miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 26


Narra Hatsu.
Al final me quedé dormida en la cama y ni cené. Ese día tendría que empezar la tarea que Carly me había encomendado. Muy tristemente, salí media hora justa antes que todos los demás, incluidos mis hermanos. Fui andando hasta el instituto, donde me esperaba el peor día de mi vida. Pero solo era el primero. Entré en la clase. Solo había tres chicas: Ámber y sus secuaces. Ámber me señaló un asiento vacío en la última fila, en la esquina izquierda. Era el sitio que menos me gustaba. Las mochilas de las tres estaban en las mesas más cercanas. Al estar de dos en dos, Ámber se había sentado a mi lado. La gente fue llegando poco a poco, sin mostrarse interesada en mí. A los cuarenta minutos, todos mis amigos aparecieron allí, hablando sobre... mí. Yo me recosté en mi silla para que no me vieran. Charlotte y Li taparon mi vista, pero aún así, Lys, con su mirada de lince, me vio. Se acercó a mí.
-Hatsu, ¿dónde estabas? Te hemos estado esperando.
-Lo sé, pero quise venir un poco antes.
-¿Y por qué estás sentada al lado de estas tres?-dijo sin ningún reparo.
-Por favor, Lys, no tengo ganas de hablar. Hablamos luego.
-Llevas una tarde entera evitándome. Dime qué te pasa, por favor.
-Lysandrito, te ha dicho que no quiere hablar contigo. ¿Es que no lo entiendes? ¡Fuera!-me defendió Ámber.
-¿Y desde cuando eres tú la guardaespaldas de Hatsu?
-Por favor, Lys...
-Desde hoy. Me ha pedido que la mantenga alejada de todos. Que quería pensar. Y yo, como buena amiga que soy, le he dicho que confiara en mí. Así que largo.
Vi que Lys me miraba y yo aparté la vista. Él se alejó, preocupado por mí. “Lo siento, Lys...” pensé para mis adentros. Interiormente lloraba.
-Bien hecho, Hatsu. Veo que quieres mucho a tus amigos.
-Sí.
Ámber miró para otro lado, intentando que no viera su sonrisa planificadora, pero la vi. Y temí por mí y por mis amigos. De pronto, sentí una mirada. Le descubrí en un rincón. Él me miraba como si nada en el mundo pudiera apartar su vista. Aparté la vista, sonrojada, y al volver a mirar, ya no estaba. Le busqué en toda la clase, pero no estaba. Ardía en deseos de preguntarle su nombre, pero sabía que si lo hacía, otro amigo caería en peligro.
-Hatsu, no te asustes, eres la única que puede verme. No hables. Me llamo... Kai.-dijo tras una pausa para pensar.
-Kai...-susurré para mí.
-¿Qué dices?-me preguntó Ámber.
-No he dicho nada.
Volví mi vista hacia atrás, pero no había nadie. La clase empezó.
-¿Quién no tiene hecho los deberes?-preguntó la profesora de matemáticas.
-Yo, profesora.-dije alzando la mano.
-¿Por? ¿No sabías hacerlos o se te han olvidado?
-No he querido hacerlo.
-Mire, señorita, por mucho que sea usted princesa, no tiene un tratamiento especial.
-Lo sé, yo misma lo pedí.
-Entonces, ¿me podría decir por qué no ha querido hacer los ejercicios?
-Eso fue porque estuvo curándonos a nosotros y estaba cansada, profesora.-salió Lys en mi defensa.
-Señorito Lysandro, no creo que usted tenga que defender a la señorita Hatsune. ¿Y bien? ¿Me va a contestar?
Tenía unas ganas tremendas de decirle que fue por la razón que había dicho Lys, pero según la carta...
-No me apetece contestar.
-Muy bien señorita, ya me ha cansado. ¡Al despacho de la directora!
-Vas mejorando.-me susurró Ámber.
Yo la odié con la mirada, a ella y a todos los Aniquiladores. Pero por ese momento, no podía hacer nada. Antes de salir, miré a Lys. Estaba mirándome preocupado. Y también vi un brillo metálico debajo de la mesa. Era una cámara. Miré hacia la ventana, viendo en el árbol a una chica que me decía que no. Yo suspiré y seguí andando hasta la puerta. Al salir, la chica se me presentó delante.
-Hola, princesa. Tranquila, estoy de vuestra parte.-dijo la chica.
La chica tenía aspecto serio, ojos y pelo oscuro. En el pelo llevaba una horquilla en forma de calavera, y lo llevaba recogido en dos coletas bajas. En los brazos llevaba unos guantes de rejilla que dejaban a la vista los cinco dedos de sus manos. Llevaba varios collares en forma de cruces negras y un vestido completamente negro excepto por el lazo blanco que tenía a la izquierda. Tenía unas medias a juego con los guantes, y el vestido le llegaba por un poco más alto de la rodilla. Levantó su mano izquierda hasta la cabeza.
-Infiltrada en los Aniquiladores, preparada para la acción.
-¿De dónde sales tú?
-Me llamo Grace y soy... un tanto especial.
-¿Por qué eres especial?-le pregunté mientras iba hacia el despacho.
-Poseo las cualidades de los lobos sin serlo.
-¿Cómo es eso posible?
-Un licántropo me mordió. En mi cuerpo hizo demasiada calor y... nunca me transformé. Pero sigo manteniendo las cualidades de los lobos. Olfato agudizado y poder enviar imágenes.
-Bien, pues mis órdenes son estas: no vuelvas a hablar conmigo. Si me ven hablando contigo, me matarán a mis seres queridos y con ellos, a mí.
-Hablaré mediante cartas. Tranquila, nadie me verá.
-Esperemos eso.
-También tengo el sigilo del lobo.-dijo mientras se esfumaba en el aire.
Entré en el despacho.
-¿Para qué has venido, Hatsune?
-La profesora de matemáticas me ha echado.
-¿Y qué le has hecho para que te eche?
-Le he dicho la verdad. Que no me apetecía hacer los deberes ni responder por qué no me apetecía hacer los deberes.
-Lo sé. Y sé por qué.-dijo mientras se giraba y me mostraba su mano.- A partir de ahora nos veremos más amenudo.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo. La directora también era de los Aniquiladores.
-Bueno, el castigo. Tendrás que quedarte a limpiar los servicios después de clase. Y me da igual que tengas clase de equitación. Y ya sabes. A segunda hora, deberás llamar a Meiko y decirle que no te espere. Y mientras la profesora esté explicando.
-Lo sé. Ahora, si me lo permite, me iré a mi clase.
-Oh, no. Tú te vas a quedar aquí conmigo. Siéntate y date la vuelta.
Lo hice. No sabía lo que me iba a hacer, pero sabía que me iba a torturar. Allí, en su despacho. O tal vez no. Escuché un ruido y me vendaron los ojos. Me guiaron por unos túneles y llegué a una habitación. Me quitaron la venda. Allí, había una chica apresada de pies y manos. Estaba llorando. Deseé con todas mis fuerzas el poder ayudarla, pero no podía.
-Quiero que le hagas sufrir.
-Por favor... dejadme salir... por favor...-me pedía la chica.- Por favor...
-¿Por qué a ella? ¿Por qué no a cualquier animal o a algún criminal?
-Porque ella nos traicionó. Debe pagar.
-Yo no hice nada... ¡me tendieron una trampa!-exclamó la chica.
-Sí, ya, lo que tú digas.
-¿Por qué no la creéis? Tal vez tenga razón.
-Eso es porque yo la vi.-dijo una voz detrás mía.
-Tú eres... ¿el hermano mediano de Víctor?
-Vaya, parece que le conoces. ¿De qué?
-Fui su compañera de trabajo en mi juventud. Me ha hablado mucho de ti.
-Bueno, pues por ser amiga y conocida de Víctor, yo te pondré el castigo. Mátala.-dijo mientras me tendía una pistola.
La chica se aterrorizó, y se empezó a defender contra aquellas cadenas. Parecía llevar allí días, por lo que estaba cansada y sin fuerzas. Intercambié un poco de su cansancio por un poco de mi energía, para que intentara un poco más el resistirse. No valió para nada. El hermano mediano de Víctor me puso un revólver en la mano y me hizo apuntar. Cerré los ojos. No quería ver a la persona a la que iba a matar.
-¿Y si se escucha en el instituto?-pregunté, creyendo que eso nos daría más tiempo para que ella intentara escapar.
-No se escuchará. Estamos bastante lejos. Hemos matado aquí a más de cien personas y de cien maneras distintas y nunca nadie ha escuchado nada, así que, ¿por qué esta vez sería diferente?-dijo con una carcajada al final.
-Lo siento.-le dije a la chica.
-Tranquila, a mí también me lo hicieron.-dijo mientras cerraba los ojos y aceptaba su muerte.
Disparé. Inconscientemente, le había dado en el corazón. Le despojé de todo el dolor y se lo pasé a la directora. Entonces escuché la sirena de que esa hora ya había terminado.
-Si me lo permiten, me voy.-dije mientras salía por la única salida que había.
Nadie me retuvo. Subía y subía hacia el despacho, y en poco tiempo llegué. Al llegar a clase, la tutora me miró.
-Hatsu, dime, ¿cuándo estarían dispuestos a trabajar tus sirvientes?
-Son mis amigos, y cuando yo les diga, ellos me ayudarán. Son así de majos.
-Bien. ¿Qué te parece si lo hacemos el último día de clase?
-Sí, profesora. Pero...
-¿Qué pasa?
-Me gustaría que fuera más bien por la noche.
-¿Por?
-Para que fuera más mágico.
-Ajá, de acuerdo.
Pensé en el día que estábamos. Ayer, dieciocho de diciembre fue mi cumpleaños. Y el último día sería... El veintiuno. Hoy era diecinueve. Dos días.
-¡Escuchad todos, clase! ¡El día del baile se celebrará el último día de clase por la tarde-noche!
-¿A qué hora más o menos?
-A las siete deberéis estar aquí para que los carruajes os lleven al palacio.-aclaré yo.- Los carruajes son de cuatro personas, por lo que me gustaría que la gente se vaya repartiendo en grupos de cuatro.
-¡Síii!-dijeron todos a coro.
-Vale, muchísimas gracias.
-Hatsu, ¿podrías ir avisando por todas las clases?
-Claro. Ahora mismo voy.
Ámber me miró con reproche. No debía hacer aquello si no quería poner en peligro a algunos de ellos.
-¿Profesora? Antes de irme... Me gustaría que Ámber viniese conmigo, por favor.
-Claro. Ámber, ve con Hatsu.
Al salir de la clase, Ámber dio media vuelta y me miró.
-¿Por qué me has elegido a mí?
-Quiero que vayas clase por clase preguntando cuánta gente va a venir y que apuntes por grupos de cuatro quiénes vayan a venir. Yo iré al despacho.
-De acuerdo. Lo haremos a tu manera.
-¡No! ¡Solo que...! ¡No sabía cómo negarme!
-Bueno, por ser tu primer error, haré la vista gorda. ¡Pero que no se repita!
-¡No!-dije mientras agachaba la cabeza e iba al despacho de la directora.

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