miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo 24


Vi a Suguro y a Len aparecer por allí, con las ropas hechas jirones y con magulladuras.
-¡Suguro, Len!
-¡Hatsu!-dijeron mientras intentaban alcanzarme.
Algo se arrastró para atrás. Estaban atados por los tobillos a unas cadenas.
-Ah, ah, ah.-dijo mientras movía el índice en señal negativa.- No os he dado permiso.
-¡Suéltalos!
-No estás en situación de pedir, Hatsu. Y tú lo sabes tan bien como yo, ¿verdad?
-Sí, hermana.-dije con desprecio.
-¡Carly para ti, soberana estúpida!-dijo mientras me pegaba una bofetada en la cara.
Sentí el sabor metálico de la sangre en mi boca y un pequeño hilo de sangre recorrió el mismo camino que minutos antes recorrían mis lágrimas. Miré a Suguro y a Len y los vi allí, indefensos, llorando, e intentando comprender que había llamado a aquella chica “hermana”.
-Bueno, pues ya sabes qué es lo que debes hacer. Hazlo.-dijo mientras señalaba al Aniquilador que sostenía las cadenas de Suguro y de Len.- Suguro, pequeña, tu hermana está muy enferma. Si la curas, tú y tu hermano estaréis con ella. Libres.
-No haré nada de lo que me pidas.
-Suguro, hazlo o moriré. Lo que dice es cierto.-le dije, mientras tragaba saliva.
Suguro me miró y vio pena en mi rostro. Cerró los ojos me curó la pierna. Ya no moriría.
-Muy bien. Hasta otra.-dijo mientras todos se marchaban tan rápido como habían venido.
Cogí mi móvil y llamé a Lys.
-¿Hatsu?
-Lys, mis hermanos han escapado y están aquí. Suguro ya me ha curado. Volved rápido, ¡quiero celebrarlo!-dije disimulando mi tristeza por la marcha de Dulce.
-¿De verdad? ¡Ahora mismo se lo cuento a todos y volvemos al hospital!-dijo por el móvil, feliz.
-Bien...-dije, intentando decirlo con la máxima felicidad.
-Hatsu, ¿te pasa algo?
-¡No, no, no! ¡No me pasa nada!-contesté, nerviosa.
Miré que Suguro y Len me miraban extrañados y tristes. Estaba haciendo justo lo que quería Carly. Pero no tenía otra opción.
-Bueno, si tú lo dices... Pero me tienes que explicar un par de cosas.
-Sí, lo sé. Pero eso cuando vuelvas, ¿de acuerdo?
-Sí, ya lo sé. Bueno, te cuelgo. Ahora mismo volvemos.
-Claro. Adiós.
-Hasta luego.
Lys colgó. Quería seguir escuchando su voz, saber que no les pasaba nada.
-Hatsu, ¿por qué llamaste a aquella chica hermana?
-Porque es mi hermana gemela y vuestra hermana mayor. De pequeña la secuestraron y ahora me detesta. Os explico.
Narra Lys.
Estaba contento, feliz. Sus hermanos habían vuelto y ella no moriría.
-¡Chicos, esperad!-dije al ver que los demás me habían adelantado.
-¿Qué te pasa ahora, Lys?-preguntó Castiel, molesto e irritado.
-Tranquilo fiera. Al parecer, tus hermanos son más inteligentes. Han logrado salir y Suguro ya ha curado a tu hermana. Hatsu dice que volvamos, que lo quiere celebrar.
-Mmmm...
-Tranquilo. Está bien. ¿Vamos o no?
-Sí, claro.
Narra Castiel.
“Es raro que Hatsu quiera celebrar algo. Nunca ha querido celebrar nada.” pensé. Sin embargo, no le di importancia y corrí hacia el hospital. Quería ver a mis hermanos lo más rápido posible.
Narra Hatsu.
Terminé de explicarles toda la historia.
-Pero no podéis contarle a nadie que Carly es mala o todos moriréis por mi culpa. Y eso es lo único que no quiero.-añadí al final de la explicación.
-De acuerdo. No se lo diremos a nadie. Pero no hagas nada que no quieras. ¿De acuerdo?-me preguntó Len.
-Nunca haría nada que yo no quisiera.
En ese momento, todos volvieron. Entraron por la puerta, y Lys me cogió en sus brazos y me besó. Bebí de aquel beso. No quería que ese momento terminara nunca. Pero al final, los presentes nos hicieron cortarnos un poco y Lys se separó de mí, soltándome en el suelo. Después, nos sonrojamos, pero seguíamos felices.
-Bueno, ¡vamos a comer una pizza!-dije yo, aparentando felicidad.
Suguro y Len me miraron, preocupados. Yo me dirigí hacia ellos y les empujé hacia la salida.
-¡Vamos hombre! Que la felicidad se hace, no se tiene.-dije mientras corría hacia la pizzería más cercana.
-Jamás la había visto así de feliz...-susurró Cami.
-Tal vez... Tal vez quiera ser feliz y perderse en la felicidad.-le dijo Castiel en el oído.
Cami se sonrojó y se acercó a mí corriendo, roja como un tomatito. Yo me reí de la situación y ella me golpeó suavemente. Yo me reí, pero una lágrima salió de mis ojos y, aunque todos pensaran que era por felicidad, mostraba lo que yo en verdad sentía: pena, tristeza, desesperación al no tener a mi lado a Dulce. Cuando llegamos, pedimos: cuatro cuatro quesos, para Cami, Castiel, Lys y yo; una barbacoa para Dajan; dos de jamón york y queso para Poks y Ken y tres pizzas dobles para Suguro, Len y Moi. Mientras comíamos, Lys me abrazó por la espalda, con infinito cariño. Vi como una sombra sonreía malévolamente y se esfumaba. Sentí que algo dentro de mí se rompería, es decir, un mal presentimiento de que algo peor que terrorífico pasaría.
-Hatsu, ¿te encuentras bien? Te has quedado pálida de pronto. Tal vez deberías descansar en cama unos días, ¿no crees?-preguntó Ken, tan preocupado conmigo como siempre.
Narra ****.
-¿Ves? Sabía que lo lograría.
-Sí, pero aún así, fíjate cuánto le ha costado. Tiene que hacer todo cuanto le diga su hermana malvada gemela.
-Lo sé, Kana, lo sé.-suspiré.
“¿Por qué todo tiene que ser tan difícil con los humanos? Tantos los elfos como las hadas como los enanos son muchísimos más fáciles.” pensé, resignado.
-Bueno, bueno. ¿Qué ha pasado con Hatsu?-preguntó una voz conocida.
-Víctor. No deberías haberte ido. Ya recuerdas que te dijimos que no te fueras de su lado. ¿Para qué has vuelto?
-Como vosotros bien me decíais, ella tiene derecho a crear su propia vida.
-Sí, pero tu deber era protegerla. ¿O es que no recuerdas que te lo pedimos justo antes de que entraras?
-Sí, tenéis razón. Pero en tan poco tiempo no le ha podido pasar nada, ¿verdad?
-Sus hermanos han vuelto, pero a cambio de un precio demasiado alto.-dijo Kana, mientras negaba con los ojos cerrados.
-Víctor, vuelve con ella. Y esta vez, vigílala. No quiero que le pase nada. Y Dyan, intenta encontrar a Dulce. La ha secuestrado.-les ordené.
-¿Cómo? Ella es invisible a ojos de cualquier humano.
-Para vosotros y para las mujeres en la familia real no lo es. Su hermana gemela. No la conoces. Se llama Carly. Si te la presenta, haz como si no supieras nada. Todos vosotros estáis en peligro.-explicó Kana con un doloroso nudo en la garganta.
Acto seguido, Víctor desapareció.
Narra Hatsu.
Ya estaba en casa. Al parecer, acababa de llegar una carta. Me encerré en mi habitación y me dispuse a leerla cuando Lys apareció.
-Buenas Hatsu.
-Hola Lys. ¿Qué haces aquí?-dije mientras escondía la carta por debajo de la almohada.
-Bueno, pensé que como ya estabas recuperada, podríamos irnos por ahí, a dar una vuelta.
-Ya, la cosa es que prefiero descansar.
-¿Quieres que te dé un masaje?
-No, gracias.
-Sé que te gustará.
-Pues sería el primero. Pero bueno, por intentarlo... No creo que pasase nada.
-De acuerdo. Ahora mismo vuelvo. Te voy a hacer el mejor masaje del mundo. Tú vete haciendo a la idea.-me dijo mientras se perdía por el balcón.
Me levanté a toda prisa y cerré el cristal. No había remitente, pero sí un dibujo que yo conocía muy bien. Era de Carly. La abrí y empecé a leer.
“Querida Hatsu:
Sé que estás leyendo esto. Ahora mismo, te voy a decir lo que tienes que hacer. Primero asegúrate de que no tendrás ninguna interrupción. Luego, que no haya nadie. Absolutamente sola. Si no estás en estas condiciones, no sigas leyendo.”
Llamaron al cristal. La cortina estaba echada, para que no se viera nada.
-Hatsu, ¿te encuentras bien? ¿O es que has cambiado de parecer y ya no quieres el masaje?
-Sí que lo quiero, -dije asomando solo la cabeza por detrás de la cortina.- pero todavía no está listo. ¿Podrías esperar?
-Bueno, vale. Pero date prisa. La noche está empezando a caer y cada vez hace más frío.
Por toda respuesta, oculté mi rostro con la cortina. Fui hasta la cocina, el baño y el lavadero, tres sitios en los que siempre había velas, por si había algún apagón. Las cogí todas y las instalé en mi habitación. Las encendí una a una, y luego cogí una cuantas rosas de los pocos ramos de flores que me habían regalado por mi mudanza y las deshojé. Les quité los pétalos a las rosas y las esparcí por la habitación. Cerré la puerta y puse música ambiental. Después de todo aquello, dejé pasar a Lys.
-Guau, todo esto debería haberlo preparado yo.
-Pero he cambiado de parecer y no voy a recibir el masaje. Te lo voy a dar. De pequeña me decían que tenia unas manos de oro. Probemos suerte. Quítate la chaqueta.
Al quitársela, un chaleco negro apareció, un poco ceñido, dejando ver las curvas de mi Lys. De mi novio.
-Eh...-me quedé embobada mirando su cuerpo y me sonrojé al pensar lo que le iba a pedir.- El chaleco también. Mis manos trabajan mejor en la piel, no en la ropa.
Lys se sonrojó un poco, pero lo hizo sin tardar y luego se acostó en mi cama, cerca de la carta.
-Quiero que cierres los ojos y esperes un poco hasta que sientas mis manos darte el masaje.-le pedí.
Suavemente, quité la carta de su escondite y lo escondí entre algún libro. Luego volví al cuerpo de Lys. No sabía como había de ponerme. Lys estaba con la cabeza caída al borde de mi cama, esperando a que yo empezara. Puse, con mucho cuidado, cada pierna a un lado del cuerpo de Lys. Entonces, me fijé en su espalda. Tenía un bonito tatuaje de unas alas. Lo toqué suavemente, recorriendo cada pluma del tatuaje. Lys se movió. Le estaba haciendo cosquillas.
-¿Me vas a hacer cosquillas o un masaje? Porque si son cosquillas jugamos los dos.-dijo mientras se daba la vuelta y me descubría en mi posición. Yo me sonrojé y me aparté. Lys apartó la mirada. Se sentó a mi lado y me cogió de la cintura. Inconscientemente, le miré a los ojos. Veía cuanto me amaba. Entonces me acosté en su cuerpo. Él me abrazaba y me transmitía su calor, mientras que yo me acurrucaba en su cuerpo, cada vez más y más. Quería ser una sola persona y poder contarle todos mi problemas, y él los suyos. Entonces me separé un poco y le miré a los ojos. Deseaba que me besara. Y él, como leyéndome el pensamiento, me besó en los labios con infinita ternura, infinita pasión, infinito amor. No quería que aquel momento terminara. Era el más feliz de mi vida.
-Lo sien...-intentó decir, pero le puse un dedo en los labios.
-No hables.-susurré.
Me volví a acostar sobre él y miré su hombro. Vi como su brazo se estiraba hacia delante para abrazarme y descubrí un nuevo tatuaje: era la letra L.

1 comentario: