Lys empezó a andar. Lo sabía porque
noté como se movía. Me agarré todavía más fuerte para no caerme.
Lys me llevó a su casa, mientras que Carly y el otro chico se iban
hacia el castillo. Cuando llegamos a su casa, él me acostó en su
cama. Entonces, llamaron a la puerta.
-¡Abrid! ¡Sé que estáis ahí!-gritó
una voz en la puerta.
Era Kiato, mi padre. Lys me señaló
que me mantuviera callada y se dirigió a la puerta. Desde su cama,
pude oír toda su conversación:
-¿Dónde está mi hija?
-No lo sé. Aquí, por ahora, solo
estoy yo. Bueno, también está mi compañero de piso, pero no hay
nadie más.
-¡Venga ya! Dime la verdad, chico,
¿dónde está mi hija? Sé que os gustáis el uno al otro, así que
dime.
-Le vuelvo a repetir que no lo sé.
Narra Lys.
-¿Puedo entrar a echar un
vistazo?-dijo entrando a empujones.
-No, por favor, váyase. Hemos tenido
un día duro y queremos descansar.
-No me voy a marchar hasta que me digas
dónde está mi hija.
-Tal vez esté con sus amigas. Aquí no
está.
-Yo nunca te he acusado de tal cosa. Te
pones a la defensiva. Está aquí, ¿cierto?
-¡Lys! ¿¡Dónde estás!?-gritó
Castiel.
-Estoy aquí, Castiel. Tenemos visita.
Es el señor de al lado.
-Ah, buenas.-dijo Castiel haciendo su
aparición.
Estaba en calzonas, se la habría
quitado al llegar a su habitación. Estaba sin camisa, y eso que
estábamos a finales de otoño, casi invierno ya. Me entró un
escalofrío al mirarlo así, como si nada.
-¿Qué vamos a almorzar?
-Podríamos pedir pizza para
variar.-respondí.
-Ejem... Bueno, me marcho. Gracias por
tu insuficiente ayuda.
-No hay de qué. Ya sabe donde está la
puerta, ¿verdad? ¿O quiere que le acompañemos hasta la puerta de
la manita?-respondió Castiel, echándolo sutilmente.
-No, gracias, ya voy yo solo.
Kiato cerró la puerta dando un
portazo.
-¿Qué quería?
-Saber dónde estaba Hatsu.
-Y les advierto una cosa, como alguien
le haga daño a Hatsune, se las veréis conmigo.-dijo Kiato, que
había vuelto a entrar y se marchó dando un portazo aún mayor.
-¿Hatsune?
-Sí. Siempre lo he odiado. Prefiero
Hatsu.-dijo entrando al salón.
-Ya veo el por qué.
-Y el mío es igual que el de mi padre.
Vamos, solo cambia una letra: “Kiato” “Kaito”
Nos empezamos a reír.
-Bueno, yo debo irme a mi casa.
-¡No!
Le miré confundida y extrañada, él
se sonrojó e intentó explicarlo, sonrojándose aún más.
-Verás, lo digo porque... podría ser
que... tu padre... con lo enfadado que estaba pues... te podría
pegar... y.... no quiero que te pegue....
-Bueno, ¿y entonces dónde duermo?
Porque no pienso dejar que vuelvas a dormir en el sofá.-dije
sabiendo lo que quería Lys.
-B-Bueno... Si quieres... Podrías
dormir conmigo...
-Pues vamos, porque me caigo de
sueño...-dije, terminando con un bostezo que hice en una postura
algo provocadora.
Al terminar de bostezar, vi como
Castiel desviaba la mirada y Lys se frotaba el pelo, sonrojado.
Sonreí en mi interior. Empecé a dirigirme hacia la habitación.
-¿Vienes?-dije al ver que Lys no me
seguía.
-Oh, eh... S-Sí.-dijo adelantándose.
Entré en la habitación y cerré la
puerta. Lys se puso nervioso. Me reí de la situación.
-Tranquilo, Lysicito. Desearme está
bien. Soy tu novia.-dije saboreando la palabra.- Si desearas a
otra... Sería distinto.
-Y-Yo no te deseo... Es decir, te
quiero pero... eh... no te deseo... Al menos no todavía...
-¿Crees que soy tonta? Lo he visto,
tanto a ti como a Castiel.
-¿Q-Qué?-dijo enfadándose un poco.
-Tranquilo, Lysicito. Tú me vas a
tener toda la noche y toda la vida, él, nunca...-dije cogiendo el
pijama, un fino vestido que era uno de mis favoritos y que había
dejado allí otra de recambio.
Me fui al servicio, no sin antes
encontrarme con Castiel.
-¿Lo has hecho aposta?
-¿El qué?
-Venga ya, lo del bostezo provocativo.
-Sí, ¿por? No sabía que tú también
reaccionarías así.
-Bueno, eres muy parecida a la chica de
mis sueños...
-¿Y quién es?
-Eso... ¡Eso no te importa!
-¿Cami?
-¿Cómo lo...? Digo... No.
-¡Venga ya, Castiel! Se os nota a la
legua. Pero ella no dará un paso en falso. Así que... Empieza
tú.-dicho esto, entré al servicio.
Me cambié y miré a ambos lados del
pasillo antes de salir. No quería que Castiel me viera así. Fui
rápidamente a la habitación, abrí silenciosamente la puerta y
entré. Le vi con un cuello alto negro y unos pantalones largos,
también negros.
Narra Lys.
“Dios, ¿cómo se le ocurre hacer
algo así? Me ha puesto nervioso. ¿Es que quiere que...? No, ella no
es de ese tipo, seguro. Pero entonces...” cavilaba mirando a la
pared. De pronto, sentí unos labios en mi mejilla. Me volví, y me
encontré con Hatsu dándome una sonrisa.
-¿Te ha molestado lo de antes?
-Pues, la verdad... ¿Y qué haces así?
-Quiero que me veas guapa. Y con esto
me siento muy guapa. Y perdona. No quería molestarte. Lo único es
que... Me gustaría que me abrazaras, que me retuvieras por las
noches, y que lo dijeras sin miedo delante de todos. Que cuando te
diga que me debo ir, me abraces y me digas que siempre me esperarás.
Aparte, tú empezaste con esto. Y no me digas que no, ¡tú dijiste
que me quedara a dormir en tu cama contigo!-dijo suavemente en mi
oído.
Nunca me había sentido peor. Ella solo
me pedía una cosa sencilla, que demostrara mi amor por ella en todas
partes, y no solo en la intimidad. Aparte, ella tenía razón, yo le
había pedido que se quedara a dormir conmigo. Sentí ganas de
abrazarla y hacer uno de sus sueños realidad. La acerqué hacia mí
con mis brazos y la besé. Cuando nos separamos, ella estaba acostada
al lado mío mirándome con la cabeza agachada. Se había puesto
colorada. Yo sostuve su cabello entre mis dedos.
-Te quiero. Y sabes que eso será por
siempre. Quiero que tu futuro sea conmigo. Y no me importará
demostrarlo y decirlo por ahí si es lo que quieres.
-Tan solo quiero... Sentirme
tuya...-dijo mientras se echaba hacia el otro lado.
Sonreí y pasé mis brazos alrededor de
su cintura. La acerqué a mí.
-Y yo quiero que seas mía...-dije yo
sintiéndome el chico más feliz del mundo al ver que ella estaba
sonrojada.
Narra Hatsu.
Sentía como me hervía la cara, ¡debía
de estar roja como un tomate! Aquella situación me estaba poniendo
de los nervios. Le había dicho que era lo que quería de mi novio
ideal y él lo había aceptado, aparte de que con una gran
sorpresa... Estaba a punto de echarme a dormir así, cuando sentí
que sus brazos me rodeaban, agarrándome, evitando que me fuera de su
lado en algún ataque repentino de locura.
-Y yo quiero que seas mía...-dijo Lys,
mientras me acercaba más a él.
Intenté girarme para verle la cara sin
romper su abrazo y cuando lo conseguí, le vi con los ojos cerrados.
“¿Estará dormido?” pensé traviesa. Cogí su pelo y lo acaricié
suavemente. Se removió un poco, le estaba haciendo cosquillas.
Acerqué mis labios y rocé los suyos, suavemente, evitando que se
despertara. Sin embargo, abrió los ojos y me miró.
-Si hubiera estado dormido, ¿que
habrías hecho?-dijo mientras sonreía levemente.
M puse colorada e intenté separarme de
él, ocultar mi sonrojo, pero él me abrazó aún más fuerte.
-No te preocupes, estás preciosa
así.-dijo él besándome suavemente.
Me sonrojé aún más. No sabía qué
hacer.
-¿Pasando un momento divertido?-dijo
una voz a mi espalda.
Me levanté bruscamente en busca de la
voz. Estaba allí, lo había dicho telepáticamente. Me quedé
mirándolo, y Lys me miraba a mí y al chico.
-Vete. Vete o verás.-dije desafiante.
-Por favor, márchese. No le interesa
nada de lo que pueda ver.
-Lys, no lo intentes. No es como los
demás. Aléjate de mí.
-De acuerdo, pero, ¿me puedo acercar a
Lys?
-No. Vete fuera de mi vida. ¡Ya!-grité
a pleno pulmón.
“Castiel, sé que me oyes. Ven para
acá. Ahora. ÉL está aquí.”-le envié telepáticamente. Casi
nunca lo usábamos. Pero debía llamarlo sin que se enterase. Me
volví a Lys y le miré. Debía hacerlo. Le besé suavemente, y con
esto, cayó dormido.
-¡Tú! ¡Márchate de mi
casa!-apareció Castiel.
-Oh, vaya. ¿Debería irme?
-¡Pues sí!-grité agitando el brazo.
Sin que él se diera cuenta, le coloqué
un localizador. Él, sonriendo, se marchó.
-Piensa rápido.-dije mientras le
lanzaba a Castiel un aparato donde señalaba el lugar donde estaba
él.- ¿Podrás?
-Oh, sí. He hecho muchos amigos a lo
largo de este tiempo...-dijo con una sonrisa malévola en la cara.
Castiel cerró la puerta, dejándonos
otra vez a solas. Cerré las ventanas y me fui a la cama con Lys. Le
besé de nuevo los labios y despertó.
-¿Eh...?
-Te has quedado dormido.
-¿Y qué me has hecho de mientras?
-Besarte.
-Pues ha sido una pena.
-¿Por?
-Porque me habré perdido los besos más
tiernos del mundo.
Le besé. Dejé que me agarrara la
mano. Dejé que me hiciera un vestido. Dejé que me besara. Le dejé
hacer todas esas cosas. Todas que no dejaría a nadie hacer. Pero él
lo consiguió. Me separé lentamente de él.
-¿Ya no quieres?
-Debemos dormir, mañana tenemos la
fiesta, ¿recuerdas?
-Me da igual dormir. Quiero pasar la
noche en vela esperando a que duermas y jugando con tu pelo y...
Le puse el dedo índice en los labios
para indicarle silencio. Le tumbé en la cama completamente. Y le
besé una vez más.
-Este ha sido el último por hoy.
En ese momento, la alarma del
despertador sonó, indicando que eran las doce.
-Es un nuevo día... Y hoy hay más
besos...
Me besó, lentamente. Pero al final, el
sueño pudo con él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario