miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 11


-Es verdad, esa marca la tiene Castiel. Son cuatro puntos que hacen una flecha invertida.
-No hacen una flecha, hacen un corazón.-dije mientras volvía a taparme la herida.- Me gustaría que no contaras nada de lo que has visto. Ni la casa, ni el lago, ni mi marca. ¿Lo harás?
-Todo por mi novia.-dijo mientras se acercaba y me besaba.- Por cierto, yo también te entregué algo muy preciado. Mis tres primeros besos.
Yo sonreí ante ese comentario, y entonces me acordé.
-¿Y cuándo nos haremos la foto? Aquí se hacen unas fotos buenísimas...-dije refiriéndome al pequeño lago donde habíamos estado.
-Bueno, cuando tú quieras...
-Las lágrimas de San Lorenzo. Ese día lo haremos. Y pasaremos la noche aquí, si tú quieres.
-Por mí bien.
Volvimos todo el camino enseñándole a montar, y cuando llegamos, todos sabían ya montar a caballo. Todos excepto Castiel, que no estaba siguiendo las instrucciones de Meiko.
-Castiel, si no vas a seguir mis explicaciones, puedes irte. Lo único que estás haciendo es daño a los caballos.-le dijo Meiko.
Me acerqué hasta Cami.
-Cami, ¿por qué no le intentas enseñar tú? A lo mejor así matamos dos pájaros de un tiro...-le susurré al oído.
Ella se sonrojó, pero asintió y se acercó.
-¿Te ayudo, Castiel?
-Gracias, Cami, pero creo que soy un negado para esto.
-No seas tonto. Lo único que pasa es que no has cogido el truquillo. Mira. Estás en una mala postura. Tienes que tener una pierna por cada lado del caballo.
-¿Y entonces tú?
-Las chicas somos diferentes, nos montamos estilo amazonas, que es con las dos piernas para un lado. Los chicos tenéis que montarse como toda la vida.
-Vale.-dijo mientras se ponía bien.
-Espalda recta, si no te podrías hacer daño. Mirada al frente, no queremos chocarnos. Agarra bien las riendas y no juegues con ellas, son la herramienta para controlar al caballo.
Poco a poco, Castiel fue haciendo lo que Cami le iba diciendo, por lo que todos nos quedamos maravillados.
-Eso Castiel no lo suele hacer...-me susurró Lys.
-Tal vez estén enamorados, como nosotros.-le respondí.
-Hablaré con él.
-Yo con ella.
El tiempo pasó bastante rápido. Llegaron las ocho y la clase de equitación con Meiko había acabado. Los llevé hasta unas habitaciones, chicos por un lado y chicas por el otro.
-Aquí están las duchas, por si queréis ducharse.-les expliqué.- Y justo al lado están las habitaciones. Esta es la mía, no entréis. Las demás repartirlas como queráis. Quedamos a las nueve en el comedor.-dije mientras entraba en mi habitación. Un pie se coló antes de que cerrara. Volví a abrir la puerta.- ¿Sí?
-Eh... Hatsu... ¿Podría quedarme contigo?-me preguntó Lys.
-Sí-Sí, cla-claro.-le respondí tímidamente.
Él se adentró. Era mi habitación de cuando tenía ocho años, pero estaba tan limpia como si la hubiera dejado ayer.
-¿Sabes? Aquí hubo una fiesta de máscaras, y yo me colé. No conocía a nadie, pero vi a una chica sentada al lado de una mesa sola y aburrida. Tendría la misma edad que yo. Le pregunté que si quería bailar conmigo y aceptó. Era un poquito más bajita que yo, por lo que se montó con cuidado de no hacerme daño en mis pies. Y estuvimos bailando así hasta que el padre me la robó para bailar él con ella. Ahora sé que eras tú. ¿Cómo es que tu padre ha cambiado tanto solo por la huida de tu hermano?
-Bueno, es que fue eso más...-me tapé la cara. Suspiré. ¿Debería decírselo?
-Tranquila, si no me lo quieres decir lo respeto.
-Gracias.-dije mientras me dejaba caer en la cama, que todavía tenía su dosel. Lys se echó a mi lado.
-De nada. Supongo que algún día me lo contarás, pero podré esperar.
-Gracias. No solo por esto, sino por estar siempre cuando te necesité y por haberme apoyado y por...
-Shhhh... No ha sido nada.-dijo mientras acercaba sus labios a los míos y me besaba.
-Por cierto, Lys,-le dije cuando se separó y se volvió a acostar.- ¿qué instrumentos sabes tocar?
-Bueno, sé tocar el violín, el piano, la flauta travesera y el violonchelo. ¿Por?
-Ahora vuelvo. Voy a ducharme. Después sabrás por qué.
-¿Y por qué no os ducháis juntos, parejita?-escuché decir en la puerta.
-¡Castiel!-le gritó Lys, muy nervioso y rojo.
-Déjalo, Lys. Es tonto.-dije por primera vez.
-¡Eh! ¡Nadie me llama tonto!-dijo mientras se acercaba a mí y me cogía por el brazo.
-Lys, ¿alguna vez te ha presentado a su familia?-dije ignorando a Castiel.
-Sí.
-¿Y tienen la misma marca?
-Sí, ¿por?
-¿Te llamo por tu verdadero nombre o te vas, Castiel?
Castiel miró hacia otro lado, molesto y me soltó. Se fue dando grandes zancadas.
-¿Qué es eso de su verdadero nombre?
-Me gustaría que me llevaras a donde conociste a la familia de Castiel.-dije omitiendo la pregunta.
-Cla-Claro.
-Lo siento. Es que...-me adentré en el baño.- Lys, me voy a duchar a ver si así puedo despejarme, ¿vale? Lo siento.
-Tranquila, no pasa nada. Sé que con lo de tu padre, tu hermano y... demás problemas que tengas, debes estar agobiada.
-Gracias. De verdad, gracias.-dije en un débil susurro.
Me quité la ropa y empecé a entonar una canción tan triste como triste estaba mi corazón en aquel momento. Entré en la ducha.
Narra Lys.
Escuché como Hatsu cantaba una canción en inglés. Ya la había escuchado, y era muy triste. O al menos lo parecía.
-Playground school bell rings again.
Rain clouds come to play again.
Has no one told you she's not breathing?
Hello, I'm your mind giving you someone to talk to.
Hello...
Noté como la canción acababa en un suave sollozo. No podía entrar, era algo impropio de mí, pero lo estaba pasando mal y tenía que estar cerca de ella.
Narra Hatsu.
Salí de la ducha. Seguro que Lys estaba preocupado por mí. Esbocé una sonrisa amable, pero mis ojos eran amargos. Intenté pensar en los momento felices con él y pronto, todas las preocupaciones fueron desapareciendo. Hoy solo era de él. No iba a ser de nadie más. Ni de las preocupaciones, ni de las tristezas. Solo suya. Me puse la ropa de nuevo y salí. Lys estaba sentado en el suelo, justo al lado de la puerta, con la espalda y la cabeza apoyada. Tenía los ojos cerrados, señal de que estaba muy preocupado por mí. Me agaché hasta su altura y le di un pequeño beso, con el que abrió los ojos, sorprendido, y me lo devolvió. Bebí de ese beso. No quería que aquel momento terminara. Solo quería estar a su lado. Era el único que me ofreció la mano para bailar aquella noche, y hasta ese mismo día, nadie se me había acercado. Justo esa noche me mudé, pero ahora he vuelto. Estoy con él. Nos separamos y me senté al lado suya. Y le cogí la mano. Algo que le pilló por sorpresa, ya que no dejaba que nadie me tocara ni me cogiera la mano.
-Tú fuiste el primero que me la tendió. Tú serás el primero en recibirla.
Capítulo 11.
Mis dedos se cerraron en torno a su mano. Suavemente, llamaron a mi puerta, tres veces. Solté a Lys y me levanté. Le volví a tender mi mano, que cogía con agradecimiento.
-Pasa, Cami.
Cami entró por la puerta.
-Vamos, ¡nos están esperando ya fuera!
-¿Fuera? Diles que pasen. Tomaremos algo en el comedor. No me siento a gusto en cualquier bar.
-¿En el comedor? ¡Bueno, vale, tú decides!
-Quedaos en la puerta, ahora os alcanzamos. Lys ve con ella, tengo que preparar algunas cosas.
-Vale.-dijo mientras se separaba de mi lado. Sabía que le costaba, ya que estaba preocupado por mí.
-Gracias.-le dije, para que él se tranquilizara.
Me encaminé al comedor, donde ella seguía estando allí.
-Hola, Susan.
-Hola Hatsu. Hacía tiempo que no te veía. Ya estás hecha una mujer.
-¿Tienes la comida ya lista?
-Sí, ¿por? ¿quieres quedarte aquí a comer?
-Bueno, unos amigos y yo.
-¿Cuántos sois?
-Seis. Somos seis.
-Claro, podéis sentaros allí, justo al lado del escenario.
-¿Seguís haciendo entretenimientos para los comensales?
-Claro que sí. Llevamos unos turnos, para hacernos reír los unos a los otros.
-Bien, a lo mejor uno de nosotros se deja convencer para que toque algún instrumento. Es bastante bueno.
-Bien. ¿Vosotros que decís, chicos?-preguntó en voz alta Susan, para llamar la atención a los que estaban detrás, ensayando.
-¡Por nosotros vale, pero que lo hagan después de nosotros!
-¿Gerónimo?
-¿Hatsu?
-¡Gerónimo!
-¡Hatsu!
-¿Qué tal, cómo te lleva la vida?
-Bueno, mis hijos comen bien gracias al trabajito que tengo aquí.-decía mientras me guiñaba el ojo.- Yo seré el que presente.
-Vale, me vienes de perlas. Verás, no digas que hoy tenéis entre vosotros a la princesa, di a la señorita Hatsu.
-¿De verdad me concedes ese honor?
-No me quiero mudar, Gerónimo. Haría lo que fuera con tal de no mudarme. Me he encontrado con antiguos amigos, he hecho nuevos, ahora tengo novio... No los quiero dejar atrás.
-Demasiadas cosas, ¿sí? Claro, te haré el pequeño favor, siempre y cuando salgas a saludar.
-Bu-Bueno, cla-claro. Aunque me dará algo de vergüenza...-dije.
-¡Esa es mi Hatsu de ocho años!
-¡Ey! ¡Que ahora tengo trece!
-Aish, ¡qué mayor se ha hecho mi niña!
-Anda, acompáñame y que te conozcan mis amigos. Seguro que les caes bien.
-Vamos, ¿¡a quién no le iba a caer bien!?
-Hay un chico... Que si se pasa conmigo le das un buen capón. Es pelirrojo... No, más bien tiene el pelo rojo. Es un rojo brillante.
-¡Yo a mi niña la defenderé aunque me cueste la vida!
-Anda, vamos, que están en la puerta esperando. Hasta luego, Susan.
-Hasta luego, Hatsu.
Nos dirigimos Gerónimo y yo hacia donde estaban los demás. Cuando llegamos, Castiel se puso a decir tonterías sobre Gerónimo y yo.
-¿Qué pasa, parejita? Hatsu, ¿es que nos querías presentar a tu novio?-dijo Castiel.
-Gerónimo, ya sabes que hacer.
-Claro, se ha pasado mucho.-dijo mientras le daba la colleja a Castiel.- ¿Yo tener ese honor? ¡Jamás lo tendría! Aparte, estoy casado.-dijo dándole otro.
-¡Ay! ¡Para ya de darme, Gerónimo!
-¿Cómo sabes mi nombre, muchacho?
-Lo acaba de decir Hatsu.-se apresuró a decir.
-Tranquilo, Gerónimo. ¿No querrás golpear más a mi hermano mayor, verdad?-le dije susurrándoselo en el oído.- Haz como si no supieras nada. Todavía no estoy segura, pero creo que así es.-le termine de decir.
Gerónimo asintió levemente, tan levemente que solo yo lo pude percibir.
-Bueno, ¿vamos ya al comedor? No quiero que empiecen sin nosotros.
-¡No empezarán porque yo no estoy allí!
Mientras íbamos para el comedor, me acordé de que no debería decir nada sobre lo de que Lys tocara algún instrumento. Todavía no se sabía.
-Gerónimo, lo que te dije antes sobre lo iba a pasar después de vosotros, no lo vayas a decir, ya que no lo sé a ciencia cierta, ¿vale?
-¡Claro que sí! ¡Todo por mi niña Hatsu!
-Uno te llama señorita y otro niña.-dijo mientras empezaba a reírse.
-Mal hecho.-dijo Gerónimo volviéndole a pegar un capón en la cabeza.
-¡Au!-exclamó Castiel.
Todos nos reímos y seguimos avanzando. Cuando llegamos al comedor, les indiqué una mesa en el sitio apropiado para ver la actuación, por lo asintieron y se sentaron. Todos fueron hasta el sitio excepto yo, que me puse un delantal y me acerqué a nuestra mesa.
-¿Qué vais a querer?-dije mientras sacaba del bolsillo del delantal un taco de hojas y un bolígrafo.
-¿Qué es lo que tenéis?-bufó Castiel.
-Para ti, si la sigues tratando así, no habrá nada.-dijo Gerónimo.- Hatsu, querida, yo querré lo que tú me traigas.-me dijo Gerónimo.
Lysandro estaba asesinando a Gerónimo con la mirada, por lo que yo me reí. Cogí un papel y escribí: “Tranquilo, yo solo tengo ojos para ti. Si me trata así es porque de pequeña era él el que me cuidaba.” Pasé junto a él puesto que una mesa me llamaba y le dejé el papel. Lo abrió con mucho cuidado y lo leyó. Luego, lo cerró y se lo guardó en un bolsillo. Gerónimo, que estaba al lado de él, le habló.
-Cuida bien de mi pequeña. Como le hagas daño...-dejó la frase en el aire.
-Cla-Claro.-dijo Lys asustado.
Me dirigí hacia donde estaba Susan, y le colgué los pedidos.
-Susan, entro a cambiarme, que me revele otra de mientras.
-No hace falta, Cath a avisado a todos de tu llegada y nadie quiere pedir nada si no es a ti. Te van a esperar lo que haga falta.
-Bueno, pues a trabajar se ha dicho.-dije saliendo con un vestido de doncella y el delantal. Cogí los pedidos que ya había servido Susan y los llevé a la mesa. Los llevé rápidos, ya que llevaba los patines. Como hacía tiempo que no los cogía, estuve a punto de chocarme con una mesa, pero cerré los ojos e hice un mortal doble, saltando completamente la mesa. Todos, que tenían la mirada puesta en mí, me aplaudieron, por lo que yo les hice una reverencia sin que se me cayera nada. Por suerte, había ido tan rápido, que los pedidos no se habían vertido en la mesa. Solté los dos granizados de fresa que me habían pedido y fui a pedir los pedidos de mis amigos.
-A ver, ¿qué queréis tomar? Gerónimo, Castiel, Cami, Lys, los vuestros ya los sé. ¿Qué vais a tomar, Hilay, Eli?
-Yo tomaré un refresco de cola. Y me ha alucinado ese salto mortal doble.-me dijo Eli.
-Yo igual que ella.
-Vale, bien. Marchando.-dije mientras hacía una voltereta lateral cayendo perfectamente sobre mis patines. Cogí impulso y llegué hasta Susan.
-Dos helados de chocolate, dos refrescos de cola, un granizado de vainilla, dos helados de fresa y un té verde.
-Marchando.
Después de cierto tiempo (poco, ya que en realidad allí había trabajando muchas personas) cogí todos los pedidos, unos encima de mi cabeza y otros en las palmas de mis manos. Los llevé con rapidez, y ninguno se me cayó. Había estado bastante tiempo con el ejercicio del libro en la cabeza, y ahora no solo podía llevar libros, podía llevar de todo sin que se me cayera.
-Tomad. Un helado de chocolate por aquí, un té verde por allá, un granizado de vainilla para Gerónimo, otro helado de chocolate para mí, los dos refrescos de cola para vosotros... Y lo que más te gusta, Castiel, dos helados de fresa.
-¿Y porqué le das dos en vez de uno?
-Porque de niño se comía dos. A ver si así, recuerda su niñez.
Castiel apartó la mirada, mientras que yo me alejaba. “Estúpido. Podrías habérmelo dicho...” Seguí atendiendo mesas, hasta que ya todas quedaron saciadas. Me volvía a cambiar y corrí para llegar a mi mesa. Entonces, asentí a Gerónimo, que se levantó y se fue al escenario con una sonrisa.
-¡Hola a todo el mundo! Supongo que recordáis a nuestra querida Hatsu... Bien, pues... ¡Esta tarde, está aquí, con nosotros! Hatsu, por favor, ven aquí al escenario para que todos te veamos.
Yo salí al escenario, contenta por poder verlos a todos de nuevo.
-¡Que baile! ¡Que baile!-empezó a corear todo el público.
-¿Crees que podrás bailar?
-Claro, siempre y cuando me dejéis cambiarme.-dije con una sonrisa en la cara.
-¡Bieeeeeeeeeeeeeeeen!-gritó el público.
Bajé a nuestra mesa, donde le pregunté a Lys si podría tocar ballet para mí.
-¿Podrías?
-Bueno, si tienes las letras sí que podré.
-Bien, ven conmigo. Te las daré y las practicarás un poco. Será el lago de los cisnes. ¿Te suena?
-Sí, lo escuché una vez. ¿En serio sabes bailar ballet?
-¿Estás de broma? Los pasos que hizo en nuestro partido eran pasos de ballet.-susurró Eli.
-Bueno, ¿vamos o no?
-Claro.
Llegamos a mi habitación, y abrí el armario. Cada año lo iban renovando. Las mismas cosas pero para mi talla. Cogí el vestido de ballet que me habían comprado, ya que los tutús nunca me habían gustado. Me lo puse allí delante, ya que tenía el corsé y no me lo tenía que quitar.
-¿Llevas corsé?
-Lysandro, a una señorita no se la mira cuando se está cambiando.-dijo Cath, que acababa de entrar.
-Ah-Ah, es verdad... Lo siento.
-Tranquilo Lys.-dije mientras me giraba hacia donde provenía la voz.-¡Cath!
-¡Hatsu!
-¡Que bien que te haya visto ahora mismo! ¿Cuál escojo?
-El rosa te quedará más bonito, pero si vas a hacer el que creo que vas a hacer, elige el blanco.
-¡Gracias, Cath!
-¿Cath?-preguntó Lys.- ¿Quién eres?
-Era mi compañera de juegos cuando era una niña. Te he echado de menos, Cath. ¿Cómo sabías el nombre de mi amigo?
-Me lo ha dicho Gerónimo.
-Ah, como no. Él tenía que ser.-le dije yo a Cath, que empezó a reírse.
-Bueno, vamos, que todos te esperan.-dijo mientras empezábamos a salir.
-Lys, ¿lo tienes más o menos bien las partituras?
-Sí, tranquila. Podré tocar sin ningún problema.
-Bien, pues vamos allá.-dije subiendo por detrás del escenario con Lys y con Gerónimo.
Se encienden las luces. Se abre el telón. “Que empiece la función.” pensé.

No hay comentarios:

Publicar un comentario