miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 23


Narra Derek.
-Lo siento...-respondí yo, tristemente.
Un grupo de chicos y chicas entraron en la habitación. Todos se pusieron alrededor de Hatsu. Miraron con esperanza a Lys, y éste negó con la cabeza. Todos se echaron a llorar excepto una chica morena, con orejas de gato y ojos morados.
-No podemos llorar ahora. Un día ella me dijo que si moría joven, que quería morir con todos sus amigos alrededor, entonando una canción. La que a nosotros nos pareciese.-dijo la chica morena.
-Pero Cami, ¿es que no lo ves? Nuestra amiga va a morir.
-¡Ya lo sé!-dijo gritando mientras cerraba los ojos y un par de lágrimas recorrían su mejilla.-¡Ya lo sé! Pero... quiero que su último deseo se cumpla...-dijo al ponerse de rodillas y taparse la cara con sus manos.- Lo siento... Un día te prometí que eso no ocurriría... Y no lo he cumplido...
-Todavía queda una posibilidad...-dije yo, algo inseguro.
-¿Qué?-dijo Lys mientras todos me miraban esperanzados.
-Su hermana. Una vez me dijo que tenía una hermana que le quitaba la enfermedad que ella tuviese y la hacía desaparecer. Yo no la creí. Pero es lo único que quiero creer ahora.
-Eso es verdad.-dijo Lys, abatido.- Pero la hermana está secuestrada, junto a su hermano.
-Her...ma...nos...-dijo Hatsu respirando con dificultad.-Mis... her...ma...nos... ¡Mis hermanos!-dijo justo antes de desaparecer.
Narra ****. (el nombre está censurado hasta que lo diga en la historia. Entonces lo aclararé todo.)
La chica volvió a aparecer allí. Al parecer, estaba muy enferma por algún virus, pero ella quería salvar costase lo que costase a sus hermanos.
-Mis... her... ma... nos...
-Sí, sabemos que están secuestrados. Pero por ahora están bien. Vuelve con los demás.-le dije yo.
-¡No!-saltó ella, incorporándose.- Mis... hermanos...-dijo antes de volver a caer a la cama, inconsciente.
-Pobre chica.-dijo ella.- ¿Por qué no...?
-No podemos salvarla, Kana. Ella debe formar su propia vida, y lo sabes. Cuando sea el momento apropiado, ella descubrirá a Kai. Y entonces, descubrirá todo nuestro mundo. Pero por ahora no.
-Lo sé... Pero, entonces... ¿la devolvemos con sus amigos?
-No creo que sobreviva mucho. Será mejor que le demos algo de Planta Curativa antes de enviarla de nuevo. Así, por lo menos, podrá intentar llegar hasta sus hermanos.
Narra Derek.
-Ha... ¿desaparecido?
-Ya lo hizo una vez. Desapareció delante de mis narices, y cuando volvió, estaba tan feliz.-dijo Lys, preocupado.
-Debemos... salvar a... sus hermanos...-dijo un chico con gafas de culo de botella.
-¡Ken!-dijo una chica pelirroja, la misma que había estado cuando le abrí la pierna a Hatsu.- ¿Cómo es posible que hayas despertado del coma?
-Es más fácil... salir la... segunda vez...-dijo recuperando el aliento, pues había venido corriendo.
-¿Qué quieres decir con eso de la segunda vez?-preguntó la chica de antes.
-Bueno, ya os lo explicaré luego. Doctor, será mejor que nos presentemos. Yo soy Ken. Ella,-dijo señalando a la chica de los ojos morados.- es Cami. La pelirroja es Poks, y al que está abrazando es Dajan. El chico pelirrojo que está superpreocupado por Hatsu es Castiel. Y aquel de allí es Moisés. Moi para los amigos.
-Encantado, yo soy Derek. Soy un antiguo compañero de trabajo de Hatsu.-dije.
En ese momento, Hatsu volvió a aparecer, con una sonrisa en la cara y una planta algo rara en la mano.
-¡Hatsu!
Narra Hatsu.
Había comido algo bastante raro y me había puesto mejor. Es más todavía tenía algo de eso que me habían dado. Miré a mis amigos. Todos ellos parecían sorprendidos. Víctor estaba entrando cuando vio la planta que sostenía. Se sorprendió durante un segundo, y casi llegué a creer que lo había imaginado. Pero pregunté.
-¿De qué te sorprendes, Víctor?
-¿Yo? Yo no me he sorprendido de nada.-dijo nervioso.
-Ocultas algo. ¡Dilo!-dije mientras me comía la planta.
-No sería recomendable que te comieras esa cosa, Hatsu. No sabemos qué es ni nada parecido...-dijo Derek.
-Estoy con Derek. Cuando estés a punto de morir, come, pero no gastes la preciada planta que te han regalado.
-¿Quiénes?
-No me digas que no los conoces. Tienes esa planta. Deberías saber lo que es.
Miré la planta fijamente y algo en mí sucedió. Recordé haberla visto en una especie de documental mental. “La Planta Curativa posee el don de curar todas las enfermedades, y solo es entregada por los... a los...” Al final de la transmisión mental, fallaba y no escuché dos nombres, quizás los más importantes.
-La Planta Curativa...
-Veo que no lo sabes, simplemente te lo inyectaron. Pero cura las enfermedades, no los principios activos. Eso como mucho podrá retenerlo un tiempo. El tiempo en que todos vosotros,-dijo dirigiéndose a Derek y los demás.- vais a ir a buscar a su hermana. Tranquilos, yo me quedaré con ella.-dijo para calmarlos.
-Pero...-dijo Lys.
-Tranquilo, Lys.
-Pero debería ser yo el que se quedara... Además, me debes algunas explicaciones...
-Te las responderé todas después. Pero por favor, hazle caso. Él sabe lo que hace. Si dice que tienes que ir, ve. Por favor.
-Pero... De acuerdo. Iré y salvaré a tus hermanos.
-Y entonces serás mi héroe. Gracias.
Lys y los demás salieron de la habitación, mientras que Víctor se acercaba a mí. Cuando Lys, que había salido el último, cerró la puerta, Víctor me empezó a hablar.
-Hatsu, tal vez tengas miedo de ellos, y quieras saberlo todo sobre ellos, pero todavía no ha llegado el momento.
-¿De quién hablas?
-No te han dicho sus nombres, ¿verdad? Hace poco me dijeron que habría una nueva alumna. Así que eras tú, ¿eh?-dijo mientras se reía.
De pronto calló. Miró atentamente hacia un lado y hacia otro. Aguzó la vista dirigida a la puerta. Noté que Dulce estaba cerca, pero no a mi lado. ¿Cuándo se habría ido? En ese momento, la puerta se abrió, pero muy poco. Vi que Dulce entraba. Sonreí. Víctor miraba atentamente, pero jamás vería a Dulce. Se acercó a mí. Víctor la seguía con la mirada.
-¿Qué haces tú aquí?-le preguntó Víctor.
-¿¡La ves!?-pregunté, nerviosa.
-Claro que la veo. Dyan, sal. Dulce está aquí.
Un gato negro de ojos azules, salió. Yo no lo conocía, pero Dulce, al parecer, sí.
-Hola, Dulce. Qué de tiempo sin verte. Al parecer no has cambiado nada.
-Tú tampoco has cambiado nada, Dyan. ¿Qué haces con este humano? Se supone que solo podemos ir con las personas importantes.
-Así es, querida Dulce. Y este humano, que se llama Víctor y que conoce a Hatsu, es importante.
-¿Có-cómo me conoces?-pregunté, cautelosa.
-Como para no reconocer a la princesa de la patria de Víctor.
-Espera, Hatsu, ¿me está diciendo que tú eres la princesa?
-Yo... Tú... no deberías saberlo...
-Tranquila, no se lo diré a nadie. Pero, ¿por qué no me lo dijiste? Yo estoy un poco más por debajo.
-¿Cómo? No te entiendo.
-Yo soy un conde. Pero le dejé las cosas a mi hermano pequeño y mi hermano mediano se enfadó conmigo. Y creó la secta de los Aniquiladores. Mi hermano es el jefe y lo único que quiere es destruir a la familia real, y a mí.
-¿¡Tú hermano ha intentado matarme!?
-Supongo. Mi hermano es el jefe de los Aniquiladores.
-Pues dile a tu hermano que suelte a mis hermanos. Ella es la única que puede curarme.
-Será por eso por lo que la ha secuestrado.
-Pero él no contaría conque el principio activo de GUILT me atacaría, ¿no?
-No lo sé. Dyan, ven conmigo. Hatsu, tranquila, no te pasará nada. Dulce estará contigo.-dijo mientras iba hacia la puerta.
-¡Víctor!-exclamé cuando Víctor cruzaba la puerta y me dejaba atrás.
Narra Carly.
Estaba observando a Hatsu. Era muy aburrido, pero tenía que hacerlo. De pronto, se quedó sola. Llamé a Richard.
-Richard. Hatsu está sola. Podéis atacar.-dije mientras una sonrisa malévola cruzaba mi rostro.
Narra Hatsu.
Sentí que alguien me vigilaba. Y también sentí que pronto lucharía. Me comí toda la Planta Curativa y me preparé para el combate. Sin darme cuenta, y en menos de tres segundos, me habían cogido por los brazos y por los pies. Y vi que una sombra cogía a Dulce.
-¡Dulce! ¡Soltadme!
-Hatsu, veo que tienes amigos poderosos.-dijo una voz que me resultaba familiar.
-¿Quién eres? ¡Sal de ahí y no te escondas!
Vi a Carly salir, con Dulce en la mano. Y me sorprendí mucho.
-¿Sabes? En verdad, Sol está muerta. La maté yo. No dejaba de chivarse a madre y de darme la lata. Me pregunto cómo es que tú todavía no has matado a Dulce. Te haré un favor y lo haré por ti.
-¡No! ¡Suéltala! ¡No le hagas daño! ¡Haré todo lo que me pidas!-grité, desconsolada.
-¿Todo?
-Sí.-dije, resignada.
Agaché mi cabeza y de mis ojos cayeron lágrimas, que rodaron por mis mejillas, pararon en mi barbilla y cayeron como si ésta fuera una estalactita.
-Oh, pobre. No te pongas a llorar hermana. A nuestros hermanos no les pasará nada.
-¿Qué te he hecho para que me traiciones así?
-Esperar demasiado tiempo para rescatarme. Vosotros me abandonasteis hace años y os olvidasteis de mí.
-Eso no es verdad. Cada noche lloraba por ti.
-¡Mentirosa! Te estuve observando y jamás lloraste por mí.
-¿Ah, no?
-No, nunca. Y eso fue lo que más me dolió.
-Yo, el día de mi cumpleaños, nada más levantarme, lloraba por ti. Casi pasaba todo el día llorando por ti. Y todas esas veces que jugábamos juntas, cuando me quedé sola también echaba de menos esos momentos juntas y lloraba. ¿¡Y me dices que jamás lloré por ti!?-grité, cada vez llorando con más fuerza.
-Sí, lo digo. Pero olvidemos eso de momento. ¿Sabes lo que te voy a pedir?
-No, no lo sé.-susurré, deseando que todo aquello fuera un mal sueño.
-Primero, traeremos de vuelta a nuestros hermanos. Y Suguro te curará. Luego, llamaremos a Lys y le diremos que ellos han escapado y que vuelvan. Después de todo eso, me reuniré contigo y te daré TODO lo que tienes que hacer a partir de ahora, si no quieres ver ni a tu novio, ni a tus amigos, ni a Dulce, ni a tus hermanos en peligro. Y por si acaso, me llevaré a Dulce.
-Pero no le hagáis daño, por favor...-supliqué, cada vez más entristecida.
-Si tú no haces nada que esté fuera de lo que te digamos, no le haremos nada, tranquila.
-Enséñame la mano, por favor hermana.
-Carly para ti, y si lo que quieres averiguar es si soy de los Aniquiladores, sí, lo soy.

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