miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 10


Cuando me separé de él, sabía que tenía mis mejillas muy rojas. Era mi primer beso. Y era para él.
-Guarda el tesoro que te acabo de regalar, Lys. Te he dado algo muy preciado para mí.
-¿El qué?-me preguntó.
-Mi primer beso. Y el segundo.-dije mientras volvía a acercar mis labios a los suyos y le besaba. Separamos nuestras bocas, pero nuestras cabezas seguían juntas. De pronto, la alarma de mi móvil comenzó a sonar. Lo cogí y miré la hora.
-Bueno, será mejor que salgamos ya. Os espero abajo. Avisa a Castiel.
-Claro. Nos vemos abajo. Pero...
-¿Sí?
-¿Se podría decir que somos novios?
-Eh... Supongo que sí.-dije con una sonrisa abierta mientras me sonrojaba levemente.
Fui a mi balcón y me metí en mi habitación. Cogí mi ropa de equitación y bajé. Allí me esperaban Castiel, Lysandro y Cami. Al verlos les sonreí y les indiqué un carruaje. Ellos se quedaron asombrados, por lo que me reí de ellos. Subí y esta vez no quería hacerlos reír. Lysandro se sentó enfrente mía, mientras que Castiel se sentó al lado de Lys. Cami se sentó al lado mía.
-César, al instituto.
-Claro, señorita Hatsu.
-¿Señorita Hatsu? ¿En serio este te llama así?
-Castiel, háblale bien a César. Y sí, me llama así.
-¿Y por qué te llama así?
-Por una razón que no te voy a decir.
-Vaya, veo que tienes carácter.
-No, solo contigo. Me haces sacar mi lado defensivo, cosa que solo ocurre con contadas personas.
-Eso es verdad.-dijeron a la vez Cami y Lys.
Cami me miró y entonces recibí un mensaje, a la misma vez que Cami. Era de Poks. “Chicas, ¿cómo vais?” Nos miramos y decidimos contestar con un solo sms. “Por aquí te respondemos las dos. Estamos yendo para el instituto. Yo les voy a enseñar a unos cuantos a montar a caballo para una sorpresa. xD No te lo vamos a contar. xD” Y se lo enviamos. Al poco rato, recibimos un mensaje. “Malas. ¬¬ pero como sois tan cucas, os lo perdono. xD” Nos reímos y guardamos los móviles.
-Señorita Hatsu, ya hemos llegado.
-Bien, quedaos aquí. Ahora vuelvo.
Me bajé y fui hacia la puerta, ya que César me dejó un poco más lejos. Elizabeth estaba allí, esperándome con Hilay.
-Bueno, ¿nos vamos?
-Claro, pero que vamos a ir, ¿andando?
-No, nuestro medio de transporte está un poco más lejos. Puedes andar, ¿verdad?
-Sí, no sé qué hicisteis pero el tumor ha desaparecido.
-Lo sé. Somos expertos, ¿recuerdas?
-Sí, es verdad. Bueno, ¿vamos o no?
-Sí, Meiko nos debe estar esperando.
-¿César?-dijo Hilay.
-No, mi profesora de equitación se llama Meiko.
-Ah, vale. Por cierto, ¿iremos como este mediodía?
-Sí. Vamos.
Cuando llegamos al carruaje, Elizabeth se quedó maravillada.
-¿Y aquí he ido yo este mediodía?
-Sí, aquí has ido tú este mediodía.-le respondió Hilay.
-Bueno, vámonos, que tengo prisa.-dijo Castiel mientras que todos nos montábamos y César empezaba a ir.
-¿Por qué? ¿Es que te gustan los caballos?
-No, qué va. Quiere irse ya para volver rápidamente con Demonio.
-¿Demonio?
-Mi beauceron.
-Ah. ¿Y cómo es que no lo escuché anoche?
-¿Es que crees que los ladridos de Demonio son tan fuertes como para que los escuches en tu casa? Aunque seamos vecinos...
-No dormí en mi casa.-le corté.- Dormí en la tuya, ya que mi padre nos quería pegar palizas de muertes a todos, Lys nos ayudó dejándonos estar en vuestra casa.
-Vaya, Lys, ¿ya te la has llevado a la cama?
En ese momento, no lo toleré más. Me levanté, aún estando en movimiento el carruaje y me acerqué hasta él. Levanté mi mano y le pegué una bofetada de las que dejan marca. Cami también le pegó, pero una patada suave. Me senté donde había estado todo ese rato. Elizabeth se sentó justo al lado mía. Chicos en un lado y chicas por el otro. Cami y Elizabeth me abrazaron, mientras que Lys e Hilay le pegaron una colleja cada uno.
-Por cierto,-dije intentando cambiar de conversación.- ¿qué haces aquí, Hilay?
-Bueno, como me gustan los caballos, Elizabeth me invitó. Espero que no te moleste.
-No, claro. Pero quiero dejar claro una cosa. La única yegua es mía. Es la más difícil de controlar y yo he trabajado mucho tiempo con ella. Si alguno la monta, se llevará dos coscorrones. Uno de la propia yegua y otro mío por pasar de mí. Y Castiel, te pido por favor que al menos en esta clase atiendas. Vamos, si no te quieres romper más de un hueso.
-Claro, como si eso fuera verdad.
-Mira, haz lo que te plazca, pero no montes mi yegua ni hagas daño a mis caballos, ¿entendido?
-Claro que sí.-me dijo sin echarme cuenta.
-Señorita, ya hemos llegado.
Todos bajaron, y se quedaron completamente alucinados con lo que vieron. Mi antigua casa era un palacio.
-¿Con cuántos años te mudaste?-me preguntó Lys.
-Con ocho, justamente después de mi cumpleaños. ¿Por?
-No, por nada.
Me dirigí hacia dentro, donde les indiqué el sitio que utilizaríamos para el baile. Era el salón donde me enamoré por primera vez. Cuando tenía ocho años. Era un baile de máscaras, por lo que no le vi la cara. Todos bailaban, pero a mí me habían dejado sola. De repente, un chico de pelo plateado entró por la puerta, y al ver que estaba sola se acercó a mí. Me preguntó que si quería bailar. Yo acepté de buena gana. De pronto, me dio por mirarlo a los ojos y vi que tenía un ojo verde y otro dorado. Espera... ¡era Lysandro! Ahora lo recuerdo... Pero si se lo digo, supongo que sabrá quién soy. Y eso no.
-Hatsu, yo aquí he estado.
-¿Ah, sí?-“se ha acordado” pensé.
-Sí, y bailé con una chica de ojos azules iguales que los tuyos, y un pelo tan castaño y brillante como el tuyo. ¿No serías tú?
-Bueno, tal vez. No me acuerdo bien. Ahora vamos, luego os invito a tomar algo.
Los llevé hasta el patio, que era donde estaban los caballos y Meiko.
-¡Hola, Meiko! Te traigo nuevos alumnos. Es para una fiesta que vamos a realizar.-dije mientras le sonreía amablemente.
-Bien, elegid un caballo. Supongo que la señorita Hatsu os habrá dicho que la yegua no la monta nadie más que ella. Todos los caballos están ensillados.
Me giré para ver a mis compañeros. Estaban todos excepto... Castiel. Como no. Miré hacia Epona, mi yegua, y allí estaba él, montándola. Consiguió subirse, pero en cuanto lo hizo, Epona levantó las patas delanteras, haciéndole caer.
-Te avisé. Solo deja que la montemos Meiko o yo.
-Sí, claro. Venga, que yo lo vea.
Cogí a Epona de las riendas y la llevé al patio. Teníamos un sitio cercado para los principiantes, pero yo opté por el espacio abierto. Al pasar junto a Castiel, le pegué una colleja.
-Te avisé.-le repetí.
La puse en el centro del patio. De una pequeña bolsa que llevaba, cogí una manzana, y se la di.
-Toma Epona, para ti.-le susurré.
Cogí impulso y con un movimiento grácil me subí a Epona. Ésta se me levantó, sorprendida.
-Shhh... Tranquila, soy yo Epona. ¿Ves?-dije para tranquilizarla.
Empecé yendo al trote. Cogí velocidad y empecé a dar vueltas por el patio. Cuando noté que Epona estaba cansada, volví al trote, y la paré delante de los demás.
-¿Qué decías Castiel? Ya me has visto. ¿Alguien quiere subirse conmigo?
Vi como Lys me decía que sí con la mirada, pero me negó con la cabeza. “Más tarde” pensé. Todos me dijeron que no, por lo que me bajé y la llevé al establo.
-Cami, ¿por qué no coges a Rayo? Ya está bastante acostumbrado a ti.-le dije.
-Sí, claro.
-Espera, ¿y Rayo?
-Lo he dejado que corriera por el patio un poco. Estaba muy irascible.
-Ah, vale. Voy a buscarlo, ¿alguien se viene?-pregunté.
En este momento, Lys aceptó.
-Iré yo. Los animales suelen acercarse a mí.
-Bien, pues monta.-dije subida a Epona.
Le tendí la mano para ayudarle a subirse.
-Pon el pie aquí.-le indiqué con el pie.- Y ahora impúlsate hacia arriba. Así, muy bien.
Epona volvió a levantar las patas, por lo que agarré fuertemente a Lys y a Epona.
-¡Epona! ¡Tranquila!
Epona se tranquilizó y dejó que Lys también la montara.
-Lys, agarra las riendas. Epona sabe tratar con principiantes si va con un experto. Así que, ¡hia!-le dije a Epona.
Epona empezó a correr por el patio, cuando descubrí que la valla del patio estaba rota. Daba a un pequeño bosque, el cual Epona y yo nos conocíamos bien.
-Lys, agárrate a mí y dame las riendas. Tenemos que ir por un sitio donde solo las expertas pueden ir.
-Cla-Claro.-dijo mientras me cogía por la cintura.
Respiré hondo para tranquilizarme y me adentré en el bosque, como siempre habíamos hecho Epona y yo. Supuse que Rayo estaría cerca del pequeño lago, por lo que me dirigí hacia él. No fallé. Estaba la casa que utilizábamos mis hermanos y yo para jugar y justo al lado el lago. Y bebiendo de él, estaba Rayo. Silbé para llamar la atención del caballo, que vino hacia mí tranquilamente.
-Lys, monta a Rayo. Es más dócil.
Lys se bajó y se montó en Rayo, al que aceptó de buena gana. Los dos juntos parecían un príncipe y su corcel, ya que Rayo era completamente blanco, pero corría...
-Pareces un príncipe y su corcel.
-¿Sí? Pues tú pareces una amazonas.
-No lo parezco, lo soy.-le dije mientras cogía las riendas de Rayo y de Epona a la vez.
-Bueno, pues...-dijo Lys un poco azorado.
-¿Qué te pasa, Lys?
-Muchas chicas andan detrás de mí, pero ahora que tengo novia, no quiero que la maten a celos y a envidia.
-Tranquilo. Además de coger las enfermedades, también soy capaz de pasarlas. Por eso hoy la clase estaba tan tensa. Mientras más me miraban y más tensa me ponían, yo cogía la tensión y se la devolvía a ellos.
-¿Ah, sí?-dijo Lys cuando empezamos a caminar.
-Pues sí. Oye Lys... ¿Castiel alguna vez te ha presentado a su familia?
-Sí, ¿por?
-Bueno, pues es... Porque tiene la marca que tiene mi familia. ¿Ves?-dije mostrándole mi muñeca.

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