Comentario sobre el prólogo.
Antes de empezar con el prólogo me gustaría decir que me alegro de que hay alguien leyendo esto. Me hacéis muy feliz. Me haríais más feliz si me dejarais vuestros mensajes y comentarios. Si no entendéis algo o cualquier cosa, me preguntáis sin miedo ¿ok? Un besazo y... ¡a leer!
Prólogo.
-Padre, ¿otra vez nos marchamos?
Antes de empezar con el prólogo me gustaría decir que me alegro de que hay alguien leyendo esto. Me hacéis muy feliz. Me haríais más feliz si me dejarais vuestros mensajes y comentarios. Si no entendéis algo o cualquier cosa, me preguntáis sin miedo ¿ok? Un besazo y... ¡a leer!
Prólogo.
-Padre, ¿otra vez nos marchamos?
-Sí, hija. Siento separarte de los
únicos amigos que tienes, pero no podemos quedarnos aquí más
tiempo. Han descubierto quién eres en realidad.
-Sí, padre. Lo sé. Prepararé las
maletas, entonces. Nana me ayudará.
-Hatsune, querida, ¿te querrás llevar
esto?-dijo Nana levantando una pequeña caja empapelada en papel de
regalo.
-¿Qué es eso, Nana?
-Ábrelo. Es un regalo de tus amigas.
-Oh, chicas...
Tenía sobre mis manos unas orejitas de
gato, de color marrón claro, del mismo tono que mi pelo. Me las puse
y me miré en uno de los muchos espejos que había en mi casa. Estaba
realmente bonita.
-Sí, Nana. Me las llevaré.-dije
sonriendo.
Nana y yo nos dirigimos hacia mi
habitación. Era una habitación grande, con las paredes pintadas de
azules y rosas claros. Mi cama, bastante grande, tenía su hermoso
dosel puesto. Me encantaba dormir allí. Era muy cómoda, pero casi
siempre me dejaba un poco... sola. Demasiado grande para mí sola.
Por suerte, contaba con la compañía de Princesa, una gatita muy
juguetona, curiosa y muy cariñosa conmigo; y de Duque, un labrador
bastante grande. Tenía los ojos de diferente color, aunque muy pocos
se daban cuenta. Les susurré que nos íbamos y se dirigieron a sus
respectivos lugares. Sacaron unas maletas, y guardaron todo lo que se
querían llevar.
-Parece que ellos ya han hecho las
maletas.-dijo mi madre con su siempre sonrisa en la cara.
-Sí, madre. Están ya tan
acostumbrados que han aprendido a hacer las maletas, para llevarse lo
que les gusta.-dije de espaldas.
Me costaba respirar en aquel momento.
Todavía llevaba las orejas de gato que mis amigas me habían
regalado, pero no me hacía a la idea de separarme de ellas. Intenté
que las lágrimas corrieran por mis mejillas, como muchas otras
veces, pero no lo conseguí. Mi madre se dió cuenta y se acercó a
mí, por la espalda. Me abrazó con todas sus fuerzas y me susurró
que no pasaba nada.
-Shhh... Tranquila, mi niña...
-Madre... Yo... tengo que hacer las
maletas.-dije mientras me secaba las lágrimas y me tranquilizaba un
poco.
-De acuerdo, hija. Llamaré a Nana para
que te ayude.
-Gracias, madre.-dije ya más
tranquila.
Mi madre se marchó mi habitación y
Nana, que había estado todo el rato fuera, esperando a poder entrar,
entró por fin.
-Sé que es duro, pequeña, pero a
veces hay que aguantar cosas dolorosas.
-Lo sé, Nana, lo sé.
Me acerqué hasta mi tocador. Abrí una
pequeña caja de madera, y empezó a sonar suavemente una canción.
Nadie, excepto Nana y yo, había visto lo que yo guardaba en aquella
cajita de música. Saqué la hoja de papel y empecé a leerla. Sabía
que si lo hacía los recuerdos volverían a mí, me harían daño,
pero me tranquilizarían lo suficiente como para poder irme de aquel
precioso lugar. Leí en voz alta.
-“Cariño, sé que es difícil de
aceptar, pero voy a ser operado. Tranquila, estaré bien. Lo único
que te pido es que no te preocupes y que salgas corriendo de aquí.
Alguien te busca, jamás debes decirle a nadie que eres... En fin, no
lo pongo en esta carta porque entonces todo el mundo lo sabrá. Huye,
Hatsu, huye, porque si no te pillarán como me pillaron a mí. Te
encontraré donde quiera que estés, te lo prometo. Con esta nota
viene un pequeño cachorrito. Se llama Duque. Si te encuentro, si
vuelvo a verte con Duque, sabré que eres tú. Seguramente, el
mensajero también te traerá una gatita, se llama Princesa. Cuídala
bien, Hatsu. Estos serán los únicos amigos que te podrás llevar de
un sitio a otro. Y recuerda que siempre, siempre, siempre, serás mi
hermana pequeña.”