unas vistas preciosas.-dijo
mientras miraba la luna con el bosque debajo.
-Lo sé. Aquí venía todos los días
para hablar con el viento. Bueno, más bien para poner en orden mis
ideas.
-Buen sitio.-dijo Lys mientras me
apartaba un mechón de pelo de la cara.
Al apartar el mechón de pelo, mi hizo
una acaricia en la mejilla, terminando su mano en mi nuca. Me acercó
hasta él y nuestros labios se fundieron en un beso dulce y tierno.
Nos separamos unos centímetros y sus ojos bicolores me miraron,
intentando ver más allá de mis ojos. Tuve miedo de que lo
encontrara y me volví a juntar a sus labios, deseando que no
intentara ver más allá. Él se separó de mí casi al instante.
-Tienes miedo. ¿De qué?
Yo bajé la vista, con miedo y
arrepentimiento. Cerré los puños, que estaban sobre mi regazo.
Empecé a bajar. Entré en el ático, mientras unas pequeñas gotas
limpiaban un pedazito muy pequeño de aquel ático. Lysandro me
siguió. Me sequé las lágrimas y le cogí de la mano.
-Ven. Te lo contaré todo. Pero espero
que luego no seas tú el que me tenga miedo y se vaya de mi lado.
-Eso nunca, mi cielo.
-Mejor tu luna, que me gusta más.
-Lo que quieras, luna querida.-dijo con
una sonrisa en los labios.
Lo llevé hasta mi habitación, y cerré
las puertas. Dos sirvientes que pasaban por allí, ahora estaban
apostados a los lados de las puertas, para que nadie entrara. Me
senté en la cama, y Lys a mi lado.
-¿Te acuerdas que te dije que si
sabías en lo que trabajaban mis padres, sabrías mis apellidos?
-Sí, me acuerdo.
-Mis padres son reyes. Son tus reyes. Y
yo tu princesa.
Lys se quedó un poco sorprendido por
la revelación.
-Por eso me intentaron matar cuando
entré en coma. El mayor se había ido, si mataban a la siguiente
sería fácil librarse de los pequeños. Es más... Hay un grupo
bastante grande que nos busca, para revelar nuestra identidad al
mundo y poder hacer nuestra vida imposible. A mi hermano lo pillaron.
Y por eso se fue. Pero... Creo que lo he encontrado.
-Y crees que es Castiel, ¿verdad? Es
mayor que tú, tiene la misma marca...
-Sí, así es. Y si dice que te
presentó a su familia, solo puede significar que te presentó a mis
tíos. Los únicos que tengo. Por eso te pedí que me llevaras hasta
la familia de Castiel. Para comprobar mis sospechas.
Lys se quedó callado durante un
tiempo, en el que yo creí que me estaba dejando para que me
preparara para el adiós. Pero no fue así. Se acercó más a mí.
-Oye, Hatsu, ¿y todo esto lo sabían
la clase entera antes que yo?
-Sí. Tenía miedo de que te fueras de
mi lado.-dije mientras cerraba los ojos y un par de lágrimas cayeron
por mis mejillas.- ¿Te irás o harás como Cami?
-¿Cami también lo sabe?
Asentí. “Ahora me dirá que se tiene
que ir y luego nunca más lo veré. Es lo que suelen hacer todos...”.
-Ya te vale. Deberías habérmelo
dicho, haber confiado en mí. Yo jamás me iría de tu lado por una
cosa tan tonta como esa.
-Ya, pero ahora te he puesto en
peligro. Los que me quieren matar también quieren matar a los
testigos.
En ese momento, unos ruidos se
escucharon. Cogí de la mano a Lys y la llevé hasta una ventana.
-¡Escapa! ¡Busca a Gakupo! ¡Tiene el
pelo largo y morado, y viste como un samurái! ¡Rápido!
-Pero, ¿y tú?
-¿Sabes manejar una espada? Yo sí.
¡Corre! Mientras antes lo encuentres más posibilidades de no tener
ninguna herida tendré. ¡Corre!-dije mientras abría un cajón de
debajo de la cama y cogía mi katana.- ¡Huye!
Lys no se lo pensó más y saltó.
Llegó hasta el suelo, sano y salvo. Me despedí de él y justo en
ese momento entraron. Dos chicos vestidos de negro hasta las cejas,
dejando ver sus labios y sus ojos. Reconocí sus ojos casi al
instante.
-Mello, Matt. Esperaba no volver a
veros.
-Pues has esperado en vano.
-¿Sabéis que es de mala educación
luchar dos contra uno?-les pregunté.
-No es que sea de mala educación,
simplemente queremos asegurarnos de que ganamos.
-Ni en vuestros mejores sueños.-dije
mientras me agachaba para coger la otra espada.- Creo que todavía no
conocéis mi poder, ¿verdad?-dije mientras me hacía un pequeño
corte en la mano y se la pasaba a Matt.- ¿Veis? Si me hacéis daño,
puedo pasaros la herida justo antes de que me matéis. Es fácil
luchar así, pero si no estoy ante una amenaza de verdad, tranquilos,
no lo utilizaré. ¿Preparados?
Por toda respuesta, los dos se
abalanzaron a mí con sus armas. Matt, como siempre, lucía un
revolver de nueve milímetros, con los que comenzó a dispararme.
Esquivé sus disparos con una voltereta lateral, sin soltar las
espadas. Mello utilizó aquel momento para sacar su espada e intentar
cortarme las piernas. “Mal hecho” pensé, pues estaba justamente
haciendo el pino, por lo que me impulsé hacia delante y me libré de
que me cortaran las piernas. Matt volvió a disparar cuando ya estaba
de pie, por lo que rápidamente cogí una de las dos espadas y las
interpuse entre todas las balas. Al parecer, el pequeño corte que le
había dejado a Matt le había hecho bastante daño, ya que no
disparaba con precisión. Justo cuando una bala fue a darme justo en
la frente, otra espada más grande se interpuso. Vi como una larga
melena morada me tapaba el rostro.
-¡Gakupo!
-Hatsu, ¿estás bien?
-Sí, tranquilo. Tus clases me han
protegido.
-Veo que has aprendido rápido. Bien,
aprovechemos para hacer una clase, ¿de acuerdo?
-Sí.
-Primero tienes que darle al enemigo
así, de lado.-dijo mientras lo hacía con Mello.
-¿Así?-dije haciendo lo mismo con
Matt.
-Sí, justo así. Luego, tu
contrincante intentará darte por el lado que has dejado indefenso,
por lo que le debes dar la espalda mientras lo miras y darle otro
golpe en el otro costado, así.-dijo mientras hacía lo que iba
diciendo a la misma velocidad.
Yo lo imité, y me estuvo enseñando
golpes nuevos, que yo combinaba con alguna que otra clase. Al cabo de
un rato, mis manos estaban manchadas de sangre, pero Matt y Mello no
había muerto. Habían huido. Entré en el servicio para quitarme la
sangre de las manos y de la ropa. Nunca me había gustado pelear,
pero siempre había tenido que hacerlo. Lys se acercó por mi espalda
y me abrazó.
-Has luchado bien. Me gusta saber que
no siempre tendré que proteger a mi novia.
-Ya, pero me gustaría que me
protegieras. No me gusta mancharme las manos de sangre. Y menos con
el vestido que me regalaste.-dije mientras me daba la vuelta para que
viera el vestido.
-Es verdad, ni me había dado cuenta.
Te queda muy bien. Estás preciosa.
-Con estas manchas de sangre no sé
yo...
-Tú estás guapa con lo que sea.
-Sí, claro, para ti siempre estoy
guapa.-dije mientras me acercaba para besarle.
Cuando nos separamos, me cambié de
ropa y eché a lavar el vestido. Salí de la habitación y llevé a
Lys, que había estado esperándome fuera, hasta la puerta, para
irnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario