miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 29


Lys empezó a andar. Lo sabía porque noté como se movía. Me agarré todavía más fuerte para no caerme. Lys me llevó a su casa, mientras que Carly y el otro chico se iban hacia el castillo. Cuando llegamos a su casa, él me acostó en su cama. Entonces, llamaron a la puerta.
-¡Abrid! ¡Sé que estáis ahí!-gritó una voz en la puerta.
Era Kiato, mi padre. Lys me señaló que me mantuviera callada y se dirigió a la puerta. Desde su cama, pude oír toda su conversación:
-¿Dónde está mi hija?
-No lo sé. Aquí, por ahora, solo estoy yo. Bueno, también está mi compañero de piso, pero no hay nadie más.
-¡Venga ya! Dime la verdad, chico, ¿dónde está mi hija? Sé que os gustáis el uno al otro, así que dime.
-Le vuelvo a repetir que no lo sé.
Narra Lys.
-¿Puedo entrar a echar un vistazo?-dijo entrando a empujones.
-No, por favor, váyase. Hemos tenido un día duro y queremos descansar.
-No me voy a marchar hasta que me digas dónde está mi hija.
-Tal vez esté con sus amigas. Aquí no está.
-Yo nunca te he acusado de tal cosa. Te pones a la defensiva. Está aquí, ¿cierto?
-¡Lys! ¿¡Dónde estás!?-gritó Castiel.
-Estoy aquí, Castiel. Tenemos visita. Es el señor de al lado.
-Ah, buenas.-dijo Castiel haciendo su aparición.
Estaba en calzonas, se la habría quitado al llegar a su habitación. Estaba sin camisa, y eso que estábamos a finales de otoño, casi invierno ya. Me entró un escalofrío al mirarlo así, como si nada.
-¿Qué vamos a almorzar?
-Podríamos pedir pizza para variar.-respondí.
-Ejem... Bueno, me marcho. Gracias por tu insuficiente ayuda.
-No hay de qué. Ya sabe donde está la puerta, ¿verdad? ¿O quiere que le acompañemos hasta la puerta de la manita?-respondió Castiel, echándolo sutilmente.
-No, gracias, ya voy yo solo.
Kiato cerró la puerta dando un portazo.
-¿Qué quería?
-Saber dónde estaba Hatsu.
-Y les advierto una cosa, como alguien le haga daño a Hatsune, se las veréis conmigo.-dijo Kiato, que había vuelto a entrar y se marchó dando un portazo aún mayor.
-¿Hatsune?
-Sí. Siempre lo he odiado. Prefiero Hatsu.-dijo entrando al salón.
-Ya veo el por qué.
-Y el mío es igual que el de mi padre. Vamos, solo cambia una letra: “Kiato” “Kaito”
Nos empezamos a reír.
-Bueno, yo debo irme a mi casa.
-¡No!
Le miré confundida y extrañada, él se sonrojó e intentó explicarlo, sonrojándose aún más.
-Verás, lo digo porque... podría ser que... tu padre... con lo enfadado que estaba pues... te podría pegar... y.... no quiero que te pegue....
-Bueno, ¿y entonces dónde duermo? Porque no pienso dejar que vuelvas a dormir en el sofá.-dije sabiendo lo que quería Lys.
-B-Bueno... Si quieres... Podrías dormir conmigo...
-Pues vamos, porque me caigo de sueño...-dije, terminando con un bostezo que hice en una postura algo provocadora.
Al terminar de bostezar, vi como Castiel desviaba la mirada y Lys se frotaba el pelo, sonrojado. Sonreí en mi interior. Empecé a dirigirme hacia la habitación.
-¿Vienes?-dije al ver que Lys no me seguía.
-Oh, eh... S-Sí.-dijo adelantándose.
Entré en la habitación y cerré la puerta. Lys se puso nervioso. Me reí de la situación.
-Tranquilo, Lysicito. Desearme está bien. Soy tu novia.-dije saboreando la palabra.- Si desearas a otra... Sería distinto.
-Y-Yo no te deseo... Es decir, te quiero pero... eh... no te deseo... Al menos no todavía...
-¿Crees que soy tonta? Lo he visto, tanto a ti como a Castiel.
-¿Q-Qué?-dijo enfadándose un poco.
-Tranquilo, Lysicito. Tú me vas a tener toda la noche y toda la vida, él, nunca...-dije cogiendo el pijama, un fino vestido que era uno de mis favoritos y que había dejado allí otra de recambio.
Me fui al servicio, no sin antes encontrarme con Castiel.
-¿Lo has hecho aposta?
-¿El qué?
-Venga ya, lo del bostezo provocativo.
-Sí, ¿por? No sabía que tú también reaccionarías así.
-Bueno, eres muy parecida a la chica de mis sueños...
-¿Y quién es?
-Eso... ¡Eso no te importa!
-¿Cami?
-¿Cómo lo...? Digo... No.
-¡Venga ya, Castiel! Se os nota a la legua. Pero ella no dará un paso en falso. Así que... Empieza tú.-dicho esto, entré al servicio.
Me cambié y miré a ambos lados del pasillo antes de salir. No quería que Castiel me viera así. Fui rápidamente a la habitación, abrí silenciosamente la puerta y entré. Le vi con un cuello alto negro y unos pantalones largos, también negros.
Narra Lys.
“Dios, ¿cómo se le ocurre hacer algo así? Me ha puesto nervioso. ¿Es que quiere que...? No, ella no es de ese tipo, seguro. Pero entonces...” cavilaba mirando a la pared. De pronto, sentí unos labios en mi mejilla. Me volví, y me encontré con Hatsu dándome una sonrisa.
-¿Te ha molestado lo de antes?
-Pues, la verdad... ¿Y qué haces así?
-Quiero que me veas guapa. Y con esto me siento muy guapa. Y perdona. No quería molestarte. Lo único es que... Me gustaría que me abrazaras, que me retuvieras por las noches, y que lo dijeras sin miedo delante de todos. Que cuando te diga que me debo ir, me abraces y me digas que siempre me esperarás. Aparte, tú empezaste con esto. Y no me digas que no, ¡tú dijiste que me quedara a dormir en tu cama contigo!-dijo suavemente en mi oído.
Nunca me había sentido peor. Ella solo me pedía una cosa sencilla, que demostrara mi amor por ella en todas partes, y no solo en la intimidad. Aparte, ella tenía razón, yo le había pedido que se quedara a dormir conmigo. Sentí ganas de abrazarla y hacer uno de sus sueños realidad. La acerqué hacia mí con mis brazos y la besé. Cuando nos separamos, ella estaba acostada al lado mío mirándome con la cabeza agachada. Se había puesto colorada. Yo sostuve su cabello entre mis dedos.
-Te quiero. Y sabes que eso será por siempre. Quiero que tu futuro sea conmigo. Y no me importará demostrarlo y decirlo por ahí si es lo que quieres.
-Tan solo quiero... Sentirme tuya...-dijo mientras se echaba hacia el otro lado.
Sonreí y pasé mis brazos alrededor de su cintura. La acerqué a mí.
-Y yo quiero que seas mía...-dije yo sintiéndome el chico más feliz del mundo al ver que ella estaba sonrojada.
Narra Hatsu.
Sentía como me hervía la cara, ¡debía de estar roja como un tomate! Aquella situación me estaba poniendo de los nervios. Le había dicho que era lo que quería de mi novio ideal y él lo había aceptado, aparte de que con una gran sorpresa... Estaba a punto de echarme a dormir así, cuando sentí que sus brazos me rodeaban, agarrándome, evitando que me fuera de su lado en algún ataque repentino de locura.
-Y yo quiero que seas mía...-dijo Lys, mientras me acercaba más a él.
Intenté girarme para verle la cara sin romper su abrazo y cuando lo conseguí, le vi con los ojos cerrados. “¿Estará dormido?” pensé traviesa. Cogí su pelo y lo acaricié suavemente. Se removió un poco, le estaba haciendo cosquillas. Acerqué mis labios y rocé los suyos, suavemente, evitando que se despertara. Sin embargo, abrió los ojos y me miró.
-Si hubiera estado dormido, ¿que habrías hecho?-dijo mientras sonreía levemente.
M puse colorada e intenté separarme de él, ocultar mi sonrojo, pero él me abrazó aún más fuerte.
-No te preocupes, estás preciosa así.-dijo él besándome suavemente.
Me sonrojé aún más. No sabía qué hacer.
-¿Pasando un momento divertido?-dijo una voz a mi espalda.
Me levanté bruscamente en busca de la voz. Estaba allí, lo había dicho telepáticamente. Me quedé mirándolo, y Lys me miraba a mí y al chico.
-Vete. Vete o verás.-dije desafiante.
-Por favor, márchese. No le interesa nada de lo que pueda ver.
-Lys, no lo intentes. No es como los demás. Aléjate de mí.
-De acuerdo, pero, ¿me puedo acercar a Lys?
-No. Vete fuera de mi vida. ¡Ya!-grité a pleno pulmón.
“Castiel, sé que me oyes. Ven para acá. Ahora. ÉL está aquí.”-le envié telepáticamente. Casi nunca lo usábamos. Pero debía llamarlo sin que se enterase. Me volví a Lys y le miré. Debía hacerlo. Le besé suavemente, y con esto, cayó dormido.
-¡Tú! ¡Márchate de mi casa!-apareció Castiel.
-Oh, vaya. ¿Debería irme?
-¡Pues sí!-grité agitando el brazo.
Sin que él se diera cuenta, le coloqué un localizador. Él, sonriendo, se marchó.
-Piensa rápido.-dije mientras le lanzaba a Castiel un aparato donde señalaba el lugar donde estaba él.- ¿Podrás?
-Oh, sí. He hecho muchos amigos a lo largo de este tiempo...-dijo con una sonrisa malévola en la cara.
Castiel cerró la puerta, dejándonos otra vez a solas. Cerré las ventanas y me fui a la cama con Lys. Le besé de nuevo los labios y despertó.
-¿Eh...?
-Te has quedado dormido.
-¿Y qué me has hecho de mientras?
-Besarte.
-Pues ha sido una pena.
-¿Por?
-Porque me habré perdido los besos más tiernos del mundo.
Le besé. Dejé que me agarrara la mano. Dejé que me hiciera un vestido. Dejé que me besara. Le dejé hacer todas esas cosas. Todas que no dejaría a nadie hacer. Pero él lo consiguió. Me separé lentamente de él.
-¿Ya no quieres?
-Debemos dormir, mañana tenemos la fiesta, ¿recuerdas?
-Me da igual dormir. Quiero pasar la noche en vela esperando a que duermas y jugando con tu pelo y...
Le puse el dedo índice en los labios para indicarle silencio. Le tumbé en la cama completamente. Y le besé una vez más.
-Este ha sido el último por hoy.
En ese momento, la alarma del despertador sonó, indicando que eran las doce.
-Es un nuevo día... Y hoy hay más besos...
Me besó, lentamente. Pero al final, el sueño pudo con él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario