Comentario del capítulo
¿Os gustó el prólogo? La carta no me quedó muy bien, pero sin embargo son mis principios como escritora, por lo que... ¿Qué importa un pequeño fallo con tal de poder mejorar? Aquí, Hatsu ya se ha mudado a otra ciudad, donde deberá echar la matrícula como cualquier alumna, hacer amigos y reencontrarse con otros no tan nuevos... Pero por ahora, la matrícula y la mudanza. O... ¿algo más? Leed y veréis, leed y veréis...
Capítulo 1
Observé mi nueva casa con curiosidad. Era más pequeña que la anterior, no cabía duda. Pero allí estaríamos bien. Era un pequeño pueblo, con un único centro escolar, que tenía desde preescolar hasta bachillerato. También había algún que otro ciclo formativo, pero ninguno me interesaba. Sabía lo que iba a ser de mayor, aunque yo no lo quisiera. Me tocaría a mí, mi hermano mayor se había escapado del hospital nada más decirle que estaba en condiciones de volver a casa. Yo era la siguiente en mi casa, y después tenía a mi hermana pequeña y mi hermano pequeño, el más pequeño de la casa. Mi hermana se llamaba Suguro y mi hermano pequeño Len. Ellos decían que eran hermanos mellizos, pues uno nació justo después del otro. Llegué hasta un puerta en la que ponía “despacho de la directora”. Llamé suavemente a la puerta y esperé a que me dejaran pasar. Cuando escuché un “pase”, abrí la puerta con sumo cuidado y entré. Allí había un chico rubio, de ojos acaramelados, que vestía una camiseta blanca con una corbata azul marino. También llevaba unos pantalones que eran unos vaqueros marrones. Me miró con amabilidad, a lo que yo respondí con un tímida sonrisa y una reverencia pequeña. Aquel chico se desconcertó y me pregunté por qué, pero no le di demasiada importancia.
¿Os gustó el prólogo? La carta no me quedó muy bien, pero sin embargo son mis principios como escritora, por lo que... ¿Qué importa un pequeño fallo con tal de poder mejorar? Aquí, Hatsu ya se ha mudado a otra ciudad, donde deberá echar la matrícula como cualquier alumna, hacer amigos y reencontrarse con otros no tan nuevos... Pero por ahora, la matrícula y la mudanza. O... ¿algo más? Leed y veréis, leed y veréis...
Capítulo 1
Observé mi nueva casa con curiosidad. Era más pequeña que la anterior, no cabía duda. Pero allí estaríamos bien. Era un pequeño pueblo, con un único centro escolar, que tenía desde preescolar hasta bachillerato. También había algún que otro ciclo formativo, pero ninguno me interesaba. Sabía lo que iba a ser de mayor, aunque yo no lo quisiera. Me tocaría a mí, mi hermano mayor se había escapado del hospital nada más decirle que estaba en condiciones de volver a casa. Yo era la siguiente en mi casa, y después tenía a mi hermana pequeña y mi hermano pequeño, el más pequeño de la casa. Mi hermana se llamaba Suguro y mi hermano pequeño Len. Ellos decían que eran hermanos mellizos, pues uno nació justo después del otro. Llegué hasta un puerta en la que ponía “despacho de la directora”. Llamé suavemente a la puerta y esperé a que me dejaran pasar. Cuando escuché un “pase”, abrí la puerta con sumo cuidado y entré. Allí había un chico rubio, de ojos acaramelados, que vestía una camiseta blanca con una corbata azul marino. También llevaba unos pantalones que eran unos vaqueros marrones. Me miró con amabilidad, a lo que yo respondí con un tímida sonrisa y una reverencia pequeña. Aquel chico se desconcertó y me pregunté por qué, pero no le di demasiada importancia.
-Hola, querida. ¿Qué te pasa?
-B-Bueno... A-Acabo de mudarme y...
M-Me gustaría matricularme en este instituto.-dije temblando por
culpa de mi timidez.
-Ahh.... Claro, querida, claro.
Nathaniel,-dijo dirigiéndose al chico rubio.- dale a esta señorita
una matrícula. Traigamela mañana a primera hora, ¿de acuerdo?
-De acuerdo, directora... mañana a
primera hora.-dije haciendo otra reverencia y marchándome de allí.
Salí de la habitación con gesto
grácil. Abrí la matrícula y vi que era necesario una foto, 25
euros y rellenar un formulario. Pero todavía no sabía donde iba a
comprar la foto que necesitaba. Cuando andaba por el pasillo, escuché
que alguien andaba muy deprisa. No sabía si iba a pasar por mi lado
o qué haría, pero me daba igual. De repente, noté como una mano
cogía el brazo que llevaba suelto, y me giré. Vi al chico rubio
llamado Nathaniel. Le miré, serena, impasible, pero con un tono
profundo en mis ojos de tristeza. El brillo de mis ojos había
desaparecido desde que me había mudado, por mucho que hiciera amigos
aquí, ninguno sería igual que los que había dejado atrás.
-Mmm....
-¿Sí? ¿Pasa algo?-dije con voz
neutra.
-Eh.... Bueno... ¿Sabes...? ¿Sabes
donde podrás comprar una foto?
-La verdad es que no. ¿Por qué?-volví
a decir con voz neutra.
-Bueno... Te podría enseñar... Ya
sabes... Donde... Donde podrías comprarla.
-¡¡HATSUUUUUUUU!!
Esa voz me sonaba. No creía que la
volvería a escuchar nunca, bueno, tal vez en vacaciones, pero ya
está. Era de una antigua amiga mía.
-¡¡CAMIIIIIIII!!-hice que Nathaniel
me soltara el brazo y salté sobre ella, al igual que ella lo hizo
conmigo. Ahora estaba cambiada, tenía unas orejas de gato negras, al
igual que su pelo negro. Cuando terminamos de abrazarnos, la miré.
Tenía los ojos vidriosos, aunque lo vi a duras penas porque yo
estaba igual.
-¡Creía que no te volvería a ver!
-¡Yo también!
-¡Hatsu!
-¡Cami!
Volvimos a fundirnos en un abrazo, uno
que a mí me pareció una eternidad. Cuando volvimos, por segunda
vez, a dejar de abrazarnos, miré a donde estaba Nathaniel, que
estaba un poco desorientado y confuso.
-Bueno, ¿donde podría comprar la
foto?-dije esta vez más animada.
-Eh... ¿Qué?
-Me dijiste que sabías donde podría
comprar la foto.
-¡Ah, sí! Verás, ¿la calle que da a
una tienda de ropa?
-Sí.
-Pues ahí, justo al lado de la tienda,
hay un fotógrafo. Le encantan las chicas. Pero no pienses mal.
-¿Cómo? Eso último no lo he
entendido.
-Verás, le encantan las chicas,
pero... ¿Cómo lo explico? ¡Ah, ya! No le gustan las chicas, si no
más bien le encanta hacer fotos a las chicas.
-¿Qué no le gustan las chicas? ¿Es
que es gay?
-¿Eh? Ah, hola. Perdona, no te había
visto. Y, no, no es gay. Que no... Ay, ¡que lío más grande me
estoy haciendo!
-Yo te lo explico, Cami. Vamos a ver,
antes Nathaniel dijo que le encantan las chicas, pero se equivocó.
No se refería a que fuera un pervertido ni nada de eso... Si no que
le encanta hacer fotos a las chicas.
-Eso, justamente eso.-dijo Nathaniel
después de un suspiro. Parecía aliviado de que alguien le hubiera
entendido.-Oye, ¿cómo sabías mi nombre?
-Se lo escuché decir a la directora.
Por cierto, os presento. Nathaniel, esta es Camila, aunque todos le
llamamos Cami. Cami, este es Nathaniel.
-Encantado. Soy el delegado principal.
-Encantada. Soy una antigua amiga de
Hatsu.
Los dos parecían empresarios
millonarios, dados de la mano, como si acabaran de acordar un trato.
Cami parecía muy educada, aunque en verdad estaba un poco loca. “Al
igual que yo, supongo” pensé. Me vieron sonreír y se soltaron,
rápidamente. Cami miró hacia otro lado, molesta. Me reí un poco,
solo una carcajada, y de pronto me vino una gran tristeza. Caí de
rodillas al suelo y lloré. Lloré como nunca lo había hecho. Más
incluso que cuando me enteré que, tras la operación, mi hermano se
había escapado. Cami se acercó a mí rápidamente, al igual que
Nathaniel. Me levantaron, me hicieron carantoñas para que me riera,
pero con cada risa iba a peor. De repente, vi como una luz me cegaba
y dejé de llorar. Vi como una moto acababa de aparcar enfrente mía,
a pocos metros, aunque no dentro del edificio. Cuando la luz cesó,
Nathaniel miró enfadado a un chico con el casco de la moto. Tenía
unos vaqueros negros, y de la cintura le caían dos cadenas, desde
el mismo sitio. Llevaba una camiseta roja con un nombre impreso en
ella, supuse que de algún grupo musical que no conociera. Encima de
la camiseta, llevaba una chaqueta de cuero negra, que tenía muchos
bolsillos. No se había quitado el casco hasta que Nathaniel le
habló, o, más bien, le gritó.
-¡Castiel! ¿¡Qué haces!? ¿¡No ves
que podrías habernos atropellado!?
Cuando se quitó el casco vi como una
cascada escarlata caía, en tropel e intentaba llegar hasta los
hombros de aquel chico, aunque se detuvieron un poco antes. Sus ojos,
verdes intensos, me recordaron a alguien, aunque no supe a quién.
Giré la cara. No sabía por qué, pero no me sentaba bien el
mirarlo. Algo me estremecía completamente. El chico llamado Castiel
me miró. Vi como su cara cambiaba un microsegundo, aunque pareció
disimular. Castiel nos miró a los tres. Yo tiré de Cami y me
despedí de espaldas con la mano de aquellos dos. No quería meterme
en pelea y tampoco me agradaba estar allí. Cami lo notó y fue
corriendo detrás mía, pues la había soltado para secarme las
lágrimas que había vuelto a salir por aquel chico.
-Oye Hatsu... ¿quieres que me lo
cargue con mi motosierra con lanzallamas y puerro incluidos?
-Cami, tú si que sabes hacerme
reír.-dije empezando a sonreír.
-Es lo que deben hacer las amigas ¿no?
-Pues claro que sí. Por eso eres mi
mejor amiga.
Nos dimos un abrazo y me acordé.
-¿No deberíamos coger también tu
matrícula?
-Sí, es verdad, tendría que cogerla
si mañana quiero estar en clase contigo.
-Sí, y sería lo mejor porque estando
esos dos ahí... Me parece a mí que me va a costar sacar el curso
adelante como me toque con esos dos en la misma clase.
-Sí, pero ahí estaré yo para darles
a los dos un buen capón, aunque creo que me he enamorado...-dijo un
poco risueña.
-¿De Nathaniel?
-No, de Castiel.
-¿¡De Castiel!?
-¡Calla! Como se halla enterado...
No hay comentarios:
Publicar un comentario