Vi a Suguro y a Len aparecer por allí,
con las ropas hechas jirones y con magulladuras.
-¡Suguro, Len!
-¡Hatsu!-dijeron mientras intentaban
alcanzarme.
Algo se arrastró para atrás. Estaban
atados por los tobillos a unas cadenas.
-Ah, ah, ah.-dijo mientras movía el
índice en señal negativa.- No os he dado permiso.
-¡Suéltalos!
-No estás en situación de pedir,
Hatsu. Y tú lo sabes tan bien como yo, ¿verdad?
-Sí, hermana.-dije con desprecio.
-¡Carly para ti, soberana
estúpida!-dijo mientras me pegaba una bofetada en la cara.
Sentí el sabor metálico de la sangre
en mi boca y un pequeño hilo de sangre recorrió el mismo camino que
minutos antes recorrían mis lágrimas. Miré a Suguro y a Len y los
vi allí, indefensos, llorando, e intentando comprender que había
llamado a aquella chica “hermana”.
-Bueno, pues ya sabes qué es lo que
debes hacer. Hazlo.-dijo mientras señalaba al Aniquilador que
sostenía las cadenas de Suguro y de Len.- Suguro, pequeña, tu
hermana está muy enferma. Si la curas, tú y tu hermano estaréis
con ella. Libres.
-No haré nada de lo que me pidas.
-Suguro, hazlo o moriré. Lo que dice
es cierto.-le dije, mientras tragaba saliva.
Suguro me miró y vio pena en mi
rostro. Cerró los ojos me curó la pierna. Ya no moriría.
-Muy bien. Hasta otra.-dijo mientras
todos se marchaban tan rápido como habían venido.
Cogí mi móvil y llamé a Lys.
-¿Hatsu?
-Lys, mis hermanos han escapado y están
aquí. Suguro ya me ha curado. Volved rápido, ¡quiero
celebrarlo!-dije disimulando mi tristeza por la marcha de Dulce.
-¿De verdad? ¡Ahora mismo se lo
cuento a todos y volvemos al hospital!-dijo por el móvil, feliz.
-Bien...-dije, intentando decirlo con
la máxima felicidad.
-Hatsu, ¿te pasa algo?
-¡No, no, no! ¡No me pasa
nada!-contesté, nerviosa.
Miré que Suguro y Len me miraban
extrañados y tristes. Estaba haciendo justo lo que quería Carly.
Pero no tenía otra opción.
-Bueno, si tú lo dices... Pero me
tienes que explicar un par de cosas.
-Sí, lo sé. Pero eso cuando vuelvas,
¿de acuerdo?
-Sí, ya lo sé. Bueno, te cuelgo.
Ahora mismo volvemos.
-Claro. Adiós.
-Hasta luego.
Lys colgó. Quería seguir escuchando
su voz, saber que no les pasaba nada.
-Hatsu, ¿por qué llamaste a aquella
chica hermana?
-Porque es mi hermana gemela y vuestra
hermana mayor. De pequeña la secuestraron y ahora me detesta. Os
explico.
Narra Lys.
Estaba contento, feliz. Sus hermanos
habían vuelto y ella no moriría.
-¡Chicos, esperad!-dije al ver que los
demás me habían adelantado.
-¿Qué te pasa ahora, Lys?-preguntó
Castiel, molesto e irritado.
-Tranquilo fiera. Al parecer, tus
hermanos son más inteligentes. Han logrado salir y Suguro ya ha
curado a tu hermana. Hatsu dice que volvamos, que lo quiere celebrar.
-Mmmm...
-Tranquilo. Está bien. ¿Vamos o no?
-Sí, claro.
Narra Castiel.
“Es raro que Hatsu quiera celebrar
algo. Nunca ha querido celebrar nada.” pensé. Sin embargo, no le
di importancia y corrí hacia el hospital. Quería ver a mis hermanos
lo más rápido posible.
Narra Hatsu.
Terminé de explicarles toda la
historia.
-Pero no podéis contarle a nadie que
Carly es mala o todos moriréis por mi culpa. Y eso es lo único que
no quiero.-añadí al final de la explicación.
-De acuerdo. No se lo diremos a nadie.
Pero no hagas nada que no quieras. ¿De acuerdo?-me preguntó Len.
-Nunca haría nada que yo no quisiera.
En ese momento, todos volvieron.
Entraron por la puerta, y Lys me cogió en sus brazos y me besó.
Bebí de aquel beso. No quería que ese momento terminara nunca. Pero
al final, los presentes nos hicieron cortarnos un poco y Lys se
separó de mí, soltándome en el suelo. Después, nos sonrojamos,
pero seguíamos felices.
-Bueno, ¡vamos a comer una pizza!-dije
yo, aparentando felicidad.
Suguro y Len me miraron, preocupados.
Yo me dirigí hacia ellos y les empujé hacia la salida.
-¡Vamos hombre! Que la felicidad se
hace, no se tiene.-dije mientras corría hacia la pizzería más
cercana.
-Jamás la había visto así de
feliz...-susurró Cami.
-Tal vez... Tal vez quiera ser feliz y
perderse en la felicidad.-le dijo Castiel en el oído.
Cami se sonrojó y se acercó a mí
corriendo, roja como un tomatito. Yo me reí de la situación y ella
me golpeó suavemente. Yo me reí, pero una lágrima salió de mis
ojos y, aunque todos pensaran que era por felicidad, mostraba lo que
yo en verdad sentía: pena, tristeza, desesperación al no tener a mi
lado a Dulce. Cuando llegamos, pedimos: cuatro cuatro quesos, para
Cami, Castiel, Lys y yo; una barbacoa para Dajan; dos de jamón york
y queso para Poks y Ken y tres pizzas dobles para Suguro, Len y Moi.
Mientras comíamos, Lys me abrazó por la espalda, con infinito
cariño. Vi como una sombra sonreía malévolamente y se esfumaba.
Sentí que algo dentro de mí se rompería, es decir, un mal
presentimiento de que algo peor que terrorífico pasaría.
-Hatsu, ¿te encuentras bien? Te has
quedado pálida de pronto. Tal vez deberías descansar en cama unos
días, ¿no crees?-preguntó Ken, tan preocupado conmigo como
siempre.
Narra ****.
-¿Ves? Sabía que lo lograría.
-Sí, pero aún así, fíjate cuánto
le ha costado. Tiene que hacer todo cuanto le diga su hermana malvada
gemela.
-Lo sé, Kana, lo sé.-suspiré.
“¿Por qué todo tiene que ser tan
difícil con los humanos? Tantos los elfos como las hadas como los
enanos son muchísimos más fáciles.” pensé, resignado.
-Bueno, bueno. ¿Qué ha pasado con
Hatsu?-preguntó una voz conocida.
-Víctor. No deberías haberte ido. Ya
recuerdas que te dijimos que no te fueras de su lado. ¿Para qué has
vuelto?
-Como vosotros bien me decíais, ella
tiene derecho a crear su propia vida.
-Sí, pero tu deber era protegerla. ¿O
es que no recuerdas que te lo pedimos justo antes de que entraras?
-Sí, tenéis razón. Pero en tan poco
tiempo no le ha podido pasar nada, ¿verdad?
-Sus hermanos han vuelto, pero a cambio
de un precio demasiado alto.-dijo Kana, mientras negaba con los ojos
cerrados.
-Víctor, vuelve con ella. Y esta vez,
vigílala. No quiero que le pase nada. Y Dyan, intenta encontrar a
Dulce. La ha secuestrado.-les ordené.
-¿Cómo? Ella es invisible a ojos de
cualquier humano.
-Para vosotros y para las mujeres en la
familia real no lo es. Su hermana gemela. No la conoces. Se llama
Carly. Si te la presenta, haz como si no supieras nada. Todos
vosotros estáis en peligro.-explicó Kana con un doloroso nudo en la
garganta.
Acto seguido, Víctor desapareció.
Narra Hatsu.
Ya estaba en casa. Al parecer, acababa
de llegar una carta. Me encerré en mi habitación y me dispuse a
leerla cuando Lys apareció.
-Buenas Hatsu.
-Hola Lys. ¿Qué haces aquí?-dije
mientras escondía la carta por debajo de la almohada.
-Bueno, pensé que como ya estabas
recuperada, podríamos irnos por ahí, a dar una vuelta.
-Ya, la cosa es que prefiero descansar.
-¿Quieres que te dé un masaje?
-No, gracias.
-Sé que te gustará.
-Pues sería el primero. Pero bueno,
por intentarlo... No creo que pasase nada.
-De acuerdo. Ahora mismo vuelvo. Te voy
a hacer el mejor masaje del mundo. Tú vete haciendo a la idea.-me
dijo mientras se perdía por el balcón.
Me levanté a toda prisa y cerré el
cristal. No había remitente, pero sí un dibujo que yo conocía muy
bien. Era de Carly. La abrí y empecé a leer.
“Querida Hatsu:
Sé que estás leyendo esto. Ahora
mismo, te voy a decir lo que tienes que hacer. Primero asegúrate de
que no tendrás ninguna interrupción. Luego, que no haya nadie.
Absolutamente sola. Si no estás en estas condiciones, no sigas
leyendo.”
Llamaron al cristal. La cortina estaba
echada, para que no se viera nada.
-Hatsu, ¿te encuentras bien? ¿O es
que has cambiado de parecer y ya no quieres el masaje?
-Sí que lo quiero, -dije asomando solo
la cabeza por detrás de la cortina.- pero todavía no está listo.
¿Podrías esperar?
-Bueno, vale. Pero date prisa. La noche
está empezando a caer y cada vez hace más frío.
Por toda respuesta, oculté mi rostro
con la cortina. Fui hasta la cocina, el baño y el lavadero, tres
sitios en los que siempre había velas, por si había algún apagón.
Las cogí todas y las instalé en mi habitación. Las encendí una a
una, y luego cogí una cuantas rosas de los pocos ramos de flores que
me habían regalado por mi mudanza y las deshojé. Les quité los
pétalos a las rosas y las esparcí por la habitación. Cerré la
puerta y puse música ambiental. Después de todo aquello, dejé
pasar a Lys.
-Guau, todo esto debería haberlo
preparado yo.
-Pero he cambiado de parecer y no voy a
recibir el masaje. Te lo voy a dar. De pequeña me decían que tenia
unas manos de oro. Probemos suerte. Quítate la chaqueta.
Al quitársela, un chaleco negro
apareció, un poco ceñido, dejando ver las curvas de mi Lys. De mi
novio.
-Eh...-me quedé embobada mirando su
cuerpo y me sonrojé al pensar lo que le iba a pedir.- El chaleco
también. Mis manos trabajan mejor en la piel, no en la ropa.
Lys se sonrojó un poco, pero lo hizo
sin tardar y luego se acostó en mi cama, cerca de la carta.
-Quiero que cierres los ojos y esperes
un poco hasta que sientas mis manos darte el masaje.-le pedí.
Suavemente, quité la carta de su
escondite y lo escondí entre algún libro. Luego volví al cuerpo de
Lys. No sabía como había de ponerme. Lys estaba con la cabeza caída
al borde de mi cama, esperando a que yo empezara. Puse, con mucho
cuidado, cada pierna a un lado del cuerpo de Lys. Entonces, me fijé
en su espalda. Tenía un bonito tatuaje de unas alas. Lo toqué
suavemente, recorriendo cada pluma del tatuaje. Lys se movió. Le
estaba haciendo cosquillas.
-¿Me vas a hacer cosquillas o un
masaje? Porque si son cosquillas jugamos los dos.-dijo mientras se
daba la vuelta y me descubría en mi posición. Yo me sonrojé y me
aparté. Lys apartó la mirada. Se sentó a mi lado y me cogió de la
cintura. Inconscientemente, le miré a los ojos. Veía cuanto me
amaba. Entonces me acosté en su cuerpo. Él me abrazaba y me
transmitía su calor, mientras que yo me acurrucaba en su cuerpo,
cada vez más y más. Quería ser una sola persona y poder contarle
todos mi problemas, y él los suyos. Entonces me separé un poco y le
miré a los ojos. Deseaba que me besara. Y él, como leyéndome el
pensamiento, me besó en los labios con infinita ternura, infinita
pasión, infinito amor. No quería que aquel momento terminara. Era
el más feliz de mi vida.
-Lo sien...-intentó decir, pero le
puse un dedo en los labios.
-No hables.-susurré.
Me volví a acostar sobre él y miré
su hombro. Vi como su brazo se estiraba hacia delante para abrazarme
y descubrí un nuevo tatuaje: era la letra L.
ea! ya resusita y se mete ahi el de death note xD lol!
ResponderEliminar