-Es verdad, esa marca la tiene Castiel.
Son cuatro puntos que hacen una flecha invertida.
-No hacen una flecha, hacen un
corazón.-dije mientras volvía a taparme la herida.- Me gustaría
que no contaras nada de lo que has visto. Ni la casa, ni el lago, ni
mi marca. ¿Lo harás?
-Todo por mi novia.-dijo mientras se
acercaba y me besaba.- Por cierto, yo también te entregué algo muy
preciado. Mis tres primeros besos.
Yo sonreí ante ese comentario, y
entonces me acordé.
-¿Y cuándo nos haremos la foto? Aquí
se hacen unas fotos buenísimas...-dije refiriéndome al pequeño
lago donde habíamos estado.
-Bueno, cuando tú quieras...
-Las lágrimas de San Lorenzo. Ese día
lo haremos. Y pasaremos la noche aquí, si tú quieres.
-Por mí bien.
Volvimos todo el camino enseñándole a
montar, y cuando llegamos, todos sabían ya montar a caballo. Todos
excepto Castiel, que no estaba siguiendo las instrucciones de Meiko.
-Castiel, si no vas a seguir mis
explicaciones, puedes irte. Lo único que estás haciendo es daño a
los caballos.-le dijo Meiko.
Me acerqué hasta Cami.
-Cami, ¿por qué no le intentas
enseñar tú? A lo mejor así matamos dos pájaros de un tiro...-le
susurré al oído.
Ella se sonrojó, pero asintió y se
acercó.
-¿Te ayudo, Castiel?
-Gracias, Cami, pero creo que soy un
negado para esto.
-No seas tonto. Lo único que pasa es
que no has cogido el truquillo. Mira. Estás en una mala postura.
Tienes que tener una pierna por cada lado del caballo.
-¿Y entonces tú?
-Las chicas somos diferentes, nos
montamos estilo amazonas, que es con las dos piernas para un lado.
Los chicos tenéis que montarse como toda la vida.
-Vale.-dijo mientras se ponía bien.
-Espalda recta, si no te podrías hacer
daño. Mirada al frente, no queremos chocarnos. Agarra bien las
riendas y no juegues con ellas, son la herramienta para controlar al
caballo.
Poco a poco, Castiel fue haciendo lo
que Cami le iba diciendo, por lo que todos nos quedamos maravillados.
-Eso Castiel no lo suele hacer...-me
susurró Lys.
-Tal vez estén enamorados, como
nosotros.-le respondí.
-Hablaré con él.
-Yo con ella.
El tiempo pasó bastante rápido.
Llegaron las ocho y la clase de equitación con Meiko había acabado.
Los llevé hasta unas habitaciones, chicos por un lado y chicas por
el otro.
-Aquí están las duchas, por si
queréis ducharse.-les expliqué.- Y justo al lado están las
habitaciones. Esta es la mía, no entréis. Las demás repartirlas
como queráis. Quedamos a las nueve en el comedor.-dije mientras
entraba en mi habitación. Un pie se coló antes de que cerrara.
Volví a abrir la puerta.- ¿Sí?
-Eh... Hatsu... ¿Podría quedarme
contigo?-me preguntó Lys.
-Sí-Sí, cla-claro.-le respondí
tímidamente.
Él se adentró. Era mi habitación de
cuando tenía ocho años, pero estaba tan limpia como si la hubiera
dejado ayer.
-¿Sabes? Aquí hubo una fiesta de
máscaras, y yo me colé. No conocía a nadie, pero vi a una chica
sentada al lado de una mesa sola y aburrida. Tendría la misma edad
que yo. Le pregunté que si quería bailar conmigo y aceptó. Era un
poquito más bajita que yo, por lo que se montó con cuidado de no
hacerme daño en mis pies. Y estuvimos bailando así hasta que el
padre me la robó para bailar él con ella. Ahora sé que eras tú.
¿Cómo es que tu padre ha cambiado tanto solo por la huida de tu
hermano?
-Bueno, es que fue eso más...-me tapé
la cara. Suspiré. ¿Debería decírselo?
-Tranquila, si no me lo quieres decir
lo respeto.
-Gracias.-dije mientras me dejaba caer
en la cama, que todavía tenía su dosel. Lys se echó a mi lado.
-De nada. Supongo que algún día me lo
contarás, pero podré esperar.
-Gracias. No solo por esto, sino por
estar siempre cuando te necesité y por haberme apoyado y por...
-Shhhh... No ha sido nada.-dijo
mientras acercaba sus labios a los míos y me besaba.
-Por cierto, Lys,-le dije cuando se
separó y se volvió a acostar.- ¿qué instrumentos sabes tocar?
-Bueno, sé tocar el violín, el piano,
la flauta travesera y el violonchelo. ¿Por?
-Ahora vuelvo. Voy a ducharme. Después
sabrás por qué.
-¿Y por qué no os ducháis juntos,
parejita?-escuché decir en la puerta.
-¡Castiel!-le gritó Lys, muy nervioso
y rojo.
-Déjalo, Lys. Es tonto.-dije por
primera vez.
-¡Eh! ¡Nadie me llama tonto!-dijo
mientras se acercaba a mí y me cogía por el brazo.
-Lys, ¿alguna vez te ha presentado a
su familia?-dije ignorando a Castiel.
-Sí.
-¿Y tienen la misma marca?
-Sí, ¿por?
-¿Te llamo por tu verdadero nombre o
te vas, Castiel?
Castiel miró hacia otro lado, molesto
y me soltó. Se fue dando grandes zancadas.
-¿Qué es eso de su verdadero nombre?
-Me gustaría que me llevaras a donde
conociste a la familia de Castiel.-dije omitiendo la pregunta.
-Cla-Claro.
-Lo siento. Es que...-me adentré en el
baño.- Lys, me voy a duchar a ver si así puedo despejarme, ¿vale?
Lo siento.
-Tranquila, no pasa nada. Sé que con
lo de tu padre, tu hermano y... demás problemas que tengas, debes
estar agobiada.
-Gracias. De verdad, gracias.-dije en
un débil susurro.
Me quité la ropa y empecé a entonar
una canción tan triste como triste estaba mi corazón en aquel
momento. Entré en la ducha.
Narra Lys.
Escuché como Hatsu cantaba una canción
en inglés. Ya la había escuchado, y era muy triste. O al menos lo
parecía.
-Playground school bell rings again.
Rain clouds come to play again.
Has no one told you she's not
breathing?
Hello, I'm your mind giving you someone
to talk to.
Hello...
Noté como la canción acababa en un
suave sollozo. No podía entrar, era algo impropio de mí, pero lo
estaba pasando mal y tenía que estar cerca de ella.
Narra Hatsu.
Salí de la ducha. Seguro que Lys
estaba preocupado por mí. Esbocé una sonrisa amable, pero mis ojos
eran amargos. Intenté pensar en los momento felices con él y
pronto, todas las preocupaciones fueron desapareciendo. Hoy solo era
de él. No iba a ser de nadie más. Ni de las preocupaciones, ni de
las tristezas. Solo suya. Me puse la ropa de nuevo y salí. Lys
estaba sentado en el suelo, justo al lado de la puerta, con la
espalda y la cabeza apoyada. Tenía los ojos cerrados, señal de que
estaba muy preocupado por mí. Me agaché hasta su altura y le di un
pequeño beso, con el que abrió los ojos, sorprendido, y me lo
devolvió. Bebí de ese beso. No quería que aquel momento terminara.
Solo quería estar a su lado. Era el único que me ofreció la mano
para bailar aquella noche, y hasta ese mismo día, nadie se me había
acercado. Justo esa noche me mudé, pero ahora he vuelto. Estoy con
él. Nos separamos y me senté al lado suya. Y le cogí la mano. Algo
que le pilló por sorpresa, ya que no dejaba que nadie me tocara ni
me cogiera la mano.
-Tú fuiste el primero que me la
tendió. Tú serás el primero en recibirla.
Capítulo 11.
Mis dedos se cerraron en torno a su
mano. Suavemente, llamaron a mi puerta, tres veces. Solté a Lys y me
levanté. Le volví a tender mi mano, que cogía con agradecimiento.
-Pasa, Cami.
Cami entró por la puerta.
-Vamos, ¡nos están esperando ya
fuera!
-¿Fuera? Diles que pasen. Tomaremos
algo en el comedor. No me siento a gusto en cualquier bar.
-¿En el comedor? ¡Bueno, vale, tú
decides!
-Quedaos en la puerta, ahora os
alcanzamos. Lys ve con ella, tengo que preparar algunas cosas.
-Vale.-dijo mientras se separaba de mi
lado. Sabía que le costaba, ya que estaba preocupado por mí.
-Gracias.-le dije, para que él se
tranquilizara.
Me encaminé al comedor, donde ella
seguía estando allí.
-Hola, Susan.
-Hola Hatsu. Hacía tiempo que no te
veía. Ya estás hecha una mujer.
-¿Tienes la comida ya lista?
-Sí, ¿por? ¿quieres quedarte aquí a
comer?
-Bueno, unos amigos y yo.
-¿Cuántos sois?
-Seis. Somos seis.
-Claro, podéis sentaros allí, justo
al lado del escenario.
-¿Seguís haciendo entretenimientos
para los comensales?
-Claro que sí. Llevamos unos turnos,
para hacernos reír los unos a los otros.
-Bien, a lo mejor uno de nosotros se
deja convencer para que toque algún instrumento. Es bastante bueno.
-Bien. ¿Vosotros que decís,
chicos?-preguntó en voz alta Susan, para llamar la atención a los
que estaban detrás, ensayando.
-¡Por nosotros vale, pero que lo hagan
después de nosotros!
-¿Gerónimo?
-¿Hatsu?
-¡Gerónimo!
-¡Hatsu!
-¿Qué tal, cómo te lleva la vida?
-Bueno, mis hijos comen bien gracias al
trabajito que tengo aquí.-decía mientras me guiñaba el ojo.- Yo
seré el que presente.
-Vale, me vienes de perlas. Verás, no
digas que hoy tenéis entre vosotros a la princesa, di a la señorita
Hatsu.
-¿De verdad me concedes ese honor?
-No me quiero mudar, Gerónimo. Haría
lo que fuera con tal de no mudarme. Me he encontrado con antiguos
amigos, he hecho nuevos, ahora tengo novio... No los quiero dejar
atrás.
-Demasiadas cosas, ¿sí? Claro, te
haré el pequeño favor, siempre y cuando salgas a saludar.
-Bu-Bueno, cla-claro. Aunque me dará
algo de vergüenza...-dije.
-¡Esa es mi Hatsu de ocho años!
-¡Ey! ¡Que ahora tengo trece!
-Aish, ¡qué mayor se ha hecho mi
niña!
-Anda, acompáñame y que te conozcan
mis amigos. Seguro que les caes bien.
-Vamos, ¿¡a quién no le iba a caer
bien!?
-Hay un chico... Que si se pasa conmigo
le das un buen capón. Es pelirrojo... No, más bien tiene el pelo
rojo. Es un rojo brillante.
-¡Yo a mi niña la defenderé aunque
me cueste la vida!
-Anda, vamos, que están en la puerta
esperando. Hasta luego, Susan.
-Hasta luego, Hatsu.
Nos dirigimos Gerónimo y yo hacia
donde estaban los demás. Cuando llegamos, Castiel se puso a decir
tonterías sobre Gerónimo y yo.
-¿Qué pasa, parejita? Hatsu, ¿es que
nos querías presentar a tu novio?-dijo Castiel.
-Gerónimo, ya sabes que hacer.
-Claro, se ha pasado mucho.-dijo
mientras le daba la colleja a Castiel.- ¿Yo tener ese honor? ¡Jamás
lo tendría! Aparte, estoy casado.-dijo dándole otro.
-¡Ay! ¡Para ya de darme, Gerónimo!
-¿Cómo sabes mi nombre, muchacho?
-Lo acaba de decir Hatsu.-se apresuró
a decir.
-Tranquilo, Gerónimo. ¿No querrás
golpear más a mi hermano mayor, verdad?-le dije susurrándoselo en
el oído.- Haz como si no supieras nada. Todavía no estoy segura,
pero creo que así es.-le termine de decir.
Gerónimo asintió levemente, tan
levemente que solo yo lo pude percibir.
-Bueno, ¿vamos ya al comedor? No
quiero que empiecen sin nosotros.
-¡No empezarán porque yo no estoy
allí!
Mientras íbamos para el comedor, me
acordé de que no debería decir nada sobre lo de que Lys tocara
algún instrumento. Todavía no se sabía.
-Gerónimo, lo que te dije antes sobre
lo iba a pasar después de vosotros, no lo vayas a decir, ya que no
lo sé a ciencia cierta, ¿vale?
-¡Claro que sí! ¡Todo por mi niña
Hatsu!
-Uno te llama señorita y otro
niña.-dijo mientras empezaba a reírse.
-Mal hecho.-dijo Gerónimo volviéndole
a pegar un capón en la cabeza.
-¡Au!-exclamó Castiel.
Todos nos reímos y seguimos avanzando.
Cuando llegamos al comedor, les indiqué una mesa en el sitio
apropiado para ver la actuación, por lo asintieron y se sentaron.
Todos fueron hasta el sitio excepto yo, que me puse un delantal y me
acerqué a nuestra mesa.
-¿Qué vais a querer?-dije mientras
sacaba del bolsillo del delantal un taco de hojas y un bolígrafo.
-¿Qué es lo que tenéis?-bufó
Castiel.
-Para ti, si la sigues tratando así,
no habrá nada.-dijo Gerónimo.- Hatsu, querida, yo querré lo que tú
me traigas.-me dijo Gerónimo.
Lysandro estaba asesinando a Gerónimo
con la mirada, por lo que yo me reí. Cogí un papel y escribí:
“Tranquilo, yo solo tengo ojos para ti. Si me trata así es porque
de pequeña era él el que me cuidaba.” Pasé junto a él puesto
que una mesa me llamaba y le dejé el papel. Lo abrió con mucho
cuidado y lo leyó. Luego, lo cerró y se lo guardó en un bolsillo.
Gerónimo, que estaba al lado de él, le habló.
-Cuida bien de mi pequeña. Como le
hagas daño...-dejó la frase en el aire.
-Cla-Claro.-dijo Lys asustado.
Me dirigí hacia donde estaba Susan, y
le colgué los pedidos.
-Susan, entro a cambiarme, que me
revele otra de mientras.
-No hace falta, Cath a avisado a todos
de tu llegada y nadie quiere pedir nada si no es a ti. Te van a
esperar lo que haga falta.
-Bueno, pues a trabajar se ha
dicho.-dije saliendo con un vestido de doncella y el delantal. Cogí
los pedidos que ya había servido Susan y los llevé a la mesa. Los
llevé rápidos, ya que llevaba los patines. Como hacía tiempo que
no los cogía, estuve a punto de chocarme con una mesa, pero cerré
los ojos e hice un mortal doble, saltando completamente la mesa.
Todos, que tenían la mirada puesta en mí, me aplaudieron, por lo
que yo les hice una reverencia sin que se me cayera nada. Por suerte,
había ido tan rápido, que los pedidos no se habían vertido en la
mesa. Solté los dos granizados de fresa que me habían pedido y fui
a pedir los pedidos de mis amigos.
-A ver, ¿qué queréis tomar?
Gerónimo, Castiel, Cami, Lys, los vuestros ya los sé. ¿Qué vais a
tomar, Hilay, Eli?
-Yo tomaré un refresco de cola. Y me
ha alucinado ese salto mortal doble.-me dijo Eli.
-Yo igual que ella.
-Vale, bien. Marchando.-dije mientras
hacía una voltereta lateral cayendo perfectamente sobre mis patines.
Cogí impulso y llegué hasta Susan.
-Dos helados de chocolate, dos
refrescos de cola, un granizado de vainilla, dos helados de fresa y
un té verde.
-Marchando.
Después de cierto tiempo (poco, ya que
en realidad allí había trabajando muchas personas) cogí todos los
pedidos, unos encima de mi cabeza y otros en las palmas de mis manos.
Los llevé con rapidez, y ninguno se me cayó. Había estado bastante
tiempo con el ejercicio del libro en la cabeza, y ahora no solo podía
llevar libros, podía llevar de todo sin que se me cayera.
-Tomad. Un helado de chocolate por
aquí, un té verde por allá, un granizado de vainilla para
Gerónimo, otro helado de chocolate para mí, los dos refrescos de
cola para vosotros... Y lo que más te gusta, Castiel, dos helados de
fresa.
-¿Y porqué le das dos en vez de uno?
-Porque de niño se comía dos. A ver
si así, recuerda su niñez.
Castiel apartó la mirada, mientras que
yo me alejaba. “Estúpido. Podrías habérmelo dicho...” Seguí
atendiendo mesas, hasta que ya todas quedaron saciadas. Me volvía a
cambiar y corrí para llegar a mi mesa. Entonces, asentí a Gerónimo,
que se levantó y se fue al escenario con una sonrisa.
-¡Hola a todo el mundo! Supongo que
recordáis a nuestra querida Hatsu... Bien, pues... ¡Esta tarde,
está aquí, con nosotros! Hatsu, por favor, ven aquí al escenario
para que todos te veamos.
Yo salí al escenario, contenta por
poder verlos a todos de nuevo.
-¡Que baile! ¡Que baile!-empezó a
corear todo el público.
-¿Crees que podrás bailar?
-Claro, siempre y cuando me dejéis
cambiarme.-dije con una sonrisa en la cara.
-¡Bieeeeeeeeeeeeeeeen!-gritó el
público.
Bajé a nuestra mesa, donde le pregunté
a Lys si podría tocar ballet para mí.
-¿Podrías?
-Bueno, si tienes las letras sí que
podré.
-Bien, ven conmigo. Te las daré y las
practicarás un poco. Será el lago de los cisnes. ¿Te suena?
-Sí, lo escuché una vez. ¿En serio
sabes bailar ballet?
-¿Estás de broma? Los pasos que hizo
en nuestro partido eran pasos de ballet.-susurró Eli.
-Bueno, ¿vamos o no?
-Claro.
Llegamos a mi habitación, y abrí el
armario. Cada año lo iban renovando. Las mismas cosas pero para mi
talla. Cogí el vestido de ballet que me habían comprado, ya que los
tutús nunca me habían gustado. Me lo puse allí delante, ya que
tenía el corsé y no me lo tenía que quitar.
-¿Llevas corsé?
-Lysandro, a una señorita no se la
mira cuando se está cambiando.-dijo Cath, que acababa de entrar.
-Ah-Ah, es verdad... Lo siento.
-Tranquilo Lys.-dije mientras me giraba
hacia donde provenía la voz.-¡Cath!
-¡Hatsu!
-¡Que bien que te haya visto ahora
mismo! ¿Cuál escojo?
-El rosa te quedará más bonito, pero
si vas a hacer el que creo que vas a hacer, elige el blanco.
-¡Gracias, Cath!
-¿Cath?-preguntó Lys.- ¿Quién eres?
-Era mi compañera de juegos cuando era
una niña. Te he echado de menos, Cath. ¿Cómo sabías el nombre de
mi amigo?
-Me lo ha dicho Gerónimo.
-Ah, como no. Él tenía que ser.-le
dije yo a Cath, que empezó a reírse.
-Bueno, vamos, que todos te
esperan.-dijo mientras empezábamos a salir.
-Lys, ¿lo tienes más o menos bien las
partituras?
-Sí, tranquila. Podré tocar sin
ningún problema.
-Bien, pues vamos allá.-dije subiendo
por detrás del escenario con Lys y con Gerónimo.
Se encienden las luces. Se abre el
telón. “Que empiece la función.” pensé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario