-¿Es algún amigo tuyo?
-Sí, es... un amigo.
Tanto Nana como yo saltamos hasta el
balcón contiguo, y llamé suavemente al cristal. Lys se acercó y
nos abrió. Me vio con los ojos vidriosos y se preocupó.
-¿Te pasa algo, Hatsu?
-No, tranquilo, es solo que... ¡Voy a
tener un hermano más!
-¿De verdad?-dijo Lys, contento.
-Sí, por eso he pensado que ella tiene
derecho a saberlo... Además... mi padre no quiere otro hijo y puede
que lo abandone o lo maltrate.
-Y piensas que tal vez nosotros
podríamos cuidarlo, ¿verdad?
-¿Qué? No dejaré que los vecinos
cuiden de nuestro niño.
-Nana, son más que unos vecinos. Lys
es mi novio y Castiel...
-¿Alguien me ha nombrado?-dijo
mientras entraba en la conversación.
-Esos ojos... Esa marca... ¡Eres tú!
¡Tú eres Kaito!-dijo Nana sorprendida.
-Vaya, ya lo sabe alguien más.-dijo
con una sonrisa.- Nana, no se lo vaya a decir ni a padre ni a madre,
por favor.
-Claro, Kaito.
-Castiel.
-Llámale Castiel.-respondí al ver la
mirada confusa de Nana.
-Claro. Por cierto, ¿y vuestros
hermanos? Os tengo que contar una noticia importante.
-Dentro. Pasad.-dijo Lys educadamente.
Nos encontramos a Suguro y a Len
abrazados, mientras que Cami y Eli conversaban animadamente sobre
algún tema, intentando olvidar la última noticia, que les había
dejado un tanto sorprendidas. Estaban todos sentados, y a ellos se
les unió Castiel. Nana, Lys y yo nos quedamos de pie. Lys me
mantenía muy cerca suya, alegre por la noticia. Lys y yo
retrocedimos hasta quedar detrás de Nana, mientras que ésta se puso
delante de mis hermanos y mis amigas.
-Chicos, vais a tener un nuevo
hermanito.-dijo dirigiéndose hacia mis hermanos.- Y vosotras
ayudaréis a cuidarlo, ya que el padre no lo quiere y lo cuidarán
ellos.-añadió señalando a Castiel y a Lys.
Volvió a repetirse la escena, aunque
esta vez también estaba Castiel en el lote.
-Yo también os ayudaré a cuidarlo,
que conste. Porque será mi hermano. Pero Nana, ¿sabéis ya si es un
chico o una chica?
-No, no lo sabemos, aunque creemos que
es una chica.
-¿Una chica? ¡Esta vez os ganaremos
en número!-dijo Suguro contenta.
-¡Claro! Y cuando juguemos al fútbol
os ganaremos.
-A no ser que os toque alguien como yo,
que soy un as del fútbol.-dijo Cami, orgullosa.
-Sí, claro, el as de los robos, pero
no porque los robes, ¡si no porque te los roban!-dije mientras me
intentaba aguantar la risa.
Al final, todos acabamos por reírnos,
por lo que la tarde pasó bastante rápido. Se hizo de noche, por lo
que nos tuvimos que ir todos a nuestras casas. Lo bueno de ser
vecinos con casas adosadas, es que puedes ir rápidamente de una casa
a otra. Al llegar, vi mi cuarto diferente. Tenía las paredes...
¡de color azul celeste claro! Y
además, el bote de pintura ya no estaba.
-Nana, ¿cuándo...?
-Cuando no estabas. Pero aún falta el
toque que siempre le das tú. Tu toque.
Nana se giró y cogió un pequeño
pincel con pintura negra en su punta. Sabía a lo que refería. Cogí
el pincel. Lo deslicé suavemente por la pared y empecé a dibujar
diferentes formas negras. Miré hacia detrás y vi varios botes más,
con diferentes pinceles. Despedí a Nana con la mano y volví a la
pared, para seguir dibujando. Después de un rato, terminé mi obra.
Había hecho una especie de cenefa y para varias fotos pegadas en la
pared, les hice un marco de pintura. Me eché hacia atrás para
admirar mi obra y choqué con algo.
-¿También sabes pintar?
-Sí, también sé pintar.-dije
mientras dejaba que me abrazara.- ¿Y qué haces aquí? Deberías
descansar, mañana tenemos clase.
-Y tú también deberías descansar. He
visto luz y me he preocupado.
-Bien, pues vuelve a la cama Lys, yo ya
me acuesto.
-De acuerdo. Hasta mañana.
Lys salió de mi cuarto y cerró la
ventana. Hacía un poco de frío, por lo que decidí ponerme un
pijama más cálido. El otoño estaba cediendo al invierno. Me acosté
y me tapé. Cerré los ojos.
-Hasta mañana, Dulce.
Me acosté sobre mi lado derecho y me
dormí.
[center](***)[/center]
Abrí los ojos un minuto antes de que
sonara el despertador y lo paré. Me levanté. Me puse la primera
ropa que pillé, no tenía demasiadas ganas de pensar. Me acerqué a
mi cuarto de baño y me lavé la cara, para despejarme, y luego bajé
a tomarme el desayuno. Antes de llegar, olí las tortitas que mi
madre me preparaba cuando yo era pequeña.
-¿Por qué has hecho tortitas, madre?
-¡Feliz cumpleaños!
-¿Qué? ¿Hoy es mi cumpleaños?
-Sí, hija. Sé que no te acuerdas
nunca, pero siempre te preparo tortitas el día de tu cumpleaños.
Hoy cumples 14. ¡Felicidades!
-Gracias, madre.-dije mientras sonreía
y me sentaba a la mesa para empezar a comer tortitas.
Cuando terminé de comer las tortitas,
subí a mi habitación para cepillarme los dientes en el cuarto de
baño instalado en mi habitación. Cogí mi maleta y bajé corriendo
por las escaleras, ya que mis hermanos me esperaban. Los tres nos
despedimos de nuestra madre y salimos de casa. Llamamos a las casas
vecinas, donde vivían nuestros amigos. Cada uno salió de su
respectiva casa y nos dirigimos, todo el grupo, a nuestras clases.
Entonces recordé que ese día tendríamos una excursión a nuestra
antigua casa y me alegré. Estábamos ya dentro del instituto cuando
la sirena sonó, y salimos todos disparados hacia nuestras clases.
Cuando llegamos, la profesora ya estaba cerrando la puerta. Contó a
todos los alumnos y salimos en fila india hacia fuera del edificio.
Yo iba la primera seguidos de Cami, Lys y Castiel. Luego estaba el
resto de la clase. La profesora iba a mi lado y cuando salimos del
edificio, nos pusimos de dos en dos. Cami se puso a mi lado y Castiel
al lado de Lys. Estábamos los cuatro juntos. Mi hermano, mi amiga,
mi novio y yo. Iba muy feliz. Cuando llegamos al palacio, todos se
quedaron maravillados. Nosotros cuatro entramos saludando a todos,
mientras que los demás estaban tan impresionados que solo mantenían
la boca abierta. Eché una rápida mirada a Ámber para ver su cara y
la vi muerta de envidia. Casi me da algo cuando no podía parar de
reír. Entonces vi a Gregorio.
-¡Gregorio!
-¡Hatsu!
-Mira, estos son mis compañeros de
clase, y esta mi tutora. Vamos a celebrar un baile de príncipes y
princesas y he pensado que podríamos utilizar el salón principal.
¿Os molestaremos?
-No creo, además, nuestro trabajo
consiste en ayudar a vuestra familia. Si tenemos que encargarnos de
servir comida y demás, nos ocuparemos.
-Gracias, Gregorio.
-De nada, pequeña. Y feliz cumpleaños,
que no me he olvidado de eso.
-Gracias.
-Espera, ¿hoy es tu cumpleaños? ¡No
nos has avisado!
-Pero si da igual Cami...
-¡No! ¡No da igual!-me dijo Cath.- Si
es tu cumpleaños, tenemos que celebrarlo.
-Bueno, pero con tanta gente no.
Después de las clases. ¿Hecho?-preguntó Lys.
-Vale, después de las clases.
-Hatsu, ¿dónde está el salón
principal en el que vamos a celebrar la fiesta?
-Por aquí.
Guié a mis compañeros hasta el salón
principal, una estancia grande, con escenario y lugar suficiente como
para poder acoger a todo un instituto entero.
-Es aquí.
-Vaya, es bastante grande. Empecemos
con la decoración.
-Nosotros os ayudaremos. Estamos aquí
para eso.-dijo Cath con una veintena de sirvientes a su espalda.
-Gracias.-les agradecí a todos.
[center](***)[/center]
Después de un rato, aquel salón
estaba preparado para una fiesta de príncipes y princesas en
condiciones. Busqué con la mirada a Ámber, y no la encontré. Me
temí lo peor. Salí del salón y miré en todas y cada una de las
habitaciones hasta encontrarla. La encontré en mi habitación,
curioseando.
-¿Qué haces aquí?
-¿Cómo es posible que tú, una chica
tan... en fin, poco popular, pueda ser una princesa?
-Eso es porque yo nací así. Y cuando
mis padres no puedan gobernar seré yo la reina.
-Pero, ¿por qué tú y no yo?
-Porque las cosas son así, Ámber.
De pronto, me fijé en una marca que
tenía en el hombro. Casi siempre tenía los hombros cubridos, pero
aquella vez los dejaba al descubierto.
-Ámber... Tú... Te has aliado con
ellos, ¿verdad?
-Ah, ¿esto? Sí, me he unido a los
Aniquiladores. ¿Qué pasa? ¿Es que tienes miedo?
-¿Miedo yo? ¿Yo, que vencí a dos de
los tuyos armados con una espada y dos pistolas? ¿Yo, que tengo
quienes me protegen? ¿Yo, que en cualquier momento te podría dejar
fuera de combate? Para tu información, es difícil matarme.
-Lo sé. Pero, ¿arriesgarías tu vida
por tu hermana? La hemos capturado. Justo cuando os separasteis. Dos
de los nuestros la cogieron. Justo los dos que venciste.
-¿Qué Matt y Mello tienen a Suguro?
-Sí, sí, la tienen. ¿Ahora qué,
listilla?
-Ahora, te cogeremos y después ya
veremos.-dijo una voz a mis espaldas.
-¿Gakupo?
-Sí, mi señora. Soy yo. Y por esta
afrenta contra vuestra hermana, pagaran.
-Cógela, pero no le hagas daño. La
queremos viva.-dijo otra voz a mi espalda.
Me giré para ver quién era. Todos los
demás sirvientes que no estaban ayudando a decorar la sala, estaban
allí, dispuestos a luchar. Todos se abalanzaron sobre Ámber, pero
ésta los esquivó a todos y cada uno de mis sirvientes y escapó
saliendo por la ventana. Me asomé a ella y la vi alejarse. Volví
con los demás y vi como había quedado desde la entrada. Estaba
perfecto. Ya era la hora de volver todos a cada una de nuestras
casas, pero había tres que se iban a quedar allí. Lys, Castiel y
Cami se quedaron allí, mientras que yo enviaba un mensaje a Poks
diciéndole que se viniera a mi antigua casa, que era mi cumpleaños
y lo íbamos a celebrar. “Lo siento, no puedo ir. Tengo que ir al
cine con un amigo. Lo siento.” “¿Un amigo llamado Dajan?”
“Sí.” “Pues suerte entonces. Adiós” le escribí finalmente.
Subí a mi habitación y allí dentro empecé a hablar.
-Dulce, ¿es verdad que Suguro está
capturada por los Aniquiladores?
-Sí.-respondió mi princesspet, sin
quitarse su invisibilidad.- Y según Dentina, también tienen a Len.
-Oh, Dios...
-Toc, toc, toc.
-Pasa.
-¿Estabas hablando sola?-me preguntó
Lys.
-Los que me atacaron el otro día han
capturado a Suguro y a Len.-dije mientras unas lágrimas caían de
mis mejillas.
-Lo siento. De verdad, lo siento. Los
rescataremos. Pero eso no responde a mi pregunta. ¿Estabas hablando
sola?-me volvió a repetir.
Pensé durante un momento y le
respondí.
-No.
No hay comentarios:
Publicar un comentario