martes, 30 de abril de 2013

Capítulo 3


Rápidamente, me volví a meter en el probador, donde me quité el vestido blanco y me puse el siguiente. Este era un vestido también blanco, pero solo por la parte de abajo, la última de las capas. Tenía varios volantes dorados antes de la capa blanca. Este vestido era sin mangas, y por detrás se cerraba con una cremallera que estaba algo escondida. No pude ponerme bien la cremallera.
-Cami, ¿puedes venir un momento?
-Claro.
Cuando entró, con cuidado de que Lysandro no me viera, me ayudó a ponerme la cremallera y la escondió todo lo que pudo. Luego me hizo girarme para verme.
-Guau, ¡con este vestido arrasarás!
-¡Calla!
-Y tranquila, que no le diré a Lysandro que eres una princesa.-me dijo susurrando.
Volví a ponerme nerviosa mientras ella salía.
-¡Hatsu, no salgas! ¡Vamos a hacer un juego!
-¿Qué clase de juego?-preguntamos a la vez Lysandro y yo. Yo me puse colorada, menos mal que estaba en...
-¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-grité de pronto al ver que Cami había abierto la cortina del probador. Cuando me fijé un poco más, Lysandro estaba con los ojos cerrados. Bueno, más bien los tenía cerrados por culpa de Cami.
-¡Hatsu!
-¿Qué quieres, Cami?
-¡Que salgamos corriendo con los vestidos mientras este esté con los ojos cerrados!-gritó Cami mientras salía corriendo.
En ese momento, Cami salió corriendo, y Lysandro abrió los ojos y se volvió para mirar en dirección a la puerta. Yo empecé a reírme. ¿De verdad se había creído Lysandro que yo me iría sin pagar?
-Tu amiga se ha ido corriendo...
-Déjala, ella es así.
Lysandro se unió a mis risas. Me senté al lado suya. Él se fue acercando poco a poco, sin yo darme cuenta, hasta que me cogió de la mano.
-Me suenas de algo. Tus ojos, tu risa y el tacto de tu mano... ¿Dónde nos hemos visto? ¿Dónde te he conocido?
Yo aparté mi mirada y volví la cabeza. Lysandro me agarró de la barbilla y me hizo girar la cabeza.
-Si no quieres contestar, vale, de acuerdo, lo acepto. Pero no me niegues el sol de tus ojos.
Mi boca esbozó una sonrisa, me levanté y volví al probador. Me volví a poner mi vestido rojo oscuro y salí. Le di los nueve euros a Lysandro y salí. Cami estaba hablando con Leight, a ella siempre le había gustado más la ropa que estaba fuera, pero siempre, desde pequeña, había querido convertirse en princesa. “Y en diseñadora”, recordé.
-Cami, ¿nos vamos?
-¡Claro! Espera, te presento al hermano de Lysandro.
-Vaya, eres la primera que le compra ropa a mi hermano. Debe gustarte bastante el mismo estilo de ropa que a Lys, ¿no?
-Bueno, sí... Me encanta este tipo de ropa. Cami, ve yendo, ahora te alcanzo.
-¡Vale! ¡Hasta mañana, Leight! ¡Hasta mañana Lysandro!-se despidió Cami.
-Oye, Leight, ¿me harías un favor?
-¿Cuál?
-¿Podrías enseñarle a Cami-dije señalándole a la gatita loca que me esperaba en la puerta- a diseñar y a confeccionar vestidos y demás? Es su sueño.
-Claro, a mí no me importa.
-Gracias. ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana!-me gritaron los hermanos.
Salí corriendo hacia Cami, que me esperaba de espaldas, y me abalancé sobre ella, haciéndola caer.
-¡Aaaaah! ¡Que me matan!-gritó Cami.
-¡Gatita loca! ¡Calla! ¡Que soy yo!
-¡Aaaaah! ¡Que Hatsu me mata!
