Cuando me separé de él, sabía que
tenía mis mejillas muy rojas. Era mi primer beso. Y era para él.
-Guarda el tesoro que te acabo de
regalar, Lys. Te he dado algo muy preciado para mí.
-¿El qué?-me preguntó.
-Mi primer beso. Y el segundo.-dije
mientras volvía a acercar mis labios a los suyos y le besaba.
Separamos nuestras bocas, pero nuestras cabezas seguían juntas. De
pronto, la alarma de mi móvil comenzó a sonar. Lo cogí y miré la
hora.
-Bueno, será mejor que salgamos ya. Os
espero abajo. Avisa a Castiel.
-Claro. Nos vemos abajo. Pero...
-¿Sí?
-¿Se podría decir que somos novios?
-Eh... Supongo que sí.-dije con una
sonrisa abierta mientras me sonrojaba levemente.
Fui a mi balcón y me metí en mi
habitación. Cogí mi ropa de equitación y bajé. Allí me esperaban
Castiel, Lysandro y Cami. Al verlos les sonreí y les indiqué un
carruaje. Ellos se quedaron asombrados, por lo que me reí de ellos.
Subí y esta vez no quería hacerlos reír. Lysandro se sentó
enfrente mía, mientras que Castiel se sentó al lado de Lys. Cami se
sentó al lado mía.
-César, al instituto.
-Claro, señorita Hatsu.
-¿Señorita Hatsu? ¿En serio este te
llama así?
-Castiel, háblale bien a César. Y sí,
me llama así.
-¿Y por qué te llama así?
-Por una razón que no te voy a decir.
-Vaya, veo que tienes carácter.
-No, solo contigo. Me haces sacar mi
lado defensivo, cosa que solo ocurre con contadas personas.
-Eso es verdad.-dijeron a la vez Cami y
Lys.
Cami me miró y entonces recibí un
mensaje, a la misma vez que Cami. Era de Poks. “Chicas, ¿cómo
vais?” Nos miramos y decidimos contestar con un solo sms. “Por
aquí te respondemos las dos. Estamos yendo para el instituto. Yo les
voy a enseñar a unos cuantos a montar a caballo para una sorpresa.
xD No te lo vamos a contar. xD” Y se lo enviamos. Al poco rato,
recibimos un mensaje. “Malas. ¬¬ pero como sois tan cucas, os lo
perdono. xD” Nos reímos y guardamos los móviles.
-Señorita Hatsu, ya hemos llegado.
-Bien, quedaos aquí. Ahora vuelvo.
Me bajé y fui hacia la puerta, ya que
César me dejó un poco más lejos. Elizabeth estaba allí,
esperándome con Hilay.
-Bueno, ¿nos vamos?
-Claro, pero que vamos a ir, ¿andando?
-No, nuestro medio de transporte está
un poco más lejos. Puedes andar, ¿verdad?
-Sí, no sé qué hicisteis pero el
tumor ha desaparecido.
-Lo sé. Somos expertos, ¿recuerdas?
-Sí, es verdad. Bueno, ¿vamos o no?
-Sí, Meiko nos debe estar esperando.
-¿César?-dijo Hilay.
-No, mi profesora de equitación se
llama Meiko.
-Ah, vale. Por cierto, ¿iremos como
este mediodía?
-Sí. Vamos.
Cuando llegamos al carruaje, Elizabeth
se quedó maravillada.
-¿Y aquí he ido yo este mediodía?
-Sí, aquí has ido tú este
mediodía.-le respondió Hilay.
-Bueno, vámonos, que tengo prisa.-dijo
Castiel mientras que todos nos montábamos y César empezaba a ir.
-¿Por qué? ¿Es que te gustan los
caballos?
-No, qué va. Quiere irse ya para
volver rápidamente con Demonio.
-¿Demonio?
-Mi beauceron.
-Ah. ¿Y cómo es que no lo escuché
anoche?
-¿Es que crees que los ladridos de
Demonio son tan fuertes como para que los escuches en tu casa? Aunque
seamos vecinos...
-No dormí en mi casa.-le corté.-
Dormí en la tuya, ya que mi padre nos quería pegar palizas de
muertes a todos, Lys nos ayudó dejándonos estar en vuestra casa.
-Vaya, Lys, ¿ya te la has llevado a la
cama?
En ese momento, no lo toleré más. Me
levanté, aún estando en movimiento el carruaje y me acerqué hasta
él. Levanté mi mano y le pegué una bofetada de las que dejan
marca. Cami también le pegó, pero una patada suave. Me senté donde
había estado todo ese rato. Elizabeth se sentó justo al lado mía.
Chicos en un lado y chicas por el otro. Cami y Elizabeth me
abrazaron, mientras que Lys e Hilay le pegaron una colleja cada uno.
-Por cierto,-dije intentando cambiar de
conversación.- ¿qué haces aquí, Hilay?
-Bueno, como me gustan los caballos,
Elizabeth me invitó. Espero que no te moleste.
-No, claro. Pero quiero dejar claro una
cosa. La única yegua es mía. Es la más difícil de controlar y yo
he trabajado mucho tiempo con ella. Si alguno la monta, se llevará
dos coscorrones. Uno de la propia yegua y otro mío por pasar de mí.
Y Castiel, te pido por favor que al menos en esta clase atiendas.
Vamos, si no te quieres romper más de un hueso.
-Claro, como si eso fuera verdad.
-Mira, haz lo que te plazca, pero no
montes mi yegua ni hagas daño a mis caballos, ¿entendido?
-Claro que sí.-me dijo sin echarme
cuenta.
-Señorita, ya hemos llegado.
Todos bajaron, y se quedaron
completamente alucinados con lo que vieron. Mi antigua casa era un
palacio.
-¿Con cuántos años te mudaste?-me
preguntó Lys.
-Con ocho, justamente después de mi
cumpleaños. ¿Por?
-No, por nada.
Me dirigí hacia dentro, donde les
indiqué el sitio que utilizaríamos para el baile. Era el salón
donde me enamoré por primera vez. Cuando tenía ocho años. Era un
baile de máscaras, por lo que no le vi la cara. Todos bailaban, pero
a mí me habían dejado sola. De repente, un chico de pelo plateado
entró por la puerta, y al ver que estaba sola se acercó a mí. Me
preguntó que si quería bailar. Yo acepté de buena gana. De pronto,
me dio por mirarlo a los ojos y vi que tenía un ojo verde y otro
dorado. Espera... ¡era Lysandro! Ahora lo recuerdo... Pero si se lo
digo, supongo que sabrá quién soy. Y eso no.
-Hatsu, yo aquí he estado.
-¿Ah, sí?-“se ha acordado” pensé.
-Sí, y bailé con una chica de ojos
azules iguales que los tuyos, y un pelo tan castaño y brillante como
el tuyo. ¿No serías tú?
-Bueno, tal vez. No me acuerdo bien.
Ahora vamos, luego os invito a tomar algo.
Los llevé hasta el patio, que era
donde estaban los caballos y Meiko.
-¡Hola, Meiko! Te traigo nuevos
alumnos. Es para una fiesta que vamos a realizar.-dije mientras le
sonreía amablemente.
-Bien, elegid un caballo. Supongo que
la señorita Hatsu os habrá dicho que la yegua no la monta nadie más
que ella. Todos los caballos están ensillados.
Me giré para ver a mis compañeros.
Estaban todos excepto... Castiel. Como no. Miré hacia Epona, mi
yegua, y allí estaba él, montándola. Consiguió subirse, pero en
cuanto lo hizo, Epona levantó las patas delanteras, haciéndole
caer.
-Te avisé. Solo deja que la montemos
Meiko o yo.
-Sí, claro. Venga, que yo lo vea.
Cogí a Epona de las riendas y la llevé
al patio. Teníamos un sitio cercado para los principiantes, pero yo
opté por el espacio abierto. Al pasar junto a Castiel, le pegué una
colleja.
-Te avisé.-le repetí.
La puse en el centro del patio. De una
pequeña bolsa que llevaba, cogí una manzana, y se la di.
-Toma Epona, para ti.-le susurré.
Cogí impulso y con un movimiento
grácil me subí a Epona. Ésta se me levantó, sorprendida.
-Shhh... Tranquila, soy yo Epona.
¿Ves?-dije para tranquilizarla.
Empecé yendo al trote. Cogí velocidad
y empecé a dar vueltas por el patio. Cuando noté que Epona estaba
cansada, volví al trote, y la paré delante de los demás.
-¿Qué decías Castiel? Ya me has
visto. ¿Alguien quiere subirse conmigo?
Vi como Lys me decía que sí con la
mirada, pero me negó con la cabeza. “Más tarde” pensé. Todos
me dijeron que no, por lo que me bajé y la llevé al establo.
-Cami, ¿por qué no coges a Rayo? Ya
está bastante acostumbrado a ti.-le dije.
-Sí, claro.
-Espera, ¿y Rayo?
-Lo he dejado que corriera por el patio
un poco. Estaba muy irascible.
-Ah, vale. Voy a buscarlo, ¿alguien se
viene?-pregunté.
En este momento, Lys aceptó.
-Iré yo. Los animales suelen acercarse
a mí.
-Bien, pues monta.-dije subida a Epona.
Le tendí la mano para ayudarle a
subirse.
-Pon el pie aquí.-le indiqué con el
pie.- Y ahora impúlsate hacia arriba. Así, muy bien.
Epona volvió a levantar las patas, por
lo que agarré fuertemente a Lys y a Epona.
-¡Epona! ¡Tranquila!
Epona se tranquilizó y dejó que Lys
también la montara.
-Lys, agarra las riendas. Epona sabe
tratar con principiantes si va con un experto. Así que, ¡hia!-le
dije a Epona.
Epona empezó a correr por el patio,
cuando descubrí que la valla del patio estaba rota. Daba a un
pequeño bosque, el cual Epona y yo nos conocíamos bien.
-Lys, agárrate a mí y dame las
riendas. Tenemos que ir por un sitio donde solo las expertas pueden
ir.
-Cla-Claro.-dijo mientras me cogía por
la cintura.
Respiré hondo para tranquilizarme y me
adentré en el bosque, como siempre habíamos hecho Epona y yo.
Supuse que Rayo estaría cerca del pequeño lago, por lo que me
dirigí hacia él. No fallé. Estaba la casa que utilizábamos mis
hermanos y yo para jugar y justo al lado el lago. Y bebiendo de él,
estaba Rayo. Silbé para llamar la atención del caballo, que vino
hacia mí tranquilamente.
-Lys, monta a Rayo. Es más dócil.
Lys se bajó y se montó en Rayo, al
que aceptó de buena gana. Los dos juntos parecían un príncipe y su
corcel, ya que Rayo era completamente blanco, pero corría...
-Pareces un príncipe y su corcel.
-¿Sí? Pues tú pareces una amazonas.
-No lo parezco, lo soy.-le dije
mientras cogía las riendas de Rayo y de Epona a la vez.
-Bueno, pues...-dijo Lys un poco
azorado.
-¿Qué te pasa, Lys?
-Muchas chicas andan detrás de mí,
pero ahora que tengo novia, no quiero que la maten a celos y a
envidia.
-Tranquilo. Además de coger las
enfermedades, también soy capaz de pasarlas. Por eso hoy la clase
estaba tan tensa. Mientras más me miraban y más tensa me ponían,
yo cogía la tensión y se la devolvía a ellos.
-¿Ah, sí?-dijo Lys cuando empezamos a
caminar.
-Pues sí. Oye Lys... ¿Castiel alguna
vez te ha presentado a su familia?
-Sí, ¿por?
-Bueno, pues es... Porque tiene la
marca que tiene mi familia. ¿Ves?-dije mostrándole mi muñeca.
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