viernes, 22 de marzo de 2013

Prólogo


Comentario sobre el prólogo.
Antes de empezar con el prólogo me gustaría decir que me alegro de que hay alguien leyendo esto. Me hacéis muy feliz. Me haríais más feliz si me dejarais vuestros mensajes y comentarios. Si no entendéis algo o cualquier cosa, me preguntáis sin miedo ¿ok? Un besazo y... ¡a leer!

Prólogo.
-Padre, ¿otra vez nos marchamos?
-Sí, hija. Siento separarte de los únicos amigos que tienes, pero no podemos quedarnos aquí más tiempo. Han descubierto quién eres en realidad.
-Sí, padre. Lo sé. Prepararé las maletas, entonces. Nana me ayudará.
-Hatsune, querida, ¿te querrás llevar esto?-dijo Nana levantando una pequeña caja empapelada en papel de regalo.
-¿Qué es eso, Nana?
-Ábrelo. Es un regalo de tus amigas.
-Oh, chicas...
Tenía sobre mis manos unas orejitas de gato, de color marrón claro, del mismo tono que mi pelo. Me las puse y me miré en uno de los muchos espejos que había en mi casa. Estaba realmente bonita.
-Sí, Nana. Me las llevaré.-dije sonriendo.
Nana y yo nos dirigimos hacia mi habitación. Era una habitación grande, con las paredes pintadas de azules y rosas claros. Mi cama, bastante grande, tenía su hermoso dosel puesto. Me encantaba dormir allí. Era muy cómoda, pero casi siempre me dejaba un poco... sola. Demasiado grande para mí sola. Por suerte, contaba con la compañía de Princesa, una gatita muy juguetona, curiosa y muy cariñosa conmigo; y de Duque, un labrador bastante grande. Tenía los ojos de diferente color, aunque muy pocos se daban cuenta. Les susurré que nos íbamos y se dirigieron a sus respectivos lugares. Sacaron unas maletas, y guardaron todo lo que se querían llevar.
-Parece que ellos ya han hecho las maletas.-dijo mi madre con su siempre sonrisa en la cara.
-Sí, madre. Están ya tan acostumbrados que han aprendido a hacer las maletas, para llevarse lo que les gusta.-dije de espaldas.
Me costaba respirar en aquel momento. Todavía llevaba las orejas de gato que mis amigas me habían regalado, pero no me hacía a la idea de separarme de ellas. Intenté que las lágrimas corrieran por mis mejillas, como muchas otras veces, pero no lo conseguí. Mi madre se dió cuenta y se acercó a mí, por la espalda. Me abrazó con todas sus fuerzas y me susurró que no pasaba nada.
-Shhh... Tranquila, mi niña...
-Madre... Yo... tengo que hacer las maletas.-dije mientras me secaba las lágrimas y me tranquilizaba un poco.
-De acuerdo, hija. Llamaré a Nana para que te ayude.
-Gracias, madre.-dije ya más tranquila.
Mi madre se marchó mi habitación y Nana, que había estado todo el rato fuera, esperando a poder entrar, entró por fin.
-Sé que es duro, pequeña, pero a veces hay que aguantar cosas dolorosas.
-Lo sé, Nana, lo sé.
Me acerqué hasta mi tocador. Abrí una pequeña caja de madera, y empezó a sonar suavemente una canción. Nadie, excepto Nana y yo, había visto lo que yo guardaba en aquella cajita de música. Saqué la hoja de papel y empecé a leerla. Sabía que si lo hacía los recuerdos volverían a mí, me harían daño, pero me tranquilizarían lo suficiente como para poder irme de aquel precioso lugar. Leí en voz alta.
-“Cariño, sé que es difícil de aceptar, pero voy a ser operado. Tranquila, estaré bien. Lo único que te pido es que no te preocupes y que salgas corriendo de aquí. Alguien te busca, jamás debes decirle a nadie que eres... En fin, no lo pongo en esta carta porque entonces todo el mundo lo sabrá. Huye, Hatsu, huye, porque si no te pillarán como me pillaron a mí. Te encontraré donde quiera que estés, te lo prometo. Con esta nota viene un pequeño cachorrito. Se llama Duque. Si te encuentro, si vuelvo a verte con Duque, sabré que eres tú. Seguramente, el mensajero también te traerá una gatita, se llama Princesa. Cuídala bien, Hatsu. Estos serán los únicos amigos que te podrás llevar de un sitio a otro. Y recuerda que siempre, siempre, siempre, serás mi hermana pequeña.”