Cami y yo nos empezamos a reír. Me levanté todavía entre risas y le ayudé a levantarse. Cuando nos tranquilizamos un poco, volví a mirar el vestido que tanto me había gustado. Entonces vi como Lysandro salía corriendo hacia nosotras.
-¡Esperad! Se me había olvidado. Ven.
Le volví a acompañar a dentro, cogió el vestido que me había enamorado a primera vista y me lo dio.
-Toma.
-¡Pero si no tengo dinero!
-Te dije que te lo regalaría. ¿Cierto? Toma. Quédatelo. Te ha encantado, no digas que no.
-Sí, pero... Me sabe mal no pagarte nada. ¿Hay algo que pueda hacer para compensarte?
-No, tranquila. Solo hay una cosita...
-¿El qué?
-Que tú y Cami no me llaméis Lysandro, prefiero Lys. Mis amigos me llaman Lys.
-¿Estás diciendo que tú y yo somos amigos?
-Claro, ¿hay algún problema?
-No-No, cla-claro que no.
-¿Te pasa algo?
-No, es... es simplemente que... hace tiempo que nadie quiere ser amigo mío.
-¿Nadie?
-Bueno, una vez conocen mi secreto... No, nadie.
-¿Tu secreto? Supongo que por ser un secreto no me lo vas a decir pero... me has dejado con la intriga.-dijo un poco mirándome con más atención.
-Bu-Bueno,-dije poniéndome colorada.- me tengo que ir. Hasta otra, Lys.-dije poniéndole énfasis a la última palabra.
-Hasta mañana, Hatsu.
Me di la vuelta y salí corriendo. Cami me seguía esperando fuera, y cuando vio el vestido se quedó asombrada.
-¿Al final sí te lo ha regalado?
-Sí. Seguro que me queda genial.-miré mi reloj.- ¡Uff! ¡Mira qué hora es! ¡Mañana quedamos en la puerta del instituto! ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana, Hatsu! ¡Allí nos veremos!
Nos separamos. Yo me fui hasta mi casa. Abrí, pues me habían dado una llave, y entré. Saludé a mis padres y les pedí que llamaran a Nana, que quería verla y hablar con ella.
-Ya está en tu habitación, cariño.-me dijo mi madre.
-Vale. Me daré una ducha y me acostaré.
-¿No vas a cenar?
-No tengo demasiada hambre, la verdad. Prefiero no cenar.
-Vale, por mí bien.-dijo mi padre muy frío.
Subí a la habitación donde estaba Nana, es decir, mi cuarto. Mi cuarto no era lo bastante grande para mi antigua cama, por lo que intentaron guardarla en algún sitio. Me compraron una nueva, más pequeña pero cómoda al fin y al cabo. Observé las paredes. Aún no me había acostumbrado a ese color tan... tan frío. Todas las paredes estaban en blanco, pero vi un pequeño bote de color azul celeste claro. Miré a Nana. Ella me sonrió amablemente y asintió. Nana estaba sentada en la cama, seguramente cansada después de un duro día de trabajo sirviendo a mis padres. Se lo conté. Todo. Le conté que habíamos ido a recoger la matrícula Cami y yo, y ella se alegró, puesto que Nana conocía a Cami; también le conté sobre lo de que había conocido a tres chicos nuevos: Nathaniel, Castiel y... Lysandro. Le conté que me gustaba un poco uno de los tres, aunque ella lo adivinó enseguida.
-A ti quien te gusta es Lysandro.
-Sí...
-Anda, ve a darte una ducha y luego seguimos hablando. Bueno, siempre y cuando tus padres no requieran de mi presencia...-dijo mientras empezamos a reírnos un poco.
Cogí mi camisón blanco con los bordes azules pasteles y me fui hacia el baño. Me desnudé y abrí los grifos, aún sin haber entrado. Tenía frío. El agua empezó a correr caliente. Entonces abrí el agua fría. La abrí solo un poco, ya que lo único que quería era que el agua me relajara. Entré. Todo el frío que había sentido se deshizo en cuanto el agua me tocó. Me relajé. Toda la tensión que tenía en mi cuello y en mis hombros se fue rápidamente. Todas mis preocupaciones y demás también volaron. En mi cabeza solo quedaba el poema que yo había escrito para mi hermano.
-Querido hermano, por siempre amado, ¿por qué? ¿por qué me has abandonado? Yo te quiero, y es cierto, ¿qué mal te he hecho?
Salí de la ducha. Cogí mi albornoz blanco y calentito. Me lo puse. Mi pelo mojado empapaba el albornoz, pero no lo suficiente para que calara y volviera a mojar mi espalda seca gracias al albornoz. Fui hasta mi cuarto, que daba directamente con el balcón. Eran casas adosadas, y si yo quisiera escaparme de casa, lo único que tendría que hacer sería saltar al balcón de al lado. Nana ya no estaba allí. Me quité el albornoz. Me puse mi ropa interior blanca y me puse mi vestido blanco nuevo. De verdad, me encantaba. Empecé a escuchar una suave canción. Había alguien tocando el violín y cantando una suave canción. Salí al balcón. La canción provenía de la casa de al lado. Quería ver quién tocaba esa preciosa canción, pero es que además, la voz me sonaba. En ese momento, creí saber quién era. “¿Será él? ¿Tendré tanta suerte? No, no puede ser él...” En ese instante, la canción llegó a un punto en el que sabía como continuaba. La puerta del balcón estaba abierta.
-Nada es nada sin tus besos, nada es todo lo que tengo,
nada es nada en lo que creo, nada es nada, nada es nada.
Nada es nada si no entiendo, nada es todo lo que siento,
nada es nada si te pierdo, nada es nada, nada es nada.-canté la canción. Cuando empecé a cantarla, la voz de aquel chico se apagó, pero no el sonido de su violín.
Yo había cerrado los ojos, pues al cantar siempre siento como una paz me inundara. Oí como el chico salía de su habitación con el violín, pero no paró de tocar. Abrí mis ojos lentamente, porque sabía con quién iba a encontrarme. O al menos lo intuía. Y había acertado. Vi que Lysandro me miraba fijamente, y me sonrojé un poco. Sin embargo, no paré de cantar. La última estrofa la cantamos juntos.
-Nada es nada si no espero, nada es todo lo que temo,
nada es nada sin tus sueños, nada es nada, nada es nada.
Nada es nada sin tus besos, nada es todo lo que tengo,
nada es nada sin tus sueños, nada es nada, nada es nada.
Lysandro paró de tocar. Me miró, de arriba a abajo. Yo me ruboricé.
-Te queda bien. Y tienes una hermosa voz.
-Gra-Gracias por los cumplidos, Lys.
-No tienes por qué dármelas. Solo digo la verdad.
Me ruboricé aún más por este último comentario y Lysandro lo notó.
-Hatsu, ¿quieres pasar a mi habitación?
Me puse colorada. No sabía qué hacer. En ese momento, en mi habitación entró Nana, a la cual me abalancé, muy rápidamente.
-¡Lysandro es nuestro vecino! Ven, te lo quiero presentar.-le susurré a Nana.
-¿Qué?-dijo Nana.
-¡Tranquila!-le volví a susurrar.-¡Lys! ¡Te quiero presentar a alguien!
-¿Y quién es?
-Es mi nana.
-Oh, ¿tienes una nana?
-Sí, mis padres casi siempre están muy ocupados.

jueves, 4 de abril de 2013

Capítulo 2


Comentario del capítulo
Hola de nuevo, chic@s. ¿Cómo va la lectura? ¿Os gustó? Hatsu se reencontró con Cami, su amiga de la infancia. Y conoció a la directora y a Nathaniel. Aunque claro, por otro lado, también conocieron a Castiel, aquel chico que la hizo llorar y salir corriendo.

Capítulo 2
Acompañé a Cami para que ella también se matriculara, por lo que la directora me vio dos veces el mismo día. Era un viernes por la mañana, y estaban empezando las clases. Por suerte, aquellos dos ya se habían ido. Cogimos la matrícula. Fuimos hacia el fotógrafo. Estaba cerrado. Esa tarde la abrirían, y Cami y yo decidimos quedar en la tienda de ropa, iríamos de compras justo después. Entré en mi casa con la matrícula. Saludé a mis padres y subí a mi habitación. Abrí el sobre y empecé a rellenar:
Nombre: Hatsune.
Apellidos: Miku Kagamine.
Nombre del padre: Kiato.
Apellidos del padre: Miku Luka.
Nombre de la madre: Megurine.
Apellidos de la madre: Kagamine Spica.
Número de teléfono: *********
Email: No tenemos.
Y bla, bla, bla. Un montón de rollos más. Entonces encontré: “Detalles”
Detalles: Seguro que les suena el nombre de mis padres y sus apellidos. Si saben quiénes son, por favor, no se lo digan. Trátenme con naturalidad, como cualquier alumna. No quiero ser especial.
Bajé de mi habitación. Mis padres estaban todavía allí, en el salón, sentados en la mesa ocupándose de las cosas de palacio.
-Padre, madre, voy a ir a hacerme una foto para la matrícula.
-De acuerdo, hija. ¿Has hecho ya algún amigo?
-Bueno, no se puede considerar como amigo, pero he conocido a un chico. Se llama Nathaniel.
-¿Alguien más?
-Bueno, también me he encontrado con Cami. Ha sido una sorpresa grata. Hemos quedado para ir a hacernos una foto cada una, ella también se acaba de mudar.
-Bueno, pues ve y hazte la foto. Toma.-dijo mi madre tendiéndome un billete de diez euros.- Si después queréis ir un rato al centro comercial avisa.
-De acuerdo, madre. Hasta luego.
Salí de casa. Iba vestida como de costumbre, con mis vestidos grandes, como solía vestir antes. Quería estar guapa para la foto. Llegué a la tienda de ropa un poco tarde.
-¡Camii!
-¡Hatsuu!
-Siento haber llegado tarde, me estaba preparando.
-Como siempre ¿no?
-Hombre, Cami... Yo no cambiaré nunca.
-Y como siempre, el que nos haga la foto se quedará extrañado.
-Bueno, ¿y qué? Yo soy así, y a quien no le guste que no mire.
-¡Di que sí!-dijo Cami mientras reíamos.
Fuimos hasta la tienda. Estaba vacío excepto por un chico de pelo plateado con puntas negras y ojos bicolor. Un ojo verde intenso y otro dorado. Solo le vi hasta un poco más alto que la cintura, pero iba vestido como un duque. Me quedé prendida directamente de él nada más verlo.
-Ho-Hola. Venimos a hacernos una fo-foto.-dije tímidamente.
El chico me miró de arriba a abajo, sorprendido. Cami nos miró a los dos, alternativamente. Sonrió pícaramente y me susurró:
-Hatsu se ha enamorado, Hatsu se ha enamorado...
Le miré con una mirada fulminante, que la hizo callar de pronto. Pero una sonrisa apareció en su rostro.
-Cla-Claro, pa-pasad por aquí.-dijo tartamudeando el chico peliplata.
Nos hizo pasar a una sala donde había una cámara con trípode y un fondo blanco.
-Bu-Bueno, ¿pa-para qué es la foto?
-Es para la matrícula del instituto.-dijo Cami alegremente.
-Ya veo... ¿sois nuevas?-preguntó el chico peliplata dirigiéndose a Cami.
-Sí, somos nuevas y vamos a ir al Sweet Amoris.
-Ah, en ese caso nos veremos más de una vez. Yo también voy a ese instituto. Es por eso por lo que por las mañanas está cerrado. Soy Lysandro.
-Encantada Lysandro.
-Bueno, sentaos.-dijo Lysandro.
-Sí-Sí.-dije otra vez tímidamente.
Me senté en un taburete. Puse mi mejor sonrisa y Lysandro me hizo la foto.
-Sales preciosa. ¿Te... Te importaría si me quedo una copia?
Ante este comentario me sonrojé, aunque asentí levemente.
-Cla-Claro. Ahora tú, Cami.
-¡Sí!-dijo la loca de mi amiga.
Se sentó delante de la cámara y puso su mejor sonrisa, al igual que yo. Cuando terminamos de hacernos la foto, Cami invitó a Lysandro a un batido, ya que íbamos al centro comercial.
-Claro, ¿por qué no?
-¡Genial!-dijo Cami.
Nos encaminamos al centro comercial. Cuando estuvimos delante de una tienda de ropa, casualmente la misma en la que habíamos quedado, me quedé mirando el escaparate. Lysandro y Cami me vieron y empezaron a reírse.
-¿Qué te pasa?
-¡Ese vestido me encanta!-dije emocionadísima. Era un vestido rosa oscuro, con varios lazos y volantes. Llevaba las tirantas debajo justo de los hombros, dejándolos al descubierto.- Por cierto, no te he dicho mi nombre, ¿verdad?-dije todavía mirando el vestido.
-¿Le hablas al vestido o a mí?-dijo Lysandro un tanto extrañado.
-Déjala, Hatsu es así de tonta.
-¡Oye! ¡Que te sigo escuchando!-dije apartando la mirada de aquel precioso vestido.
-Bueno, si quieres te lo regalo, Hatsu.-dijo Lysandro.
-¿Có-Cómo?-dije poniéndome muy nerviosa.-¡No hace falta, en-en serio!
-No, no te lo voy a comprar. Mi hermano es el dueño de esta tienda. Creo que te lo podría regalar. O mejor aún...-dijo mirándome de arriba a abajo de nuevo.-Ven, acompáñame.
-¿A dónde vamos?-dije mientras Lysandro me cogía de la mano. Tiré bruscamente de ella, lo que extrañó un tanto a Lysandro. Aquel tacto... Aquella mano me sonaba de algo, yo ya la había tocado antes, lo sabía.-Lo-Lo siento. No... No suelen cogerme la mano. Hace mucho tiempo que no me la cogían. Hace tanto... que no me cogen de la mano...
-¿Hace cuánto?-me preguntó mientras entrábamos en la tienda de ropa.
-Bueno... Desde mi octavo cumpleaños. Pero... no me gusta recordarlo.
-Bueno, no tienes porqué recordarlo. Ven conmigo. Cami, quédate aquí. Vas a ver a Hatsu más guapa de lo que es.
Ante este nuevo comentario me volví a sonrojar. Le seguí. Me llevó hasta el almacén, aunque yo estaba algo nerviosa.
-¿Seguro que tu hermano te deja venir aquí?
-Sí, seguro que sí.
-¿Conmigo?
-Claro, ¿por qué no me iba dejar tomarte las medidas para hacerte el mejor vestido que puedas encontrar?
-Espera... ¿¡me vas a hacer un vestido!?
-Bueno, si tú quieres sí...-dijo algo azorado.
-Bu-Bueno, por mí vale, pero... No sé...
-Tranquila, estarás preciosa con él.
-Ya, pero Cami estará envidiosa. Seguro.
-Bueno, pues le hago otro a ella, ¿no?
-Claro.-dije sonriendo un poco más contenta.
-Bueno, ponte ahí.
Me puse donde me había dicho Lysandro. Lysandro me hizo una seña para indicarme que levantara los brazos, por lo que hice lo propio. Me tomó medidas de la cintura y de los brazos.
-Ehh... Me da vergüenza preguntártelo pero... ¿podrías tomar medidas de... ejem...?-dijo algo cortado.
-Cla-Claro. Da-Dame.
Me tomé medida de mi pecho y se la di.
-Vale, de acuerdo. Empezaré ya mismo a hacértelo. Por ahora, ponte ese otro. Creo que te irá bien.
Lysandro me señaló un vestido rosa claro, con muchos vuelos, casi todos de colores cada vez más claros, pero sin llegar al blanco. Era precioso. También me enamoré de aquel vestido. Los vestidos que habían allí me habían enamorado, aunque los de fuera del almacén no tanto.
-¿Por qué los vestidos de aquí son tan diferentes de los de fuera?
-Los de aquí son hechos por mí, los de fuera son hechos por Leight, mi hermano.
-Pues a mí me gustan más los de aquí.
-Ya lo he notado.
-¿Y el de fuera es de tu hermano?
-No, también es mío.
-Pues son de mi estilo, la verdad. ¿Los vendes?
-Sí. Pero poca gente se fija en el de fuera, y si alguien se fija y le pregunta a mi hermano le indica que entre aquí.
-¿Tienes alguno de nueve euros?
-Sí, tengo un par, ¿quieres verlos?
-¡Sí, me encantaría!
Salí del almacén para que Cami entrara, pero no me di cuenta de que tenía el vestido rosa ya puesto y cuando Cami me vio casi se cayó de lo guapa que estaba.
-¡Cami!-dije mientras salía corriendo a cogerla.
-No, ya estoy mejor.-dijo mientras se levantaba rápidamente.- Es que me he impresionado de lo guapa que estás.
Me miré de arriba a abajo y entonces me di cuenta. Volvimos a entrar y vi a Lysandro con dos vestidos preciosos.
-Como veo que serás mi única cliente, te dejo los dos por los nueve euros que me dijiste.
-¡Vendidos! Pero... ¿son de mi talla?
-Sí. Al tomarte las medidas para hacerte el vestido pues...
-¡Espera!-interrumpió Cami.- ¿Le vas a hacer un vestido?
-Sí, ¿por qué? ¿Quieres que te haga uno a ti también?
-¡Me encantaría! Pero primero haz el de esta y luego me haces el mío, ¿vale?
-Claro.
-¿Me los podrías dejar? ¡Quiero probármelos!-dije emocionadísima.
-Claro, toma.
Me metí en el probador con los dos vestidos. Me puse el primero. Era un vestido largo y blanco, parecía como un vestido de novia pero sin serlo. Tenía un escote de palabra de honor y las mangas me pasaban por debajo de los hombros. Con una de las pulseras que llevaba, me hice una coleta baja y me la puse hacia un lado. La coleta baja me llegaba por la cintura, pero simplemente estaba preciosa. Salí. Lysandro y Cami me estaban esperando fuera. Lysandro se puso un poco colorado y Cami me hizo una foto con el móvil.
-Estás...-empezó Lysandro.
-¡Estás preciosa! ¡Pareces una princesa de verdad!
Me puse bastante nerviosa. Cami sabía que era princesa, pero que cualquier persona me dijera que “parecía” una princesa me ponía MUY nerviosa.
-¡No digas tonterías!-le dije a Cami con una mirada fulminante que intenté que Lysandro no viera.
-¿Pasa algo?-mierda, se ha dado cuenta.
-No-No pasa nada...-dije muy nerviosa.

martes, 2 de abril de 2013

Capítulo 1


Comentario del capítulo
¿Os gustó el prólogo? La carta no me quedó muy bien, pero sin embargo son mis principios como escritora, por lo que... ¿Qué importa un pequeño fallo con tal de poder mejorar? Aquí, Hatsu ya se ha mudado a otra ciudad, donde deberá echar la matrícula como cualquier alumna, hacer amigos y reencontrarse con otros no tan nuevos... Pero por ahora, la matrícula y la mudanza. O... ¿algo más? Leed y veréis, leed y veréis...

Capítulo 1
Observé mi nueva casa con curiosidad. Era más pequeña que la anterior, no cabía duda. Pero allí estaríamos bien. Era un pequeño pueblo, con un único centro escolar, que tenía desde preescolar hasta bachillerato. También había algún que otro ciclo formativo, pero ninguno me interesaba. Sabía lo que iba a ser de mayor, aunque yo no lo quisiera. Me tocaría a mí, mi hermano mayor se había escapado del hospital nada más decirle que estaba en condiciones de volver a casa. Yo era la siguiente en mi casa, y después tenía a mi hermana pequeña y mi hermano pequeño, el más pequeño de la casa. Mi hermana se llamaba Suguro y mi hermano pequeño Len. Ellos decían que eran hermanos mellizos, pues uno nació justo después del otro. Llegué hasta un puerta en la que ponía “despacho de la directora”. Llamé suavemente a la puerta y esperé a que me dejaran pasar. Cuando escuché un “pase”, abrí la puerta con sumo cuidado y entré. Allí había un chico rubio, de ojos acaramelados, que vestía una camiseta blanca con una corbata azul marino. También llevaba unos pantalones que eran unos vaqueros marrones. Me miró con amabilidad, a lo que yo respondí con un tímida sonrisa y una reverencia pequeña. Aquel chico se desconcertó y me pregunté por qué, pero no le di demasiada importancia.
-Hola, querida. ¿Qué te pasa?
-B-Bueno... A-Acabo de mudarme y... M-Me gustaría matricularme en este instituto.-dije temblando por culpa de mi timidez.
-Ahh.... Claro, querida, claro. Nathaniel,-dijo dirigiéndose al chico rubio.- dale a esta señorita una matrícula. Traigamela mañana a primera hora, ¿de acuerdo?
-De acuerdo, directora... mañana a primera hora.-dije haciendo otra reverencia y marchándome de allí.
Salí de la habitación con gesto grácil. Abrí la matrícula y vi que era necesario una foto, 25 euros y rellenar un formulario. Pero todavía no sabía donde iba a comprar la foto que necesitaba. Cuando andaba por el pasillo, escuché que alguien andaba muy deprisa. No sabía si iba a pasar por mi lado o qué haría, pero me daba igual. De repente, noté como una mano cogía el brazo que llevaba suelto, y me giré. Vi al chico rubio llamado Nathaniel. Le miré, serena, impasible, pero con un tono profundo en mis ojos de tristeza. El brillo de mis ojos había desaparecido desde que me había mudado, por mucho que hiciera amigos aquí, ninguno sería igual que los que había dejado atrás.
-Mmm....
-¿Sí? ¿Pasa algo?-dije con voz neutra.
-Eh.... Bueno... ¿Sabes...? ¿Sabes donde podrás comprar una foto?
-La verdad es que no. ¿Por qué?-volví a decir con voz neutra.
-Bueno... Te podría enseñar... Ya sabes... Donde... Donde podrías comprarla.
-¡¡HATSUUUUUUUU!!
Esa voz me sonaba. No creía que la volvería a escuchar nunca, bueno, tal vez en vacaciones, pero ya está. Era de una antigua amiga mía.
-¡¡CAMIIIIIIII!!-hice que Nathaniel me soltara el brazo y salté sobre ella, al igual que ella lo hizo conmigo. Ahora estaba cambiada, tenía unas orejas de gato negras, al igual que su pelo negro. Cuando terminamos de abrazarnos, la miré. Tenía los ojos vidriosos, aunque lo vi a duras penas porque yo estaba igual.
-¡Creía que no te volvería a ver!
-¡Yo también!
-¡Hatsu!
-¡Cami!
Volvimos a fundirnos en un abrazo, uno que a mí me pareció una eternidad. Cuando volvimos, por segunda vez, a dejar de abrazarnos, miré a donde estaba Nathaniel, que estaba un poco desorientado y confuso.
-Bueno, ¿donde podría comprar la foto?-dije esta vez más animada.
-Eh... ¿Qué?
-Me dijiste que sabías donde podría comprar la foto.
-¡Ah, sí! Verás, ¿la calle que da a una tienda de ropa?
-Sí.
-Pues ahí, justo al lado de la tienda, hay un fotógrafo. Le encantan las chicas. Pero no pienses mal.
-¿Cómo? Eso último no lo he entendido.
-Verás, le encantan las chicas, pero... ¿Cómo lo explico? ¡Ah, ya! No le gustan las chicas, si no más bien le encanta hacer fotos a las chicas.
-¿Qué no le gustan las chicas? ¿Es que es gay?
-¿Eh? Ah, hola. Perdona, no te había visto. Y, no, no es gay. Que no... Ay, ¡que lío más grande me estoy haciendo!
-Yo te lo explico, Cami. Vamos a ver, antes Nathaniel dijo que le encantan las chicas, pero se equivocó. No se refería a que fuera un pervertido ni nada de eso... Si no que le encanta hacer fotos a las chicas.
-Eso, justamente eso.-dijo Nathaniel después de un suspiro. Parecía aliviado de que alguien le hubiera entendido.-Oye, ¿cómo sabías mi nombre?
-Se lo escuché decir a la directora. Por cierto, os presento. Nathaniel, esta es Camila, aunque todos le llamamos Cami. Cami, este es Nathaniel.
-Encantado. Soy el delegado principal.
-Encantada. Soy una antigua amiga de Hatsu.
Los dos parecían empresarios millonarios, dados de la mano, como si acabaran de acordar un trato. Cami parecía muy educada, aunque en verdad estaba un poco loca. “Al igual que yo, supongo” pensé. Me vieron sonreír y se soltaron, rápidamente. Cami miró hacia otro lado, molesta. Me reí un poco, solo una carcajada, y de pronto me vino una gran tristeza. Caí de rodillas al suelo y lloré. Lloré como nunca lo había hecho. Más incluso que cuando me enteré que, tras la operación, mi hermano se había escapado. Cami se acercó a mí rápidamente, al igual que Nathaniel. Me levantaron, me hicieron carantoñas para que me riera, pero con cada risa iba a peor. De repente, vi como una luz me cegaba y dejé de llorar. Vi como una moto acababa de aparcar enfrente mía, a pocos metros, aunque no dentro del edificio. Cuando la luz cesó, Nathaniel miró enfadado a un chico con el casco de la moto. Tenía unos vaqueros negros, y de la cintura le caían dos cadenas, desde el mismo sitio. Llevaba una camiseta roja con un nombre impreso en ella, supuse que de algún grupo musical que no conociera. Encima de la camiseta, llevaba una chaqueta de cuero negra, que tenía muchos bolsillos. No se había quitado el casco hasta que Nathaniel le habló, o, más bien, le gritó.
-¡Castiel! ¿¡Qué haces!? ¿¡No ves que podrías habernos atropellado!?
Cuando se quitó el casco vi como una cascada escarlata caía, en tropel e intentaba llegar hasta los hombros de aquel chico, aunque se detuvieron un poco antes. Sus ojos, verdes intensos, me recordaron a alguien, aunque no supe a quién. Giré la cara. No sabía por qué, pero no me sentaba bien el mirarlo. Algo me estremecía completamente. El chico llamado Castiel me miró. Vi como su cara cambiaba un microsegundo, aunque pareció disimular. Castiel nos miró a los tres. Yo tiré de Cami y me despedí de espaldas con la mano de aquellos dos. No quería meterme en pelea y tampoco me agradaba estar allí. Cami lo notó y fue corriendo detrás mía, pues la había soltado para secarme las lágrimas que había vuelto a salir por aquel chico.
-Oye Hatsu... ¿quieres que me lo cargue con mi motosierra con lanzallamas y puerro incluidos?
-Cami, tú si que sabes hacerme reír.-dije empezando a sonreír.
-Es lo que deben hacer las amigas ¿no?
-Pues claro que sí. Por eso eres mi mejor amiga.
Nos dimos un abrazo y me acordé.
-¿No deberíamos coger también tu matrícula?
-Sí, es verdad, tendría que cogerla si mañana quiero estar en clase contigo.
-Sí, y sería lo mejor porque estando esos dos ahí... Me parece a mí que me va a costar sacar el curso adelante como me toque con esos dos en la misma clase.
-Sí, pero ahí estaré yo para darles a los dos un buen capón, aunque creo que me he enamorado...-dijo un poco risueña.
-¿De Nathaniel?
-No, de Castiel.
-¿¡De Castiel!?
-¡Calla! Como se halla enterado